miércoles, 14 de febrero de 2018

Epatar

Continuando con la confección de mi particular diccionario, compuesto por aquellas palabras que encuentro en las lecturas de mi día a día, y de las que desconozco o dudo de su significado, aquí tenéis otra.
Aparece en un artículo que VivaJaén publicó ayer. Es una entrevista que Aurora Guzmán realiza a José Luis García, responsable de la conocidísima Librería Metrópolis de la ciudad de Jaén. El subtítulo de la entrevista recoge lo siguiente: JOSÉ LUIS GARCÍA_Desde la calle Cerón epata a su ciudad, reconociendo que "todo el mundo es creador" y que "hay que ser valiente, salir del cascarón y favorecer a que Jaén prospere".
Ahí está: EPATA. ¿Qué es epata? Ni idea. Pensé que era una errata. Pero no; existe.
El diccionario de la lengua española, elaborado por la Real Academia Española, recoge la siguiente definición:

EPATAR: 1. tr. Producir asombro o admiración.

Otra duda solucionada. Se lo ha currado Aurora. Reconozco estar sorprendido porque acaba de nacer un verbo para mí. Aunque yo, en la entrevista, no lo hubiera utilizado; habría optado por decir que "José Luis García, desde la calle Cerón, asombra a su ciudad...".

martes, 13 de febrero de 2018

in memoriam

"Me han tangado". Ese fue uno de los últimos pensamientos de un chaval de mediana edad que no hace muchos meses fallecía a causa de la peste que tanto daño está haciendo desde el pasado siglo XX. 
Moría joven, dejando viuda e hijas de corta edad. Tras pocos meses, demasiado pocos -o quizá fueron una eternidad- luchando contra su enfermedad, y aún sin perder la esperanza de ganar la batalla, quizá se dio cuenta de que la cosa no iba bien, y fue cuando pensó que "me han tangado". No se refería a los médicos por haberle aplicado -tal vez o tal vez no- el tratamiento inadecuado, o no el mejor posible. No se refería al sistema sanitario por no poder hacer algo más por él. No se refería a los investigadores que no logran una cura. Hablaba de la vida. La vida le había tangado. No era justo que alguien así muriera tan joven, tan rápido, tan lleno de vida, con tantos proyectos por hacer, siendo tan necesario para su familia... Era una estafa en toda regla, la peor que nadie puede sufrir.
No era justo. No es justo. Nunca será justo.
Hoy, hace apenas unas horas, han tangado a Ana Rosa.
Se la ha llevado una de esas que llaman enfermedades raras. De las que afectan a muy pocas personas, y por ello no resulta rentable investigarlas. Aunque no sé bien cuánto cuesta la vida de un ser humano.
Se la ha llevado pero le ha costado porque Ana Rosa se ha resistido hasta el último momento como esa grandísima luchadora que era; ha disfrutado hasta el último segundo las cosas buenas de la vida que son las más insignificantes pero realmente las más importantes.
Hablé con ella por última vez hace... ¡8 días! Me enreó en su enésimo proyecto. Se llamaría Esencia. ¡Qué bonito! A mí ya me tenía -como, supongo, a tanta otra gente- porque era imposible darle un no por respuesta.
8 días antes de morir... y seguía inventando
¡¡Joder!! ¡¡Nos han tangado a todos!!
Por cierto. Que San Pedro se agarre los machos porque le va a poner el cortijo patas arriba. Aunque, cuando pasan cosas como esta me pregunto si realmente hay alguien o algo ahí arriba.

domingo, 11 de febrero de 2018

El libro del antirunner

Un amigo, tomando café el otro día, me mostraba su preocupación por la gran cantidad de personas que, pese a no haber hecho deporte en su vida, se sumaban a la moda del running, y no dudaban en afrontar pruebas de largos recorridos, y de gran dureza.
Mi amigo reconocía que él ha hecho deporte (no atletismo) siempre, casi profesional, y por ello ha sometido a su cuerpo a grandes exigencias. Conoce en primera persona qué puede suponer eso, y por ello se echa las manos a la cabeza cuando tantos y tan poco preparados osan fijarse retos de ese tipo.
Esto es precisamente lo que encontramos en The Runner Man (Fabián Roncero. Editorial Pigmalión. Madrid. 2017): un llamamiento a todos aquellos que quieren correr, a que lo hagan de manera adecuada.
Roncero es una voz más que autorizada en este ámbito; sus números están ahí, y no os voy a cansar repitiéndolos, pero no me resisto a recordar que fue el primer hombre blanco en bajar de una hora en media maratón.
Tuvimos la suerte de disfrutar de su presencia en Jaén hace unas semanas. Fue el pasado 12 de enero, el día de antes de la San Antón. Vino a correr, y también a presentar su libro. Yo tuve el privilegio y el honor de conducir la presentación, y allí quedó claro el posicionamiento de Roncero: no todo el que corre es corredor. Lo mismo que, como alguien dijo en el acto, "yo no me puedo llamar cocinero porque cocine una tortilla de patatas".
Su mensaje levanta cierta polémica porque son muchos quienes lo critican al entender que con ello está quitando el valor a tantos corredores que, en la medida de sus posibilidades, afrontan las carreras con gran sacrificio y esfuerzo. Pero Roncero insiste sin ningún tipo de complejos: no puede tener el mismo valor una persona que hace dos horas en un maratón, que aquella otra que emplea 18 horas en recorrer esa misma distancia. A partir de ahí, "que cada cual le de a las cosas el valor que cree que tienen", dijo Fabián.
The runner man recoge este mensaje de Roncero, y cuenta la historia ficticia de un hombre que en apenas un año pasa de no haber hecho deporte en su vida a correr un maratón; y al año siguiente ya está haciendo pruebas de montaña y de ultradistancia.
En el camino Roncero nos describe con mucho humor e ironía las peripecias de este chico cuyas únicas fuentes de información y formación son las redes sociales, anteponiendo lo que ahí encuentra (de procedencias más que dudosas) a lo que le aconsejan profesionales especializados en el correr, en la medicina, en el equipamiento... 
El protagonista del libro es una especie de antirunner porque hace todo lo que no hay que hacer. Y Fabián nos lo cuenta en algo así como un libro al revés, es decir, no nos dice lo que debemos hacer para empezar a correr o para afrontar retos exigentes, sino que nos escenifica lo que no hay que hacer.
Al final es complicado no estar de acuerdo con Roncero ya que su mensaje se resume en esta frase: "cuando uno no está preparado para hacer algo, lo primero que debe hacer es prepararse". Y el atletismo no es una excepción.
Quiero acabar con algo que Fabián dijo en Jaén durante la presentación del libro. Fue algo así como que, "con tanto correr, no es cierto que pretendamos hacer deporte saludable; esa es la excusa. En el fondo lo que queremos es alimentar nuestro ego. Lo tenemos tan subido, y queremos subirlo aún más, que casi nunca atendemos a razones". Para reflexionar. 

miércoles, 7 de febrero de 2018

Entrópico

Continuando con la confección de mi particular diccionario, compuesto por aquellas palabras que encuentro en las lecturas de mi día a día, y de las que desconozco o dudo de su significado, aquí tenéis otra.
Aparece en un artículo de opinión que el ex ministro de Trabajo y Seguridad Social, Manuel Pimentel, escribe hoy en el periódico Viva Jaén (supongo que aparecerá en todas las ediciones del grupo editorial). La sección tiene como nombre La Taberna de los Sabios, y el artículo se titula Los papeles del Pentágono y las 'fake news'
En esta opinión de Pimentel encontramos el siguiente párrafo: "La irrupción de internet, la posibilidad de acceder de información al gusto a través del entrópico universo digital, la severa crisis económica de los medios escritos y las nuevas tendencias sociológicas y culturales, permitieron que surgieran conceptos como la sociedad líquida y la postverdad -o sea la mentira-..."
Ahí está: ENTRÓPICO. ¿Qué es entrópico? Ni idea.
El diccionario de la lengua española, elaborado por la Real Academia Española, recoge la siguiente definición.

ENTRÓPICO: 1. adj. Fís. Perteneciente o relativo a la entropía.
ENTROPÍA: 1. f. Fís. Magnitud termodinámica que mide la parte de la energía no utilizable para realizar trabajo y que se expresa como el cociente entre el calor cedido por un cuerpo y su temperatura absoluta.
2. f. Fís. Medida del desorden de un sistema. Una masa de una sustancia con sus moléculas regularmente ordenadas, formando un cristal, tiene entropía mucho menor que la misma sustancia en forma de gas con sus  moléculas libres y en pleno desorden.

Creo que la duda está solucionada. Me quedo con la segunda acepción, y entiendo que hablamos de desorden. En el texto de Pimentel se podría hablar de "desordenado universo digital".
Y me pregunto: en este caso ¿aporta más entrópico que desordenado?


domingo, 4 de febrero de 2018

Preterir

Siempre he sido, o al menos lo he intentado, riguroso con el lenguaje. De un tiempo a esta parte seguramente por mi condición de periodista, y en mis épocas de niñez y adolescencia y juventud porque me encantaba leer, escribir... crear... 
Mi exigencia fue alta a la hora de evitar faltas de ortografía, pero también en el uso de las palabras. Intento no complicarme la vida para que mis textos sean entendidos, y mi referente suele ser mi madre. Sé que no me lee, pero como si lo hiciera; cuando escribo me propongo que el resultado pueda ser entendido por una mujer a punto de cumplir 73 años, educada en la realidad de la época, y con el agravante de nacer-crecer-vivir en la España más profunda de la España profunda.
Viene todo esto a que tengo la costumbre de buscar en el diccionario aquellas palabras que no entiendo en los textos que leo, ya sean libros, periódicos, redes sociales, revistas... incluso algunos términos muy habituales de nuestro día a día, dudo ante su significado al ser utilizados en contextos que me chirrían.
No sólo busco esas palabras, sino que las guardo en un listado junto con su definición; habitualmente las repaso para saber que existen, para incrementar mi vocabulario...  Desde hoy, os las voy a ir ofreciendo por aquí.  
Y empiezo con una que he encontrado esta mañana en el ABC. Ignacio Camacho publica su columna diaria Una raya en el agua (página 15), hoy bajo el título La Firma. Su primer párrafo dice lo siguiente: "En materia penal, la izquierda española sostiene una inclinación permisiva que bajo la defensa del principio de reinserción tiene en ocasiones a preterir los derechos de las víctimas".
Ahí está: PRETERIR. ¿Qué es preterir? Ni idea. 
El diccionario de la lengua española, elaborado por la Real Academia Española, recoge la siguiente definición.

PRETERIR: 1. tr. Hacer caso omiso de alguien o algo.
2.- tr. Der. Omitir en la institución de herederos a los que son forzosos, sin desheredarlos expresamente en el testamento.

Solucionado. En este caso nos quedamos con la primera definición. Ya tiene sentido la frase.
Y ahora me pregunto. ¿De verdad, Ignacio, era necesario utilizar preterir en lugar de ningunear, ignorar, omitir, olvidar...?


sábado, 3 de febrero de 2018

Costó pero El Autor llegó a Jaén. Menos mal

No acabo de entender muchas de las cosas que pasan en mi entorno, y ante el no saber qué hacer, me limito a llamar la atención sobre ellas. 
Una de mis últimas sorpresas fue que en los cines de la ciudad de Jaén no se proyectara El Autor. Tenía ganas de verla desde que conocí su existencia, pero alguien decidió que no lo haría simplemente porque no llegaría a nuestras salas, por lo que mi única opción pasaba por emigrar. 
En esas estaba, planificando una salida cinematográfica, cuando me enteré de que los Encuentros con el cine español (organizados por la Diputación) no sólo traían la peli a Jaén sino también a su director y a los protagonistas.
Me costó, pero finalmente logré entradas. Además, pocos vieron la película mejor que yo porque mi butaca estaba en la fila 2. ¡Ahí es nada! Fue la mejor que pude conseguir porque la demanda era tal, que se tuvieron que habilitar dos salas. ¡¡Dos salas a tope, en Jaén, para ver una película española!! Incluso algunos tuvieron que quedarse fuera.
¿Qué habrá pensado, al conocer estos datos, la persona que decidió que Jaén no era buen lugar para la proyección de la cinta?
Cierto que estaban su director y los protagonistas. Cierto que la entrada costaba 1,50€. Pero eso no quita que, entiendo, hubiera sido rentable su proyección durante una semana normal de estrenos. 
En fin.
Javier Gutiérrez, mi queridísimo Sátur, lleva el peso de una historia compleja y complicada. Encarna a un aspirante a escritor que, ante la falta de inspiración, opta por el trabajo, por ir a clases, a masterclass, estudiar, leer y releer, escribir... pero no acaba de dar con la tecla. La cosa se le complica cuando su mujer, que según él no tiene ni idea, publica un best-seller.
Álvaro, que así se llama el protagonista, nos cuenta la historia de una obsesión. ¿Hasta dónde podemos llegar para conseguir lo que queremos? ¿Hay algún límite que no traspasaríamos?
Las obsesiones siempre son peligrosas, y así lo vemos reflejado en El Autor; pero también hay amor, traición, humor, sinceridad, algún cara dura que otro...
Álvaro encuentra al fin una fórmula para escribir el libro de los libros, y se pone manos a la obra como fruto de una obsesión que no logra controlar, y que condiciona su mundo. El suyo y también el de los demás.
Por cierto... ¡¡Ojo con el director!! Porque mientras estamos inmersos en la historia, casi hipnotizados, Manuel Martín Cuenca aprovecha que tenemos la guardia baja para jugar con nosotros. 
Una historia de historias, con el escritor sin inspiración como excusa, que no nos debemos perder. 
P.D.: Está nominada en nueve categorías a los Premios Goya que se entregan hoy. Igual cuando los gane (además de los premios que ya ha conseguido tanto dentro como fuera de España), el lumbreras decide que ya sí es una peli adecuada para proyectarla en Jaén.


martes, 30 de enero de 2018

Laberinto generacional

Esta es fácil. Hablo de El corredor del laberinto. La cura mortal.
La supervivencia de la especie humana en la Tierra está amenazada por un virus que convierte en zombi (muerto viviente) a quien infecta. Los humanos sanos y adinerados viven en la llamada última ciudad, con grandes lujos y tecnológicamente muy avanzada, y protegidos del resto del planeta por unos muros infranqueables, y un ejército y unas armas que no tienen rival.
Se protegen de los muertos vivientes y también de los humanos sanos pero que no tienen dinero, y malviven como pueden.
Este cuadro se completa con un tercer elemento: hay una serie de humanos sanos que son inmunes al virus. Son deseo de los adinerados, quienes les buscan y les cazan para hacer experimentos con ellos con el objetivo de obtener una vacuna.
Un grupo de inmunes intenta entrar en la última ciudad para salvar a uno de los suyos. Y esa es la trama, el intento desesperado por rescatar a un amigo, aunque en ello les vaya la vida.
Como os podéis imaginar, la historia se desarrolla en una sociedad muy avanzada, y en un planeta devastado por la guerra y la enfermedad. Quiero decir con esto que los efectos especiales representan uno de los elementos importantes de la cinta. Unos son más creíble que otros, sin olvidar que estamos ante una cinta de ciencia ficción.
Se trata de la tercera entrega de una trilogía que tiene su origen en la literatura, y que quizá por eso, porque es una tercera parte, no te enteras de algunas cosas si no has visto las anteriores. Siempre viene bien tener al lado a tu hija de 13 años, seguidora al máximo de lo tres libros y las tres películas, a la que ir consultando alguna duda que otra. Lo que ocurre es que las concepciones son distintas, muy distintas; quizá se deba a la diferencia generacional, pero lo cierto es que mientras ella se emociona, yo me parto de risa; y la que para ella es la mala-malísima-traidora, yo la tengo como la buena de la película.
En fin. Serán cosas de la edad.
Para verla, mejor esperar a que salga en DVD o televisión. Aunque seguramente mi hija piense diferente.





viernes, 26 de enero de 2018

Ondajaén, Rafa Rus y la Transición: ¡Olé!

A lo largo de los casi 17 años de vida de Ondajaén RTV, en la que yo trabajo desde hace más de 15, seguramente hemos hecho cosas mal. Seguramente, no; seguro que hemos hecho cosas que se pueden mejorar. Bueno, las hemos hecho, las hacemos y las seguiremos haciendo. No porque queramos hacerlo mal, sino porque la única persona que se equivoca es quien tiene boca, y aquí no dudamos en hablar aunque muchas veces lo más fácil, y por tanto menos arriesgado, sea quedarse callado.
Pero lo mismo que digo una CO, digo la O. Estoy seguro de que a lo largo de estas casi dos décadas de emisiones también ha habido cosas buenas... muy buenas, me atrevería a decir.
Uno de estos programas de calidad está por llegar, de hecho llega esta próxima semana. Es la serie que nuestro compañero Rafa Rus se ha currado, y en la que aún hoy se afana por acabar el montaje de los capítulos finales. Se titula Jaén, 1973-1978: Transición y Democracia.
Son 18 programas de media hora de duración que abarcan cómo vivió Jaén desde la muerte de Franco hasta la aprobación de la Constitución.
Ayer jueves fue la presentación oficial de la serie. Yo asistí, vi parte del primer capítulo, y me quedé gratísimamente sorprendido. Tiene buena, pero que muy buena pinta. Salvando las distancias, me recuerda a la serie que hizo Victoria Prego hace unos años sobre la transición española. Aunque Rafa lo ha tenido mucho más difícil porque prácticamente no hay imágenes del Jaén de aquellos años. Por ello, ha tenido que afinar la imaginación y la investigación; dos elementos que Rus tiene, y de largo, como sobradamente ha demostrado hasta ahora con mil y un proyectos cinéfico-culturales.
Él se lo ha trabajado bien, y este próximo jueves, 1 de febrero, a las diez de la noche, echa a andar. Lo siento por Cuéntame, pero lo primero es lo importante.
Trabajos como esta serie te hacen estar orgulloso de pertenecer a Ondajaén, y de tener compañeros como Rafa Rus.

jueves, 25 de enero de 2018

En el día de los periodistas... una de periodistas. RECOMENDABLE

No tenía previsto ver Los archivos del Pentágono. Pensaba que sería un historión de espías o algo así. Mi opinión cambió radicalmente al enterarme de que trataba la historia del Washington Post cuando publicó, a principios de los años 70, un informe secreto de la administración estadounidense donde se reconocía que el gobierno había estado mintiendo a los ciudadanos durante cuatro décadas en relación a la guerra del Vietnam.
El asunto era de peso porque implicaba a los cuatro últimos presidentes que había tenido el país, incluido el gobernante en ese momento (Nixon).
El primer paso lo dio The New York Times, y pese a las trabas gubernamentales, le secundó el Washington Post, y posteriormente el resto de periódicos estadounidenses.
Para alguien que, como yo, vive del periodismo pero que además ama, disfruta y (también) sufre con la mejor profesión del mundo, esta película es una inyección de moral que resulta doblemente gratificante por llegar en los tiempos en los que llega (que no son los mejores ni para el periodista ni para los periodistas).
No voy a ocultar mi satisfacción por una situación en la que la prensa se impone al gobierno (y no un gobierno cualquiera, sino el más poderoso del mundo), pero también debo reconocer que los continuos alegatos a favor del periodismo y de la libertad de prensa y de expresión que nos plantea Spielberg (es el director) hoy día quedan más para el ámbito teórico y para el estudio de investigadores que para lo que es la realidad de la profesión. En cualquier caso, siempre resulta bonito deleitarse con una época dorada por cuyo retorno daríamos la mitad (o todo) de nuestro reino.
No obstante, el valor de la película no es únicamente este asunto, sino también la gestión del periódico y de la situación que realizan su propietaria y editora (Katharine Graham, encarnada por Meryl Streep), y el director Ben Bradlee (Tom Hanks). Una pareja condenada a entenderse, de difícil cohabitación, pero que al final son un duo (laboral) de éxito porque les une su amor al periódico y al periodismo.
También quiero llamar la atención sobre la figura de Graham. Una mujer que hoy día es ejemplo a seguir tanto por periodistas como por empresarios, pero que en su día lo tuvo tremendamente difícil. Y lo fue no únicamente porque se vio en la obligación/necesidad de dirigir un emporio empresarial para el que no estaba ni mucho menos preparada, sino especialmente porque la mayoría de las trabas le llegaban por su condición de mujer. ¿Una mujer en un cargo importante de una empresa importante en un mundo de hombres? Si ella lo tuvo difícil, cómo lo tendrían tantas y tantas mujeres que quisieran hacerse valer en una sociedad que les relegaba a una papel secundario... y que no tendrían las posibilidades de nuestra protagonista.
La Casualidad ha querido que acudiera a ver esta película sobre periodistas y periodismo un 24 de noviembre, festividad de San Francisco de Sales, Patrón de los Periodistas. Por ello, no he querido dejar pasar la ocasión, y hoy mismo, tras disfrutar con la cinta, he querido contaros mi experiencia.
Película más que recomendable.



jueves, 18 de enero de 2018

Todo un espectáculo

Nunca me gustaron los musicales. Recuerdo perfectamente lo aburridas que me resultaban las "películas de cantar y bailar" que veía de pequeño, casi todas en blanco y negro.
Empecé a ver la cosa de manera diferente tras disfrutar en el cine de tantas películas de dibujitos donde la música es un elemento imprescindible. Incluso me animé a ir al Teatro Infanta Leonor, de la ciudad de Jaén, a ver el musical de Mamma Mia. ¡¡Impresionante!!
No sé la razón, pero de un tiempo a esta parte no sólo no me desagradan, sino que me gustan los musicales. Salí encantado de La llamada, y estos días también he disfrutado de El Gran Showman.
Acudí al cine atraído por la idea de conocer la historia del hombre que inventó el circo, y una vez allí confirmé que había sido una buena elección. Mientras veía la película me fui enterando de que la cinta se basaba en la historia real de P. T. Barnum, el inventor del circo, y eso me gustó aún más porque no sólo me estaba entreteniendo sino que además me aproximaba al origen del denominado mayor espectáculo del mundo; algo que desconocía completamente.
Supongo que los guionistas se habrán tomado alguna licencia, y seguro que no todo es histórico sino que existen elementos ficticios. En cualquier caso, estamos ante la historia del sueño americano, de Cenicienta... es decir, de la creencia -o, mejor- de la confirmación de que es posible alcanzar el éxito aunque para ello hay que trabajar, y mucho.
El protagonista está interpretado por un irreconocible Lobezno (Hugh Jackman) quien nos ofrece un rol tan distinto al que le ha llevado al éxito, que a veces cuesta trabajo saber que es él realmente. No obstante, entiendo que se trata de un reto para el actor, y por lo que he investigado tras ver la película, parece que ha disfrutado de lo lindo haciéndola.
En la trama encontramos amor, desamor, amistad, familia, ambición, lealtad, convicción, pero también reivindicación de lo que se es, pese a que no esté de moda o no guste a la mayoría.
Pero ante todo destaca... LA MÚSICA. Increíbles canciones y coreografías que hacen de la película un auténtico espectáculo.