De este modo quedaron todos ellos, (...) en espera de la resurrección de la carne; (...) Y hasta ese día lejano seguirán allí, inmóviles junto al mar donde a tan alto precio vendieron sus vidas, riñendo por la codicia del oro y los botines; pero también por su patria, por su Dios y por su rey, que todo cuenta. Durmiendo el largo sueño honrado del que gozan los hombres valientes.
En estas líneas queda resumido Corsarios de Levante. Las aventuras del capitán Alatriste (Pérez-Reverte, Arturo. Círculo de Lectores. 2006. Barcelona). ¡Creo!
Íñigo de Balboa nos cuenta una nueva aventura junto a su inseparable mentor, el capitán Alatriste. En esta ocasión embarcados por los mares de Levante dando buena cuenta de los infieles y, en ocasiones, de quien hiciera falta, por España, por supuesto, pero también por sus maltrechas economías.
Unas veces dando, otras recibiendo, pero siempre con el honor por delante, ese que tan poco se lleva y se entiende hoy día, pero que en aquellos años de principios del siglo XVII lo era todo, o casi.
Vuelvo a Alatriste inesperadamente
Desde el primer libro me encantó Alatriste. Los tengo todos. Y cuando hace unos meses salió Misión en París no tardé en tenerlo pronto entre mis manos. Sin embargo, al hojear los libros anteriores, todos magníficamente ordenados en una balda de mi biblioteca, vi con sorpresa que no había leído las dos últimas entregas previas a Misión en París. ¡¡No me lo puedo creer!!
No podía leer esta última entrega sin haber leído las dos que le precedían. Me puse manos a la obra con este Corsarios de Levante, y dentro de dos lecturas llegará El puente de los Asesinos.
Quería disfrutar con esta aventura en París, y me he encontrado con dos ocasiones más con las que volver a vibrar con Alatriste. Digo bien: vibrar. Porque se me ponen los pelos de punta cada vez que me adentro en las páginas de la saga.
Igual soy un tonto iluso, pero me encanta conocer aquellos años oscuros para la soldadesca y la ciudadanía, pero gloriosos para nuestro país. ¡Qué paradoja que quienes pasaban necesidades no dudaban en jugarse la vida por honor, patria, Dios...! Así era y me parece ES-PEC-TA-CU-LAR porque vivimos en una época donde tenemos casi de todo menos ideales. Es decir, todo lo contrario que la época de Alatriste.
Magistral, Pérez-Reverte
¡Qué gozada y alucine el dominio que Pérez-Reverte demuestra del lenguaje de la época! En cada línea queda patente la labor previa investigadora que requiere un libro de este tipo... si el autor quiere ser creíble. Pérez-Reverte lo consigue de manera extraordinaria.
Pero no sólo me deja boquiabierto este aspecto sino también el dominio de los términos marineros que queda patente en cada párrafo. En ocasiones parece que estoy leyendo algo en un idioma diferente al mío porque no me entero de nada. Jejejeje.
Me encantar Pérez-Reverte desde su época de periodista, y me siguió encantando como escritor.
Por cierto, en las últimas páginas del libro, esas que están en blanco, sigo anotando las impresiones que me van surgiendo. También preguntas que me gustaría hacerle a Pérez-Reverte. ¿Podré hacérselas
alguna vez?

