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lunes, 3 de julio de 2017

Teatro mágico en el castillo

Hace tiempo que tenía ganas de asistir a una representación de teatro, y el sábado lo hice. Fue con la primera de las cinco obras que conforman las III Veladas de Teatro Clásico  en el Castillo de Santa Catalina de Jaén.
Una iniciativa del periódico Viva Jaén, con el apoyo de numerosas instituciones y empresas, que me parece tremendamente interesante, así como el contexto en el que se encuadra que no es otro que el proyecto Jaén Genuino.
Es especial el entorno (el patio de armas de una fortaleza), también el momento (por la noche, a la luz de las estrellas), y por supuesto el hecho de ser teatro en estas condiciones. De todo ello obtenemos algo casi mágico.
La compañía Negreso Artescénico representó Sueño de una noche de verano, de William Shakespeare. Según los organizadores, 300 personas ocupamos las 300 sillas disponibles, y de haber habido más, también se hubieran llenado. 
Tengo que decir que no entiendo mucho de teatro -más bien nada-, pero no es mi intención realizar aquí una sesuda crítica de cómo lo hicieron actores, director, iluminador... No. Mi intención es únicamente la de transmitiros que se trata de una iniciativa altamente recomendable a la que deberíais ir si tenéis un rato libre, y por supuesto si os dais prisa porque las entradas tienden a agotarse. 
Pese a ser un clasicazo, debo reconocer que jamás he visto esta obra ni en película, ni en la tele, ni la he leído en un libro... nada de nada. Me senté en mi silla a intentar disfrutar del espectáculo, y vaya si lo hice.
Enredo, risas, amor, desamor, fantasía... son algunos de los elementos que pudimos encontrar en el escenario del patio de armas del castillo, con unos actores ante los que me pongo de pie y me quito el sombrero en señal de reconocimiento.
Me encantó la música en directo de violín, la versatilidad de los actores, y aunque también hay que reconocer que las sillas fueron algo incómodas, voy a intentar repetir pese a que la agenda la tengo algo apretada.
Nos quejamos continuamente de que en Jaén no hay nunca nada, por eso creo que es de justicia responder con nuestra asistencia cuando alguien es osado y se atreve a ofrecernos algo diferente, que por cierto es precisamente lo que reclamamos.

viernes, 21 de octubre de 2011

Más sabiniano no se puede

Me costó trabajo decidir ir a ver el musical porque no quería decepcionarme. Dicen que las mejores cosas (viajes, comidas, encuentros...) son los que se preparan casi sobre la marcha; mientras que lo muy elaborado suele no cubrir la expectativas. Por eso no quería ir, porque tenía tantas ganas de que me gustara, que temía me ocurriera todo lo contrario.
Finalmente planificamos el viaje y todo salió de dulce.
Mira que debe ser complicado hilar una historia con las canciones de Sabina. Una historia que además guste, que genere intriga, cierta emoción, incluso relaciones de amor/desamor, venganza, con principios y valores como la amistad, el honor, las agallas.... Pues todo esto, y mucho más, podemos encontrar en el musical Más de 100 mentiras que, desde el pasado 6 de octubre, se representa en el Teatro Rialto de Madrid.
No sé si le habrá gustado al propio Sabina; ni siquiera sé si lo ha visto. Pero lo cierto es que se trata de algo hecho no sólo a la medida de sus canciones, sino también de lo que siempre las ha caracterizado: personajes marginales (putas, borrachos, presidiarios, mafiosos...), lugares por el estilo (todo se desarrolla en un bar de alterne), engaños, timos, amor no correspondido, o sí... y cómo no, cierta rebeldía frente a muchas de las cosas que suceden a nuestro alrededor.
Un genio quien la ha escrito porque, el musicl, más sabiniano no podía ser.
Magníficos todos los personajes sobre el escenario. Me quedo con... Magdalena.
Yo entré preocupado y salí encantado. Volveré a verlo si viene a Jaén.

miércoles, 13 de octubre de 2010

La vida: seriedad, humor... y vitalidad

Casi por casualidad me veo en el interior de un teatro a la espera de que comience la representación de 100 m2. Se trata de una obra escrita y dirigida por Juan Carlos Rubio, y con sólo tres actores: Jorge Roelas, María Luisa Merlo y Miriam Díaz-Aroca.
El primero es para mi casi un desconocido, aunque recuerdo haberlo visto alguna vez en la tele. Y es que me perdí el que, me dicen, fue uno de sus trabajos de mayor repercusión popular: Médico de familia (no vi ni un solo capítulo). Esta vez no tiene un trabajo excesivamente largo, pero cumple a la perfección el asumir el papel de tipo cómico en una obra muy seria.
María Luisa Merlo no acabo de identificarla con actuaciones anteriores. Su nombre, de tanto sonarme, es casi de la familia, pero la cara me es totalmente desconocida.
Miriam Díaz-Aroca siempre la he encasillado en los papeles graciosos, de risa, exuberantes de chiquillería..., aunque no sé si aquí es lo mismo porque, por lo menos en el folleto de mano, está muy seria.
Finalmente me doy de bruces con una obra sobre la vida misma, sobre la importancia real y relativa de las cosas, donde en demasiadas ocasiones equivocamos el lugar de la escala donde colocamos nuestros valores. La excusa del argumento es la compra de un piso, pero el trasfondo real nos habla de amistad, interés, amor, peleas, desamor, soledad... y, lo principal, de una vida, la nuestra, donde casi siempre nada es lo que parece.
Pensando en que me iba a encontrar una obra cómica -nunca me han gustado, y eso que es lo que más he visto porque lo clásico se representa poco- me encuentro con una historia original marcada por el realismo, esto es, cosas serias con su puntito de humor, pero consiguiendo finalmente hacernos pensar, y mucho.
Por cierto, las dos actrices son todo un descubrimiento.

domingo, 7 de febrero de 2010

IM-PRESIONANTE

Recuerdo que en una ocasión, y dentro de la rueda de prensa en la que se presentaba la próxima llegada a Jaén del musical Hoy no me puedo levantar, le pregunté a Montané si él creía que merecía la pena gastarse el jornal de un día de aceituna -unos 50 euros era el precio de la entrada- para ver algo así. Yo buscaba tocar en la fibra sensible del concejal para conseguir una de las sabrosas frases con las que nos deleita de vez en cuando, pero se ve que ese día se levantó con el pie derecho, y se fue por los cerros de Úbeda hablando de los inmigrantes que aquellos días -estaban recién empezada la recogida- pululaban por la provincia y por la capital en busca de un albergue en el que cobijarse y un trabajo con el que ganarse el sustento.
El otro día, el viernes para más señas, comprobé por mi mismo que el precio no sólo no es descabellado sino que incluso me parece barato. Y es que ese viernes asistí a otro musical, Mamma Mía; aunque pagué algo menos por disfrutarlo -40 euros-, desde el primer momento en el que una chica salió al escenario y empezó a interpretar y a cantar tuve el convencimiento de que el desembolso había merecido la pena.
Esta mezcla de teatro y música -siempre, hasta el otro día, he odiado los musicales- me dejó alucinado. Durante las casi dos horas y media de función no encontraba las palabras adecuadas para expresar mi estado de felicidad por ver algo que me trasmitía emoción, nervios, sonrisas, alguna lágrima, admiración...
Lo dicho, uno de los mayores y mejores espectáculos que he visto en mi vida, y que voy a intentar resumir en dos palabras: IM-PRESIONANTE.
Qué error el no haber asistido al otro. Lo positivo es que el siguiente no se me escapa. ¡Seguro!