lunes, 5 de mayo de 2014

Objetivo Ronda (IV): Salvado por la campana


Finalmente he conseguido arreglar el problema (problemón) que tenía con las zapatillas para correr, dentro de cinco días, los 101 kms de Ronda. Ya os conté antes de ayer que me veía obligado a buscar otras una vez comprobado que las compradas para la ocasión (Salomon Crossmax 2) tenía que desecharlas dado que, aunque eran mi número, me quedaban pequeñas dadas las características de una carrera de montaña.
Me daba rabia porque no os creáis que la adquisición de las Salomon fue fácil y rápida. Todo lo contrario. Busqué unas adecuadas para la ocasión, en oferta, que fueran bonitas... y eso durante bastantes semanas. Una vez compradas y en mi poder, creía que la decisión era la correcta. Había merecido la pena tanta complicación.
Por eso, por lo mucho que me calenté la cabeza, me había desesperado ciertamente una vez que, en una semana, tenía que hacer lo mismo. Demasiadas aperturas, pensé, pero finalmente la cosa ha salido bien. He mirado hasta casi debajo de las piedras, y finalmente las he comprado en Deportes Olimpo (Granada): se trata de unas New Balance 1210 Leadville.
Las encontré el mismo viernes a última hora de la tarde casi por casualidad, y cumpliendo  los diferentes condicionantes que me había impuesto: en un lugar al que poder acceder para que me llegaran con el tiempo suficiente como para poder domarlas antes de la prueba; a un precio razonable; que fueran de mi número y un poquito más grandes para evitar los problemas de las Salomon; y que se tratara de un modelo adecuado. Todo se cumplió.
El mismo sábado estaban en mi poder; me quedan que ni pintadas; ayer mismo las probé en la carrera de Salobreña; y aunque el precio no es el ideal, se puede hacer un pequeño esfuerzo dadas las circunstancias.
Y lo mejor es que pueden ser una señal. No sé si habéis leído El Alquimista, de Paulo Coelho. Es un libro en el que el autor defiende que el Universo conspira continuamente para que cada persona consiga lo que desea, o alcance aquello para lo que está predestinado. Pues bien, mi marca favorita para correr es New Balance; este modelo (1210 Leadville) es el primero que busqué cuando afrontaba la adquisición de unas zapatillas para Ronda, pero eran demasiado caras, carísimas, y las ofertas que me llegaban también se disparaban de presupuesto. Pues bien, ahora, dos meses después, a una semana de la carrera, in extremis... algo o alguien o no sé qué han hecho que lleguen a mis manos. ¿Es una señal?. No lo sé pero lo cierto es que me siento salvado por la campana.

sábado, 3 de mayo de 2014

Objetivo Ronda (III): A una semana... problemas


Dentro exactamente de una semana estaré por esa serranía malagueña de Ronda participando en la prueba más dura y complicada a la que me he enfrentado: los 101 kms organizados por la Legión.
Desde que conseguí el dorsal, tres minutos después de que se abriera el plazo de inscripción, me he sentido un afortunado porque son miles los que se han quedado sin él, de ahí que valore justamente la suerte que tengo de participar, pese a que la exigencia va a ser máxima.
Nunca había participado en pruebas de montaña, y desde que confirmé mi participación en Ronda, he buscado entrenos por carriles, y también competir en alguna carrera de este tipo como fue la subida al santuario de la Virgen de la Cabeza.
La ilusión es mucha, también la preparación -física y psicológica-, al igual que la ilusión de ir acopiando el material necesario: camiseta para la ocasión -imagen del carnero incluida-, gorra con cortinilla regalo de mi cuñado el granaíno, mochila, aplicación gps para el iphone, dos pares de medias, camiseta manga larga para las horas de carrera nocturna, frontal para correr en la oscuridad -hoy precisamente me he levantado a las cinco de la mañana para probarlo por la vía verde, y es difícil correr así-, estrategia a seguir en la carrera en lo que a alimentación se refiere (no faltará el bocata de jamón)...
Como digo, mucha ilusión en todo, y muchas horas de dedicación.
Pues bien, cuando prácticamente ya está todo el pescado vendido, me surgen los problemas con el -quizá- elemento más importante que debo tener en cuenta: las zapatillas.
Hace un par de meses me compré unas zapatillas para la prueba: Salomon Crossmax 2. Una marca fuera de toda duda, y un modelo que, según lo que he leído, me puede venir bien. Desde que me llegaron en marzo, y hasta hoy mismo, he recorrido con ellas algo más de 155 kilómetros tanto entrenando como en competición. La cosa ha ido bien, o al menos así creía yo. Las zapatillas me están bien, son mi número, pero para esto de la montaña, y teniendo en cuenta las muchas y pronunciadas bajadas que hay, es aconsejable calzar unas zapatillas un poquito más grandes de lo habitual.
Como consecuencia de participar en la subida al Santuario de la Virgen de la Cabeza (21 kilómetros), perdí la uña del dedo índice del pie derecho (lo tengo más grande que el izquierdo, no sé por qué. Al parecer, se llama pie griego. Me enteré en Ámsterdam, en una prueba que me hice de pisada. Tengo ese dedo más largo que su homólogo del izquierdo. La repercusión es medio número más de zapatillas). 
No le día importancia, y en lugar de pensar que había sido porque el calzado me queda justo para este tipo de pruebas, lo achaqué a mi debut en este terreno.
Pero el Jueves Santo hice un entrenamiento de 30 kilómetros por carriles con subidas y bajadas; una de las consecuencias es que perderé la uña del dedo gordo del pie izquierdo, así como las de los dedos gordo, índice (otra vez) y corazón del pie derecho.
Definitivamente las zapatillas me están pequeñas.
A diez días vista de la carrera, ando como loco buscando una alternativa, teniendo en cuenta que ya no hay casi tiempo para encontrar algo adecuado y adecuado. Las sensaciones son malas porque, si ya abordar 101 kms a pie es complicado, imaginaos si le añadimos algún condicionante tan importante como este.
Os dejo una foto de mis queridas Salomon. No sé qué pasará con todo esto, pero espero que, como dice Coelho, el Universo conspire para que todo me salga bien.

martes, 22 de abril de 2014

Objetivo Ronda (II): debut en El Cabezo


Sigo preparando mi participación, los próximos 10 y 11 de mayo, en los 101 kms de Ronda. Se trata de correr (algo a lo que estoy acostumbrado) pero por montaña/carriles (eso ya no lo controlo tanto). Por eso se hace necesario realizar alguna incursión en este terreno, y no dudé en elegir la subida al Santuario de la Virgen de la Cabeza como la prueba en la que perdería mi virginidad.
Fue el pasado 16 de marzo. Media maratón de montaña (21,097 kms). Y qué queréis que os diga. Me encantó.
Dado que era mi debut en la disciplina, opté por ir con un compañero más ducho en estas lides, y aunque me impuso un ritmo bastante fuerte al principio, en terreno más estable por la ciudad, pude aguantarlo aunque con cierto temor dado que después quedaban bastantes kilómetros de subidas y bajadas, y por un terreno muy poco firme.
Me sentí muy bien en esos momentos iniciales, y mucho mejor cuando nos adentramos por esos carriles y veredas que te hacen el recorrido muy pero que muy entretenido.
No se trata de coger ritmos rápidos sino más bien de poner una marcheta alegre, teniendo muchísimo cuidado con el terreno porque es muy propicio para lesionarse, y apretar los dientes cuando lleguen las cuestas arriba.
Yo tengo que reconocer que fui con los dientes prietos tanto en las subidas como en las bajadas, porque un dolor en mi cadera derecha me hacía ver las estrellas en las zonas de bajada, de ahí que rezara y me sintiera mucho más cómodo cuando había que subir.
También son muy diferentes los avituallamientos en estas carreras porque, a diferencia de las pruebas en ruta, aquí te paras completamente para disfrutar -dentro de lo que cabe- lo que te ofrece la organización. Yo lo hice así en todas las ocasiones, y la verdad es que me fue bien.
Especial recuerdo tengo de los denominados Caracolillos, una zona imposible de subir corriendo. Tocaba andar porque después quedaba más subida. Al llegar al último mirador me animé un poco porque ya conocía el terreno, y aunque iba sufriendo bastante -el mejor ejemplo lo tenéis en la foto con que ilustro este catite-, eran los momentos finales, donde más público te animaba, y no podías defraudarlos.
Cierto que la subida de la calzada es terrible, y casi a punto estás de tirar la toalla, pero aprietas más aún -si cabe y puedes- los dientes para subir corriendo. Así lo hice, y al cruzar la meta sentí un alivio difícil de expresar con palabras.
No está mal esto de correr por montaña. Espero que estas buenas sensaciones se mantengan.... al menos, hasta Ronda.

viernes, 7 de marzo de 2014

Objetivo Sevilla (I): la crónica

Hacía bastante tiempo que no sufría tanto (en calidad y en cantidad) como el pasado 23 de febrero en el maratón de Sevilla. Fue algo voluntario, cierto, pero eso no quita que durante el suplicio me plantease muchas cosas... que afortunadamente desaparecieron de un plumazo nada más cruzar la línea de meta. (Bueno, un poco después).
Durante tres meses estuve preparándome mi noveno maratón. Y además lo hacía con bastante interés porque comencé la preparación nada más correr mi octavo (fue en Valencia, en noviembre de 2013) donde, sin haberlo buscado y con un entrenamiento escaso, había bajado de las 3h30'.
Recuerdo que fue en el año 2012 cuando hice mi mejor marca en maratón. Fue precisamente en Sevilla (3h25'10''), y con casi la única preparación que fue el trabajar en la recolección de la aceituna. Esta vez no solo he ido a la aceituna, sino que además mantuve el entrenamiento fijado yendo incluso a rodar algunos días tras echar el jornal (las piernas me ardían).
Mentalmente estaba muy bien, y físicamente mejor que en Valencia (y allí hice 3h27'). 
El plan que he seguido era para bajar de 3h15', pero era consciente de que no estaba preparado para ello. Sin embargo, en estos tiempos nunca sabes muy bien cuándo estás preparado, o no; en la mayoría de las ocasiones la frontera entre el éxito y el fracaso está simplemente en tener un buen día (siempre y cuando haya base para que pueda darse ese día, y en este caso... podía ser).
Dudaba entre abordar ese ambicioso objetivo o simplemente rebajar esos 3h25'10'' de MMP. Pero me llegó una señal. Mi cuñado el granaíno, que ya ha bajado de las tres horas y que sus marcas habituales están muy poco por encima de ese tiempo, me dijo que, si yo daba el paso, él se comprometía a hacerme de liebre, llevarme en el tiempo justo (unos 4'37''/km), e intentar no solo batir sino pulverizar mi marca.
¿Una rebaja de 10'?. Parece mucho, pero, vamos a intentarlo.
Echado el órdago y dado el pistoletazo de salida, nos pusimos mano a la obra, marcando él siempre el ritmo. En esos inicios yo estaba como una moto, y era él quien me paraba -sé que en estas carreras tan largas hay que tener cabeza, y no dejarse llevar por los impulsos porque, de no ser así, acabas pagándolo al final-. Aunque yo también tenía claro que la estrategia era esa, esto es, coger el ritmo y no dejarlo hasta el Estadio Olímpico.
Físicamente iba perfecto -hablo por mí, porque el granaíno iba sobrao-, y mentalmente también porque no hacían más que adelantarme corredores a los que después -pensaba- cogeré. Y la verdad es que así fue. Mantuvimos el ritmo con precisión suiza, y en esos registros no solo pasamos el kilómetro 10, sino también la media maratón. 
En este tiempo habían caído muchos de los que nos sobrepasaron al principio; de hecho, salvo aquellos minutos iniciales, después siempre fuimos superando atletas. El objetivo era pasar la media en 1h27', y así lo hicimos. 
Yo iba genial, con la mente puesta en metas a corto plazo que no iban más allá de hacer a ritmo el siguiente kilómetro. Todo según lo previsto -quizá incluso mejor- y gracias principalmente a la liebre porque no solo era un reloj con el tiempo, sino que además era él quien se peleaba en los avituallamientos con el resto de corredores para coger agua y bebida isotónica; yo me separaba de las mesas mientras él cogía las bebidas y la fruta para dármela a mí en carrera (era algo así como el repostaje en vuelo de los aviones, que me resultó muy cómodo).
En el kilómetro 28 empecé a sentir algo de debilidad, pero la pérdida de tiempo no fue demasiada con respecto a lo previsto. Además, en el 35 me tomaría mi tercer y último gel energético, por lo que solo había que llegar a ese momento. Entendí que era un minibajón, lógico tras tanto correr, que podría superar fácil. Pero no pudo ser simplemente porque en el kilómetro 30 el depósito de gasolina estaba casi vacío, las piernas empezaban a no marchar, y pese al gel y a que me seguía alimentando, el ritmo empezó a disminuir a pasos agigantados.
La liebre -algún día le haré un monumento- intentaba animarme, pero yo no podía ni con mi alma. Pasé de hacer los kilómetros iniciales a 4'37'' a emplear en los finales hasta más de 7' en alguno de ellos. Ni siquiera pasar por delante del Sánchez Pizjuan hizo que la cosa mejorara.
Se me hizo enorme la Avenida de las Palmeras, casi imposible la Plaza de España,  irreconocible La Alameda, larguísimo Torneo, un oasis envenenado el Parque del Alamillo, y un infierno el rodeo al Estadio Olímpico. En algún momento, y pese a los ánimos del granaíno, espeté un "¡¡es que no puedo más!!", roto ya por el dolor, la rabia y la impotencia que sentía al no poder ir más rápido y tener que coger una marcheta en la que me hubiera adelantado cualquier tortuga avispada que pasara por allí.
Intenté acelerar el ritmo en algún momento, y pese a que lo hice en un centenar de metros, la siempre sabía naturaleza humana me devolvía a mi ser de casi muerto viviente.
Al final el tiempo no fue tan malo: 3h30'12'', pero toda una decepción cuando has intentado hacer quince minutos menos.
Tras los también difíciles momentos que se viven una vez cruzada la meta en el lamentable estado en el que yo lo hice, unas cervecitas fresquitas pronto me subieron el azúcar, la sangre volvió a regarme el cerebro con normalidad, y me sentí orgulloso de lo hecho. No de la marca, pero sí de la valentía que entiendo tuve para intentar algo que sabía estaba por encima de mis posibilidades, pero que hasta que no lo intentas no conoces una respuesta exacta sobre si es posible, o no.
El intento llegó vivo hasta el kilómetro 30. ¿Hace falta que os diga dónde he fijado ya el reto para mi próximo maratón?.
Pues eso: "Ave, Caesar, morituri te salutant".
NOTA: os adjunto la foto, con mi cuñado (Fernando, el granaíno), celebrando la medalla conseguida.

domingo, 2 de marzo de 2014

El último mono


Estoy seguro de que todos habéis visto alguna vez una película, leído un libro, vivido en primera persona, o simplemente alguien os ha contado una historia en la que sucedía aquello de que en una discusión (bélica, amorosa, laboral, deportiva, familiar...) quien se lleva la peor parte es uno que pasaba por allí. Pues quiero reconocer que hoy me siento plenamente identificado con ese tiillo.
Pasaba yo por allí, y vi cómo un periódico despedía a su único fotógrafo. Regresé la mirada al frente, seguí mi camino, y no dije nada.
Pasaba yo por allí, y vi cómo los redactores de ese mismo periódico, además de escribir, se veían en la obligación de hacer las fotos de los acontecimientos a los que acudían como plumillas. Regresé la mirada al frente, seguí mi camino, y no dije nada.
Pasaba yo por allí, me topé por casualidad con la portada de ese periódico y la del de la competencia. Regresé la mirada al frente, seguí mi camino, y no dije nada... pero apenas había dado unos pasos cuando algo se movió dentro de mí, y decidí decir algo. (Ojalá aquella mañana la corriente hubiera estado cortada y no se hubiese encendido la bombilla.  O no ¡?).
A la izquierda, portada de Diario Jaén. Foto a cinco columnas sobre el pasacalles de Carnaval de la noche anterior. Realizada por su fotógrafo, Poyatos, me pareció una imagen imposible de haber capturado yo en caso de tener que hacerlo. "Si mi jefe me encarga una foto del tema, seguro que yo hubiera hecho la misma que Lorena. Seguro". Fue mi pensamiento, surgido sin reflexión alguna, nada más ver las dos portadas. Lorena, plumilla del Diario Ideal, que cubrió el Carnaval como redactora pero también con ese plus que le piden ahora (portada de la derecha, con foto también a cinco columnas).
Como yo hubiera hecho, insisto, lo mismo que hizo Lorena, y gustándome más la otra foto porque la hizo una persona que se dedica a eso, se me ocurrió aprovechar el ejemplo para criticar el recorte en personal de una empresa, entendiendo que si dejamos cada asunto a cargo de alguien experto en la materia, el resultado será siempre -por definición- de mayor calidad. Es como si a Poyatos le hubiese dicho su jefe que, entre foto y foto, tomara también alguna notilla para elaborar la crónica del día siguiente; seguro que hubiera salido del paso, pero Lorena lo hubiera hecho mejor (sin querer ofender a nadie).
Llevado por lo irreflexivo del momento, decidí sobre la marcha usar los siempre complicados y peligrosos (vaya que sí!!) 140 caracteres de twitter para hacer oír mi postura reivindicativa a favor de la profesión periodística. Pero se ve que estoy un poco -o un mucho- oxidado porque el mensaje que he transmitido, o al menos así han entendido muchos, es que para mí Lorena es una pésima fotógrafa. 
¡¡Joder!!
Ni de lejos, lo que pretendía. Y no os creáis que la cosa ha sido leve. Me ha llovido tela, y tirando a matar.
Reconozco que desde que estoy centrado en labores deportivas he perdido cierto contacto con ámbitos y realidad de la profesión en la ciudad y en la provincia, pero este incidente me ha hecho ver que debo volver a la senda de siempre. Y así lo voy a hacer. El compromiso está ya asumido.
Pero, volvamos a lo que íbamos.
Parece ser, por lo que he leído en lo que me han disparado, que el debate no es simple en torno al tema. Al parecer, hay miembros de la propia profesión en Jaén que están poniendo a parir a los redactores de Ideal por usurpar el trabajo de los fotógrafos. Por lo visto, las críticas son muchas, fuertes y directas... y en este contexto ha aparecido el tweet de uno que pasaba por allí... con una intención que se entiende al revés, y que hace que se lleve todos los palos, los propios y los que estaban agazapados en espera de una oportunidad para salir del armario.
Planteado el debate, y llegados a este punto, viene que ni a pelo la Tesis Doctoral en la que trabajo desde hace unos años -parada actualmente por desgracia y por falta de tiempo-, y cuyo tema es la censura en los medios de comunicación actuales; y no me refiero a censura en países lejanos, sino en aquellos que conforman el denominado Primer Mundo, España entre ellos.
Entiendo que la censura existe, y uno de los argumentos que uso en mi planteamiento es la existencia misma en la Constitución de la Cláusula de Conciencia. Indico textualmente que "la única vía que se articula para evitar la presión hacia el periodista es que, en caso de que éste se sienta acosado, puede denunciar la situación y ganar en los tribunales una indemnización económica por despido improcedente (en eso consiste la cláusula de conciencia). Una idea quizá válida en otra época, pero totalmente insuficiente en el contexto mundial actual donde un puesto de trabajo es la prioridad de cualquier persona, y lógicamente resulta muy difícil que un periodista opte por dejar su puesto de trabajo -salvo las grandes estrellas con sueldos estratosféricos y que, por supuesto, no tendrán problemas para encontrar otro lugar donde seguir ejerciendo su labor- por defender el bello principio de la independencia. No obstante, y si se diera el caso, la ley contempla, como decimos, el despido por lo que el periodista habrá sido honesto y fiel tanto a sus principios como a su profesión y a sus lectores, pero no conseguirá más que marcharse a su casa sin haber publicado lo que quería, ya que es la empresa la que tiene la última palabra sobre lo que se publica, o no". (Defendí el Diploma de Estudios Avanzados -antigua tesina- el 2 de febrero del año 2010, obteniendo una nota de sobresaliente).
¿Qué pueden hacer los lorenas, liébanas, pastores, povedas... si sus jefes les dicen que, además de escribir, a hacer fotos? ¿Decir que no y verse en la calle como los francis?. Hoy he estado en un acto, y el fotógrafo de un periódico, haciendo de redactor, ha puesto la grabadora mientras el político de turno hablaba. ¿Tendría que haberlo crucificado por defender su puesto de trabajo?. La ley "pagar la hipoteca" es mucho más fuerte que la cláusula de conciencia.
La profesión periodística hace tiempo que alcanzó una situación límite en nuestra provincia, y ahora anda por derroteros esperpénticos. No sé muy bien qué debemos hacer para que la cosa no degenere más, pero sí tengo claro que la solución no es matarnos los unos a los otros como lamentablemente hemos hecho siempre porque, recordemos, esto no es de ahora.  
Un saludo y mi máximo apoyo (a todos) de uno que pasaba por allí, del último mono que sin buscarlo ni quererlo se puso el primero, y ahí le pusieron un ojo morado. 


martes, 4 de febrero de 2014

Objetivo Ronda (I): el dorsal

Hace unos días os hablaba de la nueva locura en la que me he embarcado: participar en los 101 kilómetros de Ronda.
El pasado 4 de enero hice efectiva mi inscripción, y a los pocos días pagué los 58 euros que supone la cuota para poder participar. ¿Que os parece caro? Pues, os lo digo con sinceridad, es más que barato.
En fin. A lo que iba. Que ya tengo dorsal. Y la verdad es que me ha hecho mucha ilusión el número que me han asignado: 1922.
Es cierto que eso de correr a pie 101 kilómetros es una locura, aunque la organización permita cubrir la distancia en 24 horas, y pese a que muchos lo hacen andando. Mi intención es realizar la prueba corriendo, y la verdad es que estoy bastante ilusionado con ello. Me atrae el hecho no solo de realizar los 101 kilómetros en ese ya marcado en rojo 10-11 de mayo de 2014, sino también la preparación que me exigirá recorrer por caminos y montes distancias ciertamente importantes con el objetivo de ir preparando el cuerpo para el test final.
Siento por el cuerpo un gusanillo que, seguro, al término de toda esta historia estará más que machacado, pero por ahora me encanta su disfrute.
¿Os dice algo el 1922?. A mí, sí. Muchas cosas. Es un número bonico, con algún significado especial.
Parece que el Universo conspira para que participe en la carrera. Jejejeje!!!.
Espero no estar interpretando las señales de manera errónea.

sábado, 1 de febrero de 2014

Un maratón diferente

Siempre me ha gustado leer aquellos libros en cuyo título o temática aparece algo relacionado conmigo o con aquello que me gusta. Da igual el argumento, el autor, si dicen bien o mal de él... es algo instintivo que generalmente me ha generado satisfacciones importantes, aunque también algún fiasco que otro.
En esta ocasión era abordar algo exótico porque El maratón más loco (Destino. Barcelona. 2012. Segunda edición. 117 pgs) es un libro para niños pequeños que están iniciándose en la lectura. Forma parte de uno de los fenómenos editoriales más exitosos de los últimos años: Gerónimo Stilton. Sí. Ese ratón periodista (otra casualidad), intelectual, director de El Eco del Roedor, que además de su trabajo vive mil y una aventuras.
Ya había leído algo de la saga porque a mis hijos les encanta, y aunque mi aproximación fue en co-lectura con ellos, me pareció divertido e interesante; a mí no me gustaban, pero entiendo que son una buena fórmula para lo que busca: acercar a los peques a algo tan importante como leer.
Desde ese punto de vista, el de la curiosidad anterior, inicié la lectura para saber cómo iba a gestionar Gerónimo su participación en un maratón.
La historia mantiene los elementos de siempre, y que tanto éxito le han (y siguen) dado, esto es: capítulos brevísimos para no perder el hilo; párrafos normales que se alternan con líneas en colores, o que se retuercen para acá y para allá con caracteres diferentes; una historia principal que se alterna con minihistorietas; y, por supuesto, dibujos a modo de cómics que permite identificar a los personajes y hacer más amena la lectura.
En definitiva, una nueva historia de una saga exitosa que sigue apostando por la fórmula que tanto gusta. Ideal para niños -os aconsejo elegir cualquier título, y probar-, pero que en esta ocasión puedo comprobar que el autor (o autora) se lo curra, se documenta sobre aquello de lo que va a escribir para después hablar con propiedad. 
La historia es un poco loca -supongo que así atrae la atención de los peques-, pero en ella he encontrado cosas que nos ocurre a quienes solemos practicar el maratón. El propio Gerónimo Stilton sufre en sus carnes los duros entrenamientos; el no saber muy bien qué comer antes de la carrera porque cada uno te dice algo diferente; los fuertes sentimientos de abandono en el momento jodido de la prueba, pero que finalmente acabas superando; el compañerismo entre los corredores... en fin, que visto lo bien que se han trabajado esta historia del maratón, y entiendo que lo hacen igual con todos los demás, aconsejable apostar por esta saga para que el niño sepa gustar del leer.
Por cierto, este El maratón más loco incluso nos deja, al final, una especie de decálogo del atleta para ser un superratón: alimentación, descanso, deporte, no alcohol ni tabaco ni drogas, constancia, disciplina, respeto al adversario... Me encanta porque son cosas difíciles de transmitir, con éxito, a los niños, pero aquí se hace con habilidad.
Lo dicho, probad y me contáis.

martes, 21 de enero de 2014

Viaje a ninguna parte

Recuerdo como si me lo estuviera contando en este mismo momento aquella embarazosa situación en la que se vio envuelto un conocido.
"No sabía dónde meterme"; es lo que me dijo con cierto apuro el día en que llegó a la recepción de su hotel un cliente allí alojado que, folleto en mano, preguntaba al empleado de turno por la forma en la que poder disfrutar del "Viaje al tiempo de los íberos". "¿Viaje a dónde?"... fue la respuesta del sorprendidísimo recepcionista. 
Tras unos minutos de incertidumbre por parte de todos, el asunto llegó a mi amigo quien, gracias a su experiencia, pudo darle al turista una especie de solución a su solicitud que no tenía ni pies, ni cabeza.
Cierto que la culpa no era del confiado visitante, quien tras conocer la existencia de ese producto turístico, decidió organizar su viaje a Jaén para disfrutar de esa y de otras cosillas que había conseguido conocer indagando un poquito.
Lo malo es que la respuesta del responsable del hotel fue que aún no estaba concluido el viaje, que se podía disfrutar solo parcialmente, y que ello requeriría el transporte a cargo del visitante a cada uno de los lugares en cuestión.... en fin, intentar dar la mejor respuesta posible ante un cliente que había sido descaradamente engañado. Y digo que es lo malo porque, ¿qué pensaríais vosotros si os desplazáis hasta cientos de kilómetros de vuestra casa buscando un disfrute turístico que alguien os ha vendido, y luego resulta que no existe?. Mal, ¿verdad?.
Tranquilos que todo puede ir a peor. Sí, porque esto sucedió cuando el entonces presidente de la Junta de Andalucía, Manuel Chaves, acudió a Fitur (una de las más importantes ferias de muestras turísticas del mundo) a presentar la grandiosa oferta turística andaluza, compuesta en aquella edición de 2002, entre otras cosas, por algo de Jaén llamado "Viaje al tiempo de los íberos". La idea era aprovechar los diferentes yacimientos de esta época que hay en la provincia para que el viajero los recorriera a modo de viaje en el tiempo, disfrutando de los centros de interpretación que los conformaban, y concluyendo en la etapa estrella del tour: un gran museo íbero en la capital.
Todo estaría muy bien si no fuera porque lo único que había entonces eran los yacimientos, y en lugar de centros de interpretación lo que se podía encontrar el turista, con suerte, era una especie de casetilla de obra en la que era imposible entrar porque la chapa de su construcción propiciaba temperaturas extremas tanto por arriba como por abajo. Y el colmo era que el gran museo final no estaba ni empezado a construir.
Chaves acudió a Fitur, entre otras cosas, con los folletos que se habían elaborado para promocionar el viaje, aunque éste no existiera.
Mañana empieza Fitur 2014. ¿Sabéis cuál es uno de los dos principales productos turísticos que va a utilizar la provincia de Jaén para intentar atraer turistas?. Efectivamente, el "Viaje al tiempo de los íberos" que está más o menos como estaba en aquel cercano año 2002 con el que empezábamos esta historia.
¿Qué puede pensar y hacer un turista engañado, sobre todo cuando se ha gastado ya una pasta para disfrutar de algo que no existe?. 
Pues eso.

sábado, 18 de enero de 2014

Cumpleaños no feliz

Hay por ahí un dicho popular que indica que el tiempo pone a cada uno en su sitio. Y eso es lo que parece haberle pasado al "Plan Activa Jaén Siglo XXI". Ayer, 17 de enero, fue su cumpleaños, y no se acordó ni el Tato. 
Sí, sí. Tal día como ayer pero del año 2006 el entonces presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, venía a Jaén para presentar ese huracán de aire fresco y millones de euros que iba a dar un impulso a la provincia que no la iba a conocer ni la madre que la parió. Por supuesto, no son palabras textuales de Zapatero, pero la sustancia de lo dicho sí que es idéntica a esto que os digo.
Sabéis que yo fui uno de los más incrédulos del planeta con este plan. Entonces pensé que era el "Timo Jaén Siglo XXI", y aún hoy sigo creyéndolo. Y creo, como dice la sabiduría popular, que el tiempo ha puesto a cada uno en su sitio porque, pese a ser el cumpleaños de un evento tan importante, no he visto por ningún lado que nadie se acuerde de él, ni siquiera por casualidad. O se han acordado, pero han preferido no removerlo porque igual les da algo de apuro que aquello que se vendió tan a bombo y platillo resultó finalmente un fiasco. Creo que tanto silencio así lo indica, o al menos a mí me lleva a esa deducción.
Cumpleaños Infeliz, por tanto. A mí no se me olvida. No os preocupéis que cada año os lo recordaré, y volveré a hacer la pregunta que tantas veces hice en su día, y que nadie me contestó. Ahí va: ¿Los miles de millones de euros que se dijo se iban a invertir eran los mismos que ya se venían invirtiendo en Jaén pero a partir de ese momento bajo el epígrafe del Plan? ¿O por el contrario era un plus, un extra a sumar al dinero que ya venía invirtiendo?.
Sigo esperando la respuesta. Y ahora, pasados los años, seguro que se puede argumentar con los presupuestos de antes, de durante, y de después del Timo, perdón, del Plan.
¡¡¡Infelicidades!!!

jueves, 16 de enero de 2014

Memoria no me falta

Estos últimos días en los que se ha hablado tanto de ese veto a varios periodistas/medios de comunicación españoles en la visita de Rajoy a Obama he sentido un cierto cosquilleo en el estómago. 
Así ha sido por el hecho de que me acordaba -difícil que se me olvide- de que llegaba el día de hoy: 16 de enero. No lo digo por la San Antón, sino porque tal día como hoy pero hace once años (es decir, en 2003) viví uno de los momentos más "exóticos" que me ha tocado protagonizar desde que soy periodista. Fue el 16 de enero del año 2003 cuando el entonces candidato del PSOE de la capital a la alcaldía, Marcos Gutiérrez Melgarejo, me echó de una rueda de prensa que había convocado pero a la que, al parecer, el medio en el que yo trabajaba (y aún hoy sigo haciéndolo), Ondajaén RTV, no era bienvenido.
No lo hizo directamente, sino a través de su entonces responsable de prensa, quien creo que también pasó un mal rato la pobre Isabel. Pero lo cierto es que tanto un servidor como mi compañero Cristóbal (operador de cámara) tuvimos que marcharnos porque así lo quiso quien convocó la rueda de prensa.
Triste episodio en el currículum de aquel presunto demócrata, y triste episodio para la profesión en la provincia de Jaén porque fueron pocos, muy pocos, quienes alzaron su voz contra aquel acto..... (mejor dejo que lo califiquéis vosotros mismos).
Once años, once de aquel derroche democrático. Lo mejor es que después de perder las elecciones, mi poco amable anfitrión pasó a ocupar una plaza en el Consejo del Reino de Chaves. ¡¡Ahí es nada!!.
Espero que le fuera mejor.
P.D. Quien olvida su pasado está condenado a repetirlo.