martes, 18 de junio de 2019

Fotón


Dicen las estadísticas que la crisis económica que no acaba de marcharse tuvo tres sectores especialmente perjudicados: construcción, banca y periodismo. Quizá por eso, numerosas empresas de comunicación se han dedicado a reducir costes a toda costa, y una de las vías tomadas ha sido despedir fotógrafos, y hacer que los redactores hagan las fotos (incluso he visto el caso contrario: algún fotógrafo tomando notas para después escribir el texto).
Ya en su día me pareció una política errónea, y así lo dije AQUÍ. Hoy sigo pensando lo mismo. El redactor debe dedicarse a escribir, y el fotógrafo a hacer fotografías. Eso no quita que, como se lo ordena su empresa, el trabajador deba ir más allá de lo que debería y, por supuesto, hacerlo bien. Tampoco negaré que hay fotógrafos malos, y que la rutina o apatía o el cansancio... les llevan a cumplir lo justito con lo que se supone de ellos, y no hagan su trabajo como se espera de ellos. 
Pero pienso que un fotógrafo que ama su trabajo es insuperable; como mucho, igualable. Me vino a la mente todo esto el pasado 12 de junio al ver en Diario Jaén la fotografía que protagoniza este catite. Vaya FOTÓN que se ha marcado Agustín Muñoz. 
Esta foto confirma mi teoría. 
¡¡Enhorabuena!!

lunes, 10 de junio de 2019

Vaya primera república española

Hace ya tiempo que se viene hablando mucho en nuestro país de la República, de sus bonanzas, de lo buena que fue para nuestro país, y la necesidad de instaurar un tercer periodo republicano. 
Reconozco que estoy un poco pez en historia, y especialmente en estos dos momentos históricos de nuestro país, de ahí que tuviera la inquietud de saber algo de aquellas primera y segunda repúblicas española. He empezado con La primera república española (1873-1874) (Martí Gilabert, Francisco. Ediciones Rialp. Madrid. 2017. Segunda edición).
Me he decantado por él porque tras numerosas consultas para ver cuál era la mejor publicación para empezar a ilustrarme, encontré muy buenas críticas sobre esta publicación. Se trata de un libro cortito (tiene 158 páginas), pero que realiza una muy buena aproximación a un periodo de la historia de España que apenas duró dos años, y que sin embargo tuvo cuatro presidentes, una Asamblea Nacional muy particular, y una intensidad política tremenda acompañada de incidentes, disturbios, inestabilidad... en fin, un periodo convulso quizá porque se proclamó la República en un país en el que apenas había republicanos.
Martí Gilabert no sólo se centra en esos meses republicanos sino que los contextualiza con el precedente de la sublevación contra la monarquía encarnada por Isabel II, y los concluye con la Restauración monárquica y borbónica con la llegada de Alfonso XII.
Entre reina y rey, como hemos apuntado, once meses tremendamente activos que el autor describe como una lucha continua entre los cuatro presidentes del gobierno que hubo (Figueras, Pi y Margall, Castelar y Salmerón), así como por el resto de fuerzas políticas representadas en la Asamblea Nacional; y que quizá por su "visión estrecha, partidista y personalista impidió que cuajara un régimen que la revolución de 1868 había presentado como posible".
Yo he quedado satisfecho con mi lectura como, insisto, una primera aproximación a este periodo, aunque he echado de menos una mayor profundización en determinados elementos que no he acabado de entender plenamente por la superficialidad con que los trata Martí Gilabert; quizá por eso vuelva en un futuro a ellos. No obstante, creo que es una gran opción para conocer a grandes rasgos lo que ocurrió en aquellos once meses de Primera República Española.
Ya tengo elegido el libro con el que abordaré la Segunda República. Ya os contaré.

jueves, 6 de junio de 2019

Descubriendo a Sir Elton John

Rocketman es un recorrido por la vida de uno de los músicos más grandes que ha dado la Historia: Sir Elton John. Cierto que me llegó más Bohemian Rhapsody (que es la historia de Queen) porque conozco más sus canciones, pero Rocketman me ha servido para descubrir a Sir Elton John, y ha sido todo un descubrimiento.
No fue Sir Elton John un cantante a quien seguí demasiado, ni siquiera en mi época de madurez; de hecho, no lo hago ahora, que no quiere decir que siga sin hacerlo a partir de este momento.
La película es un musical donde las canciones no son sólo un momento de recuerdo de aquel gran concierto de Sir Elton, sino también la forma de expresar un sentimiento en un momento dado y ante una circunstancia concreta. Incluso por momentos parece Alicia en el país de las maravillas por lo fantasiosa que resulta. Es quizá el toque especial de Sir Elton.
Tampoco hay que olvidar que el propio cantante es el productor de la película, y de ello se deriva que se ha hecho lo que él ha querido. A mí no me parece mal. No acudo al cine a pillar al cantante en este o aquel momento especialmente delicado. He ido, como en las actuaciones de magia, a disfrutar del espectáculo... y lo he hecho.
En la historia conocemos los momentos álgidos de Sir Elton, también los bajos, el amor, las pasiones, las traiciones, los excesos.. y a mí especialmente me llama la atención la impotencia que siento al ver cómo un tipo con tanto poder (ante millones de fans, con millones de libras en el bolsillo...) es incapaz de pararle los pies a alguien que le está haciendo daño. Supongo que va en la personalidad de alguien tan especial como Sir Elton John.
Sí me quedo con que al final, las cosas importantes de la vida no son el éxito, la fama, el dinero, las posesiones.... No. Estoy seguro de que Sir Elton John lo hubiera dado todo por una familia que le quisiera, esa que todos (¡?) tenemos tan cercana, y por eso mismo no valoramos. Quizá porque no nos falta. En fin. Es la lección de la peli.
Merece la pena verla.


miércoles, 5 de junio de 2019

Espigar

Leyendo un libro de historia, a la hora de referirse a uno de los personajes analizados, el autor señala que se trata de una persona que "no pasa de un cristianismo estético y contradictorio. Sin embargo, espigando en sus discursos se puede sacar una impresión diferente (...)".
Ahí encontramos la palabra protagonista hoy: espigando. Es una acepción completamente nueva para mí. Pero según el contexto, entiendo que se refiere al hecho de analizar con detenimiento, buscar de manera concienzuda... en algún lugar (en este caso, en determinados escritos, discursos) elementos que nos permitan concluir alguna idea. 
Para salir de dudas, acudimos al DRAE. Esto es lo que encontramos: 

ESPIGAR: 1. tr. Coger las espigas que han quedado en el rastrojo.
2. tr. Tomar de uno o más escritos, rebuscando acá y allá, datos que a alguien le interesan. U. t. c. intr.
3. tr. Carp. Hacer la espiga en las maderas que han de entrar en otras.
4. tr. Sal. pedir y dar la dádiva a los novios.
5. tr. desus. Dicho de un caballo: Mover la cola, sacudiéndola de arriba abajo. Era u. t. c. intr.
6. intr. Dicho de los panes y otras semillas: Empezar a echar espigas.
7. prnl. Dicho de algunas hortalizas, como la lechuga y la alcachofa: Crecer demasiado y dejar de ser propias para la alimentación por haberse endurecido.
8. prnl. Dicho de una persona: Crecer notablemente.

Nuestra acepción es la segunda. Todo un descubrimiento para mí, tanto esta como alguna otra de las ocho que aparecen.


martes, 4 de junio de 2019

Un genio de la lámpara... genial

Me llamó la atención que llamara la atención que el estreno de Aladdín tuviera tanto éxito. Los datos sitúan a la película como el segundo mejor estreno en nuestro país en lo que va de año. Aladdín recaudó algo más de 4,7 millones de euros, sólo por detrás de Vengadores, con más de 10,3 millones de euros.
No recuerdo dónde escuché aquella sorpresa, pero aunque ya tenía pensado ir a ver la película tras haber visto el trailer hace algunas semanas... digo que este dato reforzó mi interés en acudir al cine.
Lo hice hace unos días y he terminado encantado. Así es porque se trata de una película que cumple todos los elementos que permiten que sea atractiva tanto para niños como para adultos. Y eso es Aladdín, una película para toda la familia. De hecho, en el cine había desde niñas de 5 ó 6 años hasta jubilados, y por las caras que ponían, todos disfrutaron. Lógicamente unos por unas cosas, y otros, por otras... pero el objetivo de los creadores de Aladdín está más que conseguido.
A mí me gusta mucho los clásicos, y ver remake de historias de toda la vida me resulta atractivo. Por eso me gustó Aladdín nada más saber de su existencia. Reconozco que no soy objetivo porque me gusta todo: el hecho de ser un musical; el debate entre la alcanzar la felicidad mintiendo o no salir del pozo por decir la verdad; el amor, la traición, la amistad, el poder...
Pero lo que está realmente genial es el genio de la lámpara: Will Smith. Es quien lo sostiene todo. 
No os la perdáis.


miércoles, 22 de mayo de 2019

Objetivo Ronda (y IV): la crónica


Un suplicio. Creo que no hay mejor forma para definir mi participación en la reciente edición de los 101 kilómetros de Ronda: un suplicio MAYÚSCULO.
El viaje hasta la salida fue todo un placer. Varios meses de entrenamientos tras la fortuna de conseguir dorsal, diseño de estrategias, búsqueda de rutas y carreras semejantes a Ronda, consejos sobre el material a utilizar... un sin fin de elementos que, como digo, han resultado todo un gustazo.
Llegó el momento. Allí estábamos mi cuñado el granaíno (Fernando Arco, dorsal 5105) y yo en el campo de fútbol de Ronda. Ambientazo el que había en la salida de los marchadores, y ambientazo el que había habido unas horas antes con los ciclistas. La cercanía del cañonazo de salida hacía que las mariposas que notaba en el estómago desde hacía una semana se acentuaran de manera importante. No digo nada cuando el mando de la Legión nos arengó en un discurso propio del gran Máximo antes de entrar en combate. Y qué decir de ese himno legionario que todos cantamos (yo no me lo sabía, pero intentaba seguir a quienes sí), y ante el que me fue imposible retener las lágrimas. ¡¡Empezamos bien!!
Puntuales, a las once de la mañana del sábado, 11 de mayo de 2019, empieza la prueba. Tenemos por delante 101 kilómetros y 24 horas para recorrerlos. Nuestro objetivo es rondar las 14 ó 15 horas. Lo intenté en el año 2014, pero me tuve que retirar exhausto en el kilómetro 65. Mi cuñado ha hecho propósito de hacerme de liebre ya que para él ese tiempo es más que asequible teniendo en cuenta que en sus dos participaciones anteriores hizo 12 horas. 

Él marca el ritmo, y la verdad es que vamos bien. Yo, cómodo, emocionado y tremendamente contento de verme embarcado en esta auténtica aventura.
Todo marcha según lo previsto salvo por alguna pequeña molestia que empiezo a sentir en la planta del pie derecho. "Algún chino se me ha metido", pienso. Ahora me lo quito cuando paremos en el kilómetro 33 ó así para, tal y como tenemos previsto, comer (yo) una bolsa de macarrones que llevo en la mochila, y mi cuñado un bocata de jamón. Llega la parada y al quitarme el zapato no encuentro chinas sino una pequeña ampolla. Bueno, no hay que sorprenderse porque esto es habitual (arriba tenéis inmortalizado el momento macarroni). 
Los macarrones, el cuarto de hora de descanso, la bebida... todo me sienta muy bien, y remonto la primera pájara que estaba empezando a sentir. No esperaba empezar a deshidratarme tan pronto, pero el muchísimo calor que hace contribuye. Por ello, incremento mi consumo de sales y agua, y de refrescarme la cabeza en cada avituallamiento.


A Setenil (fotografía de arriba) llego doblemente tocado. Es el kilómetro 50,8, y pese al ambientazo que hay en el pueblo, ando casi como un zombie víctima de mi segunda deshidratación, y con grandes molestias por la ampolla del pie. En el avituallamiento me quito zapato y calcetín para ponerme un compeed, pero es imposible porque la ampolla me pilla media planta del pie; necesitaría un compeed ¡¡¡como el sombrero de un picador!!!
Comemos y bebemos algo, y continuamos andando más que corriendo para ver si me recupero. La recuperación llega pero el calor sigue machacándonos tanto a nosotros como al resto de participantes. La gente cae como chinches, y en cada avituallamiento los servicios médicos y de Protección Civil casi no abarcan la gran demanda que tienen. 
Continuamos con el objetivo de llegar al cuartel del Tercio (Kilómetro 70), y con la esperanza de que al dejar atrás el calor con la consiguiente llegada de la noche, todos nos sea un poquito más plácido y nos ayude a remontar las cada vez peores sensaciones que tengo. Fernando me lleva con cuidado, me da ánimos, me va engañando (por mi bien, claro), incluso me cuenta algún chiste para que no piense en la fatiga y el sufrimiento, y me concentre en seguir. Llego hasta aquí gracias a él, pero en el Cortijo de Calle no puedo más (estamos en el kilómetro 56,8). La tercera deshidratación me golpea fuerte, y opto por sentarme-tumbarme sobre unas hierbas, a la sombra, y descansar porque no puedo más. Estoy tan mal que hasta mi cuñado se asusta. Me toca la cara y estoy frío ("¡¡con el colorín que hace!!", exclama)... Se asusta más. Tanto que pese a ser uno de mis mayores fans para seguir y acabar, me aconseja abandonar. "Te veo mal y todavía queda mucho", me dice. Incluso llama al sanitario del avituallamiento. Yo le digo que siga él, que yo intentaré recuperarme, y si no lo consigo, que no se preocupe, que abandono.
Pero me dice que no me va a abandonar así, y me acompaña hasta que yo opto por dejarlo. Se lo digo al sanitario, y mi cuñado entonces, cuando ya me ve casi montándome en la ambulancia, se va más tranquilo rumbo a la meta.
A mí me sienta fatal tener que dejarlo, pero es que ¡¡¡no puedo más!!! El problema surge cuando un legionario me pregunta si necesito atención médica. Le respondo que no, que lo único que quiero es irme porque estoy muy cansado. Pero me dice que allí sólo evacúan a los corredores que necesitan asistencia médica. "Si usted abandona debe retroceder hasta Setenil, o continuar hasta el siguiente avituallamiento donde sí existen puntos de evacuación", me explica el legionario.
Atrás no vuelvo ni de coña. Pido que me tomen la tensión, y la tengo a 11/6. Está bien. Por tanto, seguiré un poquito más. Son menos de cuatro kilómetros hasta Chinchilla. Opto por hacerlos andando y allí abandonar. Pero antes de marchar vuelvo a tumbarme para coger más fuerzas; como algo y mientras lo hago empiezo a llorar como una Magdalena. Es por impotencia. He entrenado más que nunca; he controlado geles, sales minerales, pastillas de sal, la alimentación y la bebida en los avituallamientos... todo para que no me deshidrate, y sin embargo llevo tres pájaras en 56 kilómetros; además, tengo las piernas acalambradas pese a las tres ampollas de magnesio que he ingerido. La prueba vuelve a ganarme pese a todo lo que he pasado para llegar a la salida, para llegar hasta donde estoy. El momento, los sentimientos, las sensaciones... son demoledoras. Estoy destrozado física, mental y anímicamente.
Recibo la llamada de mi esposa, muy preocupada. Yo no puedo hablarle por la emoción que siento, pero me repongo y le transmito tranquilidad. 
El momento es clave. Lo físico importa, pero quizá lo determinante sea lo mental. Hay que ser fuerte. Tener la mente fría, o al menos intentarlo. Tras 47 minutos de parada, me levanto. Apenas si me quedan cuatro kilómetros. Los afronto andando, y a ver qué pasa.
Llego a Chinchilla bastante mejor de lo esperado porque, al ir andando en lugar de corriendo, la fatiga es menor. Mi casi única preocupación es ahora la ampolla del pie que me ocupa ya media planta. Me tumbo para volver a descansar y llega mi Ángel de la guarda. Una corredora se sienta a mi lado. Es enfermera, llega con su marido, espera a su hermana y otros familiares que todos los años (es veterana de Ronda) quedan en ese punto para llevarle comida, bebida y material sanitario que le permita curar los problemas físicos que pudiera tener. Las ampollas son las reinas, y es ella quien me cura porque tiene todo lo necesario. Me aconseja intentar seguir. "Si te duele más que antes, pese a la segunda piel que te he puesto, deberías dejarlo. Pero si el dolor es menor, inténtalo. Por lo menos para llegar hasta el cuartel. Depende de ti y de tus sensaciones. Pero estoy segura de que lo que hagas será la decisión correcta", me dice.
Vaya tela. Acabo de leer el Alquimista, de Paulo Coelho, y esto parece una conspiración del Universo para que siga en carrera. ¿Voy a ser yo quien rechace las señales del Universo? Ni de coña. Además, mi hijo y mi hija que mandan por WhatsApp mensajes de aliento porque se han enterado de que me voy a retirar. Un Giff de Máximo, que piense en Aitana, que yo puedo... son sus mensajes que me llegan a lo más profundo. ¿Otra señal? Estoy en el kilómetro 60, y el objetivo ahora es claro: llegar al Tercio de la Legión, al kilómetro 70. ¡¡Vamos!!


Tras 27 minutos de reposo vuelvo a ponerme en marcha, siempre andando, y charlando con unos y con otros hasta que conformamos un trío que llega unido hasta el Tercio. La casualidad o el Universo me une con Franci (de Sevilla) y Ana (de Marmolejo). Arriba estamos los tres al llegar al cuartel. La temperatura va bajando, el cansancio es menor, la recuperación más fácil, e incluso nos pilla la noche con un punto de frescor que me da la vida. Son diez kilómetros de charla divertida, hablando un poco de todo, que se pasan volados. Ya estamos en el Tercio, son las once de la noche y, tal y como me dicen ellos, es posible acabar porque tenemos doce horas para recorrer 30 kilómetros; cierto que son los más duros, pero incluso haciéndolo todo andando y a un ritmo lento se alcanza la meta antes de las once de la mañana que es cuando se cierra el control. Ellos van a acabar, y me animan a seguir juntos. Les doy las gracias, les doy ánimos, pero me lo voy a pensar. Nos despedimos, y nos deseamos suerte mutuamente.

Camino del punto de recogida de mochilas, en el Tercio de la Legión, veo un gran cartel en una farola que indica "Parada de autobús". Vuelvo la vista y veo un gran bus aparcado con los intermitentes de emergencia encendidos. Me dicen que es el que se lleva a Ronda a quienes abandonen. ¿Es otra señal del Universo? ¿Debo retirarme? Si os digo la verdad, es lo que me pedía el cuerpo, pero las dudas me surgen tanto por los ánimos recibidos como por el hecho de que ya he recorrido 70 kilómetros. Ya es de noche, con una temperatura muy agradable para mí, y sin exigencia de tiempo. Pros y contras... no sé qué haré. Seguiré buscando señales.
En recoger la mochila tardo 45 minutos (una barbaridad) y la desesperanza gana terreno. Me voy al interior del restaurante para comer y beber algo, y sobre todo a pedir la asistencia de los podólogos que trabajan a destajo en este punto. A ver qué me dicen ellos. Pero justo a la entrada veo unos servicios. ¡¡Un WC de verdad!! No lo dudo. Aunque hay que hacer cola (esta vez de 15 minutos), merece la pena. No sé si os lo creeréis, pero os aseguro que es la pura verdad: es el momento más feliz de toda la prueba. Sentado, en el trono, ¡¡qué alegría!! ¡¡qué alivio!! ¡¡qué descanso!!... Ahora, y tras analizar las más de 21 horas de sufrimiento, os confirmo que fue el mejor momento de todo este suplicio, incluso más que la llegada a meta.



Llevo una hora allí y todavía ni he bebido ni he comido nada. Ha llegado el momento. Lata de Coca-Cola, botella de agua, bolsa de patatas fritas, perrito caliente, arroz tres delicias, caldo calentito, y café y donut de chocolate. Es lo que nos ofrecen, y sienta como Dios. Más señales positivas pese a que mi cara dijese lo contrario, tal y como podéis ver en la fotografía de arriba.
Me recupero ya bastante, y toca el turno del podólogo. Me tratan tanto la gran ampolla de la planta del pie derecho como otra, algo más pequeña pero también de grandes dimensiones, que me ha salido en la planta del pie izquierdo. La chavala que me atiende no le da importancia, y cuando le pregunto si debo seguir, no ve ningún problema en ello. Aunque segundos después se sincera y me dice que para ella ya es una barbaridad el que yo haya aguantado el dolor y llegado hasta allí; que lo lógico es retirarse, o más bien era haberse retirado hace ya muchos kilómetros, tanto yo como casi todos a quienes había atendido. Pero visto lo visto, y teniendo en cuenta la gente que estábamos allí, hay que seguir; al menos lo mío no era ningún impedimento grave.
Está decidido: sigo. He cambiado las mallas de compresión por calcetines bajos; no quiero manga larga porque me gusta el frío, pero por si acaso me pongo los manguitos. Recargo sales minerales, pastillas de sales... y el depósito está otra vez lleno para afrontar con éxito, aunque andando, SIEMPRE andando, los 30 kilómetros que restan para la meta.
Dejo la mochila con destino a Ronda, me pongo mi equipo, y noto que el dolor en la planta de los pies ha disminuido: la podóloga ha hecho su trabajo, y quizá también el ibuprofeno que me he tomado. ¡¡Jejeje!!. 



Es la 01,25 horas de la madrugada. He estado en el Tercio dos horas y media. Yo aún no lo sé, pero mi cuñado está a punto de llegar. Después me entero de que ha tardado 15 horas. Me alegro por él; tampoco se ha ido en exceso de tiempo. Ha sido por mi culpa, pero se lo agradezco porque sin él no lo hubiera conseguido. Arriba lo tenéis en meta, ya con la medalla al cuello.
Por delante tengo 30 kilómetros del mismo desnivel que los 70 kilómetros anteriores, es decir, se trata de la zona más dura, pero para mí es llevadera. Voy andando, es de noche, no hace calor, y no tengo prisa. Voy a mi ritmo, hablando con unos y con otros, y todo se hace muy llevadero. En Montejaque me encantaron los dos cafés y dos donuts que me tomé. Me sentaron de escándalo. Abajo tenéis el momento en que llego a Montejaque.



Mi única preocupación es soportar el dolor de las ampollas, y para ello en las muchas cuestas arriba que hay apoyo el pie con el talón en lugar de con la parte delantera. Se trata de un gesto antinatural, pero debo evitar cargar peso sobre las ampollas. La táctica va dando resultado.
La cosa se me complica un poquito cuando en una de las cuestas arriba no levanto lo suficiente el pie derecho, y le doy un patadón a una piedra. Veo las estrellas, el dolor es enorme.... "Esto es el colmo", pienso. Noto la sangre bombear en el dedo gordo del pie, pero me prohibo quitarme el zapato. Me imagino que el dedo se ha jodido, pero hay que aguantar hasta el final. No es momento ya de abandonos, y eso que hay corredores (andarines a estas alturas) que siguen retirándose porque no pueden.
¿Sabéis algo que estoy haciendo mucho desde que salí del Tercio?: rezar. Sí. Dos padrenuestros, dos aves maría, y dos salves. Rezo por San Modesto (el patrón del programa de Deportes que hacía en Ondajaén Televisión). Rezo por la Virgen de Alharilla (que este fin de semana es su romería en Porcuna, apenas a 11 kilómetros de mi pueblo, Higuera de Calatrava, y un compañero de trabajo que me dio ánimos diciéndome que estaría conmigo. Rezo por la Virgen de la Paz, que al parecer es una de las patronas de Ronda, y ese domingo saldrá en procesión. Y rezo por San Isidro, que ha sido el otro Ángel de la Guardia a lo largo de mi vida. Rezo cuando se me antoja, cuando me apetece, rezo mucho, bastantes veces y largo rato, y la verdad es que me sienta bien. No sé la razón pero me alivia. ¡¡Qué cosas!!
La noche es agradable, y el tramo final se lleva con cierta alegría. Amanece, veo a lo lejos el Tajo de Ronda, hablo por WhatsApp con mi esposa para informarle que estoy a punto de llegar. Esto ya está hecho.
Alicia me espera en la puerta del Parador. Al verla me emociono, y con el beso que me da, más todavía. Son muchos sentimientos y sensaciones acumuladas que me temo van a aflorar de golpe de un momento a otro. Me acompaña andando en ese tramo final de la carrera, aunque le digo que la tradición manda (así me lo ha dicho otro corredor) que no se puede entrar en meta andando, sino que hay que hacerlo corriendo. Es más, hay que correr desde la plaza de toros. Le digo que lo intentaré, y ella me responde que no sabe si podrá seguir mi ritmo. "No te preocupes que yo iré despacio", le digo... pero cuando llega el momento de correr yo voy tan lento que cuando ella da dos zancadas me deja atrás en un suspiro, y la comparo con Usain Bolt. "¡¡Dónde vas tan rápido!!", jejeje, nos reímos los dos.
Me acompaña trotando hasta que ya le prohíben el paso en la entrada a la Alameda. Se va por la acera para hacerme la foto de entrada, y yo continúa hasta la meta. Enseño mi pasaporte y todos sus sellos a los legionarios encargados de ese asunto, y me persigno nada más cruzar bajo la meta con un tiempo de 21h06'46''. Me cuelgan la medalla del cuello y un mando está esperando para darme la enhorabuena. Bueno, a mí y a todo el que llega, pero en ese momento el importante soy yo.







Acabo, con el mayor sufrimiento de mi vida, pero objetivo conseguido. Al momento llega mi cuñado y su mujer. Primero me felicita ella, y después él. La emoción me inunda, y me echo a llorar a la vez que le doy las gracias porque sin él no hubiera acabado. Debía casi darle mi medalla... pero me voy a quedar con ella. ¡¡Jejeje!! Abajo tenéis una foto con los dos.

Dicen que bien está lo que bien acaba, aunque yo en este caso lo dudo. He acabado para tener ya la mueca hecha y no verme obligado a regresar. Lo he hecho con mucho sufrimiento, con excesivo sufrimiento, y ahora le doy el valor que tiene a todo aquel que concluye los 101 kilómetros de Ronda. Todo el que cruce la meta se merece un monumento, independientemente del tiempo que haga. Enhorabuena a todos, sobre todo cuando después conocemos cómo ha sido la cosa este año. Aquí tenéis los datos facilitados por la organización que dan más idea de la dureza de la prueba.



Por cierto, no puedo acabar esta crónica sin tener un reconocimiento ENORME para la Legión cuya organización es modélica en todos los sentidos. Enhorabuena y gracias.
Y ahora sí acabo.
Tremendamente orgulloso me despido confirmando con seguridad que: ¡¡¡NO VUELVO!!!
Un saludo del "9 dedos".

miércoles, 15 de mayo de 2019

¡¡Viva San Isidro!!


Hoy, 15 de mayo, celebramos una de las onomásticas más queridas por mi: San Isidro Labrador.
Estos próximos viernes y sábado estaremos de romería en Higuera de Calatrava, pero hasta que llegue ese momento permitidme el recuerdo de la romería del año 2016. Fue especial.
¡¡Viva San Isidro!!

jueves, 9 de mayo de 2019

Objetivo Ronda (III): alea iacta est

Ya no hay nada que entrenar. Simplemente apaciguar los nervios de la mejor forma posible hasta que pasado mañana sábado, 11 de mayo a las once de la mañana, se de la salida a los 101 kilómetros de Ronda.
Esta tarde he hecho la última tirada, relajada, eso sí, y en la que no he parado de darle vueltas a la cabeza. Tengo que reconocer que hace ya días que tengo mariposas en el estómago por el nerviosismo que me produce el reto. Ya lo intenté en el año 2014, y tuve que abandonar en el kilómetro 65. En esta ocasión creo que voy mejor preparado tanto física como mentalmente; el entrenamiento ha sido mejor, con alguna tirada de más de 7 horas, mucho carrileo aprendiendo a andar rápido, controlando -más o menos- los geles/sales minerales/pastillas de sal... 
Lo que más me ha divertido en estos meses de preparación ha sido diseñar la estrategia a seguir, ir viendo/decidiendo el material a utilizar, si bastones o no bastones, he comprado un chaleco nuevo que me va genial, tener claro que hay que andar, rápido, pero andar por que ahí es donde se pierde o gana gran parte del tiempo...
¡¡Jejeje!! Vaya tarde que he pasado hoy ordenándolo todo. Arriba podéis ver cómo he dejado la cama de matrimonio, de 1,50 m de ancho, de mi dormitorio. Está a tope, y sin embargo alguna cosa más falta por incluir. "Estás loco, papá"... me ha dicho mi hijo al verlo. Y creo que razón no le falta.
Cierto que no he seguido al 100% el plan inicial, y lo que menos he cumplido ha sido el gimnasio, pero ya digo que creo que por lo menos puedo acabar. Mi idea sería hacerlo en un tiempo interesante, pero eso ya no lo puedo controlar sino que dependerá de mil y un factores.

Mañana partimos para Ronda, y ya estoy deseando colocarme la camiseta de mi club, la Asociación Deportiva Maratón Jaén, a la que le he incluido un elemento nuevo: la cabra de la legión. Lo podéis ver en la foto de arriba.
Bueno, le he incluido... no; la hemos incluido tanto mi cuñado como yo. El granaíno ya ha llegado a meta en dos ocasiones, y yo voy a intentar hacerlo por primera vez. Espero que el mucho calor previsto no lo impida.
Ya os contaré.
Hoy no puedo decir más que: alea iacta est.

martes, 7 de mayo de 2019

Objetivo Ronda (II): las zapatillas

A cuatro días de afrontar por segunda vez (la primera, en el año 2014, me tuve que retirar en el kilómetro 65) el reto más largo de mi trayectoria deportiva, ya he decidido las zapatillas con las que correré los 101 kilómetros de Ronda.
En la salida calzaré las Asics Gecko XT, pero en la mochila del cuartel de La Legión, situado en el kilómetro 70,05, me estarán esperando las New Balance Leadville V3.

En mi primer intento usé las New Balance 1210 Leadville y me fue muy bien. Fueron problemas de salud los que me obligaron a retirarme. De ahí que mi intención era seguir con el mismo modelo, y el próximo sábado usar las Leadville V3 que uso desde el 16 de septiembre del año 2017. Desde ese día, y hasta el pasado domingo que fue la última vez que las calcé, he recorrido con ellas algo más de 454 kilómetros; no es una cantidad excesiva para este tipo de zapatillas, pero últimamente noto que cuando empiezo a rondar los 18-20 kilómetros me empiezan a doler las plantas de los pies. 
Ya digo que no son demasiados kilómetros como para que las zapatillas empiecen a fallar; de hecho, a las anteriores les hice sin problemas casi el doble. Mi única explicación es que no son muchos kilómetros pero sí bastante tiempo (un año y ocho meses), y a lo mejor el material se resiente por esa causa.
Por ello, las Leadville (que tenéis en la foto de arriba marcadas por el paso de los kilómetros) estará en el kilómetro 70 por si necesitara un cambio para afrontar el último tramo de la carrera.

La prueba la iniciaré con las que he adquirido expresamente para Ronda. Son las Asics Gecko XT (arriba las tenéis).
Según los análisis que leí antes de adquirirlas, son ideales para este tipo de terrenos, y se defienden muy bien en distancias largas, aunque el mayor rendimiento se le saca en carreras algo más cortas. En cualquier caso, es una buena elección.
Las utilicé por vez primera el pasado 23 de marzo, y desde entonces he recorrido con ellas 120,3 kilómetros. Al margen de una primera tirada de 16 kilómetros, las he sometido a otras tres pruebas de 46 kilómetros, 27,7 kilómetros, y 30,6 kilómetros. Las sensaciones han sido muy buenas, y confío en poder hacer con ellas íntegramente los 101 kilómetros. No obstante, y por si acaso, las Leadville estarán al quite.
Ya os contaré.

lunes, 6 de mayo de 2019

Mucha lágrima pero poco miedo

Leí en la revistilla que hay a la entrada de la sala del cine que La Llorona venía a estar en la línea de cintas anteriores encuadradas en el denominado Expediente Warren, y alguna otra similar. Yo sólo he visto La monja, y ninguna me parece para tirar cohetes.
No soy muy asiduo al cine de terror, pero en esta ocasión, también animado por otras circunstancias, opté por ir.
La Llorona recrea una antigua leyenda mexicana en la que una mujer que en su día ahogó a sus hijos, vaga por el mundo matando a los hijos de otras en un desesperado intento por recuperar a los suyos. En esta película La Llorona busca hacerse con los hijos de otra mujer que, como os podéis imaginar, hace todo lo posible por evitarlo. Y ahí está el argumento: la lucha de ambas para lograr su objetivo.
Si buscáis una película terrorífico, no veáis La Llorona. No sólo no hay terror sino que ni siquiera encontraréis miedo. Sí hay susto, o mejor dicho, sustos, muchos sustos son los que nos dan pero más que por miedo o terror, por lo de imprevisto que nos cogen determinadas escenas. En algún momento hasta os podréis reír. 
Una decepción.

sábado, 4 de mayo de 2019

El Alquimista: segunda lectura

No sé si es un libro de autoayuda, un cuento, o una bonita novela, pero lo cierto es que El Alquimista (Coelho, Paulo. Editorial Planeta. Barcelona. 1988) debería ser considerado por La Ley como de obligada lectura.
Llegó a mis manos (a modo de regalo) el 27 de abril del año 2009. Empecé a leerlo al día siguiente, y para el 3 de mayo (cinco días después) ya estaba acabado. Ayer, 3 de mayo del año 2019 (diez años después) concluí la segunda lectura que he realizado. Me sigue pareciendo imprescindible.
Creo que es una obra ideal para cualquier momento porque lo único (¡ahí es nada!) que hace es abrirnos los ojos sobre la importancia que debe tener en cada persona perseguir sus sueños. El premio no está en conseguirlos sino también en disfrutar por el camino. Algo que hoy por hoy es casi inalcanzable para ninguno de nosotros por lo atrapados que estamos en nuestro frenético día a día.
Sin embargo, es necesario parar, reflexionar, fijar una meta, e iniciar su consecución. No importa que hagamos paradas de años de duración; la clave está en no perder nunca su referencia. Quizá lo más difícil sea ponernos en camino, pero así es la vida: tomar decisiones. Aunque lamentablemente casi siempre tomamos las menos adecuadas porque tendemos a dar importancia a lo que no lo es.
Pero nunca es tarde si finalmente iniciamos nuestra Leyenda Personal.

viernes, 26 de abril de 2019

Almodóvar

Dicen los entendidos que con Pedro Almodóvar no hay término medio: lo amas o lo odias. De ahí que a quienes les gustan sus películas sienten devoción, mientras que los críticos son más bien enemigos íntimos.
Yo, sin embargo, no estoy ni en un bando ni en otro. Hay películas de Almodóvar que me gustan, y otras que no. No siento ningún condicionante, ni positivo ni negativo, a la hora de decidir ir, o no, a ver una nueva peli de Almodóvar.
Con Dolor y Gloria lo tuve claro: hay que verla. Me habían hablado muy bien de ella personas que ya la habían disfrutado; la crítica también hablaba en términos muy positivos; y las entrevistas que había visto de los actores y del propio director me habían sido interesantes.
Hace unos días fui al cine, y quedé decepcionado. Quizá fue porque tenía puestas en la historia grandes expectativas que después no se han cumplido, pero lo cierto es que me esperaba más.
Banderas está excelente, y también me gusta esa mezcla del ayer y del hoy. Atrae los demonios a los que debe hacer frente el protagonista, tanto físicos como mentales y de corazón; y me intriga, casi me desasosiega, la opción que va eligiendo en cada momento porque yo -quizá- hubiese cogido otra.
Todo esto, entre otras cosas, es lo bueno de la película, pero su principal activo es el juego que, al menos a mí, produce el adivinar hasta qué punto todo cuanto ocurre al protagonista le pasó ciertamente a Almodóvar. En todos lugares se apunta el carácter biográfico de la película, todo un acierto porque uno de los deportes nacionales en España es el meterse en la vida de los demás; y si el otro es alguien como Almodóvar, miel sobre hojuelas. 
Si en lugar de ser el protagonista Almodóvar fuese otro, me parece a mí que la película pasaría sin pena ni gloria. O, al menos, sin tanto bombo.
En cualquier caso, os animo a verla y sacar vuestras propias conclusiones.




martes, 23 de abril de 2019

En el Día del Libro, un proverbio

Hoy, 23 de abril, celebramos el Día del Libro. Es una gran excusa para comprar un libro, pero mejor aún para leerlo. 
En este día os dejo un proverbio hindú: "Un libro abierto es un cerebro que habla; cerrado, un amigo que espera; olvidado, un alma que perdona; destruido, un corazón que llora".
Uno de mis propósitos para este año 2019 es leer, al menos, un libro al mes. A ver si lo consigo.

No hubo debate


Finalmente no hubo debate anoche entre los cabezas de lista de PP, PSOE, C´s y UP de cara a las elecciones generales del próximo domingo, 28 de abril.
Casado, Sánchez, Rivera e Iglesias acudieron a RTVE, y participaron -ante las cámaras y moderados por un periodista- en algo que no sé muy bien qué fue, pero un debate, seguro que no. Y así fue porque ellos quisieron. La cita estaba tan encorsetada, y la actitud de los actores a debatir era tan pobre que finalmente nos quedamos sin debate. 
Sí es cierto que en algunos momentos los aspirantes a la presidencia del gobierno intercambiaron algún chistecito, se lanzaron algún tirete, pero fue tan escaso que no podemos decir que estuviésemos ante un debate. Incluso el moderador llegó incluso a regañar a los contrincantes porque no debatían. 
En alguna red social pregunté, empezado ya el teatrillo, que cuándo empezaba el debate, y alguien me contestó que eso no era un debate sino un monólogo a cuatro. Cierto. Magnífica definición. 
A ver si esta noche cambia la cosa, y tenemos debate

miércoles, 17 de abril de 2019

Una Ley Electoral de locos

No sé en virtud de qué Ley o Norma se rige la Junta Electoral Central (JEC) en nuestro país, pero visto lo visto en los últimos días, urge una reforma.
Es entendible que este tipo de Organismos tenga como finalidad que todos los partidos políticos que presentan candidatura dispongan, de manera gratuita, de un tiempo en los medios de comunicación públicos para difundir sus programas electorales. Los grandes partidos tienen recursos suficientes para pagárselo, pero hay otros muchos que no; ahí es donde debe hacerse visible el trabajo de la JEC.
Pero está fuera de lugar el que esté determinado por Ley el tiempo, informativamente hablando, que hay que destinar a cada partido en función de los resultados que tuvo en las anteriores elecciones; ni en qué lugar de orden debe aparecer cada información en los telediarios; ni quién debe participar en los debates... Con ello lo único que estamos haciendo es sustituir la riqueza del periodismo por la monotonía del protocolo. Todo esto ocurre en los medios de comunicación públicos, y ello supone una clara limitación de su propio ser.
Una cosa es obligar a los medios públicos a que pongan a disposición de los partidos y de los candidatos espacios específicos, y otra es que determine cómo se debe informar.
Ayer os indicaba lo ridículo que resultó que la JEC obligue a RTVE a un debate a seis con la presencia de dos partidos políticos como PNV y ERC que no presentan candidatos en todas las provincias de España, sino únicamente en sus comunidades autónomas. ¿Para qué quiero yo, en Andalucía, conocer sus propuestas si no tengo opción de votarlos. Y sin embargo se prohíbe que participe un representante de Vox, como en su día ocurrió con Podemos, porque no tiene representación en el Congreso. Lo dicho, una Ley Electoral de locos porque tiende a confundir la necesidad de espacios gratuitos en los medios públicos a todos los partidos para garantizar la igualdad de oportunidades, con llevar esa misma igualdad a los servicios informativos cuando no todos son lo mismo de interesantes, insisto, informativamente hablando.
Hasta ahora la queja de estos elementos afectaba a los medios públicos, pero ayer nos quedamos con la boca abierta cuando la JEC prohibió a Atresmedia un debate que tenía organizado con los cabezas de lista de varios partidos políticos, entre ellos Vox. Dice la JEC que ese debate no se puede hacer porque Vox no tiene representación en el Congreso, y por tanto no existe proporcionalidad en la configuración del debate. ¡¡¿¿Estamos locos??!! Un medio privado hace lo que le parece oportuno porque no está, o al menos no debe estar, sujeto a esos criterios (también discutibles) que se aplican a los medios privados.
Pues parece que las incongruencias demostradas en el pasado por la JEC no sólo se repiten sino que se incrementan en estas elecciones. O se reconduce esto o corremos el riesgo de que los debates y las informaciones electorales se conviertan en algo tan aburrido como ya empiezan a ser.

martes, 16 de abril de 2019

Pedro Sánchez no es de fiar

Empecé a estudiar Periodismo, en Sevilla, coincidiendo casi con la Expo. Sin lugar a dudas una época muy intensa informativamente hablando; sin embargo, uno de los recuerdos más vivos que tengo de aquellos años es el de los debates que mantuvieron en televisión Felipe González (entonces presidente del gobierno de España) y José María Aznar (aspirante a la presidencia) de cara a las elecciones generales del año 1993.
Los tres estudiantes de Periodismo que compartíamos piso afrontamos aquello como cualquier forofo se prepara para ver la final de la Champions League, en la que participa el equipo del que es seguidor. Hasta preparamos un piquislabi..., bueno, uno no, tres porque, si la memoria no me falla, hubo tres debates.
Aquello fue histórico porque era la primera vez que tenía lugar en nuestro país. Creo que fue el programa más visto del día, e incluso uno de los más seguidos del año en la televisión. Es decir, interesaba a los ciudadanos.
26 años después España y los españoles afrontamos unas elecciones generales en las que no habrá debate entre presidente del gobierno y líder de la oposición. Y no lo habrá, al menos a día de hoy así es, porque el presidente no acepta ese cara a cara. Me parece una barbaridad. 
Los españoles dejamos claro hace 26 años que queremos que se produzca ese debate; de hecho, se ha venido realizando posteriormente, y además con gran repercusión. Hasta el propio Pedro Sánchez, líder de la oposición entonces, se lo pidió al presidente del gobierno Mariano Rajoy, y se llevó a cabo. Pero ahora no lo habrá porque, según han argumentado varios voces en el PSOE, así lo ha decidido la estrategia socialista de cara a las elecciones. ¡¡¿¿Perdón??!! ¿¿¡¡Estrategia política!!?? Yo les respeto a ustedes cualquier decisión que tomen en aras de conseguir los mejores resultados posibles en las elecciones, pero este debate debería ser obligatorio por ley. Y quien no lo acepte, que no pueda ser candidato a la presidencia del gobierno. Se hace necesario reformar la Ley Electoral incluyendo este elemento, y eliminando otros sinsentidos que vivimos con sorpresa estos días (como, por ejemplo, que sea obligatoria la presencia de miembros del PNV y ERC en un debate nacional cuando yo, desde Jaén, no les puedo votar porque aquí no presentan candidaturas. Si algún medio de comunicación quiere hacerlo, que lo haga, pero obligar a ello es más que cuestionable. También es sorprendente que no puedan estar en estos debates representantes de partidos que al parecer tendrán una importante irrupción en el panorama político, pero como ahora no están en el Congreso, no pueden estar en los debates. ¡¡DE LOCOS!!). Y es que escribo estas líneas mientras veo en TVE el obligado debate a seis (PSOE, PP, C´s, Unidas Podemos, PNV y ERC).
Aquellos González Vs Aznar representan ya algo histórico, y casi tres décadas después este No Sánchez Vs Casado también tiene pinta de pasar a la historia. 
¿Nos podemos fiar de una persona que no es capaz de defender públicamente y en un cara a cara su programa y sus políticas ante quien le quiere mover la silla? Yo, por lo menos, no.

jueves, 11 de abril de 2019

La España timada

Me gusta lo de La España vaciada. Es claro, directo, reivindicativo, revelador... y una verdad como la copa de un pino.
Todo un acierto que se unan tantos y tantos territorios de nuestro país que más bien parecen estar ubicados en zonas tercermundistas, o enclavados en el siglo XIX. Faltan carreteras, trenes, servicios... y elementos tan básicos como acceso a internet a velocidades del siglo en el que nos encontramos. No hay casi nada de eso, de ahí que se estén quedando vacíos porque viven en primera persona el éxodo a zonas más desarrolladas.
Hace un par de domingos tuvieron su principal manifestación en la capital de España, y ojalá sigan ese camino hasta alcanzar sus objetivos porque el paso del tiempo y el cansancio es el peor enemigo de cualquier reivindicación.
Muy buen por quienes reivindican, y muy mal por algunas personas que se unieron a ellos. Me refiero a ministros del gobierno de España, a consejeros de comunidades autonómicas, y a gobernantes y ex gobernantes de todo pelo que tuvieron la desfachatez de acompañar a La España vaciada. ¿No se les caerá la cara de vergüenza? ¡¡Gobernantes acompañando a los gobernados que se manifiestan contra sus acciones de gobierno!!
Se ve que no se dan por aludidos. Pues deberían darse. De hecho, deberían haberse marchado de la manifestación, ir a sus despachos, y propiciar las actuaciones que permitan que esa España que se está vaciando vuelva a llenarse.
Por cosas como esta quizá deberíamos de hablar más bien de La España timada. Aunque estamos en un buenísimo momento para deshacer el timo ya que a la vuelta de la esquina se encuentran dos citas electorales. El drama llega cuando debes decidir a quién votar. ¡¡Ay Señor!!

lunes, 8 de abril de 2019

Alternativas muy particulares

Siempre me ha gustado la Economía, tanto la macro como la micro. Por ello, y debido a su complejidad y dificultad, suelo leer lo que puedo, cuando puedo y hasta donde llego. 
La crisis económica que nos ha afectado en los últimos años, y que todavía nos afecta, ha sido objeto de numerosas publicaciones para explicar sus causas y orígenes, así como para analizar si los gobiernos han actuado bien, y hasta dónde nos puede llevar esa forma de gestionarla.
Hace unos años cayó en mis manos Hay alternativas (Navarro, Vicenç; Torres López, Juan; y Garzón Espinosa, Alberto. Ediciones Sequitur. Madrid. 2011), pero por unas circunstancias u otras no pude leerlo hasta hace poco. 
El libro intenta aproximarse a la crisis, a sus orígenes, a las medidas tomadas, y, como indica su subtítulo, a ofrecer "Propuestas para crear empleo y bienestar social en España". Me llamó la atención en su día porque me apetecía conocer la versión de otros economistas en torno a lo que habían hecho los economistas oficiales para afrontar la crisis. 
Tenía buena pinta, y durante mucho tiempo -varios años, diría yo- me apetecía leerlo, de ahí que cuando por fin llegó el momento lo hice con muchas ganas. La primera decepción llegó pronto: nada más ahondar en los autores. Alberto Garzón es el líder de IU que fusionó su partido con Podemos. Juan Torres y Vicenç Navarro son los autores del documento marco del programa político de Podemos. En fin...
Pronto dejan claros sus posicionamientos, y en las primeras páginas señalan que "la realidad ha demostrado que cuando se aplican las medidas neoliberales que nos proponen siempre ha bajado la calidad de vida, del trabajo y del empleo, y que sólo han mejorado beneficios los banqueros y las grandes empresas. Hay alternativas a ello". No me parece mal el argumento; es más, me interesa que lo demuestren y también conocer esas alternativas. 
Pero casi desde las primeras páginas me da la sensación de que el objetivo de los autores del libro no es analizar la crisis, sino tomarla como excusa para vendernos su moto. Así al menos me parece al leer cosas como que uno de los culpables de la reciente crisis es Franco. También con las continuas referencias y comparaciones que realizan con los países del centro y norte de Europa donde los niveles de bienestar son mayores gracias a que la población no tiene problema en pagar más impuestos; pero se olvidan los autores de lo que es la realidad de nuestro país, donde la cultura del no pagar impuestos es casi el deporte nacional, de ahí la picaresca que históricamente ha caracterizado a los españoles.
Apuestan claramente los autores del libro por una banca pública que financie lo que es realmente importante. No dicen quién decidirá qué es lo importante, pero seguro que quien lo decida tendrá a miles de voces enfrente diciendo que lo importante es otra cosa. Y también obvian que en nuestro país hemos tenido una banca pública muy clara: las Cajas de Ahorros. Unas entidades financieras que casi en su totalidad han sido un desastre porque han estado dirigidas por políticos para financiar sus propios chiringuitos. Olvidan estos economistas que las bonanzas teóricas no tienen garantizado su éxito cuando se materializan en la realidad de cualquier sociedad. 
Creo realmente que los autores del libro teorizan demasiado, definiendo continuamente quienes son los buenos y quienes los malos de la película, y confían ciegamente en que estas teorías sobre papel serán buenísimas en su aplicación real... pero no calculan el efecto que tendría sobre ellas la siempre dañina especie humana.
Totalmente decepcionado con el libro porque esas alternativas a lo hecho son las recetas para intentar construir el país de las maravillas.

domingo, 31 de marzo de 2019

Otra vez Dumbo... para niños

Nueva versión de la historia del elefante de grandes orejas que le sirven para volar. Dirigida por Tim Burton y la presencia de grandes nombres de actores, como era de esperar, encanta a los niños aunque a los padres no tanto.
Reconozco, una  vez más, que me gustan mucho esas películas para niños que en ocasiones son más entretenidas para los padres. No es el caso.


jueves, 28 de marzo de 2019

Una Mula al más puro estilo Eastwood

Earl Stone, encarnado por Eastwood, es un ex combatiente estadounidense que tras muchos años dedicándose a su pasión, cultivar flores, se ve arruinado, peleado con su familia, y con un futuro más que incierto pues ronda los 80 años.
Por casualidad se ve conduciendo su camioneta como transportista de droga (mula) para un cártel mexicano. Lo hace tan bien que se convierte en el mejor correo de la empresa, y eso le permite no sólo sanear ampliamente su economía sino también ser muy bien considerado entre los traficantes. 
Esta es la trama de Mula, la última película de Clint Eastwood que lleva unos días en la cartelera. Eastwood asume otra vez los papeles de director y protagonista, y la verdad es que los borda. Encontramos a un octogenario totalmente conseguido tanto en su complicada situación económica, como en la difícil relación que mantiene con su familia de la que se alejó hace años.
Earl presenta dos caras: la exitosa ante los amigos, y la desastrosa como esposo, padre y abuelo. Aunque es precisamente el amor de/hacia su nieta lo que le hace reflexionar y dar un giro en su vida haciendo bueno aquel dicho de que más vale tarde que nunca.
La historia se complica cuando la DEA persigue los pasos de la mejor mula del cártel, y Earl se ve atrapado en una serie de frentes en los que nunca pensó haberse visto implicado.
Mula es una nueva película donde encontramos a Eastwood en el más puro estilo Eastwood; partiendo de un tema muy de actualidad (el tráfico de droga), lo sentimentaliza cuando los narcotraficantes se aprovechan de la situación de debilidad de un anciano. Si a ello le unimos esa trama de dificultad familiar que lleva al anciano a enfrentarse a los miedos de toda su vida que siempre dio de lado... encontramos una gran película.
Muy aconsejable ver con un final a lo Eastwood, es decir, no se sabe muy bien si es feliz o infeliz. Vedla y decididlo vosotros mismos.

martes, 12 de marzo de 2019

El "Dragón 3" se atraganta un poquito

Hay un viejo dicho cinéfilo, después aplicado a multitud de ámbitos, que pone en duda el que las segundas parte sean buenas. Hoy hablamos de Como entrenar a tu dragón 3.
Vi la primera parte, y me resultó atractiva. Un muchacho vikingo (Hipo) inicia una amistad con un dragón cachorro (Desdentao); dos especies enfrentadas a muerte que acaban siendo una sola, concluyendo así la cruenta guerra que libraban desde hace años.
La segunda parte también me gustó. Disfrutamos de una aventura donde vikingos y dragones viven/luchan/ríen/lloran... juntos. Sus intereses son comunes, y tanto esa acción como la aparición de algún personaje inesperado hacen que el interés se mantenga.
En esta tercera entrega veo demasiada similitud con la segunda en el sentido de que volvemos a tener aventuras de vikingos y dragones contra enemigos comunes. Ya digo, fórmula repetida que resulta pesada por momentos. Lo distinto y quizá más interesante sea la aparición de un elemento distorsionante que cuestiona la fortaleza de la amistad entre Hipo y Desdentao. Como suele ocurrir en este tipo de películas, a los dibujitos, las batallas, los sketchs... se une algo más; en este caso la necesidad de definir qué es lo verdaderamente importante en la vida, y si somos capaces de alcanzar nuestras metas por nuestros propios medios, o necesitamos forzosamente el apoyo de alguien. Algo recurrente en las películas de animación que siempre he dudado de que llegue a ser entendido por su público infantil.
En resumen, cinta entretenida pero que llega a cansar por momentos.


sábado, 9 de marzo de 2019

Hoy también es ocho de marzo

Una cosa es predicar, y otra dar trigo. Ese es uno de los pensamientos que me invaden tras ver las celebraciones, ayer 8 de marzo, con motivo del Día Internacional de la Mujer. Bueno, ayer y en las últimas semanas, y supongo que seguirán en los próximos días.
Es más que evidente que en nuestra sociedad del siglo XXI existe una igualdad legal entre hombres y mujeres que luego no es real en el día a día. De ahí que sea necesario reivindicarlo, pero hay que reflexionar seriamente en torno a este asunto porque, como ayer escuché a una manifestante, “no es de recibo que cada ocho de marzo reivindiquemos lo mismo porque no conseguimos avances reales”.
Creo que en torno al Día Internacional de la Mujer, como viste mucho, hay demasiada hipocresía; me refiero a personas e incluso organizaciones y administraciones que enarbolan su bandera no porque crean en ella sino por intereses menos nobles como conseguir votos, afiliados, subvenciones...
No entiendo, por ejemplo, que miembras del gobierno de Espańa asistieran a la manifestación en posición protagonista tras una de las pancartas. No entiendo qué reivindicaban allí si lo que se pedía, en gran medida, dependía de ellas. ¿De qué sirve una Ley de Violencia de Género auspiciada por el gobierno si después ese mismo gobierno no lo dota con el presupuesto necesario para aplicarla? 
También me sorprende la presencia masiva de dirigentes sindicales denunciando malas praxis contra las mujeres, cuando en el día a día ellos mismos, los sindicatos, aplican lo mismo que critican.
De poco sirve la presencia de gobernantes regionales, provinciales o locales reivindicando la igualdad de la mujer, poniéndose ellos mismos como ejemplo de paridad porque en la primera línea de sus equipos hay tantos hombres como mujeres, pero si investigamos un poquito y analizamos los siguientes escalones de poder de esos mismos gobiernos, que es donde realmente se dirigen las diferentes administraciones, la presencia de mujeres es simbólica.
Creo que hay mucho postureo en torno a esta asunto porque vende, y mucho. De ahí que en lugar de tanta hipocresía, hay que llamar la atención a todos esos abanderados, e instarles a que sigan la política de Vicente Ferrer; un gran tipo que dejó la Iglesia porque lamentaba que en ella se hablaba mucho pero se actuaba poco.
Menos gestos de cara a la galería, y más hacer por esa igualdad que tan necesaria es. Porque hoy también es ocho de marzo. Y mañana.
¿Un ejemplo de hacer? “Carmen y Lola”.

viernes, 8 de marzo de 2019

Carmen y Lola no son gitanas, son universales

Lola es una gitana rara de Madrid. Sí porque pese a sus casi 17 años y estar ya en edad de ser pedida, ella piensa en estudiar para tener una carrera; en ser profesora y ganar su propio dinero para no depender de nadie; en sus graffitis; y evita a los chicos porque no quiere casarse para tener hijos.
Es muy introvertida porque siente atracción por las chicas; aunque intenta desarrollar en privado ese sentimiento, todo cambia cuando inicia un romance con Carmen, otra gitana que se ha comprometido con el primo de Lola.
Toda una historia de difícil, muy difícil rebeldía contra los cánones establecidos en una cultura tan conservadora para estas cosas como es la gitana, pero donde la intención de la directora Arantxa Echevarría no es una crítica al mundo gitano, sino tomarlo como excusa para denunciar lo difícil que aún hoy día, en pleno siglo XXI, lo tiene el amor entre personas del mismo sexo en nuestra sociedad que se presupone avanzada. 
La rebelión siempre es dura porque te puede ir en ello la vida; pero si quien la protagoniza son dos mujeres, y por un asunto como el que nos centra, nos encontramos ante dos heroínas de esas anónimas que tantas han existido a lo largo de los siglos, y que pese a pasar desapercibidas en los libros, son quienes realmente escriben la historia.
Se trata de una película enriquecedora que ayer, cuando fui a verla dentro de los "Encuentros con el cine español" que realiza la Diputación de Jaén, me encontré con la sorpresa de que estaban allí la directora y dos de las actrices protagonistas. Todo un lujo.
No os la perdáis. Es una buena opción para este 8 de marzo.



domingo, 3 de marzo de 2019

Señores/as taxistas: ¡¡ASÍ NO!!

No soy un usuario habitual del taxi; ni siquiera esporádico. Prácticamente nunca lo utilizo, y cuando lo he hecho (muy de vez en cuando) ha sido por alguna situación extraordinaria y poco usual en mi vida diaria.
Haciendo memoria, recuerdo que lo cogí hace unos años cuando realicé un crucero, y al puerto el único transporte público que llegaba era el taxi. En alguna ocasión lo he usado para ir/venir de la Feria de San Lucas en Jaén. Ni siquiera cuando he viajado fuera de mi ciudad o de España he usado el taxi; siempre me he decantado por otros servicios públicos como el metro o el tren de cercanías. En otros países, como vamos en avión, he contratado desde España una furgoneta con conductor que nos recogía en el aeropuerto (íbamos como mínimo 4 personas) y nos trasladaba al hotel, y también realizaba el servicio de vuelta.
El motivo principal de mi casi nulo uso del taxi es que no entendí nunca, ni entiendo, que alguien ofrezca un servicio sin informar previamente al usuario cuánto le va a costar. El hecho no me cuadra de principio, y si a ello le sumamos casos de taxistas que en lugar de tomar la ruta más rápida y por tanto barata, han dado alguna vueltecita de más para que la ganancia fuera superior... digo que por todo esto siempre he evitado usar el taxi.
Este fin de semana he estado en Valencia, y me surgió la necesidad de desplazarme a una distancia considerable desde donde me alojaba. En lugar del taxi pensé usar un VTC. Últimamente se habla mucho de ellos, y opto por utilizarlo especialmente para ver cómo va eso. Por consejo de algún usuario me decanté por Uber. 
La experiencia fue magnífica: de antemano sabes el precio; en la app lo tienes localizado, y sabes por dónde viene; el vehículo llega en apenas dos-tres minutos;  compruebas que es el gps quien marca el recorrido -siempre el más rápido-; pagas sin necesidad de utilizar efectivo ni sacar tarjeta alguna... y aquí me quedo. No voy a entrar a valorar otras cosas. Limito mi satisfacción a algo tan simple como esto: información = comodidad.
Cuatro personas realizamos el trayecto de ida y vuelta (cogimos dos Uber) por apenas 15 euros, es decir, algo más de 3,5€/persona: casi más barato que el autobús urbano.
He quedado encantado con el servicio, muy distinto a esa espera desesperante cuando el taxi al que has llamado no llega y no sabes cuánto tardará; o ese dolorcillo de barriga que surge cuando nada más montarte compruebas que el taxímetro marca equis euros, y tú empiezas a usarlo en ese momento; el taxímetro sigue subiendo, temes algún atasco, lamentas ese semáforo que se pone en rojo cuando te toca pasar a ti....
Con el VTC, nada de eso. 
¿Por qué un VTC, que está recién llegado, puede ofrecerte el mismo servicio con una mayor comodidad/información, y el taxi no?
En estos pensamientos estaba yo mientras circulábamos ya de vuelta, confirmándome que a partir de ahora era un servicio que iba a usar más porque evitaba la incertidumbre que siempre me ha ofrecido un taxi... cuando veo que el conductor baja mi ventanilla. Estamos parados en un semáforo, un taxi conducido por una mujer se ha parado a nuestra altura, y la conductora le está diciendo algo al conductor de mi VTC. Él, amablemente, baja la ventanilla -después me lo explica- "por si me estaba avisando de que llevaba el maletero abierto o algo así".
Sin embargo la ventanilla se cierra rápidamente porque lo que está haciendo la taxista es insultarlo acusándolo de "ser un pirata", de "quitarle el trabajo"... y una serie de cosas más que evito reproducir aquí. 
Mi sorpresa es grande por la situación, pero se incrementa cuando compruebo que el taxi va con clientes. Y la conductora no ha dudado en provocar una situación incómoda para mí, y supongo que también para sus clientes; de hecho, a mí me pasa eso, y le pido a la taxista que pare allí mismo porque me bajo. 
Los insultos y el vocerío continúan hasta que el semáforo se abre y los coches se separan. En esos segundos me he sentido incómodo tanto por mí como por mis acompañantes, y también por el conductor (él me dice que está acostumbrado, y que no pasa nada mientras no lleguen a la agresión física como casi le ocurrió hace unos días a una compañera). Para evitar el bochorno he desconectado de los insultos, pero cuando todo ha pasado mis compañeros de viaje me dicen que la taxista también nos ha insultado a nosotros por usar ese servicio. Me parece el colmo.
El conductor del VTC quita hierro al asunto y dice que no le demos importancia, que esas situaciones sólo las protagonizan el 10% de los taxistas de Valencia, esto es, quienes tienen licencia en propiedad porque "el resto son asalariados como nosotros, y lo entienden".
¿Os imagináis a los propietarios de Mercadona insultando a los clientes que entran al masymas, o al revés? ¿O a un comercial de Movistar haciendo guardia a las puertas de establecimiento de Vodafone para que nadie entre, o al revés?
Me parece, señores y señoras taxistas, que estáis equivocando vuestra estrategia. Me pongo como ejemplo. Yo, que prácticamente jamás soy usuario de un servicio de taxi/VTC, tras mi experiencia en Valencia me he propuesto usar el VTC de forma más habitual, a la vez que he reforzado mi rechazo al taxi.
Y acabo con una máxima empresarial: "Si no cuidas de tus clientes, otros lo harán por ti".