jueves, 11 de septiembre de 2014

Des-educación

Los políticos son, al parecer, la razón de que los estudiantes de los países nórdicos tengan tan buenos resultados en los tests internacionales que se realizan. Y lo son porque hacen de la Educación una cuestión de Estado. Eso significa que hay prioridad a la hora de elaborar las leyes educativas, donde el consenso entre los partidos políticos es obligado. Gracias a esta forma de actuar, los sistemas educativos perduran décadas, dan estabilidad a profesores y alumnos, y los resultados son los que son.
Un modelo muy diferente al de España. Aquí parece que hay prisa por llegar al poder para aniquilar la ley educativa que haya puesto en marcha el anterior gobierno, por lo que podemos contar dichas leyes casi por legislaturas. Si a eso le unimos una interpretación diferente en cada una de las comunidades autónomas... apaga y vámonos.
Viene todo esto porque mi hija de 10 años, que ayer tuvo su primer día de clase en quinto curso de Educación Primaria, volvió a casa con los libros de texto. Esos libros que paga la Administración (nosotros), que cede a los niños, y pasan de unos a otros de año a año. En teoría, existe un control exhaustivo sobre los libros, quedando patente en la contraportada de cada uno el nombre de quien los han ido usando cada año... entiendo que con el objetivo de detectar quien los pudiera haber estropeado y, llegado el momento, pedir explicaciones (que los pague, vamos).
Los libros de mi hija no es que estén un poquito estropeados (sus manos son las terceras por las que pasan), es que dan vergüenza ajena. Páginas arrancas, algunas les faltan, pintarrajeados por todas partes con profusión de aparatos reproductores masculinos, subrayados, con anotaciones, las cuentas hechas en matemáticas... Al final, nos hemos buscado la vida, hemos conseguido otros, y esos los hemos devuelto. Al parecer, me dice mi hija que a algún niño o niña le va a venir bien porque éstos (los de mi hija) no son los que peor estaban; había otros mucho más deteriorados.
¿Estamos locos? ¿Ese es el futuro que queremos para nuestros hijos? Hemos pasado de regalar ordenadores portátiles personales en los colegios a utilizar como manuales libros más propios del tercer mundo.
¿Sabéis una cosa? Seguramente sean los políticos los responsables de estas situaciones, pero creo que somos los padres, las madres... los ciudadanos quienes, con nuestra actitud de permitir tales formas de actuar, tenemos la culpa en última instancia. 
Porque esto que aquí digo sobre la Des-Educación en nuestro país lo podemos extrapolar a otros ámbitos. ¿Verdad?. Pues eso.

domingo, 24 de agosto de 2014

Bye, bye, Vietnam!!!


Dicen los entendidos que el arte de hacer reír es de los más difíciles que existe. Por eso mismo hay que valorar en su justa medida a aquellos que con su ingenio y trabajo hacen que nuestra vida sea un poquito más divertida, o al menos que encontremos esos momentos para la risa que tanta falta nos hace.
¿Habéis intentado alguna vez hacer reír a alguien? Intentadlo y veréis qué complicado. Por eso mismo quisiera dedicar este Catite a uno de los mejores actores cómicos que han existido: Robin Williams.  Nos dejó hace unos días, y el llanto fue prácticamente unánime en todo el mundo ante la muerte de uno de los más grandes.
Pero Robin Williams no solo hizo reír, sino que en su larga filmografía también hizo llorar. Es un dato más de su genialidad como actor. 
Yo no voy aquí a ensalzar su figura hasta el empalago. Simplemente quiero destacar mi admiración por uno de sus personajes y una de sus películas. Peliculón: ¡¡¡¡Goooooooooooood morning, Vietnam!!!!.
Durante varios años utilicé ese grito de guerra para abrir cada mañana el programa informativo que conduje en Ondajaén Radio. Era una forma diferente de dar los buenos días a los oyentes, y además con un gran mensaje detrás: la palabra Vietnam, con todo lo que conlleva en el contexto en el que se pronuncia, y especialmente si hemos visto la película porque en esas tres palabras se concentra todo su significado.
Quizá sea un coleccionista compulsivo de cosas extrañas, y quizá en esa afición podamos encuadrar mi búsqueda de películas sobre la radio. En Good morning, Vietnam encontramos una de las mejores, con un locutor, Robin Williams, que con la excusa de hacer reír o divertir, va mucho más allá. Se pasa tanto, que le cuesta el trabajo y casi la vida.
Si queréis entenderlo al completo, ved la película. Arriba tenéis el trailer. A ver si os engancha, y si a alguno os entra el gusanillo, no dudéis en poneos en contacto conmigo y os recomendará otros títulos de películas de radio también muy buenas.
Acabo. Robin Williams y su ¡¡¡¡Gooooooooooooood morning, Vietnam!!!! marcaron, y de qué manera, una parte de mi vida profesional; fue de las más inolvidables, tanto que su filosofía quedó impregnada en mi hacer periodístico. 
Todo un lujo haberla disfrutado. Bye, bye, Robin. See you...

sábado, 23 de agosto de 2014

Jubilaciones merecidas

Los que somos aficionados a esto del running tenemos claro que uno de los principales elementos para conseguir nuestros objetivos es contar con unas buenas zapatillas. En un primer momento no le das importancia, pero a medida que te vas metiendo en el mundillo, te das cuenta de que -como en todo- hay infinidad de posibilidades para que cada corredor, en función de sus necesidades y características, utilice la que mejor se adapta a sus exigencias.
En los muchos años que ya llevo corriendo he probado numerosas zapatillas, y aún hoy en día sigo probando marcas y modelos, aunque tengo que reconocer que siento debilidad por algunas y algunos, de ahí que casi siempre haya alguna zapatilla de mis preferidas en mi armario.
En los últimos meses he jubilado tres pares. Ha sido incluso difícil deshacerme de ellas por lo mucho que hemos pasado juntos, y lo bien que han hecho su trabajo. 
El 20 de octubre del año 2013 dejé de utilizar una de las mejores zapatillas que he usado: unas Brooks Launch (las negras con ribetes grises que podéis ver en la foto de arriba, junto a las New Balance azules). Zapatillas mixtas para corredores no demasiado pesados -entonces yo rondaba los 75 kgs-, e ideales para distancias no demasiado largas. Empecé a utilizarlas el 30 de septiembre del año 2011, y las he destinado especialmente para competiciones de hasta media maratón, y entrenamientos rápidos. En total he recorrido con ellas 805,9 kilómetros entre los que se encuentran 10 medias maratones. Por cierto, mi última carrera con ellas fue la media maratón de Jaén del año 2013.
El pasado 24 de diciembre (del año 2013) pasé a la reserva mis magníficas New Balance 1080 (las azules de la foto de arriba, esas que hay junto a las Brooks Launch negras con ribetes grises). Es mi marca y mi modelo preferidos. Para corredores de hasta 80-85 kgs, aguantan bien tanto distancias cortas como carreras más largas como el maratón. Empecé a utilizarlas el 9 de febrero del año 2012, y hasta su jubilación -el pasado diciembre- he recorrido 1.020,320 kms. Cientos de kilómetros de entreno (bastantes de entre 25 y 30 kms) en la parte final de su vida, su principal uso ha sido para correr los maratones de Sevilla y Ámsterdam, aunque también participé con ellas en una media maratón.
Las últimas que he jubilado han sido las impresionantes Saucony Triumph 9 (las de rejilla blanca y adornos verdes de aquí al lado). He de decir que son a las que mayor partido les he sacado. Recuerdo que cuando las compré eran muy caras, pero surgió una oferta en una página web de internet, y me hice con ellas pese a que me estaban un número grande. ¡¡Qué gran compra aquella!!. El primer uso se lo di el 9 de febrero de 2013, y el último hace unos días, el 12 de agosto de 2014. Prácticamente no he competido con ellas (solo una media maratón y alguna carrerilla que otra), pero en este año y medio he recorrido con ellas la friolera de 1.113,515 kilómetros; prácticamente todos ellos de entrenamiento para preparar varias maratones y los 101 kms de Ronda, es decir, que he realizado muchas tiradas cortas pero también bastantes de en torno a 30 kms.
Familiares cercanos son los principales beneficiarios de estas jubilaciones; bueno, de todas no, porque aquellas zapatillas con las que corro un maratón pasan a formar parte de mi particular museo atlético.
Tras la satisfacción del trabajo bien hecho, mis queridísimas Launch, NB 1080 y Triump 9 están ya en su segunda actividad. Modelos de garantía en los que yo, por supuesto, sigo y seguiré confiando.

miércoles, 20 de agosto de 2014

¡Jodida vida!

En los últimos años me he hartado de lamentar que a los niños, en el cole (Infantil y Primaria), no hagan más que ponerle todo fácil en exceso, realizando continuos exámenes de recuperación para quienes suspenden los controles de cada tema. Parece que el objetivo sea aprobar a toda costa.
Tampoco veo con buenos ojos que a nuestros niños del fútbol (ojo, yo soy uno de los entrenadores) los tratemos con guante de seda, mimándolos continuamente, sin exigir un esfuerzo o un sacrificio para poder jugar.
En ambos casos (en el primero a los padres y madres colegas, y en el segundo también a los padres así como a los propios niños) he soltado un millón de veces el discursito -ellos los saben- de que la vida es muy jodida, y salvo rarísimas excepciones, no te ofrece segundas oportunidades. De ahí que a los niños, desde pequeños, debamos ir preparándolos para defenderse en esa jungla que es el día a día de los adultos porque, igual que en la naturaleza, esto es la ley del más fuerte. Sin embargo, digo una cosa pero luego hago la contraria. Espero no estar equivocado.
Todo esto me vino a la cabeza durante una de mis últimas visitas al cine. Fue para ver Bajo la misma estrella, y la verdad es que mis razonamientos iniciales vienen que ni a pelo.
Una pareja de adolescentes, él enfermo de cáncer y ella de algo muy raro, que se conocen, se hacen amigos, y de ahí pasan a vivir una historia de amor condicionada por sus dolencias.
A priori podríamos creer que al final la vida les sonreirá y podrán vivir felices y comer perdices. Pues no. Lo avisa la peli desde el principio. Esta jodida vida, ya lo dije antes, no suele ofrecer segundas oportunidades, y así se ve reflejado en esta película, dura por momentos, pero también tremendamente gratificante en muchos otros ya que nos permite ver lo afortunados que somos ya que, aunque no le demos importancia por lo rutinario que nos resulta, disfrutamos en nuestro día a día de cosas muy simples que para otros sería el mayor de sus deseos.
No me arrepiento de haber ido a verla, pero también reconozco que no volvería a hacerlo. Es una película para sufrir, para llorar -creo que nadie de la abarrotada sala se libró de soltar alguna lágrima-, aunque también de superación, resignación a veces, lucha continua, amor, amistad... Pero de nada sirve todo esto porque el final no es feliz sino todo lo contrario.
¡Qué jodida pero qué grande es esta vida!
Id a verla.

viernes, 11 de julio de 2014

Lucidez para el marqués

Hoy se cumplen cuatro años de aquel glorioso día en el que la selección española de fútbol ganó su primer Mundial. Una celebración que es complicada de festejar por el contexto en el que nos encontramos, esto es, eliminados de la siguiente Copa del Mundo a las primeras de cambio (quizá porque San Benito ha estado esta vez de vacaciones).
Nunca me gustó Del Bosque como entrenador. Un amigo mío reduce el asunto al hecho de que el marqués es un mal entrenador pero un buen gestor de vestuarios. No sé yo si la cosa es así de simple, pero hay varios elementos en los que sustento mi tesis. Por ejemplo, aquella época en la que en este país era una tragedia el que no hubiera centrales para la selección porque se había lesionado Pujol; casualmente un tal Mourinho puso en esa posición a su lateral derecho (Sergio Ramos), el mismo que fue utilizado después, y con gran éxito, por Del Bosque en el combinado nacional. También podría servir el hecho de que Vicente siempre ha ido a muerte con su sistema, el mismo que utilizaba el FC Barcelona, y aunque triunfó hace cuatro años, ahora se ha caído con todo el equipo cuando, casualmente, también han naufragado los catalanes.
Acabo mis ejemplos con ese partido ante Chile, el último de la primera fase del Mundial, donde España iba perdiendo, estaba fuera, necesitaba cambiar, pero Del Bosque hizo lo mismo que hace siempre, y que hubiera hecho si, en vez de ir perdiendo, hubiera ido ganando, esto es, cambiar a los de siempre por los de siempre.
No digo que el sistema de Del Bosque sea malo -ganó un Mundial y dos Eurocopas-, ni la forma de actuar -me encantó aquello de que "a veces lo más injusto es tratar a todos por igual", pero confío en que lo ocurrido en Brasil le sirva para aprender de cara al futuro.
Creo sinceramente que Vicente es la persona más indicada para seguir al frente de la selección, y seguir gestionando el banquillo de la forma que lo ha venido haciendo hasta ahora. Lo que pasa es que también confío en que además de ese carácter simpaticón, haya adquirido un puntito de mala leche, así como la... gallardía para tomar decisiones arriesgadas en momentos límite. Y es que en esto del fútbol, como en la vida misma, poco se ha escrito nunca de cobardes, salvo cosas malas.
Por tanto, en el día de San Benito, y cuando nuestra estrella cumple cuatro años, deseo lucidez para el marqués.

lunes, 23 de junio de 2014

Sigo esperando

Suele pasar que las mayores decepciones llegan de las más grandes expectativas que no se han visto cubiertas. Eso es, más o menos, lo que me ha pasado con La vida a veces (Carlos del Amor. Espasa. Barcelona, 2013. 246 pgs).
El autor es uno de los mejores que hay en este país en lo que a información televisiva cultural se refiere, habiendo creado su propio estilo a través de las noticias que nos ofrece en su trabajo como reportero de TVE. No voy a ocultar que para mí es uno de los pocos referentes que encuentro en nuestro país, no ya desde un punto de vista cultural, sino periodístico. Ha realizado trabajos antológicos (insuperable aquel resumen cultural del año que comenzaba con la chica de un cuadro leyendo un libro, y acababa... de película!!!), y por eso mismo tenía muchísimas ganas de poder disfrutar de su incursión en la escritura. Es más, deseaba que lo hiciera.
La vida a veces es esa primera obra de Carlos del Amor que tantos esperábamos, pero que, siento decirlo, no me ha gustado. Tenía ganas de que este contador de historias me hipnotizara como suele hacerlo con las piezas de televisión; esperaba ansioso su salto al papel, e incluso especulaba sobre cuál podría ser el argumento, de qué manera podría sorprender, cómo materializaría en las hojas de un libro esa forma diferente que tiene de hacer lo audiovisual.
Esperaba una gran historia, y me he encontrado con 25... por no decir más. El propio libro recoge en su contraportada que "La vida a veces son historias en las que los protagonistas son los detalles, las cosas pequeñas que no aparecen en los grandes titulares de los periódicos". Y así es. Se trata de una especie de darle protagonismo a esa historia modesta de nuestro país que está conformada por tantos millones de personas que nunca serán noticia, pero que tras ellos está la historia más importante: la suya.
Nunca me han gustado los libros que son recopilación de artículos ya publicados en prensa, revistas, etc. Y me dio la sensación de que eso era lo que tenía entre mis manos. No es así porque hablamos de historias creadas para la ocasión, pero ya empezábamos mal. Y seguimos peor cuando el propio autor utiliza el viejo truco de contar cómo no le llega la inspiración para perder su virginidad escritora, pero que acaba finalmente encontrándola precisamente así, con la fórmula de escribir muchas pequeñas historias que conformarán el libro deseado.
Yo no he encontrado ese libro sino 25 microlibros. Reconozco que hay historias espléndidas, que no solo captaron mi atención, sino que algunas me absorbían tanto que me impedían continuar la lectura de la siguiente porque no hacía más que pensar y sacar punta a lo ocurrido en la anterior. Cuando eso sucedía no había forma de seguir leyendo. Era obligado parar, reflexionar, y esperar a la noche siguiente para continuar. En otras ocasiones podía devorar varias historias seguidas porque no me llegaban. Es lo que ocurre con este tipo de libros.
Al final veo que Carlos del Amor ha hecho lo que sabe hacer: piezas de televisión pero a papel. Por eso sigo esperando su debut como escritor. Y le doy mi idea: como She pero más grande. Sería grandioso.

lunes, 5 de mayo de 2014

Objetivo Ronda (IV): Salvado por la campana


Finalmente he conseguido arreglar el problema (problemón) que tenía con las zapatillas para correr, dentro de cinco días, los 101 kms de Ronda. Ya os conté antes de ayer que me veía obligado a buscar otras una vez comprobado que las compradas para la ocasión (Salomon Crossmax 2) tenía que desecharlas dado que, aunque eran mi número, me quedaban pequeñas dadas las características de una carrera de montaña.
Me daba rabia porque no os creáis que la adquisición de las Salomon fue fácil y rápida. Todo lo contrario. Busqué unas adecuadas para la ocasión, en oferta, que fueran bonitas... y eso durante bastantes semanas. Una vez compradas y en mi poder, creía que la decisión era la correcta. Había merecido la pena tanta complicación.
Por eso, por lo mucho que me calenté la cabeza, me había desesperado ciertamente una vez que, en una semana, tenía que hacer lo mismo. Demasiadas aperturas, pensé, pero finalmente la cosa ha salido bien. He mirado hasta casi debajo de las piedras, y finalmente las he comprado en Deportes Olimpo (Granada): se trata de unas New Balance 1210 Leadville.
Las encontré el mismo viernes a última hora de la tarde casi por casualidad, y cumpliendo  los diferentes condicionantes que me había impuesto: en un lugar al que poder acceder para que me llegaran con el tiempo suficiente como para poder domarlas antes de la prueba; a un precio razonable; que fueran de mi número y un poquito más grandes para evitar los problemas de las Salomon; y que se tratara de un modelo adecuado. Todo se cumplió.
El mismo sábado estaban en mi poder; me quedan que ni pintadas; ayer mismo las probé en la carrera de Salobreña; y aunque el precio no es el ideal, se puede hacer un pequeño esfuerzo dadas las circunstancias.
Y lo mejor es que pueden ser una señal. No sé si habéis leído El Alquimista, de Paulo Coelho. Es un libro en el que el autor defiende que el Universo conspira continuamente para que cada persona consiga lo que desea, o alcance aquello para lo que está predestinado. Pues bien, mi marca favorita para correr es New Balance; este modelo (1210 Leadville) es el primero que busqué cuando afrontaba la adquisición de unas zapatillas para Ronda, pero eran demasiado caras, carísimas, y las ofertas que me llegaban también se disparaban de presupuesto. Pues bien, ahora, dos meses después, a una semana de la carrera, in extremis... algo o alguien o no sé qué han hecho que lleguen a mis manos. ¿Es una señal?. No lo sé pero lo cierto es que me siento salvado por la campana.

sábado, 3 de mayo de 2014

Objetivo Ronda (III): A una semana... problemas


Dentro exactamente de una semana estaré por esa serranía malagueña de Ronda participando en la prueba más dura y complicada a la que me he enfrentado: los 101 kms organizados por la Legión.
Desde que conseguí el dorsal, tres minutos después de que se abriera el plazo de inscripción, me he sentido un afortunado porque son miles los que se han quedado sin él, de ahí que valore justamente la suerte que tengo de participar, pese a que la exigencia va a ser máxima.
Nunca había participado en pruebas de montaña, y desde que confirmé mi participación en Ronda, he buscado entrenos por carriles, y también competir en alguna carrera de este tipo como fue la subida al santuario de la Virgen de la Cabeza.
La ilusión es mucha, también la preparación -física y psicológica-, al igual que la ilusión de ir acopiando el material necesario: camiseta para la ocasión -imagen del carnero incluida-, gorra con cortinilla regalo de mi cuñado el granaíno, mochila, aplicación gps para el iphone, dos pares de medias, camiseta manga larga para las horas de carrera nocturna, frontal para correr en la oscuridad -hoy precisamente me he levantado a las cinco de la mañana para probarlo por la vía verde, y es difícil correr así-, estrategia a seguir en la carrera en lo que a alimentación se refiere (no faltará el bocata de jamón)...
Como digo, mucha ilusión en todo, y muchas horas de dedicación.
Pues bien, cuando prácticamente ya está todo el pescado vendido, me surgen los problemas con el -quizá- elemento más importante que debo tener en cuenta: las zapatillas.
Hace un par de meses me compré unas zapatillas para la prueba: Salomon Crossmax 2. Una marca fuera de toda duda, y un modelo que, según lo que he leído, me puede venir bien. Desde que me llegaron en marzo, y hasta hoy mismo, he recorrido con ellas algo más de 155 kilómetros tanto entrenando como en competición. La cosa ha ido bien, o al menos así creía yo. Las zapatillas me están bien, son mi número, pero para esto de la montaña, y teniendo en cuenta las muchas y pronunciadas bajadas que hay, es aconsejable calzar unas zapatillas un poquito más grandes de lo habitual.
Como consecuencia de participar en la subida al Santuario de la Virgen de la Cabeza (21 kilómetros), perdí la uña del dedo índice del pie derecho (lo tengo más grande que el izquierdo, no sé por qué. Al parecer, se llama pie griego. Me enteré en Ámsterdam, en una prueba que me hice de pisada. Tengo ese dedo más largo que su homólogo del izquierdo. La repercusión es medio número más de zapatillas). 
No le día importancia, y en lugar de pensar que había sido porque el calzado me queda justo para este tipo de pruebas, lo achaqué a mi debut en este terreno.
Pero el Jueves Santo hice un entrenamiento de 30 kilómetros por carriles con subidas y bajadas; una de las consecuencias es que perderé la uña del dedo gordo del pie izquierdo, así como las de los dedos gordo, índice (otra vez) y corazón del pie derecho.
Definitivamente las zapatillas me están pequeñas.
A diez días vista de la carrera, ando como loco buscando una alternativa, teniendo en cuenta que ya no hay casi tiempo para encontrar algo adecuado y adecuado. Las sensaciones son malas porque, si ya abordar 101 kms a pie es complicado, imaginaos si le añadimos algún condicionante tan importante como este.
Os dejo una foto de mis queridas Salomon. No sé qué pasará con todo esto, pero espero que, como dice Coelho, el Universo conspire para que todo me salga bien.

martes, 22 de abril de 2014

Objetivo Ronda (II): debut en El Cabezo


Sigo preparando mi participación, los próximos 10 y 11 de mayo, en los 101 kms de Ronda. Se trata de correr (algo a lo que estoy acostumbrado) pero por montaña/carriles (eso ya no lo controlo tanto). Por eso se hace necesario realizar alguna incursión en este terreno, y no dudé en elegir la subida al Santuario de la Virgen de la Cabeza como la prueba en la que perdería mi virginidad.
Fue el pasado 16 de marzo. Media maratón de montaña (21,097 kms). Y qué queréis que os diga. Me encantó.
Dado que era mi debut en la disciplina, opté por ir con un compañero más ducho en estas lides, y aunque me impuso un ritmo bastante fuerte al principio, en terreno más estable por la ciudad, pude aguantarlo aunque con cierto temor dado que después quedaban bastantes kilómetros de subidas y bajadas, y por un terreno muy poco firme.
Me sentí muy bien en esos momentos iniciales, y mucho mejor cuando nos adentramos por esos carriles y veredas que te hacen el recorrido muy pero que muy entretenido.
No se trata de coger ritmos rápidos sino más bien de poner una marcheta alegre, teniendo muchísimo cuidado con el terreno porque es muy propicio para lesionarse, y apretar los dientes cuando lleguen las cuestas arriba.
Yo tengo que reconocer que fui con los dientes prietos tanto en las subidas como en las bajadas, porque un dolor en mi cadera derecha me hacía ver las estrellas en las zonas de bajada, de ahí que rezara y me sintiera mucho más cómodo cuando había que subir.
También son muy diferentes los avituallamientos en estas carreras porque, a diferencia de las pruebas en ruta, aquí te paras completamente para disfrutar -dentro de lo que cabe- lo que te ofrece la organización. Yo lo hice así en todas las ocasiones, y la verdad es que me fue bien.
Especial recuerdo tengo de los denominados Caracolillos, una zona imposible de subir corriendo. Tocaba andar porque después quedaba más subida. Al llegar al último mirador me animé un poco porque ya conocía el terreno, y aunque iba sufriendo bastante -el mejor ejemplo lo tenéis en la foto con que ilustro este catite-, eran los momentos finales, donde más público te animaba, y no podías defraudarlos.
Cierto que la subida de la calzada es terrible, y casi a punto estás de tirar la toalla, pero aprietas más aún -si cabe y puedes- los dientes para subir corriendo. Así lo hice, y al cruzar la meta sentí un alivio difícil de expresar con palabras.
No está mal esto de correr por montaña. Espero que estas buenas sensaciones se mantengan.... al menos, hasta Ronda.

viernes, 7 de marzo de 2014

Objetivo Sevilla (I): la crónica

Hacía bastante tiempo que no sufría tanto (en calidad y en cantidad) como el pasado 23 de febrero en el maratón de Sevilla. Fue algo voluntario, cierto, pero eso no quita que durante el suplicio me plantease muchas cosas... que afortunadamente desaparecieron de un plumazo nada más cruzar la línea de meta. (Bueno, un poco después).
Durante tres meses estuve preparándome mi noveno maratón. Y además lo hacía con bastante interés porque comencé la preparación nada más correr mi octavo (fue en Valencia, en noviembre de 2013) donde, sin haberlo buscado y con un entrenamiento escaso, había bajado de las 3h30'.
Recuerdo que fue en el año 2012 cuando hice mi mejor marca en maratón. Fue precisamente en Sevilla (3h25'10''), y con casi la única preparación que fue el trabajar en la recolección de la aceituna. Esta vez no solo he ido a la aceituna, sino que además mantuve el entrenamiento fijado yendo incluso a rodar algunos días tras echar el jornal (las piernas me ardían).
Mentalmente estaba muy bien, y físicamente mejor que en Valencia (y allí hice 3h27'). 
El plan que he seguido era para bajar de 3h15', pero era consciente de que no estaba preparado para ello. Sin embargo, en estos tiempos nunca sabes muy bien cuándo estás preparado, o no; en la mayoría de las ocasiones la frontera entre el éxito y el fracaso está simplemente en tener un buen día (siempre y cuando haya base para que pueda darse ese día, y en este caso... podía ser).
Dudaba entre abordar ese ambicioso objetivo o simplemente rebajar esos 3h25'10'' de MMP. Pero me llegó una señal. Mi cuñado el granaíno, que ya ha bajado de las tres horas y que sus marcas habituales están muy poco por encima de ese tiempo, me dijo que, si yo daba el paso, él se comprometía a hacerme de liebre, llevarme en el tiempo justo (unos 4'37''/km), e intentar no solo batir sino pulverizar mi marca.
¿Una rebaja de 10'?. Parece mucho, pero, vamos a intentarlo.
Echado el órdago y dado el pistoletazo de salida, nos pusimos mano a la obra, marcando él siempre el ritmo. En esos inicios yo estaba como una moto, y era él quien me paraba -sé que en estas carreras tan largas hay que tener cabeza, y no dejarse llevar por los impulsos porque, de no ser así, acabas pagándolo al final-. Aunque yo también tenía claro que la estrategia era esa, esto es, coger el ritmo y no dejarlo hasta el Estadio Olímpico.
Físicamente iba perfecto -hablo por mí, porque el granaíno iba sobrao-, y mentalmente también porque no hacían más que adelantarme corredores a los que después -pensaba- cogeré. Y la verdad es que así fue. Mantuvimos el ritmo con precisión suiza, y en esos registros no solo pasamos el kilómetro 10, sino también la media maratón. 
En este tiempo habían caído muchos de los que nos sobrepasaron al principio; de hecho, salvo aquellos minutos iniciales, después siempre fuimos superando atletas. El objetivo era pasar la media en 1h27', y así lo hicimos. 
Yo iba genial, con la mente puesta en metas a corto plazo que no iban más allá de hacer a ritmo el siguiente kilómetro. Todo según lo previsto -quizá incluso mejor- y gracias principalmente a la liebre porque no solo era un reloj con el tiempo, sino que además era él quien se peleaba en los avituallamientos con el resto de corredores para coger agua y bebida isotónica; yo me separaba de las mesas mientras él cogía las bebidas y la fruta para dármela a mí en carrera (era algo así como el repostaje en vuelo de los aviones, que me resultó muy cómodo).
En el kilómetro 28 empecé a sentir algo de debilidad, pero la pérdida de tiempo no fue demasiada con respecto a lo previsto. Además, en el 35 me tomaría mi tercer y último gel energético, por lo que solo había que llegar a ese momento. Entendí que era un minibajón, lógico tras tanto correr, que podría superar fácil. Pero no pudo ser simplemente porque en el kilómetro 30 el depósito de gasolina estaba casi vacío, las piernas empezaban a no marchar, y pese al gel y a que me seguía alimentando, el ritmo empezó a disminuir a pasos agigantados.
La liebre -algún día le haré un monumento- intentaba animarme, pero yo no podía ni con mi alma. Pasé de hacer los kilómetros iniciales a 4'37'' a emplear en los finales hasta más de 7' en alguno de ellos. Ni siquiera pasar por delante del Sánchez Pizjuan hizo que la cosa mejorara.
Se me hizo enorme la Avenida de las Palmeras, casi imposible la Plaza de España,  irreconocible La Alameda, larguísimo Torneo, un oasis envenenado el Parque del Alamillo, y un infierno el rodeo al Estadio Olímpico. En algún momento, y pese a los ánimos del granaíno, espeté un "¡¡es que no puedo más!!", roto ya por el dolor, la rabia y la impotencia que sentía al no poder ir más rápido y tener que coger una marcheta en la que me hubiera adelantado cualquier tortuga avispada que pasara por allí.
Intenté acelerar el ritmo en algún momento, y pese a que lo hice en un centenar de metros, la siempre sabía naturaleza humana me devolvía a mi ser de casi muerto viviente.
Al final el tiempo no fue tan malo: 3h30'12'', pero toda una decepción cuando has intentado hacer quince minutos menos.
Tras los también difíciles momentos que se viven una vez cruzada la meta en el lamentable estado en el que yo lo hice, unas cervecitas fresquitas pronto me subieron el azúcar, la sangre volvió a regarme el cerebro con normalidad, y me sentí orgulloso de lo hecho. No de la marca, pero sí de la valentía que entiendo tuve para intentar algo que sabía estaba por encima de mis posibilidades, pero que hasta que no lo intentas no conoces una respuesta exacta sobre si es posible, o no.
El intento llegó vivo hasta el kilómetro 30. ¿Hace falta que os diga dónde he fijado ya el reto para mi próximo maratón?.
Pues eso: "Ave, Caesar, morituri te salutant".
NOTA: os adjunto la foto, con mi cuñado (Fernando, el granaíno), celebrando la medalla conseguida.