lunes, 25 de noviembre de 2019

Lemans 66 es la carrera de la vida

Nunca me llamó la atención ir a ver Lemans 66, pero un tweet hizo cambiar mi opinión. Leí a Arturo Pérez Reverte que la había visto, y aunque se le hizo un poco larga de metraje, destaca a Christian Bale. Y lo hacía de una manera que me tocó la fibra sensible. Decía que Bale estaba a la altura de Clint Eatswood, si no lo había superado ya. 
¡¡¿¿Cómo??!!
Para mí Eastwood es lo más parecido a Dios que existe en este planeta cuando hablamos de cine, y que Reverte dijera eso, teniendo en cuenta que lo admiré como periodista y lo admiro como escritor, fue casi una orden para ver la película. Lo hice esta semana, y la verdad es que ha sido toda una delicia. Es una ¡¡PELICULACA!!, que diría mi amigo y compañero Rafa Rus.
Los amantes del motor seguro que no han faltado a la cita. Yo no fui precisamente por eso, porque no me atrae esa temática. Sin embargo, Lemans 66 es una película de carreras de coches, sí, pero también de una carrera muy particular: la de la vida; quizá la más dura de cuantas existen. 
La cinta cuenta la historia de uno de los mejores pilotos de la historia, Ken Miles (Bale), de quien yo no sabía siquiera de su existencia. Sin embargo, me ha parecido más que interesante y digna de conocer.
Bale, un virtuoso de los coches de carreras, tiene una vena de persona indomable y rebelde que le impide triunfar en aquello que ama. Ahí entra Matt Damon. Como representante de Henry Ford II (propietario de la todopoderosa marca automovilística Ford), busca montar un equipo de carreras para ganar las 24 horas de Lemans, y arrebatar el reinado a Ferrari.
La película cuenta el difícil, complejo, costoso... proceso que deben afrontar todos para conseguir su objetivo, aunque no es la única historia; de hecho, a mí me resultan más interesantes las batallas imprevistas que los protagonistas deben afrontar, y que son mucho más duras de pelear. Hablamos, por ejemplo, de enfrentarse a ejecutivos sin escrúpulos que no permiten que nada ni nadie se interponga en sus intereses personales, ni siquiera los de la propia empresa. También es duro rendirse a la evidencia de que tu pasión, lo que te da ganas para seguir viviendo y respirando, no te da de comer ni a ti ni a tu familia, y por ello debes apartarla y buscar un trabajo realista que sí cubra esas necesidades. 
Pero Lemans 66 tiene un mensaje muy superior a todos los anteriores: es necesario hacer las cosas con pasión. Igual eso no te lleva al éxito, pero por lo menos disfrutas durante el camino. La pasión es la clave, eso que tanta falta hace, y que tan poco vemos. 
La amistad y la confianza en el amigo es otra de las lecciones que nos explican en Lemans 66. Amistad por encima de casi todo lo demás, incluso cuando algún revés la pone en cuestión.
En relación a la comparación de Reverte entre Bale y Eastwood, me parece aún prematura. Cierto que Bale hace un papelón, lo borda, y me recuerda muchísimo algunas interpretaciones de Eastwood; incluso me da la sensación que busca ser su heredero. Pero hoy por hoy creo que Eastwood sigue estando en la cima, aunque reconozco que he encontrado a un posible sucesor. Lo seguiré a partir de ahora.
Yo, de vosotros, no me la perdería. La película, digo.


domingo, 17 de noviembre de 2019

Rico pero un poco pobre

El otro día veía Notting Hill por enésima vez, y volvía a encantarme aquel comentario que Julia Roberts le hace a Hugh Grant en relación a sus pies. Ella, mirándole los pies, le pregunta que si conocía lo que se decía de las personas con los pies grandes. Él, intrigado y temiéndose lo peor, le dice que lo ignora... y ella responde... "A pies grandes... zapatos grandes".
Es de una lógica aplastante el que alguien que tiene los pies grandes, utilice zapatos grandes. Sin embargo, no ocurre lo mismo en una sala de cine prácticamente llena; el alto número de espectadores no significa obligatoriamente que la película sea buena.
Eso me ocurrió con Si yo fuera rico. La sala estaba más concurrida de lo habitual, o al menos de cuando voy al cine, pero la película no fue tan interesante como esperaba yo y, supongo, el resto del personal.
Un tipo que está en proceso de divorcio tiene suerte y le tocan 25 millones de euros en el euromillón (o algo así). Para evitar que su mujer se quede con la mitad del premio, decide ocultarle tanto a ella como a todos sus amigos que se ha convertido en millonario. Eso hace que viva una doble vida llena de situaciones cómicas que te hacen pasar un buen rato, pero poco más.


jueves, 14 de noviembre de 2019

Inrechistable

Esta tarde, leyendo una novela, me he encontrado con esta frase: "Tenía en la mirada esa sobriedad del padre que acaba de tomar una decisión inrechistable, de esas que el hijo sólo puede obedecer al adivinar que toda discusión sería inútil".
Y ahí está el término que ha llamado mi atención: inrechistable.
Comprendo perfectamente que indica que algo es incontestable, que no hay opción de cambiar una actitud, una decisión... Sin embargo, mi duda surge en cómo se escribe. Yo juraría que es irrechistable, pero aquí aparece de manera diferente.
Para salir de dudas, y como siempre hago, acudo al Diccionario de la Real Academia, y me encuentro con la sorpresa de que "no existe" ninguno de los dos términos: ni inrechistable, ni irrechistable. ¡¡Vaya, hombre!!
Entonces, ¿con qué palabra decimos que una decisión es inrechistable/irrechistable?
El español es muy rico. Seguro que algo encontramos. 

lunes, 11 de noviembre de 2019

Diario de la superación y de la idiotez

Siempre quise leer alguna obra del Gabriel García Márquez periodista, de ahí que no lo dudara cuando hace unos días cayó en mis manos Diario de un náufrago (García Márquez, Gabriel. 1970. Tusquets Editores. Barcelona. 41ª edición, 2000).
Esta obra es la versión en libro de una serie de reportajes periodísticos publicados en el año 1955 en el diario El Espectador de Bogotá. La historia era la de un marinero embarcado en el destructor Caldas, de la Marina de Guerra Colombiana, que fue el único superviviente cuando, por un golpe de mar, él y otros siete compañeros cayeron al mar Caribe. El inicio de la búsqueda de los náufragos fue inmediata tras llegar el barco a su puerto destino en Cartagena, pero no se encontró nada. Después de darlos oficialmente por muertos, uno de ellos, Luis Alejandro Velasco, apareció en una playa del norte de Colombia tras diez días de travesía en una balsa.
Diario de un náufrago es la historia de ese marinero, contada por él mismo a García Márquez cuando ejercía como reportero.
Podemos imaginar lo difícil que fue para Luis Alejandro sobrevivir diez días, en alta mar, sin comer y sin beber, con la única ayuda de la ropa que llevaba puesta. La esperanza inicial por ser rescatado se va transformando (tras pasar cerca barcos y aviones que no logran localizarlo) en desesperación que le lleva a no querer vivir. Sin embargo, logra sobrevivir sacando fuerzas de donde no las hay, tras haber pasado incluso momentos de locura mental.
Lo que más me llama la atención es que se trata de un hecho real. No es invención, por lo que no podemos decir que son exageradas las cosas que nos cuenta el autor en relación a las fatigas que solventó nuestro náufrago, y las situaciones límite que fue capaz de superar. Pasó lo que se cuenta -o al menos así lo afirmó el protagonista-, y no podemos más que rendirnos a la bravura de la especie humana cuando está amenazada.
Resulta igualmente interesante la viveza de la mente de una persona a la deriva, en una barca, casi sin esperanza de vida. Su mente está activa con recuerdos nimios que en esa situación adquieren una importancia casi vital; aunque también observamos el proceso degenerativo de esa mente motivado por las circunstancias.
Destaca por otra parte la idiotez humana. El propio protagonista la apunta cuando tras haber estado más cerca de la muerte que de la vida, sus compañeros de especie le declaran héroe por haber estado diez días en alta mar, y sobrevivido sin comer y sin beber. ¿Es esa una adecuada definición de héroe? ¿Resulta, por el contrario, una situación idiota? Quizá estemos más próximo a lo segundo que a lo primero; o, mejor dicho, en demasiadas ocasiones damos más importancia a lo que no la tiene que aquello que realmente nos hace especiales.

sábado, 2 de noviembre de 2019

Unamuno y su San Manuel

Tras ver la película Mientras dure la guerra, se despertó en mí el interés por la figura de Miguel de Unamuno. Si a eso le unimos que San Manuel Bueno, mártir (De Unamuno, Miguel. Ediciones Anaya. Madrid. 1987) estaba entre las "lecturas imprescindibles" que conformaban un abultado cerro de libros que me dejó un amigo este verano; y que cada vez creo menos en las casualidades... digo que todo esto ha hecho que abordara la lectura de San Manuel... 
Unamuno cuenta en el libro la historia de un sacerdote que es un referente en la aldea en la que vive y trabaja; el problema surge cuando Don Manuel Bueno revela (en privado) su secreto: no cree en aquello que tanto predica.
La obra es un continuo dilema interior de Don Manuel, pero también de Lázaro y Ángela, dos hermanos muy unidos al sacerdote y que conocen su pecado. Don Manuel no cree, pero hace el papel para mantener feliz a su comunidad. Tan bien lo hace, que tras su muerte la Iglesia ha iniciado el proceso para proclamarlo santo.
Ángela conduce la historia a modo de narradora, una vez que el sacerdote ha fallecido. Quiere dejar por escrito su verdad, y ello le lleva a recordar aquellos años que pasaron de la felicidad por la amistad con Don Manuel, a la angustia que supuso conocer su secreto. 
El cura, en su dramática lucha interior, consigue encontrar cierta paz cuando su secreto es conocido/compartido por los dos hermanos; y es que el encontrar un interlocutor de confianza le permite el desahogo que antes no tenía. En el libro encuentro un momento culminante cuando Ángela va a confesarse con Don Manuel, y es el sacerdote quien le pide la absolución por su pecado: es el mundo al revés.
Conociendo esa eterna contradicción de Don Manuel, quien predicaba lo que no creía, no sé si Unamuno nos habla del cura o de él mismo. Es un hecho, y lo comprobamos en Mientras dure la guerra, que Unamuno cambió mucho de posicionamiento ante cuestiones tan importantes de la época como la monarquía, la república, el golpe de estado que inició la guerra civil, o la propia guerra civil. En la película lo vemos reflejado con gran maestría, por lo que la vida real de Don Miguel podría ser la base de la lucha interior de Don Manuel. 
San Manuel Bueno, mártir ha sido todo un descubrimiento, muchos años después de adquirirlo y leerlo por vez primera, y de haberlo tenido en mi biblioteca pasando desapercibido como tantos otros (supongo). Está claro que habrá que alternar la lectura de obras actuales con los clásicos. Hay historias buenísimas que están esperando que las redescubramos.