martes, 12 de mayo de 2009

Espíritu Don Quijote

El Consejo de Ancianos estaba satisfecho. Su autoridad en el poblado había sido reforzada pues la idea de arreglar el sendero seguía adelante sin oposición alguna. Al principio tuvieron un poco de miedo, sobre todo teniendo en cuenta lo que ellos mismos hicieron cuando aún no vestían las túnicas blancas que concede el poder: defender los mismos principios que ahora estaban quebrantando. Pero ya no había nada de lo que preocuparse porque, tras varios días de obras, todo marchaba según lo previsto.
Pero eso era ayer. Hoy, la cosa ha empezado a torcerse. Sólo un poquito, eso sí, pero no hay que olvidar que las grandes hazañas comienzan siempre de la manera más humilde.
Ante las obras del sendero apareció, a primera hora de esta mañana, un grupo de lugareños manifestando su negativa a la aniquilación de los siglos de vida representados en unos árboles que no sólo les dieron sombra en calurosos veranos, y cobijo durante fuertes temporales, sino que algunos de ellos había sido incluso testigos de su amor; el próximo en la lista de decapitaciones aún mantenía tatuado en su piel el corazón tallado, a escondidas, con acero de tercera categoría.
Apenas si llegaban a la docena, pero como la cantidad no está reñida con la calidad, los idealistas no cejaban en su empeño, recibiendo incluso los ánimos y la complicidad de muchos vecinos que, al pasar junto a ellos conduciendo sus carretas, les premiaban con gritos de ánimo.
Al principio lo tenían crudo. Después, tras la hora en la que aproximadamente manifestaron su protesta, seguían teniéndolo crudo, aunque quizá un poquito menos.
Es el primer paso de algo cuyo final desconocemos, pero que confirma que aún corre sangre por las venas de la Humanidad, aunque muchas veces no lo parezca.

lunes, 11 de mayo de 2009

Algo está pasando... pero ¿qué?

Ocurrió hace unos años. Fue en el poblado que hay junto a la montaña. El Consejo de Ancianos decidió que había llegado la hora de reformar un rellano, junto al río, donde había una especie de jardinillos a los que las mujeres acudían a secar la ropa tras haberla lavado sobre las rocas de la orilla.
La idea era mejorar el lugar pensando, sobre todo, en quienes lo utilizaban a diario. Pero alguien corrió la voz de que no todo era tan bonito como lo pintaban. Parece ser -decían- que también quieren quitar la encina casi milenaria que nos da sombra, y a la que tanto aprecio le tenemos porque forma parte de nuestra historia.
El malestar fue general ante el rumor, e incluso se organizó una concentración de protesta ante la cabaña donde se reunía el Consejo. Los Ancianos no sabían qué ocurría al sentir tanto alboroto fuera; por eso, uno de ellos salió, preguntó, volvió dentro, y al instante el Consejo en pleno -algo muy poco habitual- salió para dirigirse a los vecinos. No había nada que temer porque no sólo la encina sino el resto de árboles que hacían de aquel entorno un lugar paradisíaco iban a seguir estando allí. De hecho, nunca se había, ni siquiera, planteado otra cosa.
Las familias se retiraron, aunque con la mosca detrás de la oreja. Estuvieron pendientes de las obras, y finalmente el Consejo cumplió su palabra: la reforma se realizó, y los árboles seguían estando donde habían estado siempre.
Pocos años después el Consejo decidió arreglar el sendero que unía con la aldea vecina. La calzada duplicaría su anchura, un firme más estable permitiría que los carros circulasen más deprisa... El pero era que había que acabar con todos los árboles -la mayoría de medio siglo de vida- que había en los márgenes del sendero, pero No hay que preocuparse -decían los Ancianos- porque por cada árbol que ahora se tale, plantaremos cinco.
La obra comenzó, unas extrañas máquinas amarillas, con pinta de mala leche, destrozaron sin dudar todo cuanto encontraban a su paso, incluidos árboles de más de 50 años a los que ni siquiera se les brindó una muerte digna. Desaparecían a base de crueles golpes que les desgajaban poco a poco, cual si la Inquisición hubiera vuelto para vengarse de su silencio.
Pero ahora, el pueblo callaba. Ahora, algunos líderes de entre las familias, callaban. Ahora, los ancianos díscolos callaban. A lo mejor es que no era el mismo pueblo, ni los mismos líderes, ni las mismas familias, y los ancianos eran otros... pero lo que sí se mantenía en su sitio, imperturbables -hasta entonces- viendo pasar el tiempo... eran los árboles.
Algo está pasando. Algo ha cambiado. Pero no sé bien qué es. O sí

jueves, 7 de mayo de 2009

Cazador cazado

Se iba a jugar una de las dos semifinales de la Champions. Los equipos en litigio eran Chelsea (inglés) y F. C. Barcelona (español). Lo intenté en varias ocasiones, a lo largo de días diferentes, pero todo se resolvió, como casi siempre, a la última. Mi objetivo era hacer ver a Guillermo (mi hijo de 7 años) que, a pesar de ser nosotros seguidores del Real Madrid hasta la médula (después del Real Jaén, claro), ese día era especial porque se enfrentaba un equipo español y uno inglés. Por lo tanto, nosotros animaríamos al español, es decir, al Fútbol Club Barcelona.
Guillermo se rebeló una y otra vez diciendo, sin dejar resquicio al más mínimo atisbo de duda, que él animaría al Chelsea porque el Barça es nuestro máximo enemigo, y hay que desear que pierda... ¡¡¡SIEMPRE!!!.
Ante mi insistencia, un elemento introducido por Guillermo en la discusión zanjó la cuestión.
Guillermo.- ¿Por qué tenemos que animar al Barça?.
Yo.- Porque es un equipo español.
G.- ¿Por qué es español?
Y.- Porque es de España.
G.- Sí, pero sus jugadores no son españoles. El otro día se enfrentó el (Real) Madrid, equipo español con tres españoles en su once inicial, al Liverpool, equipo inglés con cinco españoles en su alineación. ¿A quién deberíamos haber animado entonces?.
Me sentí como el cazador cazado.

miércoles, 6 de mayo de 2009

Todo un regalo

Muchas veces sólo necesitamos que alguien nos llame la atención sobre algo con lo que convivimos -y por eso mismo, por lo habituados que estamos a tratar con él, nos pasa desapercibido- para que nos demos cuenta de lo que es realmente, de su significado verdadero, de todo el potencial que tiene, de sus posibilidades... No nos están enseñando nada nuevo, simplemente nos pulsan el botón adecuado para que caigamos en la cuenta de.
El Alquimista, de Paulo Coelho, no es un libro de autoayuda que tan de moda han estado en los últimos años... No lo es, o sí. Lo cierto es que el autor nos anima a buscar nuestra Leyenda Personal, es decir, ese objetivo que toda persona tiene en la vida, aunque en ocasiones sea difícil definirlo, y que no sólo es posible conseguirlo sino que además el mundo nos da señales para que acudamos en su búsqueda; es más, Cuando quieras una cosa, todo el Universo conspirará para que lo consigas. Y otro, Realmente la vida es generosa con quien vive su Leyenda Personal.
Santiago es un pastor andaluz que tiene totalmente controlada su existencia; monótona, pero él es feliz. Un día decide hacer caso a los sueños que le incitan acudir en busca de un tesoro junto a las pirámides de Egipto. Con los sueños como espoleta, y el aliento de algunos personajes peculiares, decide viajar al continente africano y atravesar el duro desierto. El tesoro -su Leyenda Personal- está finalmente más cerca de lo que él imagina, pero el viaje que realiza para encontrarlo es también parte de ese tesoro.
Casi a modo de cuento, pero llegando a una profundidad difícil de imaginar si no se experimenta, Paulo Coelho no sólo nos hace ver la necesidad de que cada uno de nosotros busque su Leyenda Personal, sino que trasmite la idea de que ese viaje resulta imprescindible para tener finalmente una vida completa. Tesoro que hay que buscar a pesar de todo, dejando de lado, incluso, el amor -si no espera es porque no es amor verdadero-; haciendo, si es necesario, algún alto en el camino para retomar fuerzas; aprendiendo de los errores y de los aciertos..., de la experiencia, en definitiva.
Me parece una auténtica barbaridad que no haya sido hasta el año 2009 cuando YO he leído una joya como esta, tallada en el año 1988, hace 21 años.
Uno de los libros de cabecera que debe tener todo el mundo pero no sólo para leer una vez, sino para volver sobre sus páginas cada cierto tiempo con el objetivo de cargar las pilas y, sobre todo, reflexionar.
Para mí ha supuesto una auténtica revolución personal.
P.D. Creo que nunca podré agradecerle lo suficiente a quien me lo hizo llegar.

lunes, 4 de mayo de 2009

Dígame

Ocurrió hace algunos días. Alguien marcó el número de uno de los teléfonos de más glamour del Ayuntamiento de Jaén. Al otro lado descolgó la -persona- de siempre, y además lo hizo con su cancioncilla habitual, esa que ya le ha dado fama, pero que también desvela que su formación, por muy vasta que sea, no la adquirió en Harvard.
La dichosa tecnología no funcionó como se espera en estos casos, y mientras que quien llamaba sí podía escuchar a quien había descolgado el teléfono, ésta -persona- no escuchaba nada de nada pese a que el emisor gritaba como para hacerse entender sin necesidad de utilizar el aparatito.
El colmó llegó en ese momento. Fue cuando la -persona- que descolgó el teléfono, harta de preguntar sin encontrar respuesta alguna, pensó que todo era una broma -también podía ser un problema técnico, como fue realmente-; lo que echó por su boca no sólo quedará entre ella, quien estaba al otro lado del teléfono, y... alguno más, sino que también desveló que su educación no procede, ni siquiera, de Harvard-quinto, con mis mayores respetos para quienes allí moran y laboran.

miércoles, 29 de abril de 2009

Prensa extranjera, otra vez

Un compañero de clase de inglés, asiduo seguidor de medios de comunicación en inglés, me comentaba el otro día que para enterarse de lo que ocurre realmente en la economía española hay que acudir a los periódicos y televisiones extranjeras. Yo no creo que eso sea tan así, aunque la prueba que me presentó para sustentar su razonamiento fue demoledora.
Se trata de un reportaje de la BBC, una -si no la más- de las televisiones de mayor prestigio del mundo. El tema desarrollado era la crisis económica que podía llegar a España como consecuencia de un boom inmobiliario que desde hacía una década había roto todos los esquemas económicos y comerciales del país, y que ahora estaba a punto de estallar. La construcción había dado mucho dinero, había generado nuevos ricos, los desiertos se habían convertido en urbanizaciones... pero eso era ya pasado, y el futuro que se preveía era demoledor.
Del reportaje me llama la atención dos cosas. La primera, que fue publicado en el mes de julio de 2007. Es decir, un año antes de las elecciones generales en nuestro país, aquel tiempo en el que la llegada de la crisis era un hecho, mientras que quienes nos gobernaban -quizá como estrategia electoral- no sólo la negaban sino que tachaban poco menos que de antipatriota a quien se atreviera a reconocerla.
La segunda cosa que me sorprende es que aparece uno de los miembros del gobierno: la entonces ministra de Vivienda, Carmen Chacón. Espectacular la respuesta que da al periodista cuando le suscita el tema: da la entrevista por finalizada de una manera tajante.
Como conclusión, dos preguntas.
Una: ¿Realmente nadie, ningún gobierno, preveía esta crisis cuando una televisión ya la avanzaba?
Y dos: ¿Hay que acudir realmente a la prensa extranjera para saber de la economía española?

lunes, 27 de abril de 2009

Un Cabezo especial

Hacía dos años que no subía al cerro del Cabezo en el día de la romería grande. En esta ocasión tampoco iba a ir. Lo cierto es que el simple hecho de pensarlo ya te hace dudar porque es un viaje para "pasar fatigas", como dicen muchos.
La cosa ha mejorado bastante de unos años a esta parte. El poder disponer de una casa-hermandad ofrece unas posibilidades antes impensables, bastante mejores a las habituales tiendas de campaña, pero a pesar de ello el espacio es siempre limitado, y la afluencia de gente -va casi todo el pueblo- es cada vez mayor.
El domingo, cuando regresábamos al filo de la medianoche y tras haber hecho balance del largo fin de semana, consideré acertada la decisión de haber ido. No sólo no me arrepentía sino que me alegraba, y bastante.
La vida es una suma de experiencias, y ésta era una de ellas. Siempre tendemos a la rutina, a lo que controlamos, a no complicarnos demasiado, pero con ello también estamos acabando con el valor añadido que lo inhabitual aporta a nuestra existencia. En esta ocasión la actividad romera ha sido como casi siempre, y el matiz diferenciador ha estado en la gente, en la charla tranquila, sosegada, incluso crítica, profunda en ocasiones,... con amigos de toda la vida pero de los que nos hemos distanciado por la pura inercia de la separación impuesta por la distancia de nuestras residencias habituales.
Desde hoy ya me apunto al año que viene.
Además, la Virgen ha cumplido nuestros deseos; al menos, el de Guillermo, mi hijo de siete años. Hoy tenía cita con el traumatólogo para ver si le quitaban la escayola del brazo, y eso precisamente, que se la quitaran para poder jugar el partido de fútbol que tenía por la tarde, es lo que Guillermo deseó cuando encendió su vela en el Santuario. Y la verdad es que Ella ha cumplido porque cuando el médico ya le había dicho que debía seguir con el yeso unos días más, y cuando ya nos íbamos de la consulta con las lágrimas -muchas- en los ojos de Guillermo, la enfermera nos volvió a llamar porque habían encontrado un papel que antes les había pasado desapercibido, y que permitía quitarle la escayola. ¿Fue la Virgen? ¿Fue la casualidad? ¿Fue la corrección de un error que no se debió haber cometido? No lo sé, pero lo cierto es que el deseo se cumplió.
Por cierto, yo pedí que el Real Jaén suba este año a Segunda División A.

jueves, 23 de abril de 2009

Ópera prima

Hay un dicho popular que indica que en esta vida hay que hacer tres cosas: plantar un árbol, tener un hijo, y escribir un libro. Por eso a nadie podemos cortarle las alas que le lleven a su cita obligada con la escritura, sobre todo cuando, como es el caso, se trata de una de las millones de personas anónimas que pululan por esta competitiva sociedad, y que abre una ventana a su interior sin más objetivo que buscar la satisfacción personal, y sin más ambición que dejar una herencia a los suyos. Eso es precisamente lo que hace Mª Flor Cañada con Los espacios sombríos del cielo, su primera obra que ve la luz en el año 2006, tras haber estado algún tiempo en un cajón, y como paso inicial para salir de un armario que durante años llenó "libretas y archivadores con canciones, cartas con destinatarios imaginarios, relatos cortos... pero en silencio".
Se trata de una narración autobiográfica con la que la autora pretende contraponer "los canales de la muerte y de la vida". Los primeros, representados en su trabajo en una residencia de ancianos; y, los segundos, a través de su maternidad.
Creo que no consigue su primer objetivo porque el pretendido acercamiento a la muerte, del que sí encontramos alguna referencia muy interesante, queda eclipsado por la excesiva recreación en la descripción de las disputas de la protagonista con las responsables de la residencia, o en el simple trabajo diario.
Todo lo contrario de lo que ocurre con la vida. Resulta magnífica la transmisión de sentimientos que la autora hace de ese contacto con su hijo recién nacido, de su vuelta anormal a su vida normal, de los muchos fantasmas que la acechan, de las intensas y crueles dudas que la atosigan. Como ejemplo de la buena pinta de futuro que presenta esta escritora en su primera obra quisiera reseñar un párrafo que considero excepcional. Es la descripción de cómo una mujer que acaba de dar a luz abandona el hospital con, todavía, bastantes problemas de salud: "No llevaba nada en las manos. NADA. Ni siquiera a mi hijo, que iba bien acurrucadito en el regazo de la abuela, un metro por delante. No era así como lo había soñado. Que va. Más bien parecía una caricatura de lo que debió ser la experiencia más hermosa de nuestras vidas. Llovía fuera".
Enhorabuena, Mª Flor, porque ya eres inmortal.

martes, 21 de abril de 2009

Un tópico muy real

Siempre se suele decir por estas tierras que cuando salimos -los jienenses- en los medios de comunicación a nivel nacional o internacional, ocupando puestos de privilegio, es por algo malo. Y la verdad es que el tópico suele cumplirse salvo contadas excepciones.
Hoy me ha llegado una referencia que me ha dejado sorprendido porque se trata del dicho, una vez más, hecho realidad. Un amigo me ha enviado el enlace a la prestigiosa revista Time, toda una institución entre los medios de comunicación mundiales. Pues bien, hace unos meses Jaén apareció en sus páginas. Era un artículo en el que se hacía eco de la complicada situación de los inmigrantes que acuden a la provincia a trabajar en la campaña de la aceituna, y se ven obligados a dormir al raso. Algo que ocurre año tras año, aunque en esta ocasión el problema ha sido, si cabe, más acentuado porque la crisis ha hecho que personas de Jaén que habitualmente trabajaban en otros sectores, al quedarse sin trabajo, vuelvan a los tajos de recogida de la aceituna, siendo los principales perjudicados los inmigrantes.
El artículo está en inglés, pero en la primera lectura rápida que he realizado me parece riguroso y apropiado. Si quieres leerlo, pulsa AQUÍ.

En cualquier caso, un artículo que debe hacernos pensar a todos.
Concluyo con el final. Con las palabras que dice Java Shiri, un emigrante mauritano que el año pasado encontró trabajo en la aceituna, pero que en 2009 no ha tenido suerte:
"I can't go back; there's no work in my town. I came here to work. If I lose this season, I'm finished."

domingo, 19 de abril de 2009

No todo es teatro

No me gusta la Semana Santa por lo mucho que tiene de teatro y lo poco de sentir religioso. Me refiero, lógicamente, a la Semana Santa como una manifestación religiosa, porque a nadie le discuto su grandísima vertiente de manifestación cultural. De hecho, soy el primero en ir a admirar las procesiones.
Por mi trabajo -aunque también por mi propia experiencia personal- siempre he estado muy cerca de los pasos procesionales, y he visto una excesiva parafernalia más propia de una representación teatral. Eso no quiere decir que no haya emotividad; la hay y mucha... y en tanta cantidad que en ocasiones te contagia.
Este año ha sido diferente. He vuelto a sentir lo teatral, como esperaba, pero también he detectado lo otro en mayor medida que en ocasiones anteriores. Gente que en lugar de buscar el protagonismo ante las cámaras, opta por el anonimato, por hacer su estación de penitencia sin que nadie tenga que saberlo porque a nadie le interesa. Personas -muchas- que se quedan un paso detrás de los focos porque están allí para otra cosa.
Me apunto a esta Semana Santa.