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jueves, 10 de noviembre de 2011

Finalmente... tormentó

Finalmente tormentó.
Ángel Sanz Arroyo, Subdelegado provincial de Defensa, ha sido cesado de su cargo. Hoy lo publica el Boletín Oficial de Defensa.
Y digo que... tormenta porque, si bien un cambio de cargo público o representante institucional entra dentro de la normalidad -ni se me pasa por la cabeza entrar a cuestionar, o no, lo acertado, o no, de la decisión-, quizá chirríe un poco las causas que han llevado a este cese.
En la nota oficial no se indica nada pero.... ¿tendrá algo que ver lo que le ocurrió al Subdelegado en Jaén del Gobierno Central, Fernando Calahorro, el día del homenaje a la legión e izado de la bandera en la plaza Jaén por la Paz?.
Sinceramente quiero, deseo, espero... que no porque, de ser así, estaríamos, en mi opinión, ante un hecho... ¿grave?.

lunes, 10 de enero de 2011

Es Foche

Hace unos días escribía un Catite, de los denominados Guindillas, que, bajo el título Vuelta por Navidad, se manifestaba en los siguientes términos: "¿Qué ex alto cargo político vuelve a casa por Navidad?. Apostó, y fuerte, pero la jugada no le salio como él había previsto. De hecho, fue guillotinado, y finalmente optó por la retirada a sus cuarteles de invierno. Ahora, cumplidos los plazos legales, pide reincorporarse a su puesto de trabajo.
Visto lo visto, y los milagros propios de la Navidad, a lo mejor hasta lo recuperan como activo político de cara a las próximas elecciones. No lo creo, pero como en esto de la política lo burros vuelan tan alto..."
Pues bien, la solución es: Antonio Manuel Foche. El que fuera secretario general del PSOE de la capital, y bombero del virrey para apagar el gran fuego que se había declarado en la agrupación local, regresa al Ayuntamiento. De lo suyo con la Diputación ya hablaremos otro día.
Para más señas podéis informaros AQUÍ.

domingo, 20 de julio de 2008

Martínez Plaza y...

El pasado 5 de abril publicaba en este espacio un Catite de los que más me gustan: con muchas incógnitas. Eran, en concreto 3, que por cierto me comprometía a desvelar.

UNA ya se ha cumplido. La marca de aceite con la que Dylan promocionaría nuestro principal sector productivo durante su concierto en la capital. “Empieza por N y acaba por A”, adelanté. Y la utilizada finalmente fue “NINGUNA”.

La SEGUNDA incógnita, también cumplida ahora, rezaba así: “Otra de dinero. Un concejal, aficionado últimamente al género epistolar, se ha cabreado y mucho cuando, a pesar de ser –en teoría- quien más manda sobre los euros, le ha pedido a alguien de dentro –que es quien los tiene pero en la cera de enfrente- que le envíe una cantidad de siete cifras y éste, el socio, le ha remitido a Rita la Cantaora”. Era –desvelo- el incombustible Martínez Plaza. En su afán por cuadrar los presupuesto y tener liquidez para hacer cosas pidió a Somuvisa –uno de los dos que tienen dineros en el Ayuntamiento- varios millones de euros. Pero la respuesta del socio (¿?) de gobierno fue clara: NO. Ahí empezó a gestarse la pequeña-gran gota que finalmente rebosó el vaso y dio con el capitán fuera del barco. Martínez Plaza se va.

La TERCERA también va de miembros y miembras del equipo de gobierno. No la voy desvelar, todavía, pero sí os la recuerdo. Decía así: “Otra de concejales. Corre el rumor de que un concejal que en su día sonó para un destino, pero que finalmente fue mandado a otro, va a regentar pronto aquello para lo que originariamente se había pensado en él. Y la concejal que ahora dirige lo que no iba a dirigir, pasará de guardar la línea a comer más de la cuenta”.

martes, 8 de julio de 2008

Dylan el aceitunero

Si el concierto que Dylan ofreció el sábado en Jaén lo hubiera pagado (más de medio millón de euros de bellón) la industria de los espárragos de Bedmar, o la cereza de Castillo de Locubín, o la cerámica de Bailén, en lugar del sector oleícola (la pasta la han puesto las cinco denominaciones de origen de aceite de oliva que existen en la provincia), sólo cambiaría el nombre del tonto.

Aunque en su día se vendió a bombo y platillo que esta actuación era para promocionar el aceite, finalmente -y como se preveía- Bob no hizo ni el amago de comerse un hoyo en el escenario (como a lo mejor predijo Montané). La excusa de la promoción ya no se sostiene porque al margen de algún cartelito de olivos con la imagen sobreimpresionada de Dylan, el aceite ha brillado por su ausencia en un acto que les ha costado casi 600.000 euros. En su día anuncié que ya se había elegido la marca de aceite con la que el artista posaría para la promoción: su nombre empieza por N y acaba por A. Efectivamente: NINGUNA. No fue por no intentarlo, que se intentó, pero en las gestiones no fructificó ni la propuesta de que la alcaldesa recibiera al cantante.

Estaría bien hacer algún estudio (aunque sea pagado) para determinar la incidencia que tiene ahora el efecto Dylan en el consumo del aceite de oliva, o si se confirma, por otra parte, que el tonto que paga la factura es fruto de lo que alguien ha definido como impuesto revolucionario.

Por lo pronto, que a Bob le siga yendo bien con eso de cantar jazz, porque como se le venga el aparejo a la barriga y tenga que buscar tajo en Jaén, lo tiene claro; al menos con mi paisano Perico –olivarero de toda la vida-, quien al enterarse de la pasta que han pagado los suyos reclama que este tío tiene que trabajar para él, gratis, una campaña entera, y además en los mantos que es donde más jode.