jueves, 18 de enero de 2018

Todo un espectáculo

Nunca me gustaron los musicales. Recuerdo perfectamente lo aburridas que me resultaban las "películas de cantar y bailar" que veía de pequeño, casi todas en blanco y negro.
Empecé a ver la cosa de manera diferente tras disfrutar en el cine de tantas películas de dibujitos donde la música es un elemento imprescindible. Incluso me animé a ir al Teatro Infanta Leonor, de la ciudad de Jaén, a ver el musical de Mamma Mia. ¡¡Impresionante!!
No sé la razón, pero de un tiempo a esta parte no sólo no me desagradan, sino que me gustan los musicales. Salí encantado de La llamada, y estos días también he disfrutado de El Gran Showman.
Acudí al cine atraído por la idea de conocer la historia del hombre que inventó el circo, y una vez allí confirmé que había sido una buena elección. Mientras veía la película me fui enterando de que la cinta se basaba en la historia real de P. T. Barnum, el inventor del circo, y eso me gustó aún más porque no sólo me estaba entreteniendo sino que además me aproximaba al origen del denominado mayor espectáculo del mundo; algo que desconocía completamente.
Supongo que los guionistas se habrán tomado alguna licencia, y seguro que no todo es histórico sino que existen elementos ficticios. En cualquier caso, estamos ante la historia del sueño americano, de Cenicienta... es decir, de la creencia -o, mejor- de la confirmación de que es posible alcanzar el éxito aunque para ello hay que trabajar, y mucho.
El protagonista está interpretado por un irreconocible Lobezno (Hugh Jackman) quien nos ofrece un rol tan distinto al que le ha llevado al éxito, que a veces cuesta trabajo saber que es él realmente. No obstante, entiendo que se trata de un reto para el actor, y por lo que he investigado tras ver la película, parece que ha disfrutado de lo lindo haciéndola.
En la trama encontramos amor, desamor, amistad, familia, ambición, lealtad, convicción, pero también reivindicación de lo que se es, pese a que no esté de moda o no guste a la mayoría.
Pero ante todo destaca... LA MÚSICA. Increíbles canciones y coreografías que hacen de la película un auténtico espectáculo.

miércoles, 17 de enero de 2018

Zapatero, Jaén y el Activa

Si ayer teníamos un cumpleaños importante, el que celebramos hoy, festividad de San Antón (para que se nos olvide), no lo es menos.
El entonces presidente del Gobierno de España, José Luis Rodríguez Zapatero, venía a Jaén el 17 de enero de 2006 para presentar el famosísimo “Plan Activa Jaén Siglo XXI”.
El Consejo de Ministros había aprobado unos días antes esa acción, de carácter extraordinario y específico, que pretendía discriminar positivamente a la provincia de Jaén. La idea era meter dinero a espuertas en la provincia, históricamente maltratada en inversiones; y así conseguir que Jaén se pusiera al nivel del resto de territorios nacionales que le sacaban años luz de ventaja.
Al final todo quedó en una operación de márketing, y lo único que hizo el gobierno de España, secundado por el de la Junta de Andalucía, fue mandar a Jaén el mismo -y escaso- dinero de siempre aunque ahora bajo el ampuloso nombre de “Plan Activa Jaén Siglo XXI”. Lo que pasa es que, cada vez que se anunciaba algo, se metía bajo el paraguas del Activa Jaén, y eso hacía parecer que el dinero era mucho más.
Pero no, era el mismo. Los jienenses nos veíamos una vez más con nuestro gozo en un pozo ante el “Timo Jaén Siglo XXI”.
Otro recuerdo... de los buenos.


martes, 16 de enero de 2018

Marcos Gutiérrez en el recuerdo

Fue un asunto tremendamente importante y sobre todo GRAVE. No se me olvida porque ocurrió un 16 de enero, y eso que fue hace 15 años. Sí, tal día como hoy, víspera de San Antón, una fecha marcada a fuego en nuestra memoria, y por ello es imposible que quede escondido en el cajón de los olvidos.
El 16 de enero del año 2003 el entonces candidato del Partido Socialista Obrero Español a la alcaldía de Jaén, Marcos Gutiérrez Melgarejo, impidió que un equipo de Ondajaén RadioTelevisión cubriera una rueda de prensa que había convocado el alcaldable.
Fue un gesto feo en un día bonito. Pero sobre todo fue ejercer como censor en tiempos de democracia. Y lo peor es que quien censuraba había iniciado la carrera para ocupar uno de los puestos más importantes que puede alcanzar cualquier persona: ser alcalde de su ciudad.
¿Censor y Alcalde? La cosa no casa, ¿verdad?. Vamos, no casa en estos tiempos y en sociedades democrática. Sí tiene su sentido en regímenes dictatoriales, ya sean de ayer u hoy, pero no en el contexto más cercano en el que vivimos.
Lo recuerdo cada año para que no se olvide; por si a alguien se le ocurre volver a ejercer de recortador de libertades.

En aquel entonces Marcos Gutiérrez llegó como candidato hasta el día de las elecciones, aunque afortunadamente no ganó. Hoy día estoy seguro de que sería dimitido, como mucho, al día siguiente de su gesto glorioso.

domingo, 31 de diciembre de 2017

Umberto Eco y "la invasión de los necios"

Muy en mi papel de defensor de las causas perdidas, hace tiempo que me rebelo contra las redes sociales. En numerosos foros (públicos y privados) me afano por explicar que no podemos creernos todo lo que nos dicen porque (en más ocasiones de lo que podríamos pensar) lo  que nos llega es mentira. Últimamente apoyo mi teoría con un estudio que leí por ahí en el que se aseguraba que el 40% de lo que recibimos por las redes sociales es mentira, pero mi mensaje siempre acaba cayendo en saco roto. Incluso la gente me mira mal.
Otro dato que uso para intentar convencer a tantos y tantos equivocados que hay por este mundo de Dios es que los periódicos serios de Estados Unidos están incrementando en los últimos tiempos, y de manera muy importante, el número de suscriptores. La gente paga por leer noticias, y busca fuentes solventes, medios de comunicación creíbles. Por algo será; supongo que lo hacen hartos de tantas mentiras que les llegan por canales gratuitos. Y es que más vale una noticia verdadera -aunque sea pagando- que ciento mentira -sin pagar-.
Recuerdo que en la Facultad de Ciencias de la Información nos enseñaron que la fuente es uno de los elementos sagrados de cualquier periodista. Pero, claro, para cultivar eso hay que ser PERIODISTA. 
El pasado 28 de diciembre leí en Vivajaén (periódico gratuito) un artículo de opinión de José Manuel Higueras (gerente de Macrotour) que me pareció tremendamente interesante. Se titulaba "La invasión de los necios", y me gusta porque defiende lo mismo que yo pero con una ligera diferencia: apoya su posicionamiento con frases de Umberto Eco. 
Yo desconocía esa faceta de uno de los autores y pensadores más importantes de las últimas décadas, y me ha resultado más que gratificante dar con ella. 
Por ello, y para acabar el año, publico este Catite recogiendo algunas otras frases de Eco  que hacen referencia al asunto que nos ocupa. Es más, el día 1 de cada mes cambio la frase que encabeza este blog, pero en esta ocasión, lo haré el día 31... porque sí.

Os dejo con Umberto Eco.

SOBRE LAS REDES SOCIALES
"Las redes sociales le dan el derecho de hablar a legiones de idiotas que primero hablaban solo en el bar después de un vaso de vino, sin dañar a la comunidad. Ellos eran silenciados rápidamente y ahora tienen el mismo derecho a hablar que un premio Nobel. Es la invasión de los idiotas". La Stampa.

"La televisión ha promovido al tonto del pueblo, con respecto al cual el espectador se siente superior. El drama de Internet es que ha promocionado al tonto del pueblo al nivel de portador de la verdad". ABC.

SOBRE TWITTER
"El fenómeno de Twitter es por una parte positivo, pensemos en China o en Erdogan. Hay quien llega a sostener que Auschwitz no habría sido posible con Internet, porque la noticia se habría difundido viralmente. Pero por otra parte da derecho de palabra a legiones de imbéciles”. Discurso en la Universidad de Turín.

SOBRE LA INFLUENCIA DE INTERNET EN LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN
"Internet puede haber tomado el puesto del periodismo malo… Si sabes que estás leyendo un periódico como EL PAÍS, La Repubblica,Il Corriere della Sera…, puedes pensar que existe un cierto control de la noticia y te fías. En cambio, si lees un periódico como aquellos ingleses de la tarde, sensacionalistas, no te fías. Con Internet ocurre al contrario: te fías de todo porque no sabes diferenciar la fuente acreditada de la disparatada. Piense tan solo en el éxito que tiene en Internet cualquier página web que hable de complots o que se inventen historias absurdas: tienen un increíble seguimiento, de navegadores y de personas importantes que se las toman en serio". El País.

"Hace un tiempo se podía saber la fuente de las noticias: agencia Reuters, Tas..., igual que en los periódicos se puede saber su opción política. Con internet no sabes quién está hablando. Incluso Wikipedia, que está bien controlada. Usted es periodista, yo soy profesor de universidad, y si accedemos a una determinada página web podemos saber que está escrita por un loco, pero un chico no sabe si dice la verdad o si es mentira. Es un problema muy grave, que aún no está solucionado". ABC.

SOBRE YOUTUBE Y EL MODO DE CONSUMIR CONTENIDO AUDIOVISUAL
"(...) Parece que los jóvenes ahora miran más YouTube, se van acostumbrando a cosas muy rápidas, quizás ya no podrían ver una película de Wim Wenders que dura cuatro horas. Pero se puede cambiar: a uno de mis nietos, cuando tenía diez años, le dije que tenía que ver El guateque, con Peter Sellers, divertidísima; pero no le gustaba, era demasiado lenta para él. Ahora que tiene quince años, le gusta. Se ha convertido en alguien capaz de entender una película más lenta, pero al principio estaba acostumbrado a una velocidad más rápida." ABC.

SALUD PARA EL 2018, Y LUCIDEZ PARA SABER DÓNDE LEER

sábado, 30 de diciembre de 2017

Coincido en que la bolsa del corredor de la San Antón "es una mierda"

La Carrera de San Antón es especial: de noche, corriendo entre antorchas, con una ciudad volcada con los atletas... No hay otra igual. Por eso, por su excepcionalidad, es por lo que tiene mucho margen de mejora en todos sus aspectos.
Parece que se está en ello, en mejorarla. No me refiero únicamente a los muchos eventos turístico-festivos-ocio-entretenimiento... que ha diseñado su organizador, el ayuntamiento de Jaén. Me centro en la propia carrera, y una mejora evidente ha sido este año la entrega anticipada de dorsales. Cierto que aún es posible mejorarla más -yo prefiero que todos los dorsales se den en la feria del corredor-, pero entiendo que poco a poco, probando opciones diversas, al final se dará con la tecla.
Un sentir general entre los atletas que ya han recogido su dorsal es que la bolsa del corredor "es una mierda". Lo pongo con todas sus letras porque así lo he oído en numerosas ocasiones, y en diferentes ámbitos.
Recuerdo que la bolsa del corredor (ese regalo que la organización de cualquier carrera da a los atletas que forman parte de la prueba) de la San Antón consiste en: ¡¡UNA CAMISETA!!. No hay más. Una simple camiseta. Ciertamente coincido con quienes piensan que es algo ridículo.
Una prueba que quiere estar entre las mejores carreras de España -e incluso de más allá- no puede tener una bolsa del corredor consistente en ¡¡UNA CAMISETA!!. Este es otro elemento de la San Antón que debe mejorar. Y entiendo que se trata de algo que debe hacerse de manera rápida, priorizándolo frente a otros elementos susceptibles de mejora para que la San Antón 2019 ya tenga una bolsa en condiciones.
Se trata de algo importante, pero también muy sencillo de solventar. Es tan simple como cobrar por cada dorsal 10 euros, por ejemplo. Inscribirse en la actual San Antón tiene un coste de 3 euros, un precio ridículo, y por eso mismo, por lo ridículo que es la inscripción, la bolsa del corredor está a su misma altura: ridícula. 
Hace años que los propios corredores reclamamos esa subida en el precio del dorsal. Para que el dinero recaudado se destine a mejoras en la carrera, entre ellas la bolsa.
Recuerdo que en alguna ocasión se planteó esta cuestión en el ámbito municipal, y la oposición se lanzó al cuello de quien osó poner el tema sobre la mesa. Son los problemas de que determinados temas estén en manos de incompetentes, por muy políticos y elegidos por las urnas que hayan sido. 
La San Antón debe mejorar, y para eso necesitamos dirigentes valientes. ¿Los tenemos?


viernes, 29 de diciembre de 2017

Otra de dibujitos para adultos

Mi condición de padre de un niño y una niña que están empezando ahora su etapa de adolescentes he visto mucho, pero que mucho, cine de dibujitos. En su día me llamó la atención un patrón que se repetía cinta tras cinta: eran películas de dibujos, para niños, pero cuyo argumento era imposible que lo entendieran personas de tan corta edad. Eso supongo que es el cine para toda la familia: los peques se quedan con el colorido y los chistes de un segundo, y los papás con la historia.
Ahora voy a ver películas de dibujitos porque me apetece, y Coco no ha estado mal. Sigue el patrón de peli recomendada para niños pero que es para adultos, pero ya digo que no sólo no me disgusta sino que me ha resultado atractiva.
Es la historia de Miguel, un niño mexicano que ama la música pero que no puede desarrollar su pasión porque está prohibido en su familia. Son todos zapateros (generación tras generación) porque en la pareja en la que arranca el árbol familiar el padre, un cantante y guitarrista, se largó dejando mujer e hija. La mujer salió a flote haciendo zapatos, profesión heredada de generación en generación, y que ahora Miguel trata de saltarse para volver a la música.
La historia se desarrollo en total conjunción con la tradición de la Fiesta de los Muertos, tan popular en México, y que yo desconocía. De hecho, esta fiesta ha supuesto un descubrimiento para mí, además de ver con muy buenos ojos que se use el cine para defender las tradiciones nacionales.
Miguel vive mil y una aventuras, enfrentándose y a la vez apoyándose en su familia. Es la búsqueda de tu lugar en el mundo y en la vida, donde a veces hay que anteponer lo práctico al corazón. Aunque no siempre sale todo como nos gustaría... ¿o sí?.

jueves, 7 de diciembre de 2017

Álex de la Iglesia o cómo no rematar la faena

"¡Un rollazo... y de los grandes!". Esto es lo que me dijo una señora nada más acabar la película. Me levanté de mi asiento, con las luces aún casi apagadas, y me dirigí al fondo de la sala para depositar en la basura el envoltorio de los donuts que me había comido durante la proyección. Al regresar por el pasillo central, en busca de mis acompañantes, la primera persona que salía -la señora de antes, creo que ya bien jubilada- se dirigió decididamente hacia mí; yo me esforcé en reconocerla porque me habló tan amigablemente que supuse éramos conocidos. Pero, no. Nos conocimos y nos despedimos con aquella frase: ¡"Un rollazo... y de los grandes!".
Fue el punto exótico final a una película que no empezó bien. 
Esta semana me tocaba a mí elegir el título, pero mi esposa quería ver Wonder. En la cartelera no había ningún otro título que me atrajera, por lo que decidí ceder mi turno. Pero cuando en Ondajaén Radio, en el programa "Buenos días, Jaén", conté -en la sección de Cine- cuál iba a ser mi destino, mi compañero Rafa Rus -de los que más saben de cine en Jaén (aunque a veces me hace dudarlo)-, me mostró su contrariedad indicándome que "yo siempre apuesto por el cine español. Hay que ver Perfectos Desconocidos".
Pues nada. Allí estaba yo, ante un reparto de lujo (REPARTACO: Belén Rueda, Pepón Nieto, Eduardo Noriega, Ernesto Alterio...) dirigido por el siempre controvertido Álex de la Iglesia.
Ya Rafa Rus me avisó de que De la Iglesia suele plantear magníficas películas pero que lamentablemente muy pocas veces remata. Y aquí quizá tengamos otro ejemplo porque el final chirría, y mucho.
Un grupo de amigos se reúne para cenar en la casa de uno de ellos. Al margen de las típicas discusiones de que algún acompañante no se siente aceptado por los otros porque es la pareja de... digo que lo interesante llega cuando a alguien se le ocurre jugar a un juego: todos dejarán sus teléfonos móviles encima de la mesa, y leerán en voz alta los mensajes que lleguen, o descolgarán con el manos libres las llamadas entrantes para que todos puedan escuchar la conversación, por supuesto sin que la persona que está al otro lado de la línea telefónica sepa nada. 
¿Tenemos algo que ocultar entre nosotros para no jugar a este juego? Son amigos de toda la vida, y nadie tiene secretos para los demás. Por tanto, todos aceptan. Sin embargo, no sólo hay secretos, sino SECRETACOS que poco a poco se van desvelando, y haciendo que lo que iba a ser una aburrida cena, se convierta en una noche de locos.
Creo que en el fondo se trata de una historia de relaciones humanas, marcadas por la falsedad y la traición. Y, lo más grave, entre amigos de toda la vida que, al parecer, no lo son tanto.
El planteamiento -lo de los móviles- me parece algo simplón, pero es un punto de partida. La verdad es que el desarrollo resulta interesante, aunque en ocasiones parece poco creíble por los muertos que casi todos esconden bajo las alfombras. 
Me descoloca el final. No lo esperaba. No me gusta. Sólo faltaba que se hubiera presentado el cura de El día de la bestia. Quizá sea el estilo Álex de la Iglesia.

miércoles, 6 de diciembre de 2017

¡Qué listo es Poirot!

He oído hablar un millón de veces del famoso libro de Agatha Christie Asesinato en el Orient Express. También de la exitosa película que se hizo después. Pero nunca leí el libro ni vi la película.
Ahora he ido al cine a ver la nueva versión simplemente por descarte, porque no había ninguna otra opción que me atrajese más. Y no me he arrepentido.
Este Hércules Poirot es un lince. Con razón recorre el mundo desfaciendo entuertos y reclamado por las autoridades más variopintas. Ya nos da muestras de su destreza antes de embarcarse en el Orient Express, aunque es en el tren donde nos deja con la boca abierta con la investigación que realiza del asesinato de uno de los pasajeros, que es la trama de la película, y que lo hace tan bien que, de haber sido selectividad, yo le habría puesto un 14.
Como ni leí el libro ni vi la película, no sabía el desarrollo y desenlace de la trama, de ahí que esa ignorancia previa mía haya servido para sacarle más jugo a la trama. Así es porque estuve intrigado durante las casi dos horas de cinta, y jamás se me hizo pesada.
Poirot demuestra su maestría ante una docena de singulares sospechosos del que cualquiera podría ser el asesino; ¡¡hay incluso mayordomo!!.
El reparto de la película es de lujo, de altísimo nivel, y quizá por ello, por quienes participan, se hace más atractiva la historia.
Uno de los momentos que más me llamó la atención fue cuando el inigualable Poirot se revela humano, duda, no sabe cómo salir, no encuentra un camino a la investigación, está atascado porque sospechas hay sobre muchos, pero concluyentes, ninguna.
Al final pasa lo que pasa, Poirot se sobrepone, como siempre, con inteligencia, y acaba resolviendo el caso. Aunque el asunto es tan complejo que el mismo detective se ve ante la mayor encrucijada de su vida.
Yo creo que finalmente resuelve bien. Yo hubiera hecho lo mismo.
Película entretenida para ver sin más pretensión que la de echar un rato agradable. Aunque el final te hace pensar un poquito.

lunes, 4 de diciembre de 2017

José María Sillero

El 1 de diciembre está declarado como Día Mundial de la lucha contra el SIDA. Fue el pasado viernes, y cada vez que llega esta jornada me acuerdo de José María Sillero.
Era un médico de gran prestigio, de quien había oído hablar a mis mayores mucho y bien. Tengo que reconocer que por ello, porque era una eminencia, me dio miedo invitarlo a que asistiera a las tertulias que cada mañana, hace ya unos años, hacíamos en Ondajaén Radio. Rápida y muy amablemente nos dio su sí, y pronto lo tuvimos en el estudio, cada viernes, para la tertulia cultural.
Además de médico era una persona tremendamente culta, y en ese momento, en su etapa ya de jubilación que es cuando más tiempo tienes para tus cosas, y más cosas puedes decir sin tener que ser políticamente correcto, nos daba una lección magistral cada siete días. 
Pero hablar sólo de cultura era demasiado lujo, de ahí que para la siguiente temporada Sillero pasó a los jueves, a una tertulia ya sin condicionante temática, y compartiendo micrófono con Ángel Sanz (entonces, subdelegado de Defensa en la provincia) y Paco Palacios (entonces, responsable de Justicia de CSIF en Jaén). Como diría mi compañero Rafa Rus: ¡¡TERTULIACA!!
Hablaban de lo que querían, y con un nivelazo tal que podrían haber sido sin ningún tipo de duda protagonistas de cualquier tertulia de ámbito nacional.
Conocí por tanto a Sillero en la etapa final de su vida, pero su lucidez, preparación, criterio, implicación, conocimiento... unido al plus que te da los años le hacían un tipo único y extraordinario en todos los sentidos.
Su áurea positiva prevalecía sobre ese lado oscuro que todos tenemos, y pese a lo mucho que se le ha ensalzado a lo largo de los años, tanto en vida como en muerte, creo que ni de lejos nos hemos aproximado a lo que se merecía.
Entre las cosas que pude compartir con él, me quedo con dos ideas:
UNA.- Como médico, dejó la sanidad pública porque le obligaban a destinar 2 minutos a cada paciente, y él se negaba a estar menos de 20 minutos con cada persona que acudía a su consulta.
DOS.- Como ávido lector, pronto aparcaba aquellos libros que no le gustaban siguiendo la máxima de que "hay tanto que leer, y tan poco tiempo en esta vida...".

José María Sillero también era una persona profundamente religiosa, algo que no sólo no ocultaba sino que exteriorizaba con gran normalidad. Ese sentimiento le llevaba a cuestionarse muchas cosas; siempre me llamó la atención aquella conferencia suya sobre la resurrección de Lázaro. Interesante qué tendría que decir un prestigioso doctor sobre la vuelta a la vida de una persona. Si no recuerdo mal, la conclusión a la que llegó fue que Lázaro no resucitó porque no llegó a estar muerto.
Siempre me quedé con las ganas de preguntarle su opinión, como médico, investigador y científico, sobre la otra resurrección, la de Jesucristo. Y también sobre la de su concepción (de Jesucristo). Jamás me atreví a planteárselo, y no sé bien por qué. Quizá por rubor. Ahora, me arrepiento. De eso y de tantas cosas...
Acabo volviendo al principio. La curiosidad de José María era tal, que mientras otros diagnosticaban y trataban el mal de aquel chico dentro de la normalidad de lo que se conocía en la época, Sillero no se quedó conforme, y siguió analizando y trabajando hasta descubrir el primer caso de SIDA que hubo en la provincia de Jaén.
Creo que, ante todo, fue un ser inquieto. Un ejemplo a seguir.
Descanse En Paz.


martes, 28 de noviembre de 2017

Yo no me perdería La Librería

¡Me encanta Emily Mortimer!
La descubrí con retraso (como siempre) en The Newsroom. Interpreta un papel potentísimo que, como además es de una periodista en una serie de periodistas, me cautivó doblemente.
Emily Mortimer es la razón de que la semana pasada decidiera ir a ver La Librería. Bueno, Emily Mortimer; y la trama de una mujer que quiere abrir su librería en un pequeño pueblo perdido de la costa británica en la década de los 50 del siglo pasado; y que la directora sea Isabel Coixet.
Mortimer tiene ese extraño y original puntito británico que en su día detecté en Hugh Grant (Cuatro bodas y un funeral, y Notting Hill) que no sé muy bien cómo describir. Quizá sea timidez, exceso de corrección, cortedad... pero también tener el valor suficiente como para decir las cosas con toda su crudeza cuando hay que decirlas.
En La Librería tenemos a una Emily Mortimer metida en el papel de una educadísima mujer con agallas que no se para ante nada ni ante nadie para intentar hacer realidad su sueño de poner en marcha una librería. Pese a que en ello le vaya su patrimonio, sus amistades, su reputación....
¿Tanto revuelo por una librería? ¿Pero a quién hace daño una librería? Si os planteáis estas cuestiones os diré que La Librería es una historia sobre la dañina especie humana. Somos capaces de lo mejor, y también de lo peor; y aquí están presentes esos dos extremos. Ese malo malísimo que pese a tenerlo todo, quiere aún más. Y ese bueno buenísimo que se juega la vida por una idea.
Por fortuna, las victorias de David sobre Goliat son más habituales en nuestra sociedad de lo que pudiera parecernos. O quizá no.