jueves, 28 de junio de 2018

¡Qué difícil es hacer reír!

Hay un dicho que dice algo así como que "las mayores decepciones llegan de las más altas expectativas". Y eso es lo que me ha ocurrido con El mundo es suyo. Acudí al cine esperando tanto, que cuando me encontré con lo que hay, el chasco ha sido brutal.
Iba con muchas ganas de reírme y de pasarlo bien, y también de sorprenderme repitiendo experiencias tan geniales como Ocho apellidos vascos, Ocho apellidos catalanes, o Allí abajo. Pero El mundo es suyo es una clara muestra de lo difícil que es hacer reír. De hecho, yo me habré reído en tres o cuatro ocasiones a lo largo de los 92 minutos que dura la cinta.
Rafi y Fali son dos compadres sevillanos con vidas diferentes. Partieron del mismo sitio, pero Fali dio el pelotazo casándose con la hija de un millonario. Rafi busca su propio pelotazo, pero pese a intentarlo continuamente no acaba de lograrlo.
El mundo es suyo nos cuenta una nueva aventura de Rafi en la que se ve envuelto su compadre Fali. Una loca historia con mafias rusas, narcotraficantes, periodistas, empresarios y políticos corruptos, y sobre todo con caraduras: los dos protagonistas y sus amistades.
Hay que reconocer que la película busca continuamente la risa del espectador ya que los gags no tienen fin, y prácticamente engancha uno con otro. Pero no consiguen hacer reír más que en contadas ocasiones. Creo que tira demasiado de tópico, pero tópico malo, en ocasiones burdo, sin gracia... hay incluso de mal gusto. 
Lo dicho, que no por contar un millón de chistes se garantiza que la clientela lo pase bien. Totalmente decepcionado.

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