sábado, 19 de agosto de 2017

¡Qué me gusta la Feria de mi pueblo!

No es porque tengamos muchas y grandes atracciones de cacharritos (de hecho no hay prácticamente ninguna), ni el espacio de un campo de fútbol cubierto por casetas (no hay ninguna), ni una multitud de enganches de caballos paseándose por el Real (tampoco hay), ni muchos puestos de venta de juguetes, bolsos, pendientes, pulseras.... (de esto sí que suele haber uno, e incluso dos algunos años).... Nada de esto, tan típico en cualquier gran Feria, podemos encontrar en Higuera de Calatrava durante sus fiestas patronales en honor a San Sebastián y San Roque (16 agosto). Y sin embargo... ¡Qué me gusta la Feria de mi pueblo!.
Se trata de un sentimiento muy personal que viene alimentado desde que era pequeño, cuando la llegada de la Feria era para toda la chavalería el momento culminante de un verano amenizado por tantos y tantos emigrantes que regresaban a sus orígenes para pasar unos días.
Esa llegada de viejos amigos aún se sigue produciendo, y la convivencia resulta tremendamente gratificante.
Además, estamos ante la típica verbena de pueblo pequeño donde todos se reúnen en la Plaza del Ayuntamiento que es donde se ubica la caseta municipal, y donde la orquesta de turno interpreta las canciones de siempre, y obligatoriamente las de cara verano. Nos conformamos con una orquesta que conecte con el poblacho, y no necesitamos la presencia de grandes figuras de la música para pasarlo de lujo.
La Corporación Municipal que cada edición organiza el programa de festejos se esfuerza para que haya actividades para todas las edades, para que los integrantes de todas las familias -residentes y visitantes- del pueblo puedan hacer suya la feria: juegos tradicionales (lanzamiento de hueso de aceituna, de jamón, de rotura del botijo, carreras de sacos), deporte, carreras de cintas, trail, pasacalles...
No sé si os habéis dado cuenta, pero en el centro de todo cuanto se organiza están los habitantes -y también los visitantes- de Higuera. Me gusta la Feria de mi pueblo porque lo principal es el propio ciudadano; sin él, nada es posible. Sin la gente no hay Feria, y por eso, porque como somos tan poquitos, todos tenemos que estar en todos lados. 
La de mi pueblo es una Feria de la gente, para la gente, hecha por la gente. Y eso engancha frente a tanto anonimato de las grandes Ferias en las que te pierdes entre una inmensa multitud, y ante la que realmente te sientes solo.
Hubo a quien un día se le ocurrió hacer un concurso de play-hack, y ya van 26 ediciones, con sus altibajos, pero siendo uno de los principales atractivos. A otros les dio por poner en marcha la Feria de Día, y hoy día es imprescindible. ¿Por qué no hacer unas fiestas medievales? Así pensó un grupo de mujeres, y ya van varios años exitosos como preferia. Lo mismo ocurrió con la Carrera del Melón, con la recuperación de juegos tradicionales, con la Feria de la Juventud, con las exitosas ferias del Agua y de la Espuma... He aquí ejemplos claros de iniciativas de gente de Higuera que han contribuido a que su Feria vaya a más. 
Quiero decir con todo esto que, llegado el momento de hacer balance, en lugar de echar pestes de lo que no me ha gustado y que han organizado otros, quizá sería más conveniente analizar mi actitud, la de cada uno. ¿Qué he hecho yo por la Feria de mi pueblo? ¿He organizado algo, he participado en algo, he contribuido a algo...?
Sin temor a equivocarme, me atrevería a clasificar tres grupos de higuereños: quienes participan/organizan cosas cuando gobiernan los suyos; quienes no participan/organizan nunca nada; y quienes siempre participan/organizan en algo independientemente de quien gobierne.
¿En qué grupo estás tú?
A partir de ahí quizá puedas criticar lo habido con otra óptica.
Por cierto, ¡Qué me gusta la Feria de mi pueblo!

domingo, 13 de agosto de 2017

Publicidad en estado puro

Cada vez me doy más cuenta de que debemos ampliar al infinito nuestra capacidad de sorpresa. El otro día circulaba yo por la ciudad de Jaén, y me encontré en la puerta de un local un cartel de Se Vende. Es el que muestra la fotografía de arriba. Cartelito con su correspondiente número de teléfono.... todo normal hasta que miras el mensaje que el vendedor/a coloca debajo: NO BORRACHOS.
¿Que no llamen borrachos? ¿Que no se lo vende a los borrachos? ¿Que no se meen más en la puerta los borrachos?
La publicidad tiene como objetivo atraer la atención de tu público objetivo para que compre tu moto. No sé si la señora o el señor que vende el local tiene estudios de publicidad, pero indudablemente ha conseguido generar interés hacia su anuncio.

sábado, 12 de agosto de 2017

Abracadabra es... la magia que necesitamos

Abracadabra es una película difícil. No se trata de la típica españolada, aunque así se deduzca de trailer, sino todo lo contrario. Yo la definiría como una película para pensar una vez que ya has abandonada la sala. Y a mí eso me gusta.
Sería un error dejarnos llevar por el trailer, porque lo que ahí nos cuentan no tiene nada que ver con la historia real de la cinta. Cierto que ocurre que un tipo -Antonio de la Torre- fanático del Real Madrid y machista donde los haya, cambia radicalmente su forma de ser tras ser sometido a una sesión de hipnosis a cargo de José Mota. La mujer del hipnotizado (Maribel Verdú) alucina con lo apañao que se ha vuelto su esposo, recogiendo la mesa, llevándole el desayuno a la cama, pasando la aspiradora, haciendo la cama... Y ello le preocupa. 
A partir de este inicio, el director Pablo Berger nos sitúa en el debate interno de Maribel Verdú sobre si quiere que vuelva su marido, o prefiere quedarse con el hipnotizado. Ella hace todo lo posible por recuperar al de antes, pero llegado el momento de decidir... las dudas son muchas.
Lógicamente no desvelaré la opción por la que finalmente se decanta la esposa, pero sí entiendo que lo que hace falta en momentos como ese es Abracadabra, magia, lucidez, sensatez para tomar la decisión correcta. Algo que es tremendamente difícil y duro de conseguir porque en muchas situaciones el corazón puede más que la razón. ¡Vaya si puede!
En definitiva, una película interesante para ir a ver aunque siendo consciente de que no es de risa. Sí mantiene sus puntos graciosos durante toda la historia, pero llegado el momento de ponerse serios, hay que dejar de lado lo anecdótico para centrarse en lo importante. Que lo es, y mucho.

martes, 8 de agosto de 2017

McQueen vuelve para quedarse

Creo que todos coincidiremos en aquello de que rectificar es de sabios. Pues eso precisamente es lo que entiendo que han hecho los creadores de Cars. A una película inicial que nos encantó siguió una prolongación de aquellas que hacen bueno el dicho de que segundas partes nunca fueron buenas
Tras aquella cosa extraña a los James Bond, ir al cine y disfrutar con Cars 3 es gratificante. La película vuelve a sus orígenes, a un argumento con un tema central en el que son muchos quienes pueden sentirse identificados -quizá todos-, porque se trata de algo que se le plantea a cualquier ciudadano de a pie en su vida diaria.
¿Sabrá Rayo McQueen cuándo retirarse? ¿Lo sabremos nosotros en el ámbito laboral, o en el familiar, o en el de la amistad, o en los asuntos de ocio...?
El gran campeón ve tambalear su liderazgo por esos jóvenes que vienen empujando fuerte con las nuevas tecnologías y las modernas formas de hacer las cosas. ¿Cuándo ha llegado el momento de dar un paso atrás o al lado? Detectarlo es la clave de esta tercera entrega de los coches de carreras.
Lógicamente no os desvelaré qué pasa finalmente, porque algo pasa, pero sí os aconsejo ir a ver la película ya que nos da una auténtica lección de la necesidad de tener los ojos bien abiertos porque será la propia vida, o el Universo que dirían otros, la que nos irá dejando esas pistas que indicarán cuál es el camino correcto.
Un gusto saber que McQueen ha vuelto para quedarse.
Por cierto, creo que no hace falta recordar que esta película de dibujitos no es para niños, es para todos. De hecho, los niños se quedarán con parte (o nada) del mensaje, y son los mayores quienes están llamados a descifrarlo para, después, explicárselo a la chavalería en su proceso de búsqueda de la verdad.

sábado, 5 de agosto de 2017

Jaén quiere. ¿Se lo ofrecerán?

Es recurrente acusar a los jienenses de no apostar por el comercio local, y preferir marcharse a ciudades cercanas -Granada especialmente- a comprar y gastar su dinero. A partir de aquí surgen los enfrentamientos de quienes justifican esa forma de actuar, y de quien la condena enérgicamente.
Yo incluso me he visto envuelto en algún desencuentro de este tipo. Sin embargo este pasado miércoles cambió mi opinión al respecto. Fui al cine (en Jaén) sin darme cuenta de que era miércoles, y por tanto el día del espectador. Nada más llegar me quedé con la boca abierta al comprobar el ambientazo que había, y no únicamente en el cine sino también en los restaurantes próximos, y en todas las tiendas de la zona con un ir y venir de gente cargada con bolsas que no recuerdo haberlo visto nunca en Jaén. Hasta mi hijo se volvió y me dijo: "papá, esto sí que es chulo, ¿eh?".
Cuántas veces, en otros lugares comerciales, me había dicho que así daba gusto ir a los sitios, y no como en Jaén, que nunca había nadie.
Pues aquí nos veíamos, con unos cines de chiste, y las mismas zonas comerciales por metro cuadrado que casi en mi pueblo; pese a ello la gente de Jaén se había echado a la calle, y al restaurante, y a la tienda... Y todo ello pese a que lo que nos ofrecen en muchos de esos lugares tiene una calidad en el servicio que deja bastante que desear; tanto que merece la pena coger el coche y marcharse a otra ciudad. Sin embargo, y pese a todo, allí estaban los jienenses en masa haciendo shopping comprometidos con su comercio.
Yo lo entiendo como un margen de confianza que el cliente da a ese sector empresarial que necesita modernizarse. Ojalá lo haga para que todos podamos seguir gastando y disfrutado aquí, y confío en que no vaya a pensar que, como tiene el mercado dominado, va a seguir ofreciendo salchichón a precio de pata negra. Error porque la gente no es tonta, y si hace falta coger el coche para ir a Granada para comprar el jamón, así lo hará.
Los jienenses quieren cosas. Sólo necesita que alguien se lo ofrezca.

domingo, 30 de julio de 2017

Viva la diplomacia


No sé si será la edad lo que nos hace ser cada vez menos políticamente correctos, pero lo cierto es que llega un momento en la vida en el que no te cortas a la hora de decir las cosas como las sientes, sin tener en cuenta si nuestro interlocutor se sentirá ofendido.
He sido testigo en los últimos días de ejemplos claros de esta cuestión, y si bien es cierto que al receptor se le queda cara más que de asombro, tampoco es mentira que quien lanza el mensaje acaba con una sensación de quedarse más a gusto que Dios.
Quizá habría que seguir la tendencia que, por cierto, queda claro en la fotografía de arriba.

sábado, 29 de julio de 2017

Expediente Cuatro, o la pérdida de un cliente

Hace algunos días me dio un vuelco el corazón al enterarme por un anuncio en televisión de que regresaba Expediente X. Serie mítica de los años 90, debo reconocer que estaba completamente hipnotizado por ella; tanto que de regreso del viaje fin de carrera, me las arreglé para que el chófer del autobús parase en un área de servicio a la hora en que emitían el capítulo de esa semana, y así poder verlo mientras cenábamos.
Era el canal Cuatro quien empezaba a emitir nuevos capítulos, y para mí fue casi como si me tocara el gordo de la lotería de navidad. 
A las 22,50 horas del pasado martes estaba un servidor frente a la tele, con todo hecho, y con la única intención de disfrutar de las aventuras de Mulder y Scully. Los dos capítulos que emitieron (al parecer serán dos cada martes) fueron raros, al más puro estilo Expediente X, pero disfruté como un enano recordando viejos tiempos.
La cosa se torció antes del final del segundo episodio. Hubo un corte para la publicidad a las 23,55 horas, y no regresó la película hasta las 00,25 horas. ¡¡¡Media hora de publi... del tirón!!! Me quedé todo el rato frente al televisor porque no quería perderme el final, entendiendo que sería el último corte publicitario, y por eso duraría más. Cuando la desesperación iba adquiriendo cotas de cabreo y algún calificativo más que me voy a ahorrar, allí seguí, sin moverme y ya por cabezonería cronometrando cuánto duraría.
Pues sí, media horita de bellón.
La excitación inicial por ver nuevos capítulos de una de mis series favoritas se tornó en cabreo monumental.
Entiendo que una empresa privada como es Cuatro tiene como misión ganar dinero, y eso se hace principalmente emitiendo anuncios. Pero si esos anuncios no los ve nadie, y el anunciante deja de contratarlos porque el canal no tiene audiencia, la cosa se le complica. Pues he aquí mi nueva guerra. Desde este momento Cuatro ha perdido un cliente. Que no cuenten conmigo para ver anuncios comerciales y, entre mensaje y mensaje, capítulos de Expediente X. A partir de ahora, y con todo el dolor de mi corazón, no veré la serie en directo. La grabaré para verla al día siguiente, lógicamente pasando los cortes publicitarios.
Es lo que tienen estas cosas. 

sábado, 22 de julio de 2017

Una obra IMPRESCINDIBLE

Fue en el año 2012 cuando visité Holanda para correr el maratón de Ámsterdam. Pero en este tipo de viajes en familia, no sólo hay tiempo para el deporte, sino que el turismo es lógicamente obligado. Dentro de las cosas que disfrutamos durante aquellos días me dejó impresionado la casa en la que la familia Frank (judíos) se había escondido durante dos años de la persecución nazi. 
Aquel escondite de mitad de la década de los 40 es hoy un museo, pero no un museo al uso en el que se muestran cosas, sino que esas cosas, el mensaje que transmiten, nos lleva a una de las mayores catástrofes que han ocurrido en la historia de la humanidad, como siempre protagonizada con la que es sin lugar a dudas la especie más dañina que ha habitado este planeta.
El empresario alemán judío Otto Frank se vio obligado a abandonar su país cuando Hitler alcanzó el poder y puso en marcha la persecución de los judíos. Se afincó en Ámsterdam, pero con la invasión alemana tuvo que volver a huir, aunque en esta ocasión lo hizo en una casa oculta en las instalaciones de sus empresas. Allí estuvo con su mujer, sus dos hijas y algunos amigos (ocho personas en total) durante dos años hasta que fueron descubiertos por una denuncia anónima, y finalmente todos murieron en los campos de concentración, a excepción del propio Otto.
Ana, la hija menor de los Frank, es una niña de 13 años tremendamente culta, que entre sus distracciones está escribir un diario en el que va describiendo cómo es la vida en su confinamiento en el llamaban "Anexo Secreto". Este Diario de Ana Frank (Ana Frank. Ediciones Guernika-Publimexi. México DF. 2011) debería ser de lectura obligada porque, tirando de un tópico que suelo usar mucho, "Quien olvida su pasado está condenado a repetirlo"; o como dijo Otto Frank como una de las razones que le llevó a publicar el diario de su hija cuando conoció de su existencia tras regresar al refugio una vez acabada la ocupación nazi: "Para construir un futuro, es preciso conocer el pasado".
La historia es contada en un principio con cierto entusiasmo por Ana ya que afronta una auténtica aventura para una niña de trece años: la preparación, el secretismo, el traslado, vivir sigilosamente... La situación es rechazada por todos, pero no hay más remedio que aceptarla como mal menor pues la otra opción es la muerte. Por ello, concentran sus esfuerzos en el día a día, en estar ocupados para olvidar -aunque sea imposible- lo que les ha llevado allí.
La convivencia es siempre complicada, pero con el paso de los meses se va haciendo más difícil, también a causa de las carencias que van teniendo de todo tipo y especialmente de alimentos. Ana lo cuenta todo con detalle, desde la disputa por una mesa en la que trabajar, a la ansiedad por no poder salir a la calle, pasando por las disputas con su madre, o las tensiones que sufren cada vez que hay ladrones en la empresa tras la que se esconden.
El diario es el mejor amigo de Ana, el lugar donde libera sus pensamientos, sus emociones, sus miedos, sus proyectos... ante la imposibilidad de hacerlo con alguno de sus compañeros de viaje.
A lo largo de estos dos años Ana madura de una manera impresionante a causa de la situación. La Ana niña acaba siendo la Ana que se ha hecho mujer, que se ha enamorado, a la que le han dado el primer beso, la que ya comprende a los mayores... Ana, por la exigencia de la situación, se hace mayor aceleradamente, y relativiza cosas nimias de las que antes hacía un mundo, y a las que ahora da la importancia que realmente tienen.
Ana sorprende con sus pensamientos, y nos ofrece una visión tan simple de lo que debería ser el mundo, que no se entiende que compliquemos las cosas hasta tal extremo de llegar a exterminarnos los unos a los otros. 
El Diario de Ana Frank es un ensayo sobre la condición humana, pero ante todo un tirón de orejas a los mayores que gobernamos el mundo porque lo hacemos tremendamente mal.

lunes, 17 de julio de 2017

La Guerra no pasa de emboscada, y además cutre

En más de una ocasión hemos tratado el dicho de que "segundas partes nunca fueron buenas". Lógicamente hay excepciones a esta norma, y de hecho contamos con ejemplos de que la segunda parte de algo (película, libro...) es mejor que la primera.
En esta "La Guerra del Planeta de los Simios" protagonizada por César hay que tirar de tópico porque si la segunda entrega de esta nueva trilogía en torno a la rivalidad entre hombres y simios era mala, la tercera parte que se estrenó hace unos días es peor todavía.
Lo que más me molesta es que estuvo bastante acertada la forma en afrontar el clásico de otra manera, pero se han dejado ir por algún no sé qué que lo ha ido estropeando todo.
Es más, esta tercera parte empieza con muy buena pinta, pero el argumento se pierde en el camino, priorizándose sobre la principal historias que deberían ser secundarias, y que sin embargo alcanzan tanto protagonismo que llega un momento en el que no sabes qué es lo que estás viendo.
Eso te hace perder el interés sobre una historia donde hay guerra, honor, venganza, liderazgo, lealtad, tradición, locura... y que de haber sido bien aliñados todos estos ingredientes hubiésemos obtenido un plato digno del mejor restaurante; sin embargo nos ha quedado algo que no superaría ni la primera ronda del Máster Chef menos exigente.

viernes, 14 de julio de 2017

Cines de juguete

Suele decirse que viajar enriquece. Y estoy totalmente de acuerdo porque así conoces realidades diferentes a tu entorno habitual, y eso te permite ser crítico, analizar friamente -dentro de lo posible- si lo que tienes es bueno o malo. Sin embargo, si sólo conoces una cosa, jamás podrás detectar posibilidades de mejora, o al menos costará encontrarlas.
Digo esto porque cuando escucho tantas críticas hacia los cines que tenemos en Jaén, suelo dar de lado al tema  ya que a mí no me parece que sean tan malos. Claro, eso pasa por ir al cine únicamente en Jaén.  Reconozco que me escuecen los altísimos precios de las entradas, pero "como están así en todos sitios, qué le vamos a hacer". 
El problema surge cuando hace unos días fue al cine en Granada. Estaba allí por cuestiones que no vienen al caso, y decimos ver una película. Me gustó que la entrada me costara 4€ (gracias a una especie de carné de fidelidad por el que hay que pagar 1€ cada sesis meses). Pero el colmo llegó cuando entré a la sala: ¡¡¡Una pantalla grande... enorme!!! ¡¡¡Asientos colocados a diferentes alturas, por lo que no te molesta la visión el de delante, aunque venga con la permanente recién echada!!! ¡¡¡Espacio suficiente entre mi butaca y la de delante, por lo que se pueden estirar los pies para ganar comodidad!!! ¡¡¡Espacio de separación entre las butacas de la misma fila, teniendo dos apoyabrazos cada butaca!!!! ¡¡¡Asientos que vibran cuando en la película hay algún efecto susceptible de transmitirse al espectador de esta manera!!!
Claro, si eso lo comparas con lo que hay en Jaén, te dan ganas de ponerte a llorar. Aunque yo creo que más que llorar, lo que habría que hacer es hablar, decirlo, quejarse... y como última y quizá acción más efectiva, irse a otras ciudades donde los cines sean lo que deben ser: lugares para disfrutar de la película, y no de sufrir por las pésimas concidiciones de la sala.
Cines de juguete es lo que tenemos en nuestra ciudad, aunque los precios sí que son de primera división.
Pues nada, a decirlo... y sobre todo a hacerlo.