domingo, 2 de marzo de 2014

El último mono


Estoy seguro de que todos habéis visto alguna vez una película, leído un libro, vivido en primera persona, o simplemente alguien os ha contado una historia en la que sucedía aquello de que en una discusión (bélica, amorosa, laboral, deportiva, familiar...) quien se lleva la peor parte es uno que pasaba por allí. Pues quiero reconocer que hoy me siento plenamente identificado con ese tiillo.
Pasaba yo por allí, y vi cómo un periódico despedía a su único fotógrafo. Regresé la mirada al frente, seguí mi camino, y no dije nada.
Pasaba yo por allí, y vi cómo los redactores de ese mismo periódico, además de escribir, se veían en la obligación de hacer las fotos de los acontecimientos a los que acudían como plumillas. Regresé la mirada al frente, seguí mi camino, y no dije nada.
Pasaba yo por allí, me topé por casualidad con la portada de ese periódico y la del de la competencia. Regresé la mirada al frente, seguí mi camino, y no dije nada... pero apenas había dado unos pasos cuando algo se movió dentro de mí, y decidí decir algo. (Ojalá aquella mañana la corriente hubiera estado cortada y no se hubiese encendido la bombilla.  O no ¡?).
A la izquierda, portada de Diario Jaén. Foto a cinco columnas sobre el pasacalles de Carnaval de la noche anterior. Realizada por su fotógrafo, Poyatos, me pareció una imagen imposible de haber capturado yo en caso de tener que hacerlo. "Si mi jefe me encarga una foto del tema, seguro que yo hubiera hecho la misma que Lorena. Seguro". Fue mi pensamiento, surgido sin reflexión alguna, nada más ver las dos portadas. Lorena, plumilla del Diario Ideal, que cubrió el Carnaval como redactora pero también con ese plus que le piden ahora (portada de la derecha, con foto también a cinco columnas).
Como yo hubiera hecho, insisto, lo mismo que hizo Lorena, y gustándome más la otra foto porque la hizo una persona que se dedica a eso, se me ocurrió aprovechar el ejemplo para criticar el recorte en personal de una empresa, entendiendo que si dejamos cada asunto a cargo de alguien experto en la materia, el resultado será siempre -por definición- de mayor calidad. Es como si a Poyatos le hubiese dicho su jefe que, entre foto y foto, tomara también alguna notilla para elaborar la crónica del día siguiente; seguro que hubiera salido del paso, pero Lorena lo hubiera hecho mejor (sin querer ofender a nadie).
Llevado por lo irreflexivo del momento, decidí sobre la marcha usar los siempre complicados y peligrosos (vaya que sí!!) 140 caracteres de twitter para hacer oír mi postura reivindicativa a favor de la profesión periodística. Pero se ve que estoy un poco -o un mucho- oxidado porque el mensaje que he transmitido, o al menos así han entendido muchos, es que para mí Lorena es una pésima fotógrafa. 
¡¡Joder!!
Ni de lejos, lo que pretendía. Y no os creáis que la cosa ha sido leve. Me ha llovido tela, y tirando a matar.
Reconozco que desde que estoy centrado en labores deportivas he perdido cierto contacto con ámbitos y realidad de la profesión en la ciudad y en la provincia, pero este incidente me ha hecho ver que debo volver a la senda de siempre. Y así lo voy a hacer. El compromiso está ya asumido.
Pero, volvamos a lo que íbamos.
Parece ser, por lo que he leído en lo que me han disparado, que el debate no es simple en torno al tema. Al parecer, hay miembros de la propia profesión en Jaén que están poniendo a parir a los redactores de Ideal por usurpar el trabajo de los fotógrafos. Por lo visto, las críticas son muchas, fuertes y directas... y en este contexto ha aparecido el tweet de uno que pasaba por allí... con una intención que se entiende al revés, y que hace que se lleve todos los palos, los propios y los que estaban agazapados en espera de una oportunidad para salir del armario.
Planteado el debate, y llegados a este punto, viene que ni a pelo la Tesis Doctoral en la que trabajo desde hace unos años -parada actualmente por desgracia y por falta de tiempo-, y cuyo tema es la censura en los medios de comunicación actuales; y no me refiero a censura en países lejanos, sino en aquellos que conforman el denominado Primer Mundo, España entre ellos.
Entiendo que la censura existe, y uno de los argumentos que uso en mi planteamiento es la existencia misma en la Constitución de la Cláusula de Conciencia. Indico textualmente que "la única vía que se articula para evitar la presión hacia el periodista es que, en caso de que éste se sienta acosado, puede denunciar la situación y ganar en los tribunales una indemnización económica por despido improcedente (en eso consiste la cláusula de conciencia). Una idea quizá válida en otra época, pero totalmente insuficiente en el contexto mundial actual donde un puesto de trabajo es la prioridad de cualquier persona, y lógicamente resulta muy difícil que un periodista opte por dejar su puesto de trabajo -salvo las grandes estrellas con sueldos estratosféricos y que, por supuesto, no tendrán problemas para encontrar otro lugar donde seguir ejerciendo su labor- por defender el bello principio de la independencia. No obstante, y si se diera el caso, la ley contempla, como decimos, el despido por lo que el periodista habrá sido honesto y fiel tanto a sus principios como a su profesión y a sus lectores, pero no conseguirá más que marcharse a su casa sin haber publicado lo que quería, ya que es la empresa la que tiene la última palabra sobre lo que se publica, o no". (Defendí el Diploma de Estudios Avanzados -antigua tesina- el 2 de febrero del año 2010, obteniendo una nota de sobresaliente).
¿Qué pueden hacer los lorenas, liébanas, pastores, povedas... si sus jefes les dicen que, además de escribir, a hacer fotos? ¿Decir que no y verse en la calle como los francis?. Hoy he estado en un acto, y el fotógrafo de un periódico, haciendo de redactor, ha puesto la grabadora mientras el político de turno hablaba. ¿Tendría que haberlo crucificado por defender su puesto de trabajo?. La ley "pagar la hipoteca" es mucho más fuerte que la cláusula de conciencia.
La profesión periodística hace tiempo que alcanzó una situación límite en nuestra provincia, y ahora anda por derroteros esperpénticos. No sé muy bien qué debemos hacer para que la cosa no degenere más, pero sí tengo claro que la solución no es matarnos los unos a los otros como lamentablemente hemos hecho siempre porque, recordemos, esto no es de ahora.  
Un saludo y mi máximo apoyo (a todos) de uno que pasaba por allí, del último mono que sin buscarlo ni quererlo se puso el primero, y ahí le pusieron un ojo morado. 


2 comentarios :

José liebana dijo...

Sinceramente, José Amador Cámara, no sé qué tiene que ver nuestra situación con la censura, ni por qué particularizas. Las opiniones son libres, faltaría más, pero cada uno decide transitar por la calle que elige. No pasaba por allí. Si vas a retomar tu tesis sobre la censura, mi opinión es que hables primero de la que mejor conozcas.

José Liebana, redactor de Ideal

Amador dijo...

Una lástima que siga sin entendérseme. Aunque ahora el problema no está en lo que digo, sino en cómo lo entiende quien lo lee. Ahí ya no puedo hacer nada.