viernes, 29 de diciembre de 2017

Otra de dibujitos para adultos

Mi condición de padre de un niño y una niña que están empezando ahora su etapa de adolescentes he visto mucho, pero que mucho, cine de dibujitos. En su día me llamó la atención un patrón que se repetía cinta tras cinta: eran películas de dibujos, para niños, pero cuyo argumento era imposible que lo entendieran personas de tan corta edad. Eso supongo que es el cine para toda la familia: los peques se quedan con el colorido y los chistes de un segundo, y los papás con la historia.
Ahora voy a ver películas de dibujitos porque me apetece, y Coco no ha estado mal. Sigue el patrón de peli recomendada para niños pero que es para adultos, pero ya digo que no sólo no me disgusta sino que me ha resultado atractiva.
Es la historia de Miguel, un niño mexicano que ama la música pero que no puede desarrollar su pasión porque está prohibido en su familia. Son todos zapateros (generación tras generación) porque en la pareja en la que arranca el árbol familiar el padre, un cantante y guitarrista, se largó dejando mujer e hija. La mujer salió a flote haciendo zapatos, profesión heredada de generación en generación, y que ahora Miguel trata de saltarse para volver a la música.
La historia se desarrollo en total conjunción con la tradición de la Fiesta de los Muertos, tan popular en México, y que yo desconocía. De hecho, esta fiesta ha supuesto un descubrimiento para mí, además de ver con muy buenos ojos que se use el cine para defender las tradiciones nacionales.
Miguel vive mil y una aventuras, enfrentándose y a la vez apoyándose en su familia. Es la búsqueda de tu lugar en el mundo y en la vida, donde a veces hay que anteponer lo práctico al corazón. Aunque no siempre sale todo como nos gustaría... ¿o sí?.

jueves, 7 de diciembre de 2017

Álex de la Iglesia o cómo no rematar la faena

"¡Un rollazo... y de los grandes!". Esto es lo que me dijo una señora nada más acabar la película. Me levanté de mi asiento, con las luces aún casi apagadas, y me dirigí al fondo de la sala para depositar en la basura el envoltorio de los donuts que me había comido durante la proyección. Al regresar por el pasillo central, en busca de mis acompañantes, la primera persona que salía -la señora de antes, creo que ya bien jubilada- se dirigió decididamente hacia mí; yo me esforcé en reconocerla porque me habló tan amigablemente que supuse éramos conocidos. Pero, no. Nos conocimos y nos despedimos con aquella frase: ¡"Un rollazo... y de los grandes!".
Fue el punto exótico final a una película que no empezó bien. 
Esta semana me tocaba a mí elegir el título, pero mi esposa quería ver Wonder. En la cartelera no había ningún otro título que me atrajera, por lo que decidí ceder mi turno. Pero cuando en Ondajaén Radio, en el programa "Buenos días, Jaén", conté -en la sección de Cine- cuál iba a ser mi destino, mi compañero Rafa Rus -de los que más saben de cine en Jaén (aunque a veces me hace dudarlo)-, me mostró su contrariedad indicándome que "yo siempre apuesto por el cine español. Hay que ver Perfectos Desconocidos".
Pues nada. Allí estaba yo, ante un reparto de lujo (REPARTACO: Belén Rueda, Pepón Nieto, Eduardo Noriega, Ernesto Alterio...) dirigido por el siempre controvertido Álex de la Iglesia.
Ya Rafa Rus me avisó de que De la Iglesia suele plantear magníficas películas pero que lamentablemente muy pocas veces remata. Y aquí quizá tengamos otro ejemplo porque el final chirría, y mucho.
Un grupo de amigos se reúne para cenar en la casa de uno de ellos. Al margen de las típicas discusiones de que algún acompañante no se siente aceptado por los otros porque es la pareja de... digo que lo interesante llega cuando a alguien se le ocurre jugar a un juego: todos dejarán sus teléfonos móviles encima de la mesa, y leerán en voz alta los mensajes que lleguen, o descolgarán con el manos libres las llamadas entrantes para que todos puedan escuchar la conversación, por supuesto sin que la persona que está al otro lado de la línea telefónica sepa nada. 
¿Tenemos algo que ocultar entre nosotros para no jugar a este juego? Son amigos de toda la vida, y nadie tiene secretos para los demás. Por tanto, todos aceptan. Sin embargo, no sólo hay secretos, sino SECRETACOS que poco a poco se van desvelando, y haciendo que lo que iba a ser una aburrida cena, se convierta en una noche de locos.
Creo que en el fondo se trata de una historia de relaciones humanas, marcadas por la falsedad y la traición. Y, lo más grave, entre amigos de toda la vida que, al parecer, no lo son tanto.
El planteamiento -lo de los móviles- me parece algo simplón, pero es un punto de partida. La verdad es que el desarrollo resulta interesante, aunque en ocasiones parece poco creíble por los muertos que casi todos esconden bajo las alfombras. 
Me descoloca el final. No lo esperaba. No me gusta. Sólo faltaba que se hubiera presentado el cura de El día de la bestia. Quizá sea el estilo Álex de la Iglesia.

miércoles, 6 de diciembre de 2017

¡Qué listo es Poirot!

He oído hablar un millón de veces del famoso libro de Agatha Christie Asesinato en el Orient Express. También de la exitosa película que se hizo después. Pero nunca leí el libro ni vi la película.
Ahora he ido al cine a ver la nueva versión simplemente por descarte, porque no había ninguna otra opción que me atrajese más. Y no me he arrepentido.
Este Hércules Poirot es un lince. Con razón recorre el mundo desfaciendo entuertos y reclamado por las autoridades más variopintas. Ya nos da muestras de su destreza antes de embarcarse en el Orient Express, aunque es en el tren donde nos deja con la boca abierta con la investigación que realiza del asesinato de uno de los pasajeros, que es la trama de la película, y que lo hace tan bien que, de haber sido selectividad, yo le habría puesto un 14.
Como ni leí el libro ni vi la película, no sabía el desarrollo y desenlace de la trama, de ahí que esa ignorancia previa mía haya servido para sacarle más jugo a la trama. Así es porque estuve intrigado durante las casi dos horas de cinta, y jamás se me hizo pesada.
Poirot demuestra su maestría ante una docena de singulares sospechosos del que cualquiera podría ser el asesino; ¡¡hay incluso mayordomo!!.
El reparto de la película es de lujo, de altísimo nivel, y quizá por ello, por quienes participan, se hace más atractiva la historia.
Uno de los momentos que más me llamó la atención fue cuando el inigualable Poirot se revela humano, duda, no sabe cómo salir, no encuentra un camino a la investigación, está atascado porque sospechas hay sobre muchos, pero concluyentes, ninguna.
Al final pasa lo que pasa, Poirot se sobrepone, como siempre, con inteligencia, y acaba resolviendo el caso. Aunque el asunto es tan complejo que el mismo detective se ve ante la mayor encrucijada de su vida.
Yo creo que finalmente resuelve bien. Yo hubiera hecho lo mismo.
Película entretenida para ver sin más pretensión que la de echar un rato agradable. Aunque el final te hace pensar un poquito.

lunes, 4 de diciembre de 2017

José María Sillero

El 1 de diciembre está declarado como Día Mundial de la lucha contra el SIDA. Fue el pasado viernes, y cada vez que llega esta jornada me acuerdo de José María Sillero.
Era un médico de gran prestigio, de quien había oído hablar a mis mayores mucho y bien. Tengo que reconocer que por ello, porque era una eminencia, me dio miedo invitarlo a que asistiera a las tertulias que cada mañana, hace ya unos años, hacíamos en Ondajaén Radio. Rápida y muy amablemente nos dio su sí, y pronto lo tuvimos en el estudio, cada viernes, para la tertulia cultural.
Además de médico era una persona tremendamente culta, y en ese momento, en su etapa ya de jubilación que es cuando más tiempo tienes para tus cosas, y más cosas puedes decir sin tener que ser políticamente correcto, nos daba una lección magistral cada siete días. 
Pero hablar sólo de cultura era demasiado lujo, de ahí que para la siguiente temporada Sillero pasó a los jueves, a una tertulia ya sin condicionante temática, y compartiendo micrófono con Ángel Sanz (entonces, subdelegado de Defensa en la provincia) y Paco Palacios (entonces, responsable de Justicia de CSIF en Jaén). Como diría mi compañero Rafa Rus: ¡¡TERTULIACA!!
Hablaban de lo que querían, y con un nivelazo tal que podrían haber sido sin ningún tipo de duda protagonistas de cualquier tertulia de ámbito nacional.
Conocí por tanto a Sillero en la etapa final de su vida, pero su lucidez, preparación, criterio, implicación, conocimiento... unido al plus que te da los años le hacían un tipo único y extraordinario en todos los sentidos.
Su áurea positiva prevalecía sobre ese lado oscuro que todos tenemos, y pese a lo mucho que se le ha ensalzado a lo largo de los años, tanto en vida como en muerte, creo que ni de lejos nos hemos aproximado a lo que se merecía.
Entre las cosas que pude compartir con él, me quedo con dos ideas:
UNA.- Como médico, dejó la sanidad pública porque le obligaban a destinar 2 minutos a cada paciente, y él se negaba a estar menos de 20 minutos con cada persona que acudía a su consulta.
DOS.- Como ávido lector, pronto aparcaba aquellos libros que no le gustaban siguiendo la máxima de que "hay tanto que leer, y tan poco tiempo en esta vida...".

José María Sillero también era una persona profundamente religiosa, algo que no sólo no ocultaba sino que exteriorizaba con gran normalidad. Ese sentimiento le llevaba a cuestionarse muchas cosas; siempre me llamó la atención aquella conferencia suya sobre la resurrección de Lázaro. Interesante qué tendría que decir un prestigioso doctor sobre la vuelta a la vida de una persona. Si no recuerdo mal, la conclusión a la que llegó fue que Lázaro no resucitó porque no llegó a estar muerto.
Siempre me quedé con las ganas de preguntarle su opinión, como médico, investigador y científico, sobre la otra resurrección, la de Jesucristo. Y también sobre la de su concepción (de Jesucristo). Jamás me atreví a planteárselo, y no sé bien por qué. Quizá por rubor. Ahora, me arrepiento. De eso y de tantas cosas...
Acabo volviendo al principio. La curiosidad de José María era tal, que mientras otros diagnosticaban y trataban el mal de aquel chico dentro de la normalidad de lo que se conocía en la época, Sillero no se quedó conforme, y siguió analizando y trabajando hasta descubrir el primer caso de SIDA que hubo en la provincia de Jaén.
Creo que, ante todo, fue un ser inquieto. Un ejemplo a seguir.
Descanse En Paz.


martes, 28 de noviembre de 2017

Yo no me perdería La Librería

¡Me encanta Emily Mortimer!
La descubrí con retraso (como siempre) en The Newsroom. Interpreta un papel potentísimo que, como además es de una periodista en una serie de periodistas, me cautivó doblemente.
Emily Mortimer es la razón de que la semana pasada decidiera ir a ver La Librería. Bueno, Emily Mortimer; y la trama de una mujer que quiere abrir su librería en un pequeño pueblo perdido de la costa británica en la década de los 50 del siglo pasado; y que la directora sea Isabel Coixet.
Mortimer tiene ese extraño y original puntito británico que en su día detecté en Hugh Grant (Cuatro bodas y un funeral, y Notting Hill) que no sé muy bien cómo describir. Quizá sea timidez, exceso de corrección, cortedad... pero también tener el valor suficiente como para decir las cosas con toda su crudeza cuando hay que decirlas.
En La Librería tenemos a una Emily Mortimer metida en el papel de una educadísima mujer con agallas que no se para ante nada ni ante nadie para intentar hacer realidad su sueño de poner en marcha una librería. Pese a que en ello le vaya su patrimonio, sus amistades, su reputación....
¿Tanto revuelo por una librería? ¿Pero a quién hace daño una librería? Si os planteáis estas cuestiones os diré que La Librería es una historia sobre la dañina especie humana. Somos capaces de lo mejor, y también de lo peor; y aquí están presentes esos dos extremos. Ese malo malísimo que pese a tenerlo todo, quiere aún más. Y ese bueno buenísimo que se juega la vida por una idea.
Por fortuna, las victorias de David sobre Goliat son más habituales en nuestra sociedad de lo que pudiera parecernos. O quizá no.

miércoles, 22 de noviembre de 2017

Un fantasma anda suelto

Atraído porque su guionista fue también el de Lo imposible y El orfanato, a la vez que su productor participó en El orfanato y Un monstruo viene a verme (todas me gustaron), fui hace un par de semanas a ver El secreto de Marrowbone. Debo reconocer que el trailer (que, como todos, engaña) también influyó en mi decisión.
Una mujer y sus cuatro hijos dejan Inglaterra huyendo de su violento marido y padre. Acaban en un lugar perdido de Estados Unidos, y allí inician una nueva vida. 
Todo se trunca cuando la madre fallece por una enfermedad, y los cuatro hermanos deciden ocultar su muerte para evitar que los separen ya que todos son menores de edad. Se ocultarán hasta que el mayor cumpla los 23 años.
A partir de ahí se teje una historia marcada entre el aislamiento de los hermanos en una gran casona, y las ganas de salir de ella que tienen todos. El único que hace sus pinitos es el mayor, aprovechando que debe acudir al pueblo periódicamente para proveer víveres. Un tercer elemento estaría en las personas extrañas que por diversas razones (unas más nobles que otras) meten sus narices en la familia que quiere permanecer anónima.
El asunto se complica aún más cuando en la casa empiezan a ocurrir cosas extrañas. Quizá porque en el desván hay un fantasma. O quizá el fantasma esté por toda la casa. ¿O igual no hay fantasma?. Lo cierto es que el secreto va poco a poco desvelándose, y cuando parece que no ocurre nada, te vas dando cuenta de que es todo lo contrario. No es verdad casi nada de lo que parece serlo. Bueno, o quizá sí que lo sea todo.
Original historia con un final en cierto modo previsible, pero con algún elemento más que sorprendente e incluso poco creíble. Pero para eso es el cine, ¿no?

martes, 21 de noviembre de 2017

La montaña se queda en colina

Últimamente ando apresurado recuperando las sensaciones que me produjeron las películas que he visto recientemente en el cine, y que por falta de tiempo -o no-, no han tenido su correspondiente catite.
De la que os voy a hablar hoy no tiene mucho que contar. Se trata de La montaña entre nosotros. 
Una pareja de desconocidos tiene un accidente de avioneta en lo alto de una montaña en medio de ninguna parte, y se ven obligados a sacar hasta lo más insospechado de cuanto llevan dentro para intentar sobrevivir.
Historia de aventuras, de superación, de supervivencia, de amor, también de desamor, de plantearnos nuestra vida, nuestras prioridades, nuestro futuro, e incluso nuestro pasado.
No deja de ser entretenida por momentos, también algo lenta y aburrida en otros, para acabar sucediendo lo que todos esperamos desde el principio, aunque con el deseo de que el desenlace sea otro porque, de ser ese, nos defraudaría.
Finalmente acabamos defraudados tanto por lo que pasa como por no haber tenido la paciencia suficiente como para esperar a ver la película en cualquier tarde de domingo televisiva.
Por cierto, es la adaptación de un best-seller del mismo nombre escrito por Charles Martin.

lunes, 20 de noviembre de 2017

Una llamada complicada

Hace ya algún tiempo que fui al cine para ver La llamada, y hasta ahora no me he decidido a escribir sobre ella porque le he dado bastantes vueltas.
Se trata de una comedia española tremendamente divertida, que es la adaptación al cine  (a modo de musical) de una exitosa obra de teatro.
Dos de las protagonistas principales son unas jovencitas con las hormonas por las nubes que pasan el verano en un campamento de monjas. Hasta ahora han hecho lo que les venía en gana, pero llega una nueva responsable del campamento, una monja de armas tomar, que intenta meterlas por verea. Para ello, contará con la ayuda de otra monja que ya estaba en el campamento, y que se debate entre hacer caso a su jefa, o seguir siendo una especie de confidente de las jóvenes, a quienes intenta llevar por el camino correcto.
La cosa se complica cuando a una de las adolescentes se le aparece Dios a modo de cantante, interpretándole canciones de Whitney Houston.
La película es un acercamiento a las vocaciones, tanto religiosas como lo contrario, o de otro tipo, y ello haciéndolo de una manera original, atractiva y divertida.
Hablando unos días después sobre el argumento y la forma que tienen de resolverlo los directores, alguien me preguntó que si yo, en mi condición de católico, apostólico y romano, me había sentido ofendido. "¿Ofendido por la película?", contesté. "Todo lo contrario".
Es más, tengo que reconocer que no sé cómo acaba. No sé qué ocurre al final. Por ello, os animo a verla para que después podamos compartir nuestras versiones sobre el desenlace. Yo, de verdad, no lo sé.
Por cierto, todas las actrices principales están muy bien, pero Belén Cuesta está genial.


martes, 17 de octubre de 2017

La dañina especie humana

Hace algunas semanas leí en la prensa nacional una noticia tremendamente impactante. El físico Stephen Hawking dice que en menos de cien años los humanos deberemos haber abandonado la Tierra si queremos que perviva la especie. Las condiciones de vida se van a deteriorar tanto, que no podremos seguir aquí más allá de ese tiempo.
Dice Hawking que "El cambio climático, los choques de asteroides cada vez más frecuentes, las epidemias y el aumento acelerado de la población, hacen que el estado de la Tierra sea cada vez más precario".
El físico ha recomendado volver a la Luna antes del año 2020, y establecer una base permanente allí en menos de 30 años. A lo largo de este periodo de tiempo, el ser humano debería preparar lo necesario para llegar a Marte en el año 2025. En esta base lunar permanente, los astronautas probarían las tecnologías necesarias para viajar a destinos más lejanos, por lo que se convertiría en un puente hacia la conquista de nuevos planetas. Según Hawking, los astronautas llegarán al planeta rojo en unos 50 años: "Creo que la primera persona que viajará a Marte ya ha nacido".
Viendo los incendios estos días de Galicia, Asturias, Portugal, la gran contaminación a nivel mundial, el agotamiento de los recursos naturales.... y todo eso que seguro tenéis en vuestra mente, vendríamos a confirmar la teoría de Hawking.
“Qué lástima”, pensaréis muchos. “Nos estamos cargando el planeta”.
No. No es eso lo que está pasando. Ni mucho menos. No nos estamos cargando el planeta. Nos estamos cargando las condiciones que permiten al ser humano vivir en este planeta. Cuando nos las carguemos definitivamente tendremos que irnos o morir, pero el planeta seguirá aquí. Con unas condiciones u otras, pero aquí seguirá como ha hecho a lo largo de toda su vida.
No seamos condescendientes con nosotros mismos porque no somos tan importantes. Somos simplemente la especie más dañina que jamás ha habitado el planeta tierra. Sólo eso. 

sábado, 16 de septiembre de 2017

Mis queridas Leadville

Dice Paulo Coelho en El Alquimista que el Universo conspira continuamente para que toda persona consiga aquello que desea con fervor. Incluso si algo es lo adecuado para alguien, pese a que ese alguien no lo sepa y por tanto no lo desee, el Universo le va poniendo pistas para que abra los ojos y pelee por conseguirlo.
Tengo la sensación que eso es lo que me pasa a mí con las zapatillas New Balance Leadville.
NB es una de mis marcas favoritas, y cuando decidí realizar alguna carrera de trail, busqué el modelo insignia de la marca para ese tipo de pruebas: las Leadville. Era el año 2014, y la zapatillas eran tan sumamente caras que, pese a desearlas locamente, opté por otras. Cuando esas otras llegaron tuve que desecharlas -por cuestiones que no vienen al caso- y buscar urgentemente otras porque en siete días corría los 101 kilómetros de Ronda. 
Todo lo que vi era carísimo hasta que casualmente encontré en oferta las Leadville 1210 que deseaba a un precio alto pero no tanto como el original. Me lié la manta a la cabeza, las compré, y no me pudo ir mejor con ellas en los más de dos años que estuve usándolas, y con las que recorrí 739 kilómetros.
Tras jubilarlas con honores las busqué otra vez. En esta ocasión la dificultad era doble porque seguían siendo caras, y además la marca ya no las fabricaba (las había sustituido por el modelo Hierro).
Las deseaba pero el bolsillo pesaba más que el corazón. Compré otras que he tenido que desechar porque eran impermeables -no lo sabía al adquirirlas por internet-, y si bien evita que entre el agua por la zapatilla, cuando el líquido te entra por el calcetín, no lo deja salir. Eso me pasó en el kilómetro 2 de la última Carrera del Melón este pasado agosto, y lo pasé fatal corriendo más de 13 kilómetros con el calcetín encharcado.
Volví a busca las Leadville sin éxito hasta que antes de ayer, comprando en Zona 5 de Jaén (en el Gran Eje) la ropa de mi hijo para el equipo de fútbol sala, me acerqué al expositor de running, y con una gran sorpresa vi que había unas. De 129,95 euros estaban rebajadas a 99,95€. Llamé la atención al dependiente por la alegría que me suponía ver en venta a mis queridas Leadville (eran el modelo V9) que ya no se fabricaban. Me dijo Jacob que eran las últimas que le quedaban, y que si me las llevaba me las dejaba en 65€. Al preguntar por los números que tenía me respondió que sólo las del expositor. Me acerqué a comprobar si me estaban bien, y el Universo volvió a hacer su trabajo: era mi número.
Hoy las he probado. Suenan de lujo. Todavía se acuerdan de mí.
Ya os contaré.