martes, 2 de febrero de 2010

Se lo ha currao

Las muchas ganas por empezar a leer El símbolo perdido (Círculo de Lectores. 2009) hace que pronto quede totalmente desilusionado porque Dan Brown repite, por tercera vez, los mismos elementos usados en Ángeles y demonios y en El código Da Vinci: Robert Langdon obligado a resolver un enigma que se complica a medida que avanza la historia; un muerto, o casi; un viejo tesoro -entre la leyenda y la realidad- por encontrar; la compañía inesperada de una mujer; una sociedad secreta; la ayuda de un entendido en dicha sociedad; continuas y complejas pistas que descubrir y seguir; algún personaje que finalmente es lo que no parece... lo dicho, el método Brown llevado a su máxima expresión.
Sin embargo, la historia engancha desde el principio, y engancha más todavía conforme pasan las páginas llegando a un punto en el que es difícil dejar de leer. Aunque, como he dicho antes, los códigos vienen a ser los mismos que los usados en las dos novelas anteriores, también es justo reconocer que Brown se lo ha currao porque no sólo maneja con maestría esos elementos que son la clave de su éxito, sino que en esta ocasión llega a un nivel de complejidad en la trama que no queda más remedio que quitarse el sombrero y aplaudir. Tal es la maestría del autor que se permite incluso el lujo de jugar con el lector.
El final, como no podía ser de otra manera, resulta sorprendente. Sin embargo, hay algo que no cuadra demasiado con la línea seguida tanto a lo largo de este libro como en los tres anteriores. ¿Habrá querido Brown ir un poquito más allá?. Me da la impresión que sí.

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