jueves, 3 de diciembre de 2009

Objetivo Florencia (VI): casi lo logro

video

DOMINGO, 29 DE NOVIEMBRE DE 2009

Los pocos segundos de duración que tiene el vídeo de arriba representan el momento culminante a un duro y sacrificado plan de entrenamiento que se ha prolongado durante prácticamente cuatro meses, y que ha supuesto el recorrer casi 900 kilómetros de los más de 1.600 kilómetros que me he pateado desde el uno de enero hasta el pasado domingo, 29 de noviembre. Se trata del instante en el que cruzo la meta y concluyo mi participación en el maratón de Florencia (soy el de la gorrilla negra con cinta con los colores de la bandera de España, vistiendo igualmente mi habitual camiseta rosa de la Asociación Deportiva Maratón Jaén).
A ese instante se reducen horas y horas de correr (muchas de ellas en momentos tan intempestivos como las cinco y media de la mañana por el Bulevar, o las once de la noche en la Salobreja), múltiples sesiones de gimnasio (bajo la sabia supervisión de Diego, del Athenas), y periódicos masajes de recuperación de alguna lesión o simplemente de descarga (siempre de las impresionantes manos de Pilar, de la clínica Massada).
El tiempo final empleado en recorrer los 42.195 metros de que consta la prueba fue 3 horas 33 minutos 40 segundos. Es decir, no logré el objetivo de bajar de las 3h30'. Me quedé a las puertas, y de hecho mantuve el ritmo medio deseado de 5 minutos el kilómetro hasta el kilómetro 40. Finalmente, 5'04'' el kilómetro, a un suspiro de los 5'00'' fijados de antemano, y aunque pueda parecer una tontería, me fue imposible abordar la marca. En cualquier caso, estoy tremendamente contento ya que he rebajado en casi 20 minutos mi marca personal en la distancia.
Punto y final a un proyecto que sin lugar a dudas ha merecido la pena pues, pese al gran sacrificio que exige el entrenamiento para abordar una carrera de este tipo, ha sido una gozada correr la prueba rey del atletismo en una ciudad como Florencia, junto con otras 10.000 personas aproximadamente, con una organización exquisita, y el entorno de una de las ciudades renacentistas más bonitas del mundo, si no la más; nunca podrá borrar de mi mente momentos como la salida desde la Piazzale Michelangiolo; o el paso -en el kilómetro 28- por la catedral, en la Piazzale del Duomo, con una impresionante multitud animando a reventar que, pese a que las fuerzas empezaban ya a flaquear, casi te llevaba en volandas; o el pasar junto al Ponte Vecchio; o el cruzar el fiume Arno; o la llegada a la meta, con alfombra azul incluida, en un marco tan espectacular como la plaza de la Santa Croche.

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