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jueves, 19 de noviembre de 2009

Carlos Sánchez, el Hispano

Carlos Sánchez ha vuelto a la senda de la cordura tras la reprochable salida de tono que tuvo hace unos días, en una infausta rueda de prensa en la que disparó contra prácticamente todo lo que se meneaba.
Un error de bulto a los que no nos tenía acostumbrados, y que como todo en esta vida es perdonable porque, como él mismo ha dicho, es el primero en siete años (los mismos que lleva como presidente del Real Jaén).
He visto por ahí cómo hay quien califica como valiente lo que hizo el presidente en aquella comparecencia pública, sin embargo no comparto esa opinión. Creo sinceramente que cuando ha demostrado todo su valor y toda su valía fue precisamente el pasado lunes cuando, en Onda Jaén Televisión (en el programa Minuto 90, con Manolo García), pidió perdón por lo dicho en un alarde de humildad y saber estar que no están al alcance de cualquiera. Creo que precisamente ese sería el titular (y el resumen) de lo ocurrido, y que él mismo tuvo la lucidez de detectar: si el otro día estuve valiente, hoy creo que lo estoy más todavía, dijo en la televisión pública.
Ese día volvió a engrandecerse la figura de un gran hombre que, con acciones como esa y porque la necesidad aprieta, me recuerdan los principios de fuerza y honor de Máximo, aquel aclamado general romano que acabó siendo Gladiator (y El Hispano, por su origen) para la plebe que le adoraba.

sábado, 14 de noviembre de 2009

Se equivoca Carlos Sánchez

En los trece años que llevo trabajando en los medios de comunicación he conocido a mucha gente; unos me han resultado más interesantes que otros, pero si tuviera que elaborar una lista con las diez personas que más me han impactado, en ella estaría sin lugar a dudas el nombre de Carlos Sánchez.
Se trata, lógicamente, de una apreciación nada objetiva y totalmente subjetiva, marcada muy mucho por mi pasión por el deporte en general y el fútbol y el Real Jaén en particular. Por eso me llegó muy pronto y muy hondo un tipo, desconocido hasta entonces para mí, pero que demostró sus... valentía asumiendo un enfermo en estado crítico llamado Real Jaén que había sido despedazado continuamente en la historia más reciente, por el que nadie daba un duro, ni siquiera los empresarios del terruño.
En estos años como presidente del club no sólo ha ratificado su valentía (manteniendo el proyecto pese a las muchas tentaciones de venta que ha tenido, unas más solventes que otras), sino que ha ido aprendiendo su trabajo con excelente nota, y además ha demostrado con hechos su inmensa generosidad con el Real Jaén pues no sólo se ha dejado su dinero sino también lo más preciado que una persona puede dar: la salud.
Todo esto ha hecho que la sintonía entre afición y Carlos Sánchez alcance unos niveles de excelencia que jamás he visto yo (tengo 37 años) por este lugar.
Pero en los últimos días Carlos se está equivocando de todas, todas. Me refiero a esa rueda de prensa convocada recientemente para aclarar las muchas dudas surgidas en torno a la viabilidad económica del club, y que finalmente se convirtió en una especie de púlpito desde el que arremetió contra demasiada gente. La mejor prueba de la acción errónea del presidente la tenemos en el hecho de que en los días posteriores se ha hablado más, muchísimo más, sobre este secundario aspecto que sobre para lo que habían sido convocados los medios de comunicación.
Me decía el otro día un importante político de Jaén que hoy día hay dos tipos de presidentes de fútbol: puedes ser Florentino Pérez (que si hacen falta 70 millones de euros, los pone encima de la mesa, y punto) o Carlos Sánchez (como ejemplo del representante del fútbol modesto, muy necesitado de ingresos, y que por eso mismo, porque depende de la generosidad de otros, hay que lanzar buenas palabras en lugar de balas mortíferas en dirección al entrecejo de alguien).
Desde el primer momento en que vi la reprobable intervención de Carlos me quedé totalmente sorprendido. No entendía, y aún hoy sigo sin entender, esa pérdida de papeles, ese abandono de la mesura y el talante que han caracterizado siempre al presidente del Real Jaén. Entiendo que ha aguantado carros y carretas, que la presión que sufre en lo económico tenderá a estar últimamente más próxima a un volcán en erupción que a otra cosa, pero ni siquiera eso es razón suficiente para rajar como lo hizo.
Una persona pública como él, al igual que un concejal, un alcalde, un diputado... tiene, por el simple hecho de ocupar el puesto que ocupa, la obligación de aguantar todo tipo de chaparrones; unos serán quizá razonados, aunque duelan; otros serán completamente injustos y basados en datos erróneos... pero la mejor forma de responder es callar y seguir con el duro trabajo diario que, alcanzadas las metas fijadas, callará todas las bocas. No obstante, y en caso de querer responder a un ataque injustificado y basado en el error, tenemos todo el dereco a contestar pero no utilizando las mismas formas que el atacante, sino con más clase para diferenciarnos de la chusma en lugar de equipararnos con ella. Y, por supuesto, antes que dar un paso en este sentido cerciorarnos al 120% del ataque que nos han propinado porque el entrar al trapo de oídas puede dejarnos con el culete al aire.
Entiendo que las urgencias económicas del Real Jaén tengan a Carlos Sánchez en una situación límite, pero en una situación como la del Real Jaén, la solución jamás podrá ser la huida hacia delante.
Carlos, insisto, se equivoca, y no sólo aquel día, sino que se sigue equivocando si se empeña en continuar por la senda bélica en lugar de regresar a la de la mesura que tantos y tan buenos resultados le ha dado.
Concluyo con una frase, no sé si refrán o proverbio chino, que escuché recientemente: Equivocarse es de humanos; persistir en el error, de locos.

viernes, 31 de julio de 2009

In memóriam

(Ayer murió Fernando Arévalo, uno de los últimos representantes en nuestra provincia del periodismo de la vieja escuela. Defensor a ultranza del periodismo de autor y, sobre todo, del periodista/periodismo de provincias, se marcha haciendo hasta el último día lo que le dio la vida durante tantos años: comunicar.
El día 13 de enero del año 2008 publicaba yo aquí mismo un catite dedicado a Fernando. No sé ni siquiera si llegó a leerlo. Yo lo escribí a modo de homenaje a una leyenda viva, y hoy lo recupero en su memoria.)


El último Alatriste
He compartido con él insuperables conversaciones de mesa camilla, y alguna tertulia de televisión. Menos de las que me hubiera gustado, a pesar de que sus charlas son siempre de dia y vuelta; se deja sonsacar a conciencia con la intención de conseguir lo que a él le interesa. Perro viejo.
Ahora veo a Fernando Arévalo cabalgar cada noche en las pantallas de Canal 23, y cada día en las páginas de Ideal, especialmente los lunes.
Una persona que levanta odios y pasiones. Unos quieren un hijo suyo, mientras otros han estado a punto de matarle (me consta). Es lo que pasa cuando se dicen las cosas como se sienten. Lo llamativo no es que se digan, sino poder decirlas. No todo el mundo puede permitirse ese lujo. Quizá ese sea su gran valor. No tiene miedo a tirarse a la piscina, aunque en ocasiones lo haga cuando el agua está demasiado baja.
Políticamente incorrectísimo, he de decir que a mí me pone un agüelete que ha elegido su edad dorada para dejarse bigote sensual y melena canosa, al estilo Sandokán, que le da un aire juvenil que ya quisieran para ellos muchos quinceños.
Está de vuelta de todo, y quizá por eso mismo son pocos, muy pocos, quienes aceptan compartir cartel con él. Saben que la cogida es segura o, al menos, la embestida con bravura; y no una, sino las veces que haga falta. Manoletes quedan pocos.
Hace poco le cortaron los huevos, y le jodió. No sólo por lo que eso duele y porque él no pudo hacer nada para evitarlo, sino porque se cargaban lo que había sido su vida: un modelo de radio que ha hecho historia en la historia reciente de nuestro país. Lo que más le dolió es que nadie en esta España -ya con himno- dijera ni mú.
Ahora se desquita de todo eso. Me recuerda a aquel tercio español en Flandes que defendía su posición, sobre todo por honor, pese a las muchas bajas sufridas y a la manifiesta superioridad del enemigo. El milagro puede llegar cuando el general contrario decide perdonarles la vida ante tal derroche de valor de un puñado de soldados malheridos. Antes de ordenar lo que será el último -y definitivo- ataque contra los españoles, les permite marcharse. Pero la respuesta del capitán Alatriste es clara: Muchas gracias, señor, pero esto es un tercio español.
Qué lástima, Fernando, que Flandes se perdiera hace siglos, y con él parte del orgullo de los españoles. Ojalá regrese.

miércoles, 24 de junio de 2009

Aquí hay nivel

El pasado fin de semana estuve de boda. La cosa fue bastante bien. Imagino que como en todas las bodas. Diferente es que me hubieran invitado a segar garbanzos, pero a comer y a beber... como digo, se sobrelleva con mucha soltura.
Al margen de lo típico (la novia y el novio muy guapos -a mí me gustó más ella-, al igual que los familiares más allegados de ambos; la iglesia muy bonita; el restaurante, al aire libre, muy apropiado para esta época; el comer y el beber, de primera división; la compañía durante la cena, todos muy competentes y eso que a la mitad los conocí aquella misma noche...) sí quisiera llamar la atención sobre dos cosas que me hicieron de ésta una boda diferente.
La primera, la selección musical desde la copa de espera en el restaurante hasta que nos íbamos tras varias horas de cena. Digo que me sorprendió y me gustó porque por allí sonó Joaquín Sabina.
La segunda, también musical. ¿Sabéis cuál fue la coplilla con la que los novios protagonizaron la apertura oficial del baile tras la cena? Os la muestro parcialmente en este vídeo.



Todo un lujo. Enhorabuena!!!
P.D. Eso del baile consiste en mover los pies y todo el cuerpo al ritmo de la música.

martes, 14 de abril de 2009

Mario

Este es Mario. En unos días cumplirá cinco años, y lo que aquí veis no es más que una de las múltiples facetas en la que resulta sorprendente.
NOTA: tiene audio.

viernes, 27 de marzo de 2009

Evangelizando

Hace unos días me encontré en la calle con una persona a la que hacía tiempo que no veía. Alguien a quien admiro porque tuvo la valentía de dejar un puesto de trabajo más o menos estable, y montar su propia empresa en una provincia que, como la nuestra, resulta complicado casi todo; pero más todavía si hablamos de un sector productivo que ya de por sí es difícil en otros lugares, y en Jaén especialmente teniendo en cuenta características tales como poca población, ausencia de grandes empresas, bajo índice de lectura, mentalidad conservadora, escaso nivel de renta...
Junto con su socio, lleva unos años siendo pionera por estas tierras. En sus inicios me pareció muy interesante su iniciativa, de ahí que les echara la mano que pude. Sé que en este tiempo han trabajado, y mucho, pero eso nunca es sinónimo de ganar dinero. Ella me confirmó eso mismo, que trabajan mucho, que la cosa les va bien porque les podía ir peor, pero que aquí siguen, al pie del cañón, "evangelizando" (palabra textual).
¡¡¿¿EVANGELIZANDO??!!! La verdad es que me parece interesantísima la utilización del término.
"Evangelizar" tiene unas fortísimas connotaciones religiosas, y quizá a todos se nos viene a la mente nombres como Jesucristo, Cortés y Pizarro (con más o menos fortuna, en lo de evangelizar, digo), Cristóbal Colón, el Doctor Livingstone... y más modernamente un sin fin de profetas que insisten hasta la saciedad para hacernos ver la luz verdadera, el camino correcto.
Suena bien eso de "Elena, la primera evangelizadora" (o una de las primeras); pero despojando al término de toda su carga religiosa, y potenciándolo hasta el extremo máximo en lo que a apertura de nuevos caminos se refiere. Explorando vías novedosas a pesar de las dificultades climatológicas, orográficas, de mentes-indígenas-cerradas... y de todo aquello que se encuentran los valientes exploradores en sus expediciones por los nuevos mundos.
La verdad es que esta couple in business representa la apuesta por lo propio, la defensa del valor de lo mío... y no únicamente desde la teoría sino dando ejemplo. Con casos como este, el futuro de Jaén presenta buenas perspectivas porque, si siguiendo las líneas pasadas, los pocos creyentes que hay se largan, aburridos, a hacer fortuna a Las Indias, ¿quién hablará de nosotros cuando hayamos muerto?.
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viernes, 12 de septiembre de 2008

Cuaderno de bitácora (a Jesús): Epílogo

Querido compañero:
A partir del próximo martes volveremos a compartir aventuras y batallas pues, tras el descanso del guerrero, el regreso se hace inevitable (aunque no sé si te encontraré allí o te habrás ido, una vez más, de viaje). Han sido las mías unas jornadas de otropensar necesarias, aunque no hice más que llegar al Reino y ya me llegaron las nuevas de Palacio. A mí, la verdad, no me han pillado por sorpresa pues debemos tener en cuenta que vivimos en una tierra de grandes señores venidos a menos, tocando en ocasiones la nada.
Se ve que ya hemos olvidado que aquel gran país donde no se ponía el sol pasó a verse negro para que le diera un poquito la luz. La ausencia de reyes como Dios manda, y su sustición por regentes y validos más ocupados de sus propios egoísmos, ambiciones personales y ajustes de cuentas les impidió atender a un pueblo que pasaba hambre, y a unas tropas que -también con las tripas necesitadas- no encontraron honor por el que luchar y morir. El resultado fue la llegada de la oscuridad. Y, como quien olvida su pasado está condenado a repetirlo, en estas nos vemos.
En aquella época pasada para olvidar el principio del desastre comenzó con nombres como el cuarto Felipe y su conde-duque de Olivares. ¿Se habrán reencarnado en este tiempo por arte de la magia más mala?
Cuenta el capitán Alatriste en una de sus aventuras, aquella en la que cae en una trampa y conspiración para matar al rey quedando él finalmente acusado del regicidio, que estando el monarca amenazado por una pistola y cuatro espadas, Alatriste logró librarse de ataduras y guardianes, y acudió veloz en defensa de su España. Allí, mientras diseñaba la estrategia para el rescate, relata lo siguiente "El hombre rubio (el rey) no parecía de mucha ayuda: seguía inmóvil, hierático, su escopeta en las manos, mirando a los asesinos que lo cercaban, el aire tan indiferente como si nada de aquello lo concerniese. Observó que, por hábito de cazador, mantenía un faldón del tabardo sobre la llave de la escopeta, para protegerla del agua. De no ser por la lluvia, el barro y los cinco hombres amenazantes, se habría dicho que posaba para un cuadro de Diego Velázquez. El capitán compuso una mueca a medio camino entre la admiración y el desprecio. Valor tal vez, se dijo. Pero también, y sobre todo, estupidez y absurda compostura a la borgoñona. Al menos quedaba un amargo consuelo: ni siquiera sabiéndose en peligro de muerte, el rey por el que arriesgaba la vida perdía las maneras. Y eso estaba bien. Aunque quizá lo que ocurría era que aquel figurín palaciego no terminaba de creerse lo que estaba pasando, ni lo que iba a pasar.
A fin de cuentas, reflexionó Alatriste, qué infiernos le iba a él mismo en ello. Quién lo obligaba a jugársela por un fulano que no era capaz de mover una mano para defenderse, cual si esperase que bajaran los ángeles del cielo o salieran de la maleza sus arqueros de la guardia o sus tercios, apellidando a Dios y a España".
En esas tribulaciones estaba el capitán, con sus principios echados por tierra como te podrás imaginar, cuando uno de los sicarios gritó al rey que entregara su arma, sabiendo que sus posibilidades eran mínimas. "Entonces Felipe IV hizo algo extraño. Impasible, sin mudar la expresión del rostro, inclinó un poco la cabeza para mirar el arma como si hasta ese momento la hubiera olvidado. Lo hizo con la indiferencia de quien observa algo sin la menor importancia. Tras un instante de inmovilidad, echó atrás el percutor de la llave de chispa y se llevó la escopeta a la cara. Luego, tras apuntar al sicario con una pasmosa frialdad, lo derribó de un escopetazo en la frente.
Ahora sí, pensó Alatriste sacando la temeraria. Qué más da el trapo del que esté hecha la bandera. Ahora sí merece la pena morir por ese rey". Y sin pensárselo dos veces, salió de entre la maleza en defensa de su honor, sabiendo que lo más problable es que acabara en el otro mundo.
Si quieres saber el final deberás leerte el libro, pero... ¡qué envidia que dan reyes así! ¿Verdad?, amigo Jesús.
Por cierto, ha llegado a mis oídos que en este tiempo has sido padre. Enhorabuena. Ahí tienes tu bandera.
Hasta otra.

jueves, 11 de septiembre de 2008

Cuaderno de bitácora (a Jesús): estamos en casa

CRÓNICA DEL DOMINGO, 7/09/08

En el día de hoy tengo una de las pruebas más difíciles de cuantas deberá afrontar hasta verme metido de lleno en la normalidad post-vacacional. A las diez de la mañana comienza la media maratón de Motril (21,097 kms). No se presenta dura por lo larga que pueda parecerte, sino porque al alto calor y humedad previstos tengo que sumar los kilitos de más que -seguro- he cogido en los últimos diez días. Hace poco escuché en un informativo del canal 24 horas de TVE que los psicológicos recomendaban, en ese proceso de adaptarse a la normalidad -tras las vacaciones- poco a poco, retrasar unos días la cita con la báscula, y no hacerlo de manera inmediata. Yo no sólo no seguí ese consejo, sino que una vez osé pesarme en el barco; el susto fue mayúsculo pues mis 82 kilos habituales eran allí 87. Tras el sock inicial vi pronto la raíz del problema: la báscula está rota.
Finalmente corro y la cosa sale bien pues mi objetivo inicial de 1 hora y 45 minutos queda en 1hora 46 minutos y 49 segundos.
Te recuerdo que tras llegar de Barcelona me he quedado en Granada para afrontar precisamente la cita de Motril. Una vez finalizada, y dada buena cuenta de una paella más de las magníficas que hace mi cuñada Celia, emprendemos el regreso a Jaén.
La primera parada es en casa; el tiempo justo para dejar las maletas como están, y abrirlas únicamente para coger algunos de los regalos que vamos a hacer. Sin tiempo para nada marchamos hacia Higuera en busca de Guillermo y Lucía, y también para saber el estado del corazón de mis suegros, que llevan diez días con ellos -y también con sus primos Álvaro y Helena-.
Alicia, mi esposa, llega primero a la casa mientras yo aparco el coche. Cuando llego yo, Guillermo (7 años) me llama mientras viene a mi encuentro y se abraza, y al instante lo hace Lucía (4 años). En el abrazo prolongado hacia los dos no me doy cuenta de la actitud de Guillermo: está llorando. Incluso ahora no puedo evitar emocionarme -mientras escribo estas líneas- recordando el momento. Quizá sea una de las mejores cosas que me han pasado en estas vacaciones.
Allí, sobre la marcha, de cido que no volveremos a separarnos aunque hayan sido ellos, los niños, los que se negaran en redondo a subir en un barco porque: ¡¡papá, que no, que se hunde como el Titánic!!.
Me vienen a la mente las palabras que no hace mucho oí a alguien cercano: estamos en una edad en la que hay que hacer equipo. Y ese equipo, en mi caso, se llama Alicia, Guillermo y Lucía.
Ahora sí. Ya estamos en casa.

martes, 9 de septiembre de 2008

Cuaderno de bitácora (a Jesús): punto y seguido

CRÓNICA DEL SÁBADO, 6/09/08

Vaya paradoja de vacaciones. ¡Madrugando hasta el último día!
Como te dije ayer, el barco debe estar desalojado en su totalidad antes de las 9 de la mañana, como muy tarde, de ahí que haya que darse un poquito de prisa. A nosotros, por esa suerte innata que tenemos, nos tocó irnos en el primer turno, lo que suponía desayunar a las 6,30 de la mañana, lo que suponía levantarse a... ¡¡¡¡?¿!!!
Para evitar el siempre temido síndrome post-vacacional, cambiamos la hora, y nos dejaron salir los últimos. Eso está mejor: entramos los primeros y nos vamos los últimos.
Es inevitable cierta añoranza cuando a eso de las nueve y algo de la mañana, una vez traspasada la trampilla que une el barco con el puerto, afrontas las escaleras de salida; esas mismas que hace exactamente un semana, y casi a esa misma hora, recorríamos pero en sentido contrario. Si el sábado pasado las abordábamos con muchas ganas, hoy las dejamos con mayor envidia si cabe hacia todos aquellos con quienes nos cruzamos en el camino, esos que ocuparán sus habitaciones -y todo lo demás- que hemos disfrutado como en ningunas otras vacaciones.
Dejado atrás el trauma inicial, la cosa es sencilla. En taxi hasta el aeropuerto donde llegamos a eso de las 10,30 horas. Ya falta menos apra las 17,30, hora prevista para la salida del avión de regreso al aeropuerto de Jaén. Siete horitas de nada quese pasan con gran pesadez, aunque intentando aliviarlas entre lectura del capitán Alatriste y paseo por aquí y por allá, comida, cervecita, alguna llamada de teléfono, vistazo a las tiendas... y una media hora antes de la partida ¡ya me extrañaba a mí no encontrarme con naide de Jaén!. Y no ya de Jaén, sino de Onda Jaén. Es Jesús (el otro) que viaja con la familia en pleno, de regreso al terruño, tras unos días por aquellos lugares.
Una chica amable nos llama por megafonía, embarcamos, y se repite uno de los peores momentos de las vacaciones. El avión tarda unos 20 minutos en llegar a la pista de despegue, algo que no sólo no sirve para tranquilizarme sino todo lo contrario, porque en ese tiempo se ha puesto a llover (vamos, caen cuatro gotas). ¿Saldrá el avión si está lloviendo? ¿No sería mejor esperar a que escampe?... son alguna de las preguntas tontasa que me hago hasta que, de pronto, el piloto pisa el acelerador a tope, oigo un gran ruido de motores, se me pega la espalda al asiento, y la rigidez de mi cara, cuerpo... y mente contrasta con las risas de mi esposa, los gritos de alegría de los hijos de Jesús llamando la atención de su padre por lo chulo que es lo que se ve por la ventanilla, y casi los ronquidos de algunos pasajeros cercanos a mi. Mira que yo me duermo de pie, pero seguro que en un avión... ni acostado.
El trayecto no es demasiado largo, y la lectura me sirve para evadirme un poquito. Algún movimiento brusco -leve para el resto del pasaje- hace que me agarre al sillón en más de una ocasión. La cosa vuelve a ponerse chunga cuando nos avisan que vamos a aterrizar. Si el subir es malo, el bajar me sienta peor todavía.
Cuando tomamos tierra y se paran los motores no puedo evitar dar algún aplauso (y tampoco se me olvida darle lasa gracias, de nuevo, a San Isidro).
Nos quedamos en Granada porque mañana hay carrera, pero la cruda realidad nos indica que las vacaciones de viajar se han acabado. Hora de marcar, por lo tanto, un punto y seguido como el de otros años pero que en esta ocasión es especialmente difícil de asumir porque ha sido mucho, quizá demasiado, para lo que yo estoy acostumbrado.

lunes, 8 de septiembre de 2008

Cuaderno de bitácora (a Jesús): esto se acaba

CRÓNICA DEL VIERNES, 5/09/08

Ha llegado el día de la relajación. Es la última jornada de crucero, sin escalas, con un viaje directo Palermo-Barcelona. Todo el día (y dos noches) en alta mar. Se nota porque el movimiento del barco es algo más acentuado de lo que venía siendo hasta ahora. La verdad es que estoy sorprendido porque uno de los mayores miedos que tuvimos durante la preparación del viaje fue el mareo por el movimiento del barco. Sin embargo, hasta hoy parecía que estábamos en un complejo hotelero en tierra firme (mucho peor lo he pasado en alguna ocasión, contigo al volante, cuando se te ha hinchado la vena). Imagino que será porque el barco es muy grande y tiene gran estabilidad, pero creo que también depende del mar que ha estado muy tranquilo todo el viaje. De hecho, un camarero nos dice que tal día como hoy, pero hace dos semanas, la mar estaba brava y las olas llegaban hasta la cuarta planta, generando cierto acongojamiento entre los huéspedes e incluso algunos empleados.
Lo dicho, día tranquilo marcado, desde un punto de vista gastronómico, por un desayuno con huevos benedictinos, el almuezo ha sido en el Johny Rocker (hamburguesería típica norteamericana donde nos sorprenden los camareros con un baile a mitad de la comida) de donde hemos salido casi empachados, y en la cena he pedido nuevamente Stela, la mejor cerveza de cuantas hemos tomado.
Entre tanto, gimnasio, jacuzzi, piscina, sauna, baño turco, siesta, vistazo último a las tiendas que están en rebajas, espectáculo de despedida, y a dormir que mañana hay que abandonar el barco antes de las nueve de la mañana.
Esto se acaba. Una lástima.

Cuaderno de bitácora (a Jesús): con la miel en los labios

CRÓNICA DEL JUEVES, 4/09/08

Hemos llegado a la isla por excelencia: Sicilia. Llama la atención que las calles de Palermo no sólo las patrulla la Policía sino también el Ejército. Aunque me sorprende más algo que he visto en dos ocasiones: un coche de gran cilindrada escoltado -por delante y por detrás- por sendos coches camuflados de la policía que no se corta ni un pelo a la hora de despejar su camino al reso de vehículos (el copiloto no duda en sacar medio cuerpo por la ventanilla y, con una especie de paleta matamoscas en la mano, avisa a los otros conductores). En cualquier caso, el tráfico es un caos; hay que pelearse con los coches y las motos para que te dejen pasar por un paso de cebra regulado por semáforos, estando verde para el peatón y rojo para los coches. Viene a ser algo así como la ley del más fuerte. Aquí tú disfrutarías, seguro.
Ya nos lo avisaron, y es cierto: Palermo no tiene mucho que ver. Lo más atractivo, por su rareza con respecto a los cánones que conocemos, es su catedral. De toas formas, la grandeza de cualquier monumento se ve rápidamente empañada por la malísima sensación que deja en el visitante el pobre estado de conservación en el que se encuentran muchos de los edificios colindantes; hay incluso casas en ruina, solares abandonados,... Alguien dijo que parece más bien una ciudad de África.
Finalmente no hice la locura que tenía pensada. Justo al bajar del barco me encuentro varios puestos vendiendo todo tipo de artículos promocionales, entre ellos referentes a Don Vito. A uno de los vendedores le pregunto si Corleone pilla lejos, y tras indicarme que a unos 100 kilómetros, también me aconseja no ir porque puede resultar complicado. Le hago caso y me conformo, por ahora, con las películas. Es lo más cerca de lo que he estado nunca. La miel... en los labios.
El capuccino de Palermo es peor que el de Roma y Florencia.
Regresamos al barco y realizamos nuestra rutina normal de cada día: piscina, jacuzzi, espectáculo en el teatro... en la cena turno para una Beck´s (cerveza alemana): 33 cl y 5,5 dólares.

Cuaderno de bitácora (a Jesús): día tranquilo

CRÓNICA DEL MIÉRCOLES, 3/09/08
Desde el balcón de mi camarote, con un (otro) puerto italiano de fondo.


El día de hoy se prevé relajado. El barco llega directamente al puerto de Nápoles, por lo que no es necesario madrugar porque bajamos a pie en lugar de hacerlo en lanchas.
En el desayuno sustituyo las tostadas que como habitualmente por una tortilla impresionante que hacen sobre la marcha unos cocineros jamaicanos. La gente pide uno, dos o tres ingredientes de los muchos que hay entre los que elegir, pero yo les indicó que me pongan un poco de todo. La única pega es que comí de una sola vez todo el picante...
A las once de la mañana ya estamos recorriendo las calles de Nápoles, y lo hacemos con cierta precaución por eso de ser una ciudad peligrosa... la de la mafia. Sin embargo, creo que es más leyenda que otra cosa; o habrá, pero no -o no se aprecia- para una gente que viene a echar un día en la ciudad.
Lo que sí resulta un caos es el tráfico. Ningún conductor respeta los pasos de cebra, y en cada calle se produce una auténtica lucha entre vehículo y peatón: gana el que primero llega, y el que más huevos le eche al asunto.
Aunque vemos algún monumento, ya te digo que la jornada la hemos planteado casi como de paseo, y también de compras porque recorremos lo que aquí vendría a ser la calle San Clemente de Jaén.
De regreso al barco compramos un par de trozos de la famosa pizza napolitana que, la verdad, está bastante buena.
Mañana igual hago una barbaridad.

P.D.- Estoy sorprendido por lo bien que visten los italianos, y decepcionado por lo mal que lo hacen las italianas. Por cierto, el capuccino de Nápoles está mejor que el de Roma; y hoy en la cena ha caído una cerveza mexicana llamada XX (355 cc y 5,5 dólares) que estaba algo floja.

domingo, 7 de septiembre de 2008

Cuaderno de bitácora (a Jesús): esto es muy grande. Demasiado

CRÓNICA DEL MARTES, 2/09/08

Hoy, nuevo madrugón para ver...... ROMA. Llegamos temprano a Civitavecchia, y desde allí unos 40 minutos en tren hasta la capital. El barco se va a las seis y media de la tarde, por lo que resulta imposible verlo todo. Imposible, no ya en un día, sino en una semana. Por eso, nos lo tomamos con filosofía y sin demasiadas complicaciones.
Recé en la Capilla del Santísimo del Vaticano, tiré una moneda y pedí un deseo en la Fontana Di Trevi, y me sentí Máximo en el Coliseo. Esto es demasiado grande, demasiado importante, y un día es demasiado poco tiempo. Tengo que volver pero con mayor tranquilidad. Es mi compromiso. Quizá sea contigo.
Regresamos al barco cansadísimos. Unos van a la cama, otros a comer, pero yo prefiero tomar algo rápido y relajarme en el jacuzzi de agua caliente de cubierta. El agua burbujeante me cubre hasta el cuello, y lo templadita que está hace que me quede frito en unos segundos. Media hora de siesta placentera -más propia de Dioses que de mortales- que se ve interrumpida bruscamente porque la abuela portuguesa que había sentada a mi lado, en lugar de salir por la escalera que tenía más cercana, optar por rodear el centro del jacuzzi y, al llegar a mi latura, no se da cuenta de que tengo las piernas estiradas; el tropezón no sólo me hace bajar del paraíso sino que del susto, la pobre casi se ahoga (afortunadamente no ha sido necesario que le haga el boca a boca).
Cenando he tomado una cerveza belga llamada Stela; está buenísima. La mejor de las probadas hasta ahora (33 cl, y 5,5 dólares).

P.D. El capuccino de Roma está mejor que el de Florencia.

Cuaderno de bitácora (a Jesús): la ciudad de los helados

CRÓNICA DEL LUNES, 1/09/08
Anoche (el lunes, al final de la jornada) estaba demasiado cansado como para cumplir mi compromiso diario con este cuaderno. Por eso te empiezo a escribir en un vagón de tren a las nueve menos algo de la mañana (del martes), camino de una gran ciudad de la que mañana te hablaré.

Fue un día largo e intenso. El despertador sonó a la seis de la mañana, desayuno consistente y buscamos una barquita para llegar a tierra (finalmente estamos en L´Spezia pues un exceso de tráfico marítimo en Livorno nos ha impedido cumplir con el plan previsto). En el autobús da tiempo a echar una cabezadita, por lo que afrontamos con ganas y fuerzas el recorrido por Florencia.
Lo primero, y obligado, tomar un capuccino. Im-presionante de bueno. ¿El precio?: 1,20 euros en la barra, y 4 euros en una mesa. No hace falta decirte dónde me lo tomé.
El recorrido por la ciudad no es tan minucioso como debería, pero es que apenas si tenemos cuatro horas; por eso, la guía nos da unos consejos que cumplimos y nos va bien. La verdad es que resulta casi imposible describir tanto monumento. Impresionantes iglesias, espectaculares edificios civiles, y ¿qué decir de las estatuas?: MUNCHAS. Me hago fotos junto a Leonardo Da Vinci y también Maquiavelo. En la catedral me llama la atención hombres y mujeres vestidos con una especie de poncho verde; me explican que a quienes no guardan decencia en el vestir (sexys tirantillos en las mujeres, y mangas sisa enseñapelosdelossobacos en los hombres), se los colocan, y es que estamo sen lugar sagrado (A mí me choca la medida, pero me sorprende que mi cuñado -a quien la religión y la Iglesia se la rempampinfla, y mucho, lo entiende al decir que en mi casa, yo pongo las normas; a quien no le parezcan bien, que no venga).
Ir a Florencia y no comer un helado es como ir de turismo a Jaén y quedarse sin visitar Las Protegidas. Vamos a la heladería aconsejada por la guía. Yo pido una tarrina con los dos tipos de chocolate que tienen, pero el heladero me regaña: ¡¡Con más de 20 sabores diferentes que hay de helados, sólo vas a comer chocolate??. Así que, porque lo decide él, sólo me pone uno, y completa la tarrina con dos bolitas más del que le da la gana. Me parece bien, y después lo agradezco.
Acabada la visita comparo Florencia con Barcelona. En Barcelona hubo un tipo a quien le dio por hacer columnas y edificios retorcidos forrados con los restos de los baldosines de los suelos. En Florencia, fue a muchos a quienes les dio por hacer muchas estatuas, casi todas de tíos en pelotas, y deslumbrantes edificios.
A media tarde regresamos al barco, tomamos unas tapitas que nos hagan llegar hasta la cena, descanso viendo en el cine Spiderman III doblada en sudamericano, cena, actuación de magia en el teatro,... y a la cama.
Mañana se prevé duro el día.
P.D.- Hoy he comprado tu regalo. Espero que te guste.

sábado, 6 de septiembre de 2008

Cuaderno de bitácora (a Jesús): rojos y amarillos... los Ferrari

CRÓNICA DEL DOMINGO, 31/08/08
Te escribo desde alta mar italiana.

Eran algo más de las cuatro de la madrugada (del sábado al domingo) cuando llegamos a dominios franceses; lo sé porque así me lo indicó mi compañía de telefonía móvil a través de varios mensajes a horas intempestivas. Estuvimos toda la noche navegando y no se mueve absolutamente nada. Tantas dudas que nos generaba el posible mareo, ya te gustaría a ti conducir la furgona como este tipo manera el trasatlántico este.
Hoy toca excursión. Atracamos en Villefrance, un pueblo pesquero francés con poco que ver y el único atractivo de coger el tren hacia tres destinos interesantes: Cannes, Mónaco y Niza. Elegimos Mónaco.
Llegamos pronto -unos 20 minutos en tren- y buscamos el Casino. Nos movemos andando y en el recorrido nos cruzamos con varios ferraris, muchísimos mercedacos, una camioneta Chevrolet que parece un camión, algún Lamborgini... y lo dejo ahí. Se ve que aquí se llevan los coches carísimos... y también las mujeres de bandera porque mientras nos hacemos alguna foto en la puerta del casino llegan 3 rubias (¡¡¡!!!!) en un coche rojo, bajito, sin techo, y como marca un caballo negro levantado sobre los cuartos traseros, y al momento otra (rubia), sola, pero esta vez el amarillo era el color del coche.
Además de esto, que no es poco, me llama la atención que aquí cada bloque de pisos parece un hotel, y los hoteles se confunden con palacios de la realeza. No hay semáforos, tampoco papeles por el suelo, y los contenedores se disimulan tras una especie de cercados colocados estratégicamente en las calles.
Recorremos el teatro de Grace Kelly (me hago una foto junto a un olivo que hay en la puerta), el puerto, vemos el Palacio de los Grimaldi... y regreso a Villefrance.
Subimos al barco, almuerzo (repito Budweiser a 9 dólares) y siesta porque nos lo hemos ganado.
A las 17,30 toca deporte: elíptica y cinta. Tras el esfuerzo, y para relajar los músculos, realizamos un circuito de contraste, es decir, jacuzzi de agua caliente, jacuzzi de agua fría, jacuzzi de agua caliente, jacuzzi de agua fría... Mientras estoy en la tumbona de cubierta el barco empieza a moverse. Otra vez la incertidumbre; otra vez hacia un destino desconocido.
Para la noche hay que ponerse guapo porque tenemos cena de gala. Metí en la maleta dos trajes, por si acaso, y menos mal que lo hice porque el nivel es alto (hay hasta un escocés, falda incluida). Para la próxima vez le pido a Rafa Rus el chaqué.
Cena fina (como la de ayer. Yo sigo apostando por la cerveza. Esta vez una británica de 44 cl; se llama Boddinstons, o algo así. 8 dólares). Comemos bastante bien, el servicio es excelente y la única pega es el café, no el de hoy, sino el de cualquier día porque lo que beben estos americanos es aguachirri.
Concluye la jornada en el teatro con un espectáculo de música y baile al estilo Broadway (La Scala, que así se llama el teatro, tiene un aforo de casi 3.000 personas, y su escenario es como tres veces el del Darymelia).
Te dejo por hoy porque son casi las dos de la madrugada y mañana el levantarse es a las 6,30 horas, dentro de un rato. Ya te contaré el por qué.

Cuaderno de bitácora (a Jesús): cargo de conciencia

CRÓNICA DEL SÁBADO, 30/08/08
Escribo estas líneas en alta mar, en algún punto entre España y Francia, siendo las dos y pico de la madrugada (del sábado al domingo).

A las diez de la mañana estábamos ya en el puerto de Barcelona. Embarque sin problemas en un bote que es más grande que mi pueblo: Voyager of the seas (3.600 pasajeros, 1.300 tripulantes de 60 nacionalidades diferentes -sólo dos españoles-, 14 plantas disfrutables y algunas más por arriba y por abajo a las que no tenemos acceso).
Realizamos un rápido recorrido -boca abierta incluida porque una cosa son las fotos y otra esto-, y nos hacemos un millón de fotos en lugares que ya quisieran para ellos la mayoría de los pueblos de la provincia de Jaén: teatro, pista de atletismo y otra de patinaje sobre hielo, spa, rocódromo, 6 restaurantes, súpercasino...
La primera parada obligada llega en la piscina, y también catamos los jacuzzi de una de las cubiertas. Pronto buscamos el lado gastronómico del asunto. El buffet es libre, excepto la bebida (gratis únicamente limonada, agua y té helado). ¿Caro? Te puedes imaginar. Una Foster´s (cerveza australiana) de 75 cl, 9,5 dólares, y una Red Stripe (jamaicana) de 35 cl, 6,1 dólares. Aunque no te lo creas, las pago con gusto porque en la bebida me timarán, pero me desquito en la comida.
Nuevo paseíto, simulacro de accidente como en las películas, deporte (elíptica y cinta), jacuzzi, sauna, baño turno... una tapita y a cenar (para beber, una Budweiser -norteamericana- de 35 cl, 9 dólares). Demasiado fina -la cena- para mi gusto, pero algún sacrificio había que hacer.
Acabamos a la 1,30 de la madrugada, con destino desconocido, bailando en la planta 14 el Viva España -pasodoble- tocado por un quinteto cubano, y rodeados de un grupo entregado de guiris cuya media de edad no tiene nada que envidiar a la Quinta del Buitre.
Esto es impresionante. Casi, casi indescriptible. En ocasiones me da hasta cargo de conciencia.

lunes, 1 de septiembre de 2008

Cuaderno de bitàcora (a Jesùs): Aviso de navegantes

Problemas técnicos ( 0,70 dòlares el minuto de conexiòn a bordo) me impiden transmtirte mi crònica diaria. Lo haré cuando pueda y desde donde pueda.
Saludos desde Florencia.

sábado, 30 de agosto de 2008

Cuaderno de bitácora (a Jesús): pateando más la ciudad

Barcelona, ocho y poco de la mañana (crónica de ayer, escrita hoy)
Aunque estamos de vacaciones, no se pueden perder las buenas costumbres atléticas. Así que, aunque nos acostamos tarde y tras haber andado dos o tres mil kilómetros con nuestro cicerone particular, hay que madrugar. En pie a las siete y media de la mañana, y con la brisa marina dándonos en la cara (dicen que es muy bueno para el cutis), corremos 12 kilómetros por el puerto y su entorno.
Regresamos, ducha, desayuno... y ya estamos otra vez listos para, al más puro estilo de Torrente, patearnos la ciudad. Mañana gaudiniana la que vamos a pasar. Primero al Parque Güel, sigue La Pedrera y acabamos en la Casa Batló. La verdad es que el tipo este, Gaudí, supo crear estilo propio. No sé si será muy fácil o tremendamente difícil, pero diferente sí que es. Aunque estoy seguro que Periquín, un albañil de mi pueblo, en dos o tres días endereza todas las columnas.
Tras la comida y la minisiesta de rigor, la visita más esperada por mi. Vamos al Nou Camp (por cierto, me entero de que eso de culés les viene porque el campo lo construyeron en la quinta leche, a las afueras de la ciudad, donde estaban los campos de coles). Voy, como te podrás imaginar, con mi camiseta del Real Jaén (confiando en que no la confundan con el blanco de otro equipo) buscando la plaquita esa en la que dice que el campo fue inaugurado por el Real Jaén; y no sólo eso, sino que el primer gol también lo marcaron los jienenses (el resultado final fue 1 a 6). Nadie tiene ni puñetera idea de lo que le digo. Tan sólo una chica me remite al museo: entre usted que si hay algo, seguro que está allí. Vaya decepción que nadie conozca el dato, nadie de los que hay allí para informar. Hay que entrar al museo (sabes que no es santo de mi devoción) y pagar 8,5 euros. Como comprenderás, si no pagué para ver la Sagrada Familia, menos a los culés. Otro día será, y adiós muy buenas. Tan sólo me hago una foto en la entrada, para demostrar que estuve allí, y junto a un autobús antiguo, con los colores del Barça y que tiene dentro maniquíes a modo de reproducción de jugadores del año 1957.
Regresamos al hotel, y en el trayecto utilizamos el tranvía para ir acostumbrándome a cuendo llegue el de Jaén.
Un paseìto por la Diagonal, cultivamos (creo que en exceso) la cultura y bebida barcelonesa y a la cama que mañana cambiamos de montura y de aposento (otro mal rato).
P.D. ¡Qué alegría haber encontrado los acentos en el teclado del ordenador, y que el bicho este no se quede bloqueado cada quince segundos!

viernes, 29 de agosto de 2008

Cuaderno de bitàcora (a Jesùs): mal inicio, gran final

Barcelona, tres y pico de la tarde (crònica de ayer pero escrita hoy)
Comenzò torcido, por partida triple, el primer dìa de vacaciones.
PRIMERO, porque en el embarque del aeropuerto de Jaèn (JA, JA y JA) un Guardia Civil me llama para cachearme. No le doy importancia porque creo que lo hacen a todo el mundo, pero pronto veo qe no; ¿tendrè pinta de terrorista?. El asunto se aclara pronto; cuando el agente me da por limpio, se me acerca otro, el del escàner, y me dice que ellevo una navaja en el equipaje de mano. Me quedo alucinado y lo niego, pero èl insiste, yo lo vuelvo a negar varias ocasiones màs, èl mantiene otras tantas su acusaciòn. Entonces caigo: la navaja multiusos que llevo en el bolso. (Un compañero de acampada en la Virgen de la Cabeza llevaba una, y le fue muy ùtil; me gustò y al regresar la comprè en Coronel Tapioca del Pryca. Era azul, fue hace 3 años, y tenìa su fundilla y todo. Guapìsima. No la he utilizado nunca. Ni la utilizarè ya).
El civil se porta bien e intenta darme una soluciòn: embarca una maleta y la metes, o dìselo a quien te haya traìdo... No puedo hacer nada de eso, y aunque le digo que se la regalo, responde que ellos no pueden aceptarla...; final: se la dejo para que haga lo que le parezca. ¡¡¡Joder!!! Despuès me acuerdo que le podìa haber quitado por lo menos la funda. Ni eso.
SEGUNDO: para pasar el mal trago, decido tomar un cafè y un donuts. Ya quisiera Josè Tomàs dar clavadas de ese tipo cada vez que torea.
TERCERO, lo peor: el aviòn. Acojona. No por lo de los accidentes recientes, sino... porque acojona. Tenso en el despegue, tenso en el vuelo, tenso en el aterrizaje. Es que no puedo ni con el Sapito Loco.
Tocamos tierra y la cosa empieza a enderezarse. Las maletas no se pierden y nos las dan ràpido, llegamos pronto al hotel, y para la una estamos instalados. Hora clave para tomar una cerveza. Como estamos en Barcelona, pido El Àguila y una tapa de tortilla española. No hay; Estrela Damm y salchichas catalanas. Y todo en una terraza tìpica situada en una rambla, propiedad de unos paquistanìes, y de camarero uno de Càdiz.
Despuès comemos, siesta ràpida, visita a la Sagrada Familia (sòlo por fuera. No me gusta), vamos a Las Ramblas y recorremos el Barrio Gòtico (Catedral del Mar incluida). Sorpredente. Increìble que eso sea Barcelona.
Aparecemos por el puerto, y al llegar a la estatua del teniente Colombo, como dice uno de mi pueblo, otra vez Las Ramblas (esta vez para arriba), cena, metro y hotel.
Ha sido un gran dìa. Por todo esto, por alguna cosilla màs que no te puedo contar, y porque hemos tenido de guìa a Josè Gabriel; un gran tipo, oriundo de aquì aunque de orìgenes jaeneros, viejo amigo, al que hacìa diez años que no veìa.
Ha merecio la pena, al menos hoy. Mañana, ya veremos.

miércoles, 27 de agosto de 2008

Cuaderno de bitácora (a Jesús): la víspera

Jaén, nueve y pico de la mañana.

En cumplimiento de mi promesa, comienzo hoy este diario vacacional cuyo único objetivo es vengar los dientes largos que me pusiste los meses pasados cada vez que presumías irte de vacaciones –una tras otra, sin descanso- mientras algunos no teníamos más remedio que permanecer en el secano de nuestro mar de olivos. Ahora cambian las tornas y, como donde las dan las toman, te hago receptor de una relación epistolar que será diaria, concluirá entrado el mes de septiembre, y comienza tirando de época: Ante todo sepa Vuesa Merced que Estoy bien, gracias a Dios, y que espero que al recibo de la presente Vuacé tambien se encuentre bien de la salud y la hacienda, que corren tiempos revueltos para ambas cosas y es menester el cuidar ambos a un tiempo.

No es hasta mañana cuando parto hacia un destino que intuyes, sobre el que tienes cierto conocimiento, pero que te desvelaré definitivamente día a día, etapa a etapa. Te transmitiré la buena nueva cada noche para así poder contarte con detalle las experiencias vividas.

Comienzo este Cuaderno de bitácora hoy por dos razones:

La primera, porque es la víspera de la partida. En principio tendría poco interés, pero los últimos acontecimientos, y la preocupación constante que mi madre se encarga de transmitirme, hace que aborde con cierta cosilla el montarme en un avión. Es la segunda vez en mi vida que lo hago, y vaya el ojo que he tenido para elegir la fecha. Sé que es el medio de transporte más seguro, con diferencia; y también entiendo que los últimos accidentes e incidentes ocurridos, a pesar de parecer muchos, son un número insignificante en comparación con los miles de vuelos diarios que tienen lugar en España, Europa y el resto del mundo. Pero, qué quieres que te diga, ante tal panorama, y el hecho de abordar un recorrido de los que ya han tenido problemas, te hace sentir cosquillillas en la barriga y en algún que otro lugar, aunque la compañía no sea la misma. Me encomendaré a San Isidro.

La segunda, que hoy es tu cumpleaños. Y qué mejor forma de felicitarte que ésta: la carta (el elemento clásico de comunicación entre los enamorados). Lo suyo hubiera sido hacerlo en verso, pero no llego a tanto; de ahí que opte, para finalizar, por recordarte unas palabras del capitán Alatriste: Es bueno estar vivo, al menos un rato más, en un mundo donde nadie regala nada; donde todo se paga antes, durante o después. Así que algo habré pagado. Ignoro cuánto y cuándo, pero sin duda lo hice, si ahora la vida me concede este premio.

¡¡¡FELICIDADES!!!