jueves, 19 de abril de 2018

Expediente X: tranvía de Jaén

La postura de Junta de Andalucía y Partido Socialista en torno al tranvía de la ciudad de Jaén empieza a rayar lo intolerable, si no lo ha sobrepasado ya.
La Junta de Andalucía acabó hace siete años la construcción de un tranvía en Jaén en el que se gastó 120 millones de euros. Una cantidad lo suficientemente importante como para haber realizado previamente un proyecto de viabilidad y un estudio de mercado, elementos que hoy sabemos por el Tribunal de Cuentas que no se hicieron.
Fue un capricho de la entonces alcaldesa socialista, Carmen Peñalver, que apoyó desde el primer momento el gobierno -también socialista- de la Junta de Andalucía. Se hizo rápido porque, según dijeron, era gracias a fondos de la Unión Europea que se destinaban a proyectos medioambientales y de movilidad sostenible, y el tranvía lo era. Hoy sabemos, por el Tribunal de Cuentas, que aquello fue mentira porque todo lo pagó directamente la Junta de Andalucía.
En el proyecto inicial se dotó al tranvía de un carácter metropolitano, y por eso mismo se construyó en la zona norte de la ciudad, junto a la primera parada, un gran aparcamiento de coches gratuito para que quienes venían a la capital dejasen ahí sus vehículos, sin costarles un duro, y después moverse por la ciudad en tranvía.
Cuando el Partido Socialista perdió la alcaldía de Jaén, y la ganó el Partido Popular, el tranvía ya no le resultó interesante. Se desentendió hasta tal punto que anunció que no podría apoyarlo económicamente porque no tenía carácter metropolitano. Y las exigencias económicas al ayuntamiento eran brutales para que pagara unas facturas mensuales por los vagones que eran a todas luces inasumibles para una de las administraciones locales más endeudadas de España.
De la guerra declarada por la Junta al Ayuntamiento, se pasó a una Susana Díaz que empezó a suavizar su discurso, aunque por boca del consejero -jienense para más señas- Felipe López. Ante la postura firme del ayuntamiento de la capital de no asumir el costo de algo que ni había diseñado, ni podía pagar, la Junta decidió pagar el 40% de las posibles pérdidas anuales que tuviera el tranvía una vez fuese puesto en marcha. Después la propia Junta convenció a la Diputación provincial para que ésta asumiese el 20% de esas posibles pérdidas. Después -hace unos días y sin que nada hubiese cambiado desde el punto de vista de la propia infraestructura- la presidenta de la Junta dijo que el tranvía de Jaén volvía a tener carácter metropolitano, y por tanto ya podía prestarle ayuda económica. ¿Pero cómo es eso? ¿Qué ha pasado para el cambio de discurso si no ha cambiado nada? Quizá sean las cosas de la política, de la mala política.
Lo último ocurrió antes de ayer. Julio Millán, secretario general del PSOE de la capital, parlamentario socialista andaluz, y próximo candidato a la alcaldía de la ciudad de Jaén, informó a los medios de comunicación que su partido, el PSOE, va a proponer al gobierno -del PSOE- de la Junta de Andalucía que estudie la posibilidad de asumir directamente la gestión del tranvía de Jaén.
Es decir, se ha pasado del blanco al negro, y otra vez al blanco, sin que nada objetivo haya cambiado en el tranvía de Jaén. El único cambio producido es que el PSOE dejó de gobernar la alcaldía para pasar a la oposición, y ahora nos encontramos a un año de las nuevas elecciones municipales, en las que el PSOE quiere recuperar el gobierno local.
Igual estoy hilando demasiado fino, pero no me discutiréis que, como mínimo, la cosa no pinta muy limpia.

lunes, 16 de abril de 2018

El reto de Ciudadanos... en Jaén

Ciudadanos es el partido político de moda en nuestro país. Eso hace que sean muchos los que corren para conseguir un hueco en sus listas porque tienen asegurado ser elegidos diputados nacionales, regionales o concejales en las próximas elecciones.
En Jaén ha sido María Cantos una de las primeras en mover ficha, y no sólo tiene garantizado un puesto en primera línea (todo hace indicar que será la candidata a la alcaldía) sino que también ha logrado acomodo para los dos dirigentes vecinales que la han acompañado en los últimos años. Incluso está confeccionando parte de la lista, y ya tiene cerrado algún fichaje estrella que se dará a conocer próximamente.
El reto que se le presenta ahora a Ciudadanos es el demostrar que se trata de un partido con proyecto firme; y es que corre el riesgo de dar la imagen de estar al servicio de lo que diga en cada lugar el fichaje de turno en función de sus intereses personales, situándose por encima del propio partido.
Pongo un ejemplo.
Ciudadanos Jaén concurrió hace cuatro años a las elecciones municipales en la capital llevando en su programa electoral que apostaba por una estación intermodal en Vaciacostales, mientras que para la actual ubicación de la estación de autobuses hablaba de un gran centro de ocio que dinamizara la zona.
Algo de tan grueso calibre para una ciudad como una estación intermodal (esto es, aunar en un mismo espacio autobuses interurbanos, urbanos, trenes y taxis) no se improvisa, sino que es (o al menos debe ser) el fruto de un trabajo arduo y complejo porque hablamos de algo que marcará el futuro de la ciudad para los próximos 20 ó 30 años. Quiero decir con esto que no es admisible que un día diga Ciudadanos que la intermodal debe ir en Vaciacostales, y tres años después, preparando ya las próximas elcciones municipales, su previsible nueva y flamante candidata (para más señas, María Cantos) se posicione ella públicamente y posicione a su partido con una propuesta de estación intermodal en el centro de la ciudad, rechazando lo que el mismo partido había comprometido tiempo atrás.
¿Ciudadanos es un partido sólido, con un proyecto firme, riguroso y trabajado a conciencia, con proyectos estudiados a presente y a futuro, fruto de la labor de su gente... o es lo que en cada momento diga el candidato de turno (hace tres años, Salud Anguita; ahora, María Cantos; y dentro de tres años Rita la Cantaora)?
Lo iremos viendo con el paso de los meses, y a medida que se hagan públicas sus propuestas electorales.
Nos comprometemos a estar atentos.

domingo, 15 de abril de 2018

Espabilando, que es gerundio

Siempre resulta gratificante encontrar a alguien que comparte tus teorías. Satisfacción que es mayor cuando lo que defiendes parece una causa perdida.
Hace años que expongo en mi entorno más cercano -y también en algún ámbito que tiene mayor recorrido- que me parece una barbaridad lo descaradamente fácil que se lo ponen a los alumnos de Educación Primaria para aprobar. Tras un examen siempre queda la recuperación, la recuperación de la recuperación, la recuperación de la recuperación de la recuperación... o hacer una ficha por aquí, un trabajito por allí.... 
Me cabrea que no preparen a mis hijos para afrontar la vida real; esa que casi nunca te da una segunda oportunidad, y en la que cualquier acción tiene una consecuencia que debe asumir quien la realiza. No hay examen de recuperación.
Ocurre en Primaria, y también en Secundaria. Preparan a nuestros hijos para el mundo de Yupi, pero después se encuentran con Rocky. Si no sabes afrontar y encajar los golpes, estás muerto.
Espabila, chaval (Pablo Poó. Editorial Planeta. Tercera edición. Barcelona. 2017) me parece una obra de obligada lectura "para adolescentes que deberían leer los padres", como indica en la portada el propio autor.
Poó, un profesor interino que en pocos años lleva más mudanzas de instituto que Copas de Europa de fútbol tiene el Real Madrid, no sólo corrobora desde dentro del sistema educativo español lo que os he indicado anteriormente, sino que con este libro intenta ponerle solución. Y lo hace de la única forma que puede: dirigiéndose a sus alumnos.
Entiende que llegan a la ESO o al Bachiller sin estar suficientemente preparados. La culpa es del sistema, pero también de ellos porque en lugar de trabajar duro estudiando, esforzándose, implicándose... se dedican a hacer el vago, a jugar, a pasar de los estudios. No se dan cuenta de que están hipotecando su futuro, y eso es lo que intenta explicarles. El objetivo de Poó es zarandear la burbuja en la que viven unos adolescentes acomodados en un mundo irreal. Les habla claro, en su idioma, y no únicamente de qué deben hacer para estudiar y aprobar, sino también motivándolos a ello intentado hacerles ver que llegará un momento en el que no dependan del dinero que les dan sus padres, y entonces deberán ganarse la vida. ¿Cómo tienen previsto hacerlo si dejan los estudios? ¿Cómo van a pagar la hipoteca o el alquiler, o el wifi, o la letra del coche, la ropa, el gimnasio, la comida...? ¿Que te conformarás con el paro y cuatro chapuzas que hagas por ahí.... Pero sabes lo que es el paro?
Si antes todos queríamos ser futbolistas, hoy el objetivo es ser youtuber. Y no está mal, pero siempre que tengas claro que hasta que puedas vivir jugando al fútbol o publicando vídeos en youtube, tendrás que ganarte las habichuelas con algo, ¿no?.
Por cierto, ¿quién gana más, el futbolista mejor pagado del mundo, o el escritor mejor pagado del mundo? Igual te llevas una sorpresa.
Libro recomendable para alumnos, para padres... pero también para quienes dirigen nuestros gobiernos porque esta es la gente a la que administran. La Educación tiene como objetivo precisamente que libros como este no sean necesario.

jueves, 5 de abril de 2018

Ciscar

Continuando con la confección de mi particular diccionario, compuesto por aquellas palabras que encuentro en las lecturas de mi día a día, y de las que desconozco o dudo de su significado, aquí tenéis otra.
El ABC publicó el pasado 1 de abril, como cada día, la columna de Ignacio Camacho. Con el nombre genérico de Una raya en el agua, Camacho titulaba De mal café su opinión ante posibles boicots de clientes a empresas catalanas por posicionarse junto a las tesis independentistas.
En un momento del texto encontramos lo siguiente: "(...) si alguien pretende fracturar tu país, ciscarse en tu Constitución y romper una convivencia muy compleja y sufrida, te sientes poco dispuesto a entender que encima te llamen fascista".
Ahí está: CISCAR. ¿Qué es ciscar? La verdad es que no tengo ni idea, pero por el contexto y forzando un poco la cosa, me decanto por una acepción metafórica del verbo mear. Es decir, la frase quedaría algo así como "(...) mearse en tu Constitución (...)".
El diccionario de la lengua española, elaborado por la Real Academia Española, recoge lo siguiente:

CISCAR: 
1. tr. coloq. Ensuciar algo.
2. prnl. Evacuar el vientre.

Dado que en la frase que nos ocupa existe la conjunción "en" entre el verbo "ciscar" y "tu Constitución", entiendo que la primera acepción no es válida. O, al menos, sería más correcta la segunda.
¡Je, je, je! Mi olfato iba bien encaminado, pero se quedó corto.
Me gustó el uso de este verbo.

domingo, 1 de abril de 2018

Chapó por Ondajaén RTV

Ondajaén Radio Televisión y quienes allí trabajamos tenemos el sino de estar siempre en el ojo del huracán.
Históricamente somos el saco de todos los palos de la oposición porque nos acusan de estar al servicio del poder. Esto pasa cuando gobiernan los unos y enfrente están los otros, pero también cuando intercambian sillones gobierno y oposición. 
Lo peor de todo es que -algunos especialmente- nos toman ya como arma y argumentario de enfrentamiento político. Es decir, le quieren dar una patada al rival político pero golpeando nuestro culo. Y con eso lo único que consiguen es no dejar trabajar con normalidad a quienes aquí estamos.
No voy a caer en la simpleza de recordar cuándo cuestan otras televisiones públicas autonómicas o nacional (controladas por los unos y también por los otros), ni siquiera voy a mostrar aquí informes e incluso sentencias que demuestran su parcialidad. Y no lo haré simplemente porque esas otras televisiones se encuentran en la misma posición que Ondajaén, y el problema no es de las emisoras sino de los políticos.
En un día como día, justo la primera jornada tras la Semana Santa 2018, quiero destacar el grandísimo trabajo que ha realizado Ondajaén Radio Televisión en esta Semana de Pasión.
A todos aquellos que nos ponen a parir un día sí y otro también les pido que pregunten a las personas mayores de sus familias, enfermos, o amistades y conocidos que por cualquier motivo no han podido ver en persona la Semana Santa de Jaén, y su única posibilidad ha sido a través de Ondajaén. Que les pregunten qué les ha parecido. Que les pregunten si es una televisión que merece la pena. Y si quieren entran en discusiones económicas, que me digan en cuánto dinero valoran ellos, quienes nos critican, la emoción de esa anciana de Peñamefécit que sólo pudo ver por Ondajaén la primera estación de penitencia de la historia del Gran Poder. Y es sólo un ejemplo. Si quieren más, se los puedo facilitar.
Lo que hace Ondajaén en Semana Santa se llama servicio público. Igual que las retransmisiones del Real Jaén, la San Antón, los plenos del ayuntamiento... y tantos y tantos asuntos que ocurren diariamente en la ciudad, y que pasarían desapercibidos, no existirían, si no fuera por la radio y la televisión municipal.
Así lo hemos hecho, así lo hacemos, y así lo seguiremos haciendo -mientras nos dejen- quienes conformamos Ondajaén RTV, pese a los exabruptos de algunos que irónicamente son los mismos que después nos llaman para que les saquemos.
Enhorabuena compañeros y compañeras. La Semana Santa 2018 ha sido nuevamente un ejemplo de lo que es Ondajaén. Chapó por todos porque os lo habéis currado.

jueves, 29 de marzo de 2018

Uncir

Continuando con la confección de mi particular diccionario, compuesto por aquellas palabras que encuentro en las lecturas de mi día a día, y de las que desconozco o dudo de su significado, aquí tenéis otra.
Me he topado con ella en el Diario Jaén del pasado miércoles, 21 de marzo. El colaborador habitual del rotativo, Juan Rubio, publica en la página 3 su columna de opinión periódica Esperpentos y desatinos que, en esta ocasión, tiene como título Los carteros avisan una vez más.
Rubio defiende el desmantelamiento consciente que a lo largo de los años se ha ido realizando por el gobierno de la nación del servicio de Correos y Telégrafos. En un momento determinado dice lo siguiente: "Ha sido un lento y bien calculado desmoronamiento el que se ha ido produciendo en un servicio público tan uncido a la cotidianidad del pueblo".
Ahí está: UNCIDO. ¿Qué es uncido? En un primer momento pensé que se trataba de una errata, y que al escritor se la había colado la letra "c", y donde ponía "uncido" debería de poner "unido". La verdad es que la frase tendría sentido. También cabría la posibilidad de que la errata hubiera sido el haber cambiado la "g" por la "c", y decir "ungido" en lugar de "uncido". Pero no me cuadraba este último por cuanto significa (ungir) aplicar a alguien aceite u otro producto, o señalarlo con óleo sagrado en señal de su dignidad o porque esté recibiendo un sacramento. También cabría la posibilidad de utilizar la acepción de "ungido" como persona elegida o destacada por algo. Pero, ya digo, nada me cuadraba en el contexto de la frase más que la palabra "unido", y que por tanto que el "uncido" se tratase de un error.
No obstante, y para solventar por completo cualquier duda, acudí al diccionario de la lengua española, elaborado por la Real Academia Española, busqué UNCIDO y me remitió directamente a UNCIR, cuya definición es la siguiente:

UNCIR: 1. tr. Atar o sujetar al yugo bueyes, mulas u otras bestias.

No iba yo desencaminado, por tanto, con mi opción de que fuera una errata porque finalmente significa eso: unión. Aunque quizá Juan Rubio use exactamente el término uncido -que literalmente sería inexacto en este caso- apelando a un significado general o metafórico con el que se pretende dar a entender que la conexión entre Correos y ciudadanía va más allá de una simple unión, siendo más bien una total conexión, una unidad plena donde dos cosas diferentes se convierten en un único elemento.

martes, 27 de marzo de 2018

Gorrión rojo

No me gustó la trilogía de Los juegos del hambre, y eso que la tuve hasta en la sopa porque sí que le encantó a mi hija pre-adolescente. En alguna ocasión me senté delante del televisor para intentar llegar si quiera a la mitad de alguna de las películas, pero me resultó imposible.
Un día, en el cine, vi el anuncio de Gorrión rojo. Me llamó la atención que la protagonista (Jennifer Lawrence) era la misma que Los juegos del hambre; este dato, unido a la temática de espionaje que siempre me ha gusto, hizo que decidiera ir a verla. Lawrence me pareció tremendamente plana en la exitosa serie juvenil, de ahí que me entró la curiosidad de saber cómo se habría desenvuelto en esta otra película que, por lo me después me dijeron, estaba diseñada para su lucimiento personal.
Lawrence encarna a Dominika Egorova, una joven rusa que se ve abocada a trabajar para el servicio de espionaje de su país. Y debe hacerlo -debe, porque es obligada a ello- como las llamadas gorriones, esto es, mujeres que utilizan su cuerpo como arma tras un duro y cruel entrenamiento en el que principalmente aprenden a darlo todo, todo, todo por la causa; incluida su dignidad.
Durante la hora y media de cinta estás completamente enganchado con la trama porque no sabes si Dominika está realmente trabajando para su país en la misión que le han encargado, o si por el contrario se ha pasado al bando contrario. La duda es continua, incluso desesperante en ocasiones. Si a ello le unimos el posible amor surgido con quien es su objetivo, y las presiones de todo tipo a la que es sometida constantemente la protagonista hace que la tensión nos mantenga más que atentos. El desenlace es buenísimo por inesperado.
Tras ver la película confirmé aquello que me dijeron antes: Lawrence es la única protagonista. Todo gira en torno a ella, para que se luzca... y se luce desde un punto de vista físico (es guapísima y tiene un tipazo) pero sigo pensando que resulta demasiado plana en la interpretación; así lo entendí en Los juegos del hambre, y lo sigo entendiendo en este Gorrión rojo.
En cualquier caso, se trata de una película interesante para ver. Además, tiene su punto de morbo teniendo en cuenta la situación internacional que se vive en las últimas semanas con ese ex espía ruso, residente en Gran Bretaña, que ha sufrido un atentado (al parecer de Rusia), y que está provocando un enfrentamiento de numerosos países europeos, EEUU, etc con Rusia.

lunes, 19 de marzo de 2018

¿Se acentúa Poó? ¿Por qué?

Hoy he empezado a leer un libro cuyo autor se llama Pablo Poó. Dentro de la inquietud que sabéis me provocan ciertas palabras ante cuyo significado dudo o desconozco, o simplemente me crean ruido ortográfico, y que agrupo en este blog bajo la categoría de Diccionario, me he preguntado la razón por la que se acentúa la palabra Poó (en este caso es un apellido).
He acudido a la Ortografía de la Lengua Española, editada por las Academias de la Lengua Española (Real Academia Española). He encontrado que un hiato es "la secuencia de dos vocales que no se pronuncian dentro de una misma sílaba, sino que forman parte de sílabas consecutivas. Ejemplos: te-a-tro, a-é-re-o, vi-gí-a, ve-o, sa-lí-as".
A efectos ortográficos, existen tres clases de hiatos, según el tipo de vocales que están en contacto:
a.- Combinación de dos vocales iguales. Ejemplos: Saavedra, dehesa, chiita, Campoo.
b.- Vocal abierta (a, e, o) + vocal abierta distintas. Ejemplos: caen, ahogo, teatro, meollo, héroe, coartada.
c.- Vocal abierta átona + vocal cerrada tónica o viceversa. Ejemplos: caímos, día, aúllan, púa, reís, líe, reúnen.

"Las palabras que contienen este tipo de hiatos siguen las reglas generales de la acentuación gráfica de las palabras agudas, llanas y esdrújulas, tanto si alguna de las vocales es tónica como si ambas son átonas. Ejemplos en los que una de las dos vocales es tónica: caótico, bacalao, aldea, Jaén, toalla, león, poeta, zoólogo, poseer. Ejemplos en los que las dos vocales son átonas: acreedor, traerán, coordinar, línea, acarreador, arbóreo".

Entiendo, por tanto, que Poó se acentúa porque es palabra aguda, y al acabar en vocal (o) llevaría tilde. También podría ser Poo, es decir, palabra grave, y por ello no llevar tilde ya que no acaba en consonante que no sea ni 'n' ni 's'; este segundo caso sería igual que Campoo, que no lleva tilde.

Otra inquietud solventada.

viernes, 16 de marzo de 2018

Un sueldo de 23.147,26€... ¡¡¡AL MES!!!

Repasando periódicos de hace unos días me he detenido en alguna de las informaciones referentes al nombramiento de Román Escolano como nuevo ministro de Economía de nuestro país, en sustitución de Luis de Guindos.
Me ha llamado especialmente la atención su sueldo. Como miembro del gobierno de Mariano Rajoy cobrará 73.650 euros al año, es decir, 3.536,90 euros mensuales. No me parece ninguna barbaridad al tratarse de una de las personas que va a dirigir nuestro país; de hecho, sé de concejales o alcaldes cuya nómina es mayor.
Lo que sí me ha chirriado, y mucho, es el sueldo que venía cobrando hasta ahora. Escolano ha sido en los últimos años vicepresidente del Banco Europeo de Inversiones, una entidad pública de la Unión Europea que le pagaba 277.000 euros al año, o lo que es lo mismo, 23.147,26 euros al mes.
No me parece ni adecuado, ni apropiado, ni razonable, ni admisible. En un contexto en el que las pensiones en España han subido un 0,25%, donde se lucha por acabar con la importante diferencia de sueldos que hay entre hombres y mujeres pese a realizar el mismo trabajo, en una situación en la que ser mileurista es un chollo y toda un suerte... Cuando pasa todo esto no puede haber una entidad pública -financiada con el dinero de todos- que le paga a uno de sus trabajadores al mes lo que un ciudadano de a pie no gana en un año.
I-NAD-MI-SI-BLE.
Lo peor de todo es que, tras comentar el asunto con alguien del sector financiero y también contrario a este tipo de sueldazos, me dice irónicamente que esa nómina es toda una ganga para cualquier empresa del sector porque en el ámbito privado hay quien llega a ganar hasta diez o doce millones de euros al año.
¡¡Ups!!
Mejor lo dejamos aquí porque no sé en qué puede acabar mi indignación.

jueves, 15 de marzo de 2018

Entre bestias anda el juego

Me apetecía ver La forma del agua, y cuando lo hice no me arrepentí. Aunque escribo ahora este catite sobre la película, disfruté de ella antes de la gala de los Oscars. Prácticamente nunca suelo coincidir con los gustos de los académicos, de ahí que cuando supe que la cinta estaba nominada a 13 Oscars, me dio miedo. 
Al final sólo se llevó cuatro premios (película, director, diseño de producción, y banda sonora), y respiré más tranquilo. Aunque me quedó mi cosilla porque consiguió dos de las estatuillas más preciadas.
La forma del agua es la versión de Guillermo del Toro de la vieja historia de la bella y la bestia. La trama se sitúa en plena guerra fría de mediados del siglo XIX cuando los estadounidenses llevan hasta un laboratorio secreto una especie de monstruo que han encontrado sabe Dios dónde.
Entre prueba y prueba científica y no tan científica de la criatura, una de las limpiadoras del complejo -Elisa, interpretada magistralmente por Sally Hawkins- (la protagonista de la película) entabla una estrecha relación con el bicho... y voilá: Bella y Bestia. A partir de ahí encontramos una historia de amor-odio-espionaje que en ocasiones raya el esperpento, pero quizá sea esa la intención del director: llevarnos a un extremo para hacernos ver algo.
Muy en la línea de El laberinto del fauno, la imaginación lo inunda todo, aunque a mí me da la sensación de que en esta historia hay más bestias de lo que parece a primera vista.
Elisa tiene una vida solitaria, marcada por una limitación física que la lleva a un mundo paralelo al real en el que sólo se relaciona con otras personas de su estilo. Vidas marginadas que finalmente se rebelan contra el mundo que debe ser porque no están de acuerdo con él.
¿Son los monstruos anónimos de nuestra sociedad que se identifican con esa cosa a la que todos consideran monstruo, y por ello consiguen con la bestia una conexión brutal que va más allá de las apariencias o de los convencionalismos superficiales?
Octavia Spencer (actriz secundaria de lujo en el panorama cinematográfico mundial), compañera de trabajo de Elisa, es quien mantiene -o al menos lo intenta- unida a Elisa al mundo real; aunque por mucho que se lo propone, difícilmente lo consigue.
Final sorprendente para una historia... sorprendente.
Hace ya unas semanas que se estrenó, y quizá no esté en demasiados cines. Pero seguro que si os lo proponéis, podéis verla. Yo lo intentaría.