sábado, 18 de enero de 2014

Cumpleaños no feliz

Hay por ahí un dicho popular que indica que el tiempo pone a cada uno en su sitio. Y eso es lo que parece haberle pasado al "Plan Activa Jaén Siglo XXI". Ayer, 17 de enero, fue su cumpleaños, y no se acordó ni el Tato. 
Sí, sí. Tal día como ayer pero del año 2006 el entonces presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, venía a Jaén para presentar ese huracán de aire fresco y millones de euros que iba a dar un impulso a la provincia que no la iba a conocer ni la madre que la parió. Por supuesto, no son palabras textuales de Zapatero, pero la sustancia de lo dicho sí que es idéntica a esto que os digo.
Sabéis que yo fui uno de los más incrédulos del planeta con este plan. Entonces pensé que era el "Timo Jaén Siglo XXI", y aún hoy sigo creyéndolo. Y creo, como dice la sabiduría popular, que el tiempo ha puesto a cada uno en su sitio porque, pese a ser el cumpleaños de un evento tan importante, no he visto por ningún lado que nadie se acuerde de él, ni siquiera por casualidad. O se han acordado, pero han preferido no removerlo porque igual les da algo de apuro que aquello que se vendió tan a bombo y platillo resultó finalmente un fiasco. Creo que tanto silencio así lo indica, o al menos a mí me lleva a esa deducción.
Cumpleaños Infeliz, por tanto. A mí no se me olvida. No os preocupéis que cada año os lo recordaré, y volveré a hacer la pregunta que tantas veces hice en su día, y que nadie me contestó. Ahí va: ¿Los miles de millones de euros que se dijo se iban a invertir eran los mismos que ya se venían invirtiendo en Jaén pero a partir de ese momento bajo el epígrafe del Plan? ¿O por el contrario era un plus, un extra a sumar al dinero que ya venía invirtiendo?.
Sigo esperando la respuesta. Y ahora, pasados los años, seguro que se puede argumentar con los presupuestos de antes, de durante, y de después del Timo, perdón, del Plan.
¡¡¡Infelicidades!!!

jueves, 16 de enero de 2014

Memoria no me falta

Estos últimos días en los que se ha hablado tanto de ese veto a varios periodistas/medios de comunicación españoles en la visita de Rajoy a Obama he sentido un cierto cosquilleo en el estómago. 
Así ha sido por el hecho de que me acordaba -difícil que se me olvide- de que llegaba el día de hoy: 16 de enero. No lo digo por la San Antón, sino porque tal día como hoy pero hace once años (es decir, en 2003) viví uno de los momentos más "exóticos" que me ha tocado protagonizar desde que soy periodista. Fue el 16 de enero del año 2003 cuando el entonces candidato del PSOE de la capital a la alcaldía, Marcos Gutiérrez Melgarejo, me echó de una rueda de prensa que había convocado pero a la que, al parecer, el medio en el que yo trabajaba (y aún hoy sigo haciéndolo), Ondajaén RTV, no era bienvenido.
No lo hizo directamente, sino a través de su entonces responsable de prensa, quien creo que también pasó un mal rato la pobre Isabel. Pero lo cierto es que tanto un servidor como mi compañero Cristóbal (operador de cámara) tuvimos que marcharnos porque así lo quiso quien convocó la rueda de prensa.
Triste episodio en el currículum de aquel presunto demócrata, y triste episodio para la profesión en la provincia de Jaén porque fueron pocos, muy pocos, quienes alzaron su voz contra aquel acto..... (mejor dejo que lo califiquéis vosotros mismos).
Once años, once de aquel derroche democrático. Lo mejor es que después de perder las elecciones, mi poco amable anfitrión pasó a ocupar una plaza en el Consejo del Reino de Chaves. ¡¡Ahí es nada!!.
Espero que le fuera mejor.
P.D. Quien olvida su pasado está condenado a repetirlo.

domingo, 5 de enero de 2014

Aquí, un aspirante a cientounero

Esta mañana he hecho efectiva mi inscripción a los 101 kilómetros de Ronda. Sí, sí, correr a pie 101 kms. ¡Qué barbaridad!, ¿verdad?.
Siempre me pareció de locos hacer una cosa así, pero también me ocurrió con la maratón (42,195 kms), y ya llevo ocho. Pues ahora ya tengo mi plaza para el reto deportivo más importante que he afrontado en mi vida.
Ya habrá tiempo de planificar el entrenamiento, las zapatillas, ropa, material necesario, estrategia de carrera, etc, etc, etc. Ahora mi objetivo es no pensar demasiado en lo que tengo por delante porque si cuando concluyo un maratón estoy medio muerto, en Ronda deberé acabar un maratón, un segundo maratón, y de postre una media maratón. ¡De locos!.
Conseguir el dorsal ya ha sido un éxito. Ahora habrá que ilusionarse con los preparativos del gran día, y después a intentar acabar; porque ese es el objetivo: llegar a la meta dentro de las 24 horas que la organización (la Legión) da de plazo a los participantes.
Aquí, un cientounero, o mejor dicho, un aspirante. La suerte está echada. 

miércoles, 1 de enero de 2014

¿Quiénes son los marcianos?

Siempre he sido seguidor de Javier Sardá, de ahí que cuando alguien me habló de un libro titulado Crónicas Marcianas, no me resultó extraño. Sí me pareció raro que la iniciativa de un regalo así llegara de parte de Cristina. ¿La misma que me sorprendió con libros como El lobo estepario o Las voces del desierto...?.
A priori no me cuadraba, pero todo me fue más normal cuando tuve en mis manos el pequeño ejemplar. Se titulaba Crónicas Marcianas (Minotauro. Barcelona. 2013. Octava edición. 262 pgs) pero su autor no era Sardá ni se trataba de una especie de memorias televisivas o algo así. Ni por asomo. Libro escrito por -un desconocido para mí- Ray Bradbury que, como os podéis imaginar, nada más que por el título, ya me tenía ganado como lector. Ahora tenía que hacerlo página por página. Y la verdad es que lo consiguió pronto, con solo leer la contraportada y saber su argumento: la colonización del planeta Marte por parte de los humanos.
¿Habéis imaginado alguna vez cómo podría ser algo así?. Hoy igual lo tenemos más fácil, pero la primera edición de The Martian Chronicles (título original) es del año 1946. Se trata, por tanto, de un libro encuadrado dentro de la temática de ciencia ficción, pero yo iría más allá; quizá no estaría mal ubicado en una estantería del esperpento.
Bradbury sitúa la acción en el lejano año de 1999 (recuerdo que él escribe en 1946), y a partir de ahí nos va ofreciendo numerosas perspectivas de cómo puede ser esa colonización del planeta rojo por parte de una humanidad que es especialista en cargárselo todo. Historias que a priori me parecen absurdas, sin demasiado sentido, ¿escritas algunas por un niño y para un niño?, con argumentos imposibles, increíbles... claro, es que estamos ante un libro de ciencia ficción.
Historias ordenadas cronológicamente pero sin aparente conexión entre ellas, quizá incluso mal compuestas, historias locas, pero que al final, cuando realizas una visión general del libro te das cuenta de que lo que parece una cosa es realmente todo lo contrario.
¿Estamos realmente ante ciencia ficción o ante un acercamiento, íntimo en ocasiones, a esta loca humanidad del año 1946, pero que no es muy diferente de la de 2014?.
Una última cuestión: ¿quiénes son los marcianos?.



viernes, 15 de noviembre de 2013

Objetivo Valencia (I): las zapatillas

Hacía tiempo que no afrontaba los días previos a mi participación en un maratón. Vamos, un año. Desde el de Ámsterdan de octubre de 2012. Lo intenté esta pasada semana en Langreo, Asturias, pero lo suspendieron dos días antes, por lo que se vino a bajo mi plan de correr dos maratones al año.
Pero bien está lo que bien acaba, y pasado mañana afrontaré la jornada final de mi último plan de entrenamiento que comenzó hace 17 semanas, y para el que ya está "todo el pescado vendido".
Como digo, han sido 17 semanas entrenando una media de cuatro días a la semana, y en los que he recorrido entre entrenos y pruebas oficiales 879 kilómetros desde aquel ya lejano y caluroso 22 de julio. 
Ha sido un plan para intentar devorar los 42,195 kilómetros en tres horas y quince minutos, aunque no sé si va a poder ser. Ha habido bastantes días sin poder cumplir el plan porque esta frenética vida laboral, educativa, social... que vivimos, por lo que el objetivo es bajar de las tres horas y media.
Mañana partiremos para tierras valencianas, y confío en que la cosa vaya bien independientemente del tiempo que realice. Sí estoy un tanto a la expectativa con mis nuevas compañeras de viaje. Tras mucho tiempo alternando marcas de zapatillas Saucony, Joma, Brooks y New Balance (mis favoritas), en esta ocasión voy a probar con una marca nueva para mí: K-swiss. Son americanas, y he adquirido el modelo Keahou II. Me llegaron hace unos días, e hice algo raro en lo que es costumbre en mi pues las estrené en ese mismo día. He recorrido con ellas 60 kilómetros, suficiente para que no sean nuevas el día de la carrera, pero también evitando usar unas zapatillas excesivamente cascadas.
Se trata del modelo más duro y ligero de cuantos he usado hasta ahora. Es una prueba con la confianza de que mi peso siga bajando hasta alcanzar los niveles previstos de cara al maratón de Sevilla (próximo mes de febrero) y los 101 kilómetros de Ronda (mayo de 2014), las siguientes pruebas de caché en las que pretendo participar.
Lo dicho, la suerte está echada para Valencia. Que San Modesto nos acompañe.
Os mantendré informados.

sábado, 31 de agosto de 2013

Ricos vs pobres

Corre el año 2159 y la tierra está superpoblada, prácticamente en ruinas, es un auténtico desastre, por lo que los adinerados han construido su propia estación orbital para mantener los niveles de vida y bienestar que no pueden conseguir en el planeta.
Arriba, los ricos; abajo, los pobres. A partir de ahí la cosa parece clara. Los de abajo quieren ir arriba, y los de arribe buscan mantenerse a salvo de los miserables de abajo.
Ese es básicamente el argumento de Elysium, película que resulta entretenida e inesperada en algunos momentos, con un importante despliegue técnico y efectos especiales, pero muy previsible, quizá en exceso por lo que en ocasiones resulta hasta aburrida.
Debo reconocer que uno de los elementos que me llevó a aceptar ir al cine para verla (ni que decir tiene que yo no la elegí sino los adolescentes que iban en el grupo) es el hecho de que entre su reparto se encuentren Matt Damon y Jodie Foster; quienes, sin embargo, realizan un papel en el que perfectamente podía haber cumplido cualquier otro actor de medio pelaje. Entiendo que están ahí con el único objetivo de atraer público.
En fin, película entretenida, de cierta originalidad, conteniendo incluso algún mensaje para quienes habitamos hoy la tierra -aunque pasa prácticamente desapercibido-, pero que yo optaría para verla a esperar a que saliera en el cineclub.

miércoles, 7 de agosto de 2013

¿La habrá peor?

No tengo intención de gastar ni un segundo más del necesario ni una línea más de la imprescindible para hablar sobre una de las películas más malas que he visto en mi vida. Y eso que no soy, ni mucho menos, muy exigente.
No salvo nada ni a nadie.
Recomiendo encarecidamente NO ir a verla.

jueves, 18 de julio de 2013

Todo empieza al final

No estoy acostumbrado a este tipo de películas. Y la verdad es que se agradece. Veo en La vida de Pi una especie de soplo de aire fresco ante tanto mal rato que he pasado entre vampiros y hombres lobo, dibujitos y películas de ciencia ficción a las que no hay más remedio que ir porque en esta sociedad en la que nos movemos son ellos quienes mandan, los pequeñines de la casa; eso condiciona todo, y especialmente qué películas ver en el cine.
Por cuestiones que no vienen al caso, ayer tuve la oportunidad de ir sin la chiquillería, y el Cine de Verano de La Alameda ofrecía la opción de ese chaval que protagoniza una original aventura que le lleva a compartir, tras el naufragio del barco en el que viaja, bote salvavidas con un tigre de Bengala. Reconozco que fui casi a regañadientes, porque era la opción menos mala de las barajadas, e incluso en alguna ocasión anterior evité ver esta película porque no me transmitía buenas sensaciones. Sin embargo, y tras verla, compruebo que mi olfato sigue siendo poco fiable para estos asuntos.
Película de duración excesiva, quizá porque se pierde mucho en el inicio, se centra en la vida de un chaval indio (de la India), Pi, que él mismo va contando su aventura a un escritor en busca de inspiración.
Como he dicho antes, tras el naufragio del barco en el que viaja, es el único superviviente junto con un tigre de Bengala que formaba parte de los muchos animales que su padre tenía en el zoo familiar, y que tenía intención de trasladar a Canadá para empezar de nuevo.
227 días pasa Pi en alta mar con la única compañía del felino, el cual le mantiene despierto su instinto de supervivencia, además de tener que buscarse la vida para comer, beber, protegerse del sol, de la soledad... para sobrevivir.
Esta es la historia que vemos en primer plano, aunque detrás hay más, mucho más, aunque no estoy seguro qué; quizá paciencia, búsqueda personal, religión, familia, Dios, perseverancia, fe...
Ya digo que la película se hace larga y en ocasiones pesada, pero en el momento de acabar es cuando realmente empieza. Las últimas palabras de Pi incitan al público a pensar, a replantearse el verdadero sentido de la cinta. Hacía tiempo, años, bastantes, que no salía yo de una sala de cine pensando y discutiendo sobre el mensaje que intentaba transmitir la película, y lo mejor es que todo el mundo a mi alrededor estaba en la misma posición.
¿Sabéis qué?... Que todavía sigo en ello. Igual la veo otra vez.

lunes, 15 de julio de 2013

Límites un tanto lejanos

Hasta que hace unas semanas una amiga me regaló No sé dónde está el límite, pero sí sé dónde no está (Josef Ajram. Alienta. Barcelona. 2012) no tenía ni idea de quién era su autor, ni lo que intenta representar.
Se trata de un corredor de bolsa poco habitual ya que, además de salirse de la hortodoxia por un cuerpo casi completamente tatuado -que seguro canta en el parqué-, en sus ratos libres se dedica a practicar deporte extremo centrado básicamente en correr, nadar y pedalear largas distancias, y en la mayoría de las ocasiones mezclando las tres disciplinas.
Ajram es todo un símbolo de lo extremo y, como él mismo intenta explicar en este libro, de la búsqueda de los límites del cuerpo humano, o mejor dicho de su cuerpo y su mente. Su filosofía de vida es la que se desprende del título mismo del libro, esto es, afrontar pruebas casi imposibles para llevar los límites conocidos un poquito más allá, y si en alguna ocasión no se consiguen superar -como de hecho le ha ocurrido-, volver a intentarlo hasta que se venza el reto.
Debo decir que se trata ésta de una obra cortita -133 páginas-, fácil y amena de leer, y también atractiva porque desde el primer momento no solo te metes en el personaje sino que vas viviendo casi en primera persona todas y cada una de sus locuras.
Encomiable el pensamiento -creo, más incluso que el cuerpo- de este hombre, porque aquí no sólo nos hace disfrutar sino también sufrir, y de qué manera. Enhorabuena por estos principios y valores que arrancan de la práctica deportiva y que, según nos cuenta y no tiene por qué mentirnos, también aplica al resto de los ámbitos de su vida.
Hasta aquí, lo bueno. Pero también debo reconocer que tras finalizar la lectura y también mientras recorría las 133 páginas, me he sentido un tanto desencantado. Digo esto porque la experiencia de Josef la siento demasiado lejana; no me identifico con él ni de lejos. Cada año intento participar en dos maratones (distancia oficial de 42.195 metros), y entre ambos bastantes carreras de menor pelaje (5, 10, 15, 21 kms...). El año que viene afrontaré el reto de los 101 kms de Ronda (si no me rajo), y si un maratón me resulta  un esfuerzo excesivo, ¿qué decir de Ronda?. Hablo como runner aficionado, aunque también con cierta preparación pese a que mis tiempos son más bien perrilleros
Viene todo esto porque el entreno (incluido gimnasio cuando puedo) y la competición la hago compatible con mis ocho horas de trabajo diarias, los quehaceres familiares, algún estudio que otro que tengo por ahí, otras aficiones que me ocupan mucho tiempo.... Necesitaría días de 24 horas para atender todo lo que me gustaría, además de verme muy limitado a la hora de competir porque no se puede ir allí a donde desearía por cuestiones meramente económicas. Esto del correr es una afición, y viajar, equiparte a la última, tecnificarte, alimentación exclusiva... todo eso vale pasta, mucha pasta, y no puede ser. Por tanto corro en unas condiciones ciertamente limitadas, muy limitadas, nada que ver con lo que ocurre con Ajram quien, pese a no ser profesional, tienen patrocinadores suficientes y su trabajo en la bolsa le reporta bastantes recursos económicos como para poder disponer de un jet privado en alguna ocasión, contar con nutricionistas solo para él, entrenadores, mecánicos, así como poder viajar por todo el mundo, utilizar el equipamiento último desarrollado para cada disciplina, etc, etc, etc.
Cierto que, como él mismo dice, no es profesional, pero la aventura de su vida ha alcanzado una dimensión cuyo éxito ya lo quisieran para ellos quienes actualmente ostentan cualquier récord del mundo en cualquier disciplina deportiva que no sea el fútbol, el baloncesto, la fórmula 1 y cosas así.
En cualquier caso, creo que No sé dónde está el límite pero sí dónde no está es una lectura recomendable no sólo para deportistas, sino para todos aquellos que alguna vez en su vida -quién no- se hayan encontrado con un fuerte obstáculo que superar. Josef Ajram nos da las claves para que esa montaña se convierta en apenas un grano de arena.

domingo, 14 de julio de 2013

Pero acero del bueno, bueno

Tengo que reconocer que no sé si me ha gustado, o no, la enésima versión de Superman que llega al cine. Hace unos días fui a ver la película que se exhibe bajo el nombre de El hombre de acero. Y digo que no sé si me gusta o no me gusta porque hay cosas que encuentro muy interesantes, pero otras que me chirrían bastante. 
Vayamos por partes.
Me resulta atractivo que hablemos de un remake como Dios manda, es decir, cogiendo el original y mejorándolo con la evolución técnica y alguna cosilla más, pero manteniéndonos fieles a la historia inicial, entrando dentro de lo aceptable giros sobre el guión del que siempre me sentí un enamorado.
Resulta difícil competir con Christopher Reeve, no solo porque es un guaperas sino además porque fue el primero, el mítico... y eso hace mucho. Y la cosa se pone aún más difícil si citamos otros nombres como Marlon Brando (el padre biológico), Glenn Ford (el padre adoptivo) o Gene Hackman (en el papel del malísimo Lex Luthor) de aquella original del año 1978.
Pero no se trata de comparar sino de analizar el resultado de este último trabajo, y la verdad es que ninguno desmerece; Russell Crowe (como el padre biológico) y Kevin Costner (padre adoptivo) son casi una garantía de éxito, pero también me ha agradado y bastante el nuevo héroe encarnado por -para mí- un desconocido Henry Cavill que, como digo, lo hace bastante bien, y eso que le han quitado el calzoncillo rojo. ¡¡Qué tiempos!!
Las mejoras técnicas casi ni habría que citarlas, pero como en otras ocasiones han resultado casi de risa, en este caso quisiera destacar el buen trabajo realizado.
Me gusta que tengamos una especie de introducción al origen del héroe, así como que se nos contextualice su vida con continuos recuerdos a su difícil pasado de niño y de juventud. También me agrada que mantengamos al héroe anónimo, la novia-periodista...
Quizá lo que limite un poco más el desarrollo de la historia sea el hecho de que se ha querido unir en un solo largometraje las varias historias que se sucedieron en la década de los ochenta. Pero tampoco queda mal que el malo malísimo, Lex Luthor, sea sustituido por el general Zod que, proveniente de Krypton, aquí llega muy pronto, mientras en su día no adquirió protagonismo hasta la segunda parte. 
Creo que todo bastante bien, desde el principio hasta el final, pasando por el desarrollo. Solo señalar que tanta pelea entre Superman y los malos resulta un tanto hartizo, e incluso diría que irreal pese al tipo de película que es. Se dan tanta leña que este Superman está hecho de acero, pero acero del bueno, bueno.
Para intentar despejar mi duda inicial, antes de escribir este catite he decidido recordar la película de 1978, y gracias al gran Rafa Rus, anoche pude volver a verla. Las diferencias son evidentes, especialmente técnicas, pero teniendo recientes una y otra, creo que a este El hombre de acero no le queda grande una nota de notable.
Os animo a disfrutar de ella, y luego me contáis.