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martes, 12 de mayo de 2020

101 km de Ronda de 2019: la peor experiencia de mi vida


Eran las ocho de la mañana, seis minutos y 46 segundos del 12 de mayo del año 2019.  Jamás lo olvidaré. Hace en este preciso momento un año. Justo un año. ¡Qué duro fue!
Después de 21 horas 6 minutos y 46 segundos cruzaba la meta -situada en la Alameda de Ronda- de los 101 km de Ronda.
Me costó sangre, sudor, lágrimas... (y no hablo metafóricamente) acabar, pero al final lo hice. No tenía en ese momento, ni mucho menos, la sensación del ganador al cruzar la meta. No. Llevaba derrotado muchas horas porque si la distancia y la prueba ya son duras de por sí, las extremas condiciones climatológicas de calor la endurecieron (prueba de ello son el 48% de abandonos, los 3 ictus y los 2 infartos de los que informó la organización).
A medida que pasa el tiempo, y analizas la situación con distancia y perspectiva, te das cuenta del verdadero valor de lo realizado. No obstante, lo pasé tan mal, sufrí tanto, me sentí tan desesperado, tan derrotado, tan agotado, que jamás olvidaré la peor experiencia de mi vida deportiva.
¿Lo positivo? Que pese a las durísimas condiciones, las tres deshidrataciones sufridas, las heridas físicas que en condiciones normales te hacen desistir, no ya de una carrera, sino de una simple caminata... digo que pese a todos esos elementos en contra, saqué fuerzas de donde no las había, incluso mentales porque la mente exigía el abandono, y gracias a cierta lucidez neuronal (tuvo que haberla porque, de otra forma, no se entiende) apoyado en los mensajes de ánimo y aliento que me llegaban de la familia vía WhatsApp, el pundonor deportista y también humano me permitió acabar lo que había empezado el día anterior a las once de la mañana.
Hoy releo, no sin emoción (me es imposible evitarla), la crónica de aquella durísima jornada (PULSAR AQUÍ).
¡¡Qué duro fue!! Jamás lo olvidaré.

lunes, 23 de diciembre de 2019

II Melón Lunero Aceitunero


Nos lo propusimos tras hacerlo el año pasado, y hoy ha llegado la segunda edición. Me refiero al Melón Lunero Aceitunero. Es decir, realizamos el recorrido oficial de la Carrera del Melón, pero por la noche, y con el plus de haber ido hoy a la aceituna, y la alegría de ir también mañana.
El 23 de diciembre de 2018 fuimos tres los “locos”. Este 23 de diciembre de 2019 hemos sido cuatro, un loco más. ¡Jejeje! 
En la fotografía de arriba, y de izquierda a derecha, José Amador, Miguel Ángel, Juanito y Fernando.
Hemos salido con muchas dudas sobre si podríamos hacer el recorrido previsto por la mucha lluvia caída en los días anteriores. Teníamos previsto algún recorrido alternativo, pero cuando negocias con tres panochos cabezones tienes, casi siempre, las de perder. Decidido: hacemos el recorrido oficial.
El primer escollo es cruzar el primer salado del Camino de Espantas. Se pasa sin problemas. Bueno, con algún esfuerzo de más, pero sin problemas. Abajo tenéis el vídeo de ese momento.



El segundo momento importante es, por vez primera en la historia atlética del pueblo, atravesar corriendo el recién construido puente sobre el segundo salado del Camino de Espantas. Debajo, el documento videográfico.


Seguimos con tranquilidad, charlando de esto y aquello, y en un magnífico ambiente con un ritmo de casi 6’/km que ya nos gustaría para la carrera en el mes de agosto.
Llegamos al km 5, la punta Del Cañón, giramos a la derecha pero pronto la cosa se pone imposible. Ningún vehículo ha pasado tras las lluvias, el terreno está virgen, y en apenas unos menos el barro se agarra tanto a las zapatillas, que no hay más remedio que dar marcha atrás. Tras lamentar el infortunio, decidimos seguir el Camino de Espantas hasta “La Jungla”, y desde allí regresar sobre nuestro pasos.
Dicho y hecho, abajo está la imagen que inmortaliza la llegada al punto deseado.

Buchito de agua, evacuamos para aligerar peso, y deshacemos el camino andado. El correr no es fácil porque, pese a los frontales, la visión está limitada, y el camino está difícil por la lluvia. Hay que andar con cuidado porque el colmo sería sufrir una lesión.
Seguimos en charla animada, y al llegar al Camino Graná, lo tomamos para acabar en la zona alta de la Pililla realizando el tramo final del recorrido oficial del Melón.
Tras 1 hora y algo más de 36 minutos, llegamos a la meta en el momento en el que el gps marca 16 kms. Reto conseguido.

Todos satisfechos, nos hacemos la foto de arriba para inmortalizar el momento, u ojalá el 23 de diciembre de 2020 seamos más locos.

NOTA: Seguro que mañana, en la aceituna, nos acordamos más que nunca de la locura de esta noche. Pero casi seguro que el año que viene repetimos.

jueves, 3 de octubre de 2019

Objetivo Bruselas (II): Alea iacta est

Ya está todo el pescado vendido. El próximo domingo, 6 de octubre, realizaré lo que será mi maratón número 17. A las nueve de la mañana tomaré la salida en el maratón de Bruselas.
Será la última etapa del plan de entrenamiento que empecé el pasado 15 de julio. El inicio fue con muchas ganas y ánimos (pulsa AQUÍ para recordarlo), pero 12 semanas después la cosa ha cambiado. Un resfriado que cogí a finales de julio y solté casi a principios de septiembre (36 días, ahí es nada), y algún problemilla que ha surgido en el trabajo hace que tanto la preparación física como la mental no sean las mejores para afrontar el gran reto.
Las circunstancias han hecho que modifique mis planes, y si en un primer momento la intención era bajar de 3h30, y a ser posible mejorar mi mejor marca en la distancia que está en 3h25'10'', a día de hoy me conformo con no superar las 4 horas. No es por nada; simplemente porque hasta ahora he acabado todos los maratones que he iniciado, y además nunca he tardado más de 4 horas en recorrer los 42.195 metros. Ese será pues el objetivo.
La idea es disfrutar tanto de la competición como del viaje. Quizá la carrera no llegue en el mejor momento, pero a lo mejor tampoco es tan malo. Viendo los vientos que corren, igual viene bien desconectar por unas jornadas del quehacer diario porque en el horizonte se vislumbran grandes e importantes batallas que librar.
Alea iacta est.

lunes, 15 de julio de 2019

Objetivo Bruselas (I): empezamos

Ya tengo fecha para lo que será mi maratón número 17. Al menos lo tengo todo previsto para que así sea, salvo que algún elemento inesperado me haga cambiar de planes. El próximo 6 de octubre estaré corriendo los 42,195 kilómetros por las calles de Bruselas.
Hace ya unos meses que realicé la inscripción, contraté vuelo y reservé hotel. Pero la aventura empieza hoy. En este lunes, 15 de julio, inicio mi plan de entrenamiento de 12 semanas cuya última etapa será el 6 de octubre de 2019 a las nueve de la mañana que es cuando está previsto el pistoletazo de salida.
Estas doce semanas representan habitualmente lo peor de cualquier maratón porque supondrá madrugones, trasnochar, compaginar los entrenamientos con la vida familiar, laboral, con las otras aficiones... Y sobre todo recorrer muchos kilómetros adecuando progresivamente el ritmo a la marca objetivo, y eso se resumen en tres palabras: sufrir, sufrir y sufrir. 
¿Que qué tiempo quiero hacer? Mi prioridad será bajar de las 3h30'00'', y a ser posible mejorar mi mejor tiempo que es de 3h25'10'' (Sevilla, año 2012).
Estos son los sentimientos y las esperanzas del primer día. A ver cómo estoy el último.

miércoles, 10 de julio de 2019

Objetivo Jaén (y III): la crónica


Acabada con éxito mi participación en el II Maratón en pista "Ciudad de Jaén". Hablo lógicamente de éxito particular porque las 3 horas 49 minutos y 35 segundos que empleé en recorrer los 42,195 kilómetros (para más señas, 105 vueltas y media a la pista de atletismo de "La Salobreja") no van a ningún sitio... bueno, a ningún sitio que no sea mi propio ranking, y como para mí eso es lo que cuenta, me permito la licencia de utilizar el término éxito.
Desde que en cierta ocasión sufrí en mis carnes aquel dicho maratoniano que aconseja no perderle el respeto al maratón porque, si lo haces, te golpeará con fuerza, tenía miedo a volver a caer. Lo digo porque mi preparación para participar en esta carrera que tuvo lugar el pasado domingo, 7 de julio, no era la que hubiera deseado, pero eso no quiere decir que le hubiera perdido el respeto. Es más, venía de la mayor preparación que he realizado en mi vida para afrontar, el pasado mayo, los 101 kilómetros de Ronda; lo que ocurre es que acabé tan tocado, que el mes y medio que tenía de margen para el Maratón de Jaén no fue como lo había planificado. No obstante, decidido a iniciar la prueba con el único objetivo de acabarla (asumiendo el riesgo de que iba a ser la peor marca de mi vida en la distancia), allí estaba yo, en La Salobreja, a las seis y media de la mañana: media hora antes del momento fijado para la salida.
Me acosté temprano la noche anterior para estar desayunando a las cinco de la mañana. Aunque costó dormirse y también despertarse, casi más difícil fue desayunar a esas horas y sin ganas. Pero había que hacerlo.
En la pista el ambiente era el de las grandes ocasiones porque... ¡¡Se iba a celebrar un maratón!! La organización fue brillante, y la salida se dio a las siete de la mañana, tal y como estaba previsto. Había que evitar el error de la edición anterior en la que, por unas causas u otras, comenzamos con unos 40 minutos de retraso, y el sol abrasador de agosto nos machacó después. No se quería que volviera a ocurrir, y no ocurrió.
Yo empecé tranquilo, controlando mucho, y procurando que el ritmo de mi Garmin 310 no marcase menos de entre 5'00'' y 5'10'' por kilómetro; lógicamente, tampoco más. El GPS no va bien en la pista -al parecer se vuelve loco con tantas vueltas-, pero tengo controlado que lo que marca es unos 10 segundos más rápido de la velocidad real a la que voy. Por tanto, ese ritmo de reloj significaba ir a una velocidad real de entre 5'10'' y 5'20'' por kilómetro. Esa era la idea.



En las primeras vueltas hay un poco de desconcierto porque no sabes dónde te vas a situar, y si vas a correr junto a algún grupo. La propia carrera me unió a Juanlo, un madrileño de origen marteño que venía de correr en Tokio el último de los Seis Majors (¡¡Qué envidia!!). Hablamos de eso y de un millón de cosas más porque el ritmo era bueno para los dos, y casi sin darnos cuenta hicimos la media maratón.
Yo gestionaba bien mis geles, las sales minerales, las pastillas de sal, y sobre todo la hidratación: había que beber mucha agua. En ocasiones me apetecía apretar más porque iban a buen ritmo y hablando todo el rato. Pero sé de buena tinta que el maratón empieza en el kilómetro 30, y todavía faltaban casi 10 kilómetros. De todas formas, todo fue lo mismo de bien no ya hasta el 30 sino hasta casi el 37. Incluso unos kilómetros antes Juanlo no había aguantado el ritmo y se descolgó algo. 
Con esas buenas sensaciones y el buen tiempo que llevaba sabía que ya no pincharía porque la meta estaba a la vuelta de unas vueltas: iba a concluir mi maratón número 16 por debajo de las cuatro horas, como todos los anteriores.
Fueron esos últimos cinco kilómetros los que sí me pesaron en las piernas. La falta de tiradas largas recientes empezaba a pasar factura, y fui bajando el ritmo en algún kilómetro hasta incluso unos segundos más lento de los seis minutos. No había problema. El objetivo era acabar, y lo iba a hacer mejor de lo previsto. Juanlo me adelantó -creo- en un par de ocasiones pero dándome ánimos. ¡¡Qué gran tipo!! (Nos hemos emplazado para la Carrera del Melón en el año 2020. Este año no puede).



Como digo, al final feliz y contento porque sumo un maratón más con un tiempo decente.
No quisiera acabar sin dar la enhorabuena a dos compañeros de club, de la Asociación Deportiva Maratón Jaén. Me refiero a Leo y Juan Antonio. Eligieron Jaén para hacer su debut en maratón, con el plus de esfuerzo que requiere correr los más de 42 kilómetros en una pista de atletismo. Pero ellos son grandes y lo consiguieron. ¡¡Ese es el rumbo!!
Y por último, felicitar nuevamente a la organización en general y a Juan José Amate en particular porque ha sido un gustazo correr el maratón en la pista. Se han mejorado cosas de la edición anterior, me he sentido muy cómodo, arropado, cuidado... Me gustó tanto que el año que viene buscadme por allí que allí estaré.

sábado, 6 de julio de 2019

Objetivo Jaén (II): alea iacta est

En apenas 17 horas estaremos tomando la salida en el II Maratón en pista "Ciudad de Jaén". Mañana me pierdo los Sanfermines porque a las siete de la mañana está previsto el pistoletazo inicial en la pista "Ángel Cortés" de La Salobreja. 
Por delante, 105 vueltas y media a la pista de 400 metros. Ahí es nada.
Ya el año pasado participé y paré el crono en poco más de 3h56', es decir, el peor tiempo de mi vida en un maratón. En esta ocasión creo que lo empeoraré porque no lo he preparado específicamente sino que opté por formar parte de esta iniciativa desde la creencia de que si los de aquí no apoyamos lo que aquí se hace, después no nos podemos quejar.
Por eso, me planteo la carrera -que es mi maratón número 16- sin objetivo de tiempo y con la única meta de acabarlo. Esto no quiere decir que no haya entrenado; sí lo he hecho, y mucho, especialmente porque en el pasado mes de mayo corrí los 101 kilómetros de Ronda, y hasta llegar ahí realicé el que quizá haya sido mejor entrenamiento de mi vida. Precisamente en eso confío, en tener la base suficiente como para acabar bien mañana. Cierto es que tras Ronda estuve dos semanas sin hacer nada, y desde entonces las salidas que he realizado han sido sin demasiada calidad en términos generales; pero con un poquito de cabeza (que me haga mantener hasta la media maratón el ritmo adecuado), más cabeza todavía (que me lleve "bien" hasta el kilómetro 30), y algo de sufrimiento en los diez últimos kilómetros, puedo coronar lo que sería mi maratón número 16. Y es que sin sufrimiento nunca hay éxito, o al menos no lo aprecias como tal.
El pasado jueves realicé las últimas series, y fueron bien. Por otra parte, tanto ayer viernes como hoy sábado han sido jornadas de descanso; esta tarde será de más descanso aún, y por la noche a la cama hay que ir tempranito porque a las cinco de la mañana del domingo hay que estar desayunando. A ver si el dorsal 48 trae suerte.
Lo dicho: alea iacta est.

martes, 2 de julio de 2019

Nacidos para correr: ¡Me estoy asustando!

La primera vez (no recuerdo dónde ni cómo) que tuve conocimiento de la existencia de Nacidos para correr (McDougall, Christopher. Editorial Debate. Barcelona. 2016. Duodécima edición) anoté su título en mi larga lista de "Libros por leer". Eso no significa que la adquisición-lectura de los componentes del listado sea inmediata, sino que será... algún día. Pero unos meses después recibí el libro a modo de regalo de Reyes. Quien me lo regaló lo hizo transmitiéndome la duda de "No sé si te va a gustar...", pero yo me quedé boquiabierto y rápidamente disipé su temor enseñándole mi lista.
¿Era un señal del Universo para que lo leyera? Para no interponerme en la posible decisión de un Ser Superior, decidí hacerlo en cuanto acabara el libro que entonces tenía entre manos; pero cuando lo busqué, no lo encontré. Se lo había dejado a varias personas, y se había perdido en el camino. Durante meses me volvió loco su búsqueda, y cuando ya había perdido la esperanza y buceaba en internet para adquirirlo nuevamente, alguien tuvo un momento de lucidez, recordó dónde lo había dejado, y lo puso en mis manos.
"Ha costado pero aquí está. Esta vez no se me escapa", pensé.
La lectura de Nacidos para correr ha sido toda una aventura. No sé si es por mi amor al atletismo y a las carreras, y eso ha hecho que estuviera predispuesto a que me gustara, pero una vez concluido debo confesar que se trata de algo más que un libro. He disfrutado de lo lindo con sus páginas; he sabido de la existencia de auténticos monstruos del ultramaratón (unos locos pioneros en su día que son ya legión); transmite lo difícil que es esta disciplina y lo mucho que hay que sufrir para disfrutarla (aunque parezca una contradicción); define claramente la diferencia entre correr por ganar y correr por placer...
McDougall es un experimentado y exitoso periodista, y también atleta amateur, que inicia el libro contando su búsqueda de los tarauramaras, una tribu del México más perdido que pueda imaginarse, que representan quizá los mejores corredores ultra del planeta. A partir de ahí no sólo nos cuenta la realidad de esta tribu, sino también las contradicciones que representó la presencia de algunos de sus miembros en varias carreras comerciales de Estados Unidos. 
El autor, desde ahí, nos lleva a hacer una especie de reflexión sobre las carreras de larga distancia, y ello utilizando siempre casos reales de pruebas, atletas consumados, promotores interesados sólo en lo económico, entrenadores, científicos que bucean en el pasado del correr con el objetivo de mejorar el presente y el futuro de los corredores...
Y nos acaba describiendo la que probablemente haya sido la mejor carrera ultra de la historia: participaron los mejores del mundo, y se hizo al margen de los focos de la notoriedad.
Nacidos para correr es un libro sobre atletismo en general, y sobre las ultracarreras en particular. Aunque también se trata de una obra en la que se analiza el correr como algo más que una simple actividad para cubrir nuestro tiempo de ocio. Científicos abordan estudios sobre casi todos los aspectos que puedan influir en correr de manera más eficiente, y sus conclusiones son geniales (al menos a mí me lo parecen).
Nacidos para correr es un libro imprescindible para cualquier amante del atletismo. Pero, cuidado, que yo tras leerlo empiezo a asustarme. Sus páginas me incitan a correr carreras de larga distancia, y eso que mi reciente malísima experiencia en los 101 kilómetros de Ronda me han hecho rechazarlas con contundencia. Pero ahora mi mente empieza a plantear la posibilidad de que igual no ha sido una experiencia tan negativa sino todo lo contrario; e incluso alguna neurona me anima a repetir en estas distancias. Menos mal que son más las que tienen claro aquello de que No es No.
Por cierto, el libro me enganchó desde el principio, y durante el tiempo que ha durado su lectura me daba pena que se fuera acabando. Ha hecho que vuelva a sentir el gusto por el leer. Es decir, que a un libro hay que darle la oportunidad que siempre se merece, pero cuando no supera esa prueba, hay que cerrarlo, dejarlo en la estantería, y pasar a otro libro. Quizá podamos recuperarlo en otro momento, más adelante, pero seguir de manera forzada no contribuye más que a odiarlo a él y a la actividad lectora.

viernes, 28 de junio de 2019

Objetivo Jaén (I): inscrito finalmente

Finalmente haré mi maratón número 16 el próximo domingo, 7 de julio, en la pista de atletismo "Ángel Cortés" de las instalaciones deportivas municipales "La Salobreja", de Jaén. Al menos ese es mi objetivo. Inscrito estoy.
Empezar, tengo claro que empezaré, y confío igualmente en acabar, pero como he salido tan tocado de los 101 kilómetros de Ronda, las dudas no acaban de disiparse.
Un maratón es siempre una prueba muy dura y exigente, y si a ello le sumas que será en una pista de atletismo (dando 105 vueltas), y el siete de julio (calor a espuertas) a las siete de la mañana... todo se complica un poquito más.
Sé que a un maratón no puedes perderle el respeto; simplemente porque si lo haces, te machaca. Lo tengo clarísimo porque en alguna ocasión lo he sufrido. Por ello, me he inscrito al II Maratón en pista de Jaén, y lo afronto con el único objetivo de acabarlo. A diferencia de las ocasiones anteriores, no tengo marca objetivo, ni he hecho un plan específico de varios meses, ni nada de eso. Llego con la base (que es mucha) de Ronda, y mi idea es correr, intentar disfrutar con varios amigos que también estarán, vivir el ambiente atlético... ser feliz haciendo una de las cosas que me apasionan. 
Si en ocasiones he recorrido hasta 3.000 kilómetros para participar en un maratón, ¿no voy a estar en el de mi tierra? ¡¡Pues claro, hombre!! Hay que apoyar este tipo de cosas porque de lo contrario dejarán de existir, y quizá entonces las echemos más de menos, pero en ese momento ya no habrá solución.
Además, es un maratón solidario que empezó de una forma muy bonita, y que continúa manteniendo aquellos mimbres.
Lo dicho, el 7 de julio, si queréis buscarme, estará en La Salobreja dando unas vueltecitas. Si no pasa nada.

martes, 7 de mayo de 2019

Objetivo Ronda (II): las zapatillas

A cuatro días de afrontar por segunda vez (la primera, en el año 2014, me tuve que retirar en el kilómetro 65) el reto más largo de mi trayectoria deportiva, ya he decidido las zapatillas con las que correré los 101 kilómetros de Ronda.
En la salida calzaré las Asics Gecko XT, pero en la mochila del cuartel de La Legión, situado en el kilómetro 70,05, me estarán esperando las New Balance Leadville V3.

En mi primer intento usé las New Balance 1210 Leadville y me fue muy bien. Fueron problemas de salud los que me obligaron a retirarme. De ahí que mi intención era seguir con el mismo modelo, y el próximo sábado usar las Leadville V3 que uso desde el 16 de septiembre del año 2017. Desde ese día, y hasta el pasado domingo que fue la última vez que las calcé, he recorrido con ellas algo más de 454 kilómetros; no es una cantidad excesiva para este tipo de zapatillas, pero últimamente noto que cuando empiezo a rondar los 18-20 kilómetros me empiezan a doler las plantas de los pies. 
Ya digo que no son demasiados kilómetros como para que las zapatillas empiecen a fallar; de hecho, a las anteriores les hice sin problemas casi el doble. Mi única explicación es que no son muchos kilómetros pero sí bastante tiempo (un año y ocho meses), y a lo mejor el material se resiente por esa causa.
Por ello, las Leadville (que tenéis en la foto de arriba marcadas por el paso de los kilómetros) estará en el kilómetro 70 por si necesitara un cambio para afrontar el último tramo de la carrera.

La prueba la iniciaré con las que he adquirido expresamente para Ronda. Son las Asics Gecko XT (arriba las tenéis).
Según los análisis que leí antes de adquirirlas, son ideales para este tipo de terrenos, y se defienden muy bien en distancias largas, aunque el mayor rendimiento se le saca en carreras algo más cortas. En cualquier caso, es una buena elección.
Las utilicé por vez primera el pasado 23 de marzo, y desde entonces he recorrido con ellas 120,3 kilómetros. Al margen de una primera tirada de 16 kilómetros, las he sometido a otras tres pruebas de 46 kilómetros, 27,7 kilómetros, y 30,6 kilómetros. Las sensaciones han sido muy buenas, y confío en poder hacer con ellas íntegramente los 101 kilómetros. No obstante, y por si acaso, las Leadville estarán al quite.
Ya os contaré.

domingo, 11 de febrero de 2018

El libro del antirunner

Un amigo, tomando café el otro día, me mostraba su preocupación por la gran cantidad de personas que, pese a no haber hecho deporte en su vida, se sumaban a la moda del running, y no dudaban en afrontar pruebas de largos recorridos, y de gran dureza.
Mi amigo reconocía que él ha hecho deporte (no atletismo) siempre, casi profesional, y por ello ha sometido a su cuerpo a grandes exigencias. Conoce en primera persona qué puede suponer eso, y por ello se echa las manos a la cabeza cuando tantos y tan poco preparados osan fijarse retos de ese tipo.
Esto es precisamente lo que encontramos en The Runner Man (Fabián Roncero. Editorial Pigmalión. Madrid. 2017): un llamamiento a todos aquellos que quieren correr, a que lo hagan de manera adecuada.
Roncero es una voz más que autorizada en este ámbito; sus números están ahí, y no os voy a cansar repitiéndolos, pero no me resisto a recordar que fue el primer hombre blanco en bajar de una hora en media maratón.
Tuvimos la suerte de disfrutar de su presencia en Jaén hace unas semanas. Fue el pasado 12 de enero, el día de antes de la San Antón. Vino a correr, y también a presentar su libro. Yo tuve el privilegio y el honor de conducir la presentación, y allí quedó claro el posicionamiento de Roncero: no todo el que corre es corredor. Lo mismo que, como alguien dijo en el acto, "yo no me puedo llamar cocinero porque cocine una tortilla de patatas".
Su mensaje levanta cierta polémica porque son muchos quienes lo critican al entender que con ello está quitando el valor a tantos corredores que, en la medida de sus posibilidades, afrontan las carreras con gran sacrificio y esfuerzo. Pero Roncero insiste sin ningún tipo de complejos: no puede tener el mismo valor una persona que hace dos horas en un maratón, que aquella otra que emplea 18 horas en recorrer esa misma distancia. A partir de ahí, "que cada cual le de a las cosas el valor que cree que tienen", dijo Fabián.
The runner man recoge este mensaje de Roncero, y cuenta la historia ficticia de un hombre que en apenas un año pasa de no haber hecho deporte en su vida a correr un maratón; y al año siguiente ya está haciendo pruebas de montaña y de ultradistancia.
En el camino Roncero nos describe con mucho humor e ironía las peripecias de este chico cuyas únicas fuentes de información y formación son las redes sociales, anteponiendo lo que ahí encuentra (de procedencias más que dudosas) a lo que le aconsejan profesionales especializados en el correr, en la medicina, en el equipamiento... 
El protagonista del libro es una especie de antirunner porque hace todo lo que no hay que hacer. Y Fabián nos lo cuenta en algo así como un libro al revés, es decir, no nos dice lo que debemos hacer para empezar a correr o para afrontar retos exigentes, sino que nos escenifica lo que no hay que hacer.
Al final es complicado no estar de acuerdo con Roncero ya que su mensaje se resume en esta frase: "cuando uno no está preparado para hacer algo, lo primero que debe hacer es prepararse". Y el atletismo no es una excepción.
Quiero acabar con algo que Fabián dijo en Jaén durante la presentación del libro. Fue algo así como que, "con tanto correr, no es cierto que pretendamos hacer deporte saludable; esa es la excusa. En el fondo lo que queremos es alimentar nuestro ego. Lo tenemos tan subido, y queremos subirlo aún más, que casi nunca atendemos a razones". Para reflexionar. 

domingo, 24 de julio de 2016

Running: una filosofía de vida

Encontrar en una sociedad tan competitiva como la nuestra la obra Vámonos 42 (Rafael Ángel Aguilar Sánchez. Edición de autor. Sevilla. 2015) me sabe a soplo de aire fresco.
Rafa -compañero de facultad, ahora colega en esto del periodismo, y en su día miembros del mismo equipo en una de las cosas más interesantes que he realizado en mi vida- nos cuenta su experiencia a la hora de afrontar un reto tan importante como correr su primer maratón (42,195 kms).
Cordobés de nacimiento, sevillano de infancia y juventud -y algo más-, su primera cita con la distancia de Filípedes no podía ser otra que el maratón de Sevilla. Rafa nos transmite a lo largo de 91 páginas (es cortito y se lee rápido) sus sensaciones y experiencias en los duros meses de preparación, y también en el día tan deseado del encuentro con "la madre de todas las pruebas".
Vámonos 42 podría ser un diario, pero no lo es. Podría ser un plan de entrenamiento, pero tampoco lo es. Si alguien espera un libro de batallitas, no lo encontrará. Vámonos 42 no es nada de esto, pero contiene de todo esto.
El hilo conductor de la obra es correr un maratón, el primero, el de Sevilla. Eso ya tiene una carga sustancial de importancia. Pero en torno a este eje central encontramos pequeños afluentes de emoción, sacrificio, pasión, sufrimiento, mentiras piadosas, superación, amistad, familia, salud, trabajo, viajes... incluso algún puntito de sexo, y también creo haber encontrado un canto de amor platónico.
Esto del correr no podemos considerarlo algo aislado. Va completamente unido a nuestro quehacer diario. Cuanto ocurre en el entrenamiento afecta a nuestra otra vida (la que conforma la familia, el trabajo, el ocio, etc). Es más, una de las caras de esta doble vida que vivimos nos sirve como vía de escape de la otra, y viceversa. De ahí que el running no sólo sea machacar kilómetros y zapatillas, sino que es "una forma de vida, una filosofía, una religión si me apuras, una forma de estar en el mundo", como muy acertadamente recoge Rafa, y a la que tanto él como sus compañeros de fatigas se refieren con el grito de ¡¡Vámonos!!.
El libro me atrae porque lo ha escrito Rafa. También por lo que os he contado de su contenido. Pero para mí tiene un especial tirón aquello que apunté al principio: veo un punto de rebeldía contra esta sociedad caníbal y egoísta en la que lo único que vale es ganar y anular al contrario (no es nuevo porque hasta ABBA nos lo decía con aquel The winner takes it all): subir, destacar, estar en lo alto de la cadena alimenticia de nuestro ego...
Pues no. Rafa nos propone otra cosa. Él es un corredor modesto, con tiempos propios de un principiante que poco a poco va mejorando. Y sin embargo vive su pasión del correr, la superación de sus metas (que en ocasiones son simplemente hacer compatible el trotar un rato con el horario del trabajo) como si fuese el recordman mundial de maratón. Y yo me siento identificado con él.
¿Por qué el ganar tiene que significar tener más dinero, reconocimiento social, prestigio profesional, posesiones materiales...? Quizá el verdadero vencedor es aquel que así se siente consigo mismo sin necesidad de hacerlo público y notorio, y sin esperar que otros tengan que decírselo. Es un estadio de ánimo, algo interior más poderoso que todo el oro del mundo, y que nadie puede derribar sino uno mismo.
Acabo. 
Nos dice Rafa que "El running es un poco eso: estar solo en medio de más soledades. Creo que es una soledad no melancólica sino constructiva, edificante y saludable". ¡Qué bien lo has dicho, chaval! Y en relación con este párrafo de Vámonos 42, acabo con este otro muy ejemplarizante en relación a esta última idea: 

"Corro. Corro y pienso. Corro y rezo. Corro. Corro y estoy contigo. Pienso en ti. Y en ti. Y en ti. Y otra vez en ti. Corro y hago memoria. Pido disculpas, mando abrazos, doy las gracias. A los amigos que tengo, a los que tuve, a los que no veo nunca, a los que se marcharon para siempre, a los que me entendieron, a los que no lo hicieron, a los que volvieron, a los que están siempre ahí aunque no hablemos casi nunca. Pienso en mi hermana, en mi madre, en mi padre, en la bici morada que lleva grabado su nombre y el mío en el cuadro de metal".

Me ha parecido genial porque es una situación que vivo a diario. Aunque yo, Rafa, he llegado a hablar con el papa actual y nuestro anterior Rey. ¡¡Jejeje!!

Enhorabuena, amigo. Ya eres inmortal. 

miércoles, 1 de abril de 2015

Objetivo París (III): las zapatillas

El Maratón de París que tendrá lugar el próximo 12 de abril supone mi 11ª incursión en la que dicen es la prueba rey del atletismo. Rey no sé si será, pero jodida... bastante. Y no únicamente porque haya que afrontar los 42.195 metros, sino por los tres meses de preparación que supone y todos los sacrificios que ello conlleva.
Pero como apunta aquel dicho de que "Sarna con gusto no pica", pues como digo, y pese a la malísima experiencia anterior de Murcia, aquí estamos de nuevo.
11 días faltan para la carrera, y hace algunas jornadas me llegaron las zapatillas con las que correré. Tras varios maratones usando la marca K-Swiss (Valencia 2013, Sevilla 2014 y Murcia 2014), regreso ahora a New Balance. Es quizá la marca con la que más a gusto me siento (junto con Saucony), siendo las zapatillas que mejor resultado me han dado tanto en el maratón en sí como en los meses de preparación con largas tiradas que ponen a prueba las zapatillas más pintadas, y éstas (las dos) siempre han cumplido. No sé la razón, pero suelo dejar las NB para las carreras, mientras que las Saucony son las que gasto en las tiradas de preparación. Y hasta ahora me ha ido bien.
En esta ocasión, y dado que las K-Swiss están ya bastante tocadas por el tanto y tan intenso uso (más de 690 kms), tenía que comprar unas zapatillas nuevas para este maratón; he optado por unas NB 1080 V4. Fue hace algunas semanas, como siempre aprovechando una oferta interesante dado que acaba de salir al mercado el modelo NB 1080 V5. Ya he rodado con ellas un par de días, y la verdad es que son un valor seguro.
Un poco cantosas no niego que sean, pero lo importante es el modelo, sus características, y algo que ayuda bastante, al menos a mí: el componente psicológico. Siempre me ha ido bien con esta marca, y de hecho mi mejor tiempo en un maratón (3h25'10'', Sevilla 2012) fue precisamente con el modelo NB 1080.
New Balance, París, 11ª maratón... no son malos argumentos para intentar pasarlo bien. Voy a procurar incluso hacer una buena marca, pero eso no lo sabré hasta que cruce la meta (bueno, quizá un poquito antes).

viernes, 15 de noviembre de 2013

Objetivo Valencia (I): las zapatillas

Hacía tiempo que no afrontaba los días previos a mi participación en un maratón. Vamos, un año. Desde el de Ámsterdan de octubre de 2012. Lo intenté esta pasada semana en Langreo, Asturias, pero lo suspendieron dos días antes, por lo que se vino a bajo mi plan de correr dos maratones al año.
Pero bien está lo que bien acaba, y pasado mañana afrontaré la jornada final de mi último plan de entrenamiento que comenzó hace 17 semanas, y para el que ya está "todo el pescado vendido".
Como digo, han sido 17 semanas entrenando una media de cuatro días a la semana, y en los que he recorrido entre entrenos y pruebas oficiales 879 kilómetros desde aquel ya lejano y caluroso 22 de julio. 
Ha sido un plan para intentar devorar los 42,195 kilómetros en tres horas y quince minutos, aunque no sé si va a poder ser. Ha habido bastantes días sin poder cumplir el plan porque esta frenética vida laboral, educativa, social... que vivimos, por lo que el objetivo es bajar de las tres horas y media.
Mañana partiremos para tierras valencianas, y confío en que la cosa vaya bien independientemente del tiempo que realice. Sí estoy un tanto a la expectativa con mis nuevas compañeras de viaje. Tras mucho tiempo alternando marcas de zapatillas Saucony, Joma, Brooks y New Balance (mis favoritas), en esta ocasión voy a probar con una marca nueva para mí: K-swiss. Son americanas, y he adquirido el modelo Keahou II. Me llegaron hace unos días, e hice algo raro en lo que es costumbre en mi pues las estrené en ese mismo día. He recorrido con ellas 60 kilómetros, suficiente para que no sean nuevas el día de la carrera, pero también evitando usar unas zapatillas excesivamente cascadas.
Se trata del modelo más duro y ligero de cuantos he usado hasta ahora. Es una prueba con la confianza de que mi peso siga bajando hasta alcanzar los niveles previstos de cara al maratón de Sevilla (próximo mes de febrero) y los 101 kilómetros de Ronda (mayo de 2014), las siguientes pruebas de caché en las que pretendo participar.
Lo dicho, la suerte está echada para Valencia. Que San Modesto nos acompañe.
Os mantendré informados.

sábado, 11 de febrero de 2012

Objetivo Sevilla (V): las zapas


Finalmente me he comprado unas zapatillas nuevas para correr el próximo domingo, 19 de febrero, el maratón de Sevilla. No lo tenía pensado. Mi idea era utilizar las Brooks Laungt (que habitualmente utilizo en las competiciones hasta media maratón) que son buenísimas, aunque dudo de su efectividad en la distancia de los 42,195 kilómetros. Mi cuñao el granaíno corrió con ellas, hace unos meses, el maratón de Lisboa y le fue bien, de ahí que mi intención fuera contar con ellas para, además, ahorrar un dinerillo porque... ¡¡estamos en crisis!!.
Tomada esa decisión, sí preveía comprarme unas nuevas para el maratón de Amsterdam (próximo octubre), pero sin prisas. Esperar una buena oferta, y con tranquilidad. Pero es que la oferta llegó hace unos días, y además de la mano de una de mis marcas preferidas, si no la más: New Balance. Para más inri, se trataba del modelo que yo ansiaba desde hace ya tiempo, y que por cuestiones financieras (son muy caras) no había podido adquirir. Pues bien, encontré las NB1080 rebajadas de un precio inicial de 144,90 libras a 38 libras, con gastos de envío gratis. ¡¡Chollazo!!.
Debo reconocer que la cosa no es exactamente así. Mi número costaba 144,90 libras, pero medio número más bajaba hasta las 38 libras (poco menos de 45 euros)... por lo que la cosa estaba clara.
El lunes me llegaron, y el mismo lunes empecé a rodar con ellas porque para el maratón falta una semana, y debo amoldarlas a mis pies, o mis pies amoldarlos a ellas.
La llegada de las zapas incrementan mis ganas de afrontar la carrera. Y es que siempre me ha ido muy bien con esta marca y este modelo. A excepción de mi debut en la distancia (Ciudad Real 2003, con unas Asics) y el pasado maratón de Valencia 2011 (Brooks Glycerin), siempre las he usado al correr los 42,195 kms en prueba oficial: NB 1061 en San Sebastián 2008, NB 1062 en Florencia 2009, y NB 1063 en Málaga 2010.
Os adjunto una foto para que comprobéis lo bonitas que son.

sábado, 12 de marzo de 2011

De lo peor que he leído en mi vida

Un sabio jienense dijo en cierta ocasión: Hay tanto que leer y tan poco tiempo en esta vida que debemos seleccionar muy bien.
De qué hablo cuando hablo de correr (Haruki Murakami. Tusquets Editores. Barcelona. 2010) forma parte de esos libros que hay que rechazar. Forma parte del grupo que catalogo como Lo peor que he leído en mi vida. Sí reconozco que no he podido hacer caso del consejo del sabio, y abandonar la lectura tras la primera página. He seguido intentado encontrar las claves que han hecho que tanta gente ponga por las nubes el libro; sin embargo, no las he encontrado.