sábado, 11 de agosto de 2018

¿Llegan los primeros cambios a RTVE?

Viendo el informativo de este mediodía de TVE me he quedado sorprendido. No sé si son los primeros cambios que llegan a la cadena tras el nombramiento de sus nuevos responsables, o si se trata de un experimento para ver si funciona.
Lo cierto es que se le ha dado un tratamiento inusual a la información de los tres medallistas españoles (oro y plata en chicos, y oro en chicas) en la prueba de 20 kilómetros marcha celebrada esta mañana en Berlín dentro del Campeonato de Europa de Atletismo.
Hablo de inusual porque no es habitual lo que ha ocurrido, o al menos lo que ha ofrecido hoy TVE. La información de las tres medallas ha aparecido en titulares, y ha sido de las más destacadas en el tiempo de deportes situado como es habitual en nuestro país, al final del informativo. Hasta aquí, nada raro.
La novedad ha estado en que se ha emitido una información sobre el éxito de la marcha española en el bloque inicial. Tras los titulares, se ha dado cobertura a la reunión de Merkel y Pedro Sánchez; le ha seguido una información sobre la llegada de más inmigrantes a las costas andaluzas; después, información sobre el asunto catalán; y a ésta le ha seguido la información sobre los medallistas en marcha. A continuación se ha ofrecido la información internacional, y ya el desarrollo habitual del informativo.
Mientras lo veía me preguntaba si, tras haber emitido ese vídeo, ya no se hablaría del tema en tiempo de deportes. Pues no. Se ha hablado, y bastante. No ha sido repitiendo la pieza, sino con otros elementos, y la cosa ha quedado muy completa.
Una de las reclamaciones de los deportes minoritarios españoles -entre ellos el atletismo- es contra la dictadura informativa que existe del fútbol sobre todas las demás disciplinas tanto en medios de comunicación generalistas como deportivos.
No sé si lo de hoy en TVE ha sido un paso contra esa tendencia, una prueba para ver qué ocurre... en fin. Estaremos atentos a ver si se repite, e incluso si marca tendencia y cunde el ejemplo.
A mí me resulta extraño verlo ahí, en tierra ajena. O quizá sea lo acertado dado que si bien resultaría excesivo abrir el informativo con ello, sí podría tener sentido meterlo en un primer bloque con las tres o cuatro noticias más importantes de la jornada, independientemente de que sean sobre política, economía, internacional... o deportes.
Lo dicho, habrá que estar atentos. 
Si no lo habéis visto, aquí tenéis el ENLACE.

lunes, 6 de agosto de 2018

Objetivo Alcalá de Henares (III): empezamos

El próximo 28 de octubre correré mi maratón número 15. Será en Alcalá de Henares. Y hoy, 6 de agosto, empiezo el plan de entrenamiento de doce semanas que concluirá con la carrera.
No es la mejor época (con ola de calor incluida) para iniciar una empresa de este tipo, de hecho los corredores aficionados solemos huir del verano, y lo fijamos habitualmente como el momento ideal para el descanso. Sin embargo, este año la cosa se ha dado así.
Por delante, doce semanas de entrenamientos con el objetivo de bajar de las 3h 30' en los 42,195 kilómetros. Esa es la intención, pero el devenir diario indicará si puedo mantener el nivel y la exigencia de los entrenamientos; es algo casi imposible de predecir porque en la preparación y participación en un maratón la incertidumbre es la mayor de las premisas dado el gran número de elementos (ajenos y propios) que pueden influir, y de hecho influyen.
Por lo pronto, la primera semana la cambio casi al completo porque el próximo martes, 14 de agosto, tenemos una nueva edición de la Carrera del Melón; 15,2 kms aproximadamente de carrileo, con continuas subidas y bajadas, y con una salida fijada a las 19,30 horas, es decir, a más de 30 grados de temperatura. Ya digo que los objetivos son distintos en ambas pruebas, de ahí que en estos nueve primeros días del plan del maratón haga varias modificaciones para llegar lo mejor posible al Melón. A partir de ahí ya sí será todo mirar al 28 de octubre.
Ojalá mi maratón Niña Bonita haga honor a su nombre.

jueves, 2 de agosto de 2018

Una novela al mejor estilo de Carlos del Amor

El periodista Carlos del Amor es sobre todo un contador de historias. Así nos lo demuestra cada día con su trabajo en TVE, y así lo dejó claro con La vida a veces, su primera incursión editorial que, como ya os conté en su día, no me gustó. 
Hoy vengo a hablar de El año sin verano (Carlos del Amor. Espasa. Barcelona. 2015. Segunda edición). Ayer acabé de leerlo. El libro se publicó en febrero del año 2015, y ese mismo mes apareció la segunda edición; el ejemplar que yo manejo es de esa segunda hornada pues me lo regalaron en marzo de 2015, por mi santo.
Tras el fiasco que me supuso su primera obra, tenía miedo de enfrentarme a la segunda. Así era porque Carlos del Amor es para mí un referente periodístico, y tanto esperaba de él en su paso al papel, que la decepción fue enorme. ¿Me romperá otra vez el corazón? No es que esas dudas hayan hecho que mi lectura de su segundo libro se haya retrasado más de tres años. Ayer acabé de leer, por tercera vez, El año sin verano. En este tiempo he realizado tres lecturas completas del libro, además de otras dos parciales.
Mi esposa se reía cada vez que me veía, otra vez, con él en las manos. Y yo mismo me autoacusaba de incumplir uno de mis principios más sagrados, tomado prestado de un gran hombre que decía: "hay tanto que leer y tan poco tiempo en esta vida". Sin embargo, así ha sido la cosa. ¿Parece exagerado? Es mi forma de decir, y es verídico, que me ha gustado.
El año sin verano es la novela de Carlos del Amor que estábamos esperando. No me gusta que el protagonista (que no tiene nombre) sea otra vez (como en La vida a veces) alguien que no acaba de encontrar las ideas para escribir un libro. Pero al margen de ese inicio similar, el resto es distinto; de hecho, estamos ante un recurso que le permite ofrecernos dos finales.
Quien escribe reside en un bloque de vecinos desierto (todos se han ido de vacaciones) de Madrid. Un día encuentra en el suelo un manojo de llaves; se trata de la copia que tiene la portera para entrar a todos los pisos del edificio, y que perdió accidentalmente. Nuestro protagonista lo ha encontrado, y ahora lo usa para investigar las vidas de sus vecinos aprovechando que no están.
Los descubrimientos que va realizando son los que conformarán su novela, y especialmente uno: la muerte de una de las inquilinas ocurrida hace años. ¿Ana se suicidó o fue asesinada?
El libro desarrolla una interesante trama en torno a la investigación del trágico suceso que se ve complementada con las historias de otros vecinos: Simón (el marido), doña Margarita, Juan (el actor), doña Amalia (la portera), Marcos (el cartero), Héctor, el inspector Garrido y Manuel Aranda (el propietario del bloque).
Carlos del Amor va desarrollando la historia de cada personaje, buceando en su pasado para conocer las claves de sus vidas presentes, y lógicamente añadiéndoles una pizca (o un mucho) de imaginación para elaborar el resultado final.
El autor hace lo que mejor se le da, contar historias, pero mejora el asunto utilizando un elemento que representa uno de los deportes nacionales de nuestro país (o no se si quizá de la especie humana): meternos en las vidas de los demás. 
Pero para Carlos del Amor no se trata sólo de contar, sino de sacar conclusiones, o al menos de plantear elementos sobre los que reflexionar. Es su estilo, su mejor estilo, y aquí lo encontramos.
En mi lista de espera de libros por leer, Confabulación está ya cerca. Lo tengo desde que se publicó el año pasado, pero me resultaba imposible abrir sus páginas sin haber leído antes El año sin verano, y haber escrito su correspondiente catite. Ya puedo relajarme.

miércoles, 1 de agosto de 2018

Más de lo mismo

Parque Jurásico es sin lugar a dudas uno de los fenómenos más importantes de la historia del cine. Aquel increíble éxito que sobrepasó las previsiones más optimistas sigue estando vivo, o al menos eso es lo que pretenden quienes poseen sus derechos.
Jurassic World: el reino caído es una vuelta de tuerca al asunto dinosaurio que aunque al margen de lo exótico que supone para un español que su director sea Juan Antonio Bayona, prácticamente no aporta nada nuevo. Es más de lo mismo.
Los dinosaurios que sobrevivieron al desastre anterior están en peligro porque el volcán de la isla en la que se encuentran (Isla Nublar) está en erupción, y la vida de los animales pende de un hilo. Políticos y sociedad debaten entre salvarlos o no. Ese es el punto de partida de una cinta que no hace más que repetir los patrones de las entregas anteriores: amor por los animales a la vez que terror por ellos, aventura, traiciones, amor, los más bajos instintos humanos, mucho correr y mucho pelear...
Pensada para echar un rato entretenido en el cine, en ocasiones resulta pesada por lo previsible que es. En fin, si no la habéis visto, no os perdéis demasiado.

miércoles, 25 de julio de 2018

Objetivo Alcalá de Henares (II): las zapatillas (Asics Gel Glorify 3 y Brooks Launch 3)

Si hace unos días os contaba (pulsar aquí para recordar) el buen servicio que me habían prestado dos pares de  zapatillas que ya pasaban a la bonita etapa de la jubilación, hoy os muestro las que las sustituyen. He adquirido unas Asics Gel Glorify 3 y unas Brooks Launch 3.
El próximo 28 de octubre participaré, si todo sale según lo previsto, en el Maratón de Alcalá de Henares, y mi intención es utilizarlas tanto en los meses previos de entrenamiento como en la propia carrera.
Mi primer maratón, el de Ciudad Real, lo corrí allá por el año 2003, y usé unas zapatillas Asics Gel DuoMax. No era ningún modelo de alto nivel, aunque para mí su uso me supo a gloria porque fueron las primeras que adquirí de una marca importante. Todavía las conservo -como recuerdo-, y desde entonces no he vuelto a usar unas Asics. Regreso ahora, y en lugar de unas Nimbus o unas Cumulus (son las que habitualmente miro, pero descarto siempre por el alto precio), he optado por estas Glorify que, por los comentarios y análisis leídos, tienen muy buena pinta.
Mi otra apuesta han sido las Launch. Ya tuve el primer modelo que salió al mercado. Las compré en el año 2011, y las estuve usando hasta el 2014 dedicándolas especialmente a medias maratones (11), carreras de menor distancia, y entrenamientos, recorriendo con ellas 805 kilómetros. Tengo un grandísimo recuerdo de ellas (también las conservo) por lo bien que me fueron. He intentado adquirirlas en muchas ocasiones, pero el alto precio en unos casos, y la falta de disponibilidad de mi número en otros, han hecho que no lo consiguieran. Ahora ha surgido la oportunidad, y no lo he dudado.
Estoy encantado con mis zapatos nuevos. Ya os contaré cómo me va con ellos, y por cuál opto para correr el maratón.

Por cierto, acabo de darme cuenta. Para las carreras por montaña tengo unas New Balance Leadville 3, y ahora he adquirido unas Asics Gel Glorify 3 y unas Brooks Launch 3.  Mi número favorito es el 3. ¿Será una señal?

lunes, 23 de julio de 2018

Lecciones de economía con el Minotauro

El que fuera ministro de Finanzas de Grecia en el año 2015, Yanis Varoufakis, me resulta un tipo peculiar. Llamó mi atención por su desparpajo y por la forma diferente que proponía de hacer las cosas, pero su prestigio acabó cuando se esfumó apenas unos meses después de llegar.
En un momento histórico en el que la economía repelía a los mortales de a pie (no se si la cosa habrá sido diferente alguna vez), Varoufakis venía a ser algo así como un Don Quijote que no dudaba en enfrentarse a los molinos de viento que representaban los poderes establecidos. Tenía la formación (es catedrático de economía), y dominaba el arte (su presencia en medios de comunicación es una constante), de ahí que muchos (o algunos) cayéramos en sus redes. Pero al final el tiempo es quien da o quita razones, y Varoufakis simplemente se marchó.
Yo lo incluyo en el grupo de los salvadores de este mundo que se mueven como pez en el agua en un plano teórico, pero cuando sus tesis tienen que resistir la aplicación práctica, es decir, convivir con la realidad de los habitantes de un país o región, se vienen a bajo simplemente porque una cosas es teorizar o estar en la oposición, y otra muy distinta gobernar.
Siempre tuve ganas de leer algo suyo, y estos días lo he hecho con El Minotauro global (Yanis Varoufakis. De Bolsillo. Barcelona. 2015. Segunda edición).
Se trata de un ensayo en el que Varoufakis explica por qué se produjo la crisis económica del año 2008, qué se hizo para afrontarla, y cuál es el presente y el futuro de nuestras sociedades. Lo hace además de manera pedagógica, por lo que no hay que tener elevados conocimientos para entender sin demasiados problemas los razonamientos del autor.
Varoufakis realiza un atractivo relato histórico, partiendo desde la crisis del año 1929, donde los intereses económicos (muy por encima de los políticos o militares) son los que marcan el quehacer de Estados Unidos, el único y verdadero muñidor del cotarro mundial.
El autor defiende que Estados Unidos ha ido creando en cada momento la organización económica mundial que más le ha interesado para su propio desarrollo teniendo como referente el crack de 1929, es decir, que no volviera a repetirse. Bajo esta teoría, dice que los norteamericanos crearon un monstruo: un Minotauro. Había que alimentar a la criatura para que ésta no destrozara el mundo con otra crisis económica. 

Así funcionaba el Minotauro:  Estados Unidos invertía en diferentes partes del mundo sus excedentes; esos lugares crecían y se desarrollaban gracias al dinero USA, y los excedentes que producían volvían a Estados Unidos atraídos por la solvencia de su economía, y por la rentabilidad de sus productos. Esa llegada de dinero permitía a Estados Unidos seguir creciendo a costa de un incremento del déficit interno y externo, pero sin temor a una crisis porque los flujos de ida-venida de capitales era sobresaliente. El ciclo era continuo, y el temido crack llega precisamente por la avaricia de ganar sin freno. 

Resulta atractiva esta primera parte del libro donde, sin embargo la consideración que tengamos por Varoufakis se nos viene abajo cuando analiza la situación en cada país tras la crisis, cuestiona las medidas aplicadas para salvar sus economías, y predice que no sólo no servirán para nada sino que motivarán una crisis mayor. Predicción que hoy, varios años después, vemos que no se cumple.
Seguramente hayan influido nuevos factores económicos mundiales para que Varoufakis fallara en sus predicciones, no seré yo quien lo discuta, pero lo cierto es que la cosa ha sido distinta a la dibujada, y eso merma su credibilidad.
Este libro es una segunda edición que incluye un capítulo final no contenido en un principio. Escrito dos años después, intenta matizar algunas de las cosas dichas, a la vez que entra a analizar la realidad de cada zona mundial afectada por la crisis. Aquí Varoufakis sube el nivel y es más difícil seguirlo; no obstante, se reafirma en sus postulados, analiza nuevamente y de manera individualizada las diferentes zonas económicas mundiales, y sin resolver cuestiones que han quedado pendientes, introduce otras ante las que no hay más remedio que esperar el paso del tiempo para comprobar cómo evolucionan.
En definitiva, un libro de lectura compleja y no demasiado ágil, pero también interesante por el recorrido histórico-econónico que realiza que nos da nuevas claves para entender de dónde venimos; es más cuestionable su visión de dónde estamos y a dónde vamos, pero eso debe decidirlo cada uno en función de la lectura que haga y, por supuesto, de los conocimientos económicos que tenga. 
Yo recomiendo el libro; de hecho, voy a seguir picando aquí y allá a través de algunas de las obras que aconseja el propio Varoufakis, y de otras que he encontrados a raíz de esta lectura.

domingo, 22 de julio de 2018

Mamma Mía, o cuando segundas partes sí merecen la pena

Mamma Mía!: una y otra vez es uno de esos raros ejemplos que existen en los que segundas partes no desmerecen a la primera.
Debo reconocer que con Mamma Mía no puedo ser objetivo. Siempre me ha gustado la música de Abba, y quedé alucinado con el musical Mamma Mía que presencié en Jaén en el año 2010. Desde entonces he procurado verlo todo. La película -a raíz del musical- la he visto un millón de veces, y en cuanto supe de la existencia de una segunda parte, ahí he estado.
Hay que tener claro que no estamos ante una película que destaque por su profundidad de mensaje, o por ser una obra maestra de la historia del cine. Se trata de algo tremendamente entretenido, para pasarlo bien, incluso acabas con la moral por las nubes, y además disfrutas con la música de Abba, y viendo interpretar las canciones por gente tan poco habitual en estas lides como Pierce Brosnan o la propia Meryl Streep.
Ya digo que disfruté, y mucho, con la primera película. A esta segunda parte tampoco le pedía demasiado, pero sí que no me defraudara, o que al menos no tirara por tierra el buen sabor de boca que me dejó su antecesora. Me conformaba con que estuviera a la altura, y sinceramente no sólo lo está sino que no sabría deciros cuál de las dos es mejor.
Sophie (Amanda Seyfried), hija de Donna (Meryl Streep), ha concluido el sueño de su madre: convertir en un coqueto y atractivo hotel una casa abandona en un lugar perdido de una isla griega. La película gira en torno a la fiesta de inauguración a la que están invitadas numerosas e importantes personas de la sociedad, pero a la que no podrán asistir por cuestión de trabajo dos de los tres padres de Sophie, y su marido, que son realmente los más importantes para ella. 
Donna murió hace un año, y por eso es aún más importante para Sophie que todo salga bien. La historia alterna los devenires de una inauguración muy bien pensada pero ante la que surgen numerosos problemas, con un viaje al pasado, al por qué Donna llega a Grecia, y cómo conoce a los tres padres de su hija. Una excelente Lily James interpreta a la joven Donna que casi nos hace olvidar a Meryl Streep.
Esta segunda parte mantiene el nivel musical de la primera, y además está cargada de humor, de gags, también de relaciones interpersonales, de amor, desamor, amistad...
Cher y Andy García son dos de los principales ganchos que utilizan los promotores de la cinta para promocionarla. Aunque su presencia es más bien forzada, vienen a representar un punto exótico y atractivo de la película.
Yo he disfrutado tanto o más que con la primera. No os la perdáis porque os hará pasar un rato tremendamente agradable.

sábado, 21 de julio de 2018

Pacato

Continuando con la confección de mi particular diccionario, compuesto por aquellas palabras que encuentro en las lecturas de mi día a día, y de las que desconozco o dudo de su significado, hoy os traigo otra.
Estoy inmerso en la lectura de un libro sobre economía (del que pronto os hablaré). A la hora de poner un ejemplo de fusión empresarial, y tras referirse a dos empresas (una cuya capitalización bursátil es de 10.000 millones de dólares, y otra de 5.000 milllones) dice lo siguiente: “¿Cuál sería el valor de la compañía fusionada? ¿Deberíamos simplemente sumar las capitalizaciones de las dos empreas (10.000 millones más 5.000 millones = 15.000 millones)? No, eso sería demasiado pacato. En vez de eso, Wall Street hacía algo mucho más inteligente”. 
Ahí está: capato. Es la primera vez que veo esta palabra, y no sé cuál será su significado. Sin embargo, creo que por el contexto podría sacarse, de ahí que os haya dejado la última frase: “Wall Street hacía algo mucho más inteligente”. Supongo que pacato será algo simple, facilón, casi tonto por lo evidente que resulta. 
Para solventar mi duda por completo, y como hago siempre, he acudido al diccionario de la lengua española, elaborado por la Real Academia Española, y esto es lo que he encontrado:

PACATO, TA: 1. adj. Timorato (tímido). Tomás es algo pacato. U. t. c. s.
2. adj. De poco valor, insignificante.
3. adj. Mojigato, que tiene o manifiesta excesivos escrúpulos. U. t. c. s.

Duda aclarada. La segunda acepción es la nuestra.

lunes, 16 de julio de 2018

Objetivo Jaén (y V): jubilación de Saucony Zealot y NB 1080 V5

Concluyo hoy la serie de catites que he escrito en torno al I Maratón de Jaén en pista celebrado el pasado domingo, 8 de julio.
Como consecuencia de las diez semanas de plan específico de entrenamiento para el maratón, he exprimido dos de las zapatillas que me han acompañado en los últimos meses.
Las de suela verde, y que están en la parte superior de la imagen, son unas Saucony Zealot que me las puse por vez primera el 20 de febrero del año 2017, y cuyo último servicio lo prestaron el pasado 3 de julio de 2018 con una tirada de 12 kilómetros. Las he usado 16 meses y 13 días, recorriendo con ellas 1.010 kilómetros.
Su uso ha sido para entrenos pero también tienen en su currículo el Maratón de Estocolmo del año 2017, así como las medias maratones de Granada y Córdoba (también del año 2017); durante 2018 corrí con ellas la San Antón y la media maratón de Bélmez-Espiel. Esto además de numerosas carreras de menor distancia.
Han cumplido ampliamente su función pero si os digo la verdad, yo no me las volvería a comprar. De hecho, no lo haré.
Saucony es una marca que me gusta. He tenido varias veces el modelo Triumph que es buenísimo, y en unas rebajas de locura pude adquirir en una ocasión las Cortana; quizá la mejor zapatilla que he usado. Compré las Zealot precisamente por eso, porque la marca dejaba de fabricar las Cortana, y decía que las Zealot eran sus sustitutas. ¡¡Ni de coña!!.
Estas Saucony Zealot ISO tienen una amortiguación un tanto rara. Cuesta acostumbrarse a ella, y cuando las comparas con otras como las NB que os muestro también en la foto, la sensación de confort de las NB es muy superior. Y nada que ver con las excelentes Cortana.
Me gusta mucho de las Zealot que pesan muy poco, son ideales para realizar series, pero cuando las someto a largas distancias el pie no va cómodo. Quizá sea porque yo rondo los 79-80 kgs, pero recuerdo que en su día leí que iban bien para corredores de ese peso.
Seguramente pensaréis que qué más se le puede pedir a unas zapatillas con las que has corrido más de 1.000 kilómetros... y tenéis razón, pero dada la oferta que hay hoy día en el mercado, yo me decanto por otras con las que me sienta más cómodo.
Las zapatillas de color azul que aparecen en la foto son unas New Balance 1080 V5. Las compré en la Feria del Corredor de la San Antón 2017, pero no me las puse por vez primera hasta el 18 de marzo de ese mismo año. Lo último que he corrido con ellas fue el Maratón de Jaén del pasado domingo, y en total he recorrido con ellas casi 912 kilómetros. Además del Maratón de Jaén de este año 2018, las he usado para otras carreras de menor distancia, y especialmente para entrenamientos.
La New Balance 1080 es uno de los modelos que más he usado en los más de 20 años que llevo corriendo; de hecho, las empecé a utilizar cuando tenían otro nombre, y he seguido adquiriéndolas a medida que la marca cambiaba su denominación. New Balance es sinónimo de compra segura, de no equivocarte, y aunque el drop es algo superior a lo que ya empiezo a acostumbrarme, las zapatillas tienen una amortiguación de dulce por la que parece que no pasan los kilómetros por muchos que les metas.
Ya digo que la 1080 es un claro ejemplo de gran zapatilla, competitiva, y de alta calidad, pero tanto este modelo, el V5, como el anterior, el V4, tienen algo distinto. No sé cómo explicarlo, pero mi comodidad a la hora de usarlas ha sido peor que con modelos anteriores. Quizá sea porque a la vez que las usaba, la otra zapatilla que tenía era la Saucony Cortana, y ahí la diferencia sí que es grande. 
No tengo más remedio que estar agradecido por su trabajo tanto a la Saucony Zealot ISO como a la New Balance 1080 V5; es lo de menos tras haber sufrido con cada una de ellas 1.000 kilómetros. Seguiré adquiriendo las dos marcas, aunque sí os aseguro que la Zealot no volverá a estar en mi armario, mientras que sí seguiré confiando en la 1080, o como se llame en el futuro.

viernes, 13 de julio de 2018

Objetivo Jaén (IV): la importancia del entrenamiento, de la estrategia y de un objetivo real en el maratón

El pasado domingo, 8 de julio, finalicé mi maratón número 14. Fue en Jaén, con la particularidad de que se trató de un maratón en pista de atletismo (dimos 105,5 vueltas), y paré el crono en 3 horas 56 minutos y 1 segundo (tiempo oficial): la peor marca de mi vida.
Podría decir que hizo mucha calor, que correr una distancia en pista es muy duro mentalmente y repercute negativamente en el tiempo, que la salida fue muy temprano, que el gps no funciona bien en pista y no tienes la ayuda para llevar un ritmo constante... pero no serían más que excusas que no harían más que tapar la verdad: mi mala marca fue reflejo de una preparación deficiente, de una estrategia de carrera errónea, y de la fijación de un objetivo poco real.
A lo largo de mi experiencia de 15 años corriendo maratones tengo la máxima de que no se le puede perder el respeto a la distancia, porque si lo haces, el maratón te machaca. 
Mi primer error fue fijar un objetivo de marca demasiado ambicioso y poco real. La intención inicial era participar en el maratón a modo de puesta a punto, de coger una forma que tenía abandonada tras haber dejado de entrenar en noviembre de 2017. Un parón excesivamente largo en el que, si bien he corrido varias pruebas de hasta media maratón, no tuve la constancia del entrenamiento regular por la falta de una meta clara. Por eso, cuando me enteré de la celebración del Maratón de Jaén, opté por inscribirme con la intención de que las doce semanas que supondría su entrenamiento específico me servirían para coger base física de cara al Maratón de Alcalá de Henares en el que participaré el próximo 28 de octubre.
Decidida la participación, había que elegir plan. Tras analizarlo y pensarlo mucho me decanté por uno de Javi Guerra para bajar de 3h 30 minutos. Si bien la idea inicial de tomarme la preparación a la carrera como puesta a punto y sin demasiada ambición entiendo que fue acertada, también tengo que reconocer que me equivoqué de plano con el plan. 3h 30' era un objetivo demasiado exigente para mi estado de forma. Se trata de correr a 5'/km, tiempo que domino bien en distancias más cortas, pero que en ese momento me resultaba más complicado mantener en largas tiradas. Para auto convencerme de que lo podría conseguir tiré de historial, y comprobé que ya he bajado en cuatro ocasiones de esa marca, y que he estado un pilín por encima en otras tres ocasiones. Quizá sea la euforia del corredor, pero lo cierto es que me dejé llevar por la estadística en lugar de tener en cuenta mi deficitario estado de forma por el parón, y el hecho de que mi mejor marca en los años 2016 y 2017 había sido 3h 40'.
Si mi primer error fue el tiempo objetivo, el segundo error fue seguir el plan de entrenamiento de Javi Guerra. Son sólo 10 semanas, cuando la vez que menos he preparado específicamente la distancia he invertido 12 semanas; y en ocasiones, hasta 16. Sin embargo, aquí el plan no sólo era menor en cuanto a tiempo, sino también en lo que a distancias largas se refiere. Aunque contempla correr en una ocasión media maratón, las tiradas de los domingos oscilan entre los 18 y los 22 kilómetros. Me parecen distancias muy cortas, y además pocas (sólo hay cuatro).
Entiendo que Guerra defienda que no es necesario correr muchos kilómetros para preparar un maratón, y es su teoría. Pero creo que está equivocado. A mí, al menos, me va mal. Este domingo, durante la prueba, fui muy bien hasta el kilómetro 30, y a partir de ahí -que es cuando siempre digo que empieza un maratón- las piernas empezaron a fallarme por falta de costumbre de recorrer distancias de ese tipo. Por tanto, y de cara a próximas citas, tengo claro que hay que realizar varias tiradas de 30 ó más kilómetros, y algunas más de distancias algo inferiores. Es la única forma de que el cuerpo se acostumbre a ellas. Lógicamente en el maratón exigiremos más a nuestro organismo, pero de esta forma estará mejor preparado para afrontarlo.
Mi tercer error a la hora de afrontar el Maratón de Jaén fue la estrategia. Aunque mi idea era correr a 5'/km, en una tirada de 18 kilómetros que hice en la pista el domingo anterior vi que era demasiado rápido, que no aguantaría las 105,5 vueltas pese a que ese día sí lo hice dando 40 vueltas. Por ello, opté por rebajar mi objetivo inicial de 3h 30' a 3h 45' lo que suponía correr a 5'20''/km.
Con esa idea llegué a la pista el día del maratón, pero como empezamos tan bien (alegres, eufóricos, sin calor, animados...), el crono marcaba un ritmo más rápido de lo que debía. Yo pensé que era sólo al principio, y que lo que hiciera a ese tiempo, pues ya lo tenía ganado; que después disminuiría la velocidad. Pero no fui capaz de parar, y el kilómetro 10 lo pasé en 51'19'' aproximadamente cuando debía haberlo hecho en 53'20''. El crono marcó en el kilómetro 20 un tiempo de 1h43'' aproximadamente cuando el objetivo era algo menos de 1h 47'. La media maratón la hice en 1h 49' en lugar de 1h 53' previsto, e incluso al kilómetro 30 llegué en 2h36' aproximadamente cuando debería haberlo hecho en 2h 40'.
Puede parecer una tontería ir cinco o diez segundos más o menos rápido, pero en un maratón se nota, y bastante. De hecho yo empecé a pagarlo a partir del kilómetro 30. De haber seguido ese ritmo, me habría aproximado a 3h 40', y sin embargo, los diez kilómetros que van del 30 al 40 los hice en casi 1h 10', es decir, a 7'/km. Ahí ya había perdido no sólo lo que había adelantado en los 30 kilómetros anteriores, sino mucho más.
Aunque en los 2,195 kilómetros finales el ritmo lo aceleré hasta 6'30''/km, el desastre fue total realizando la peor marca de mi historia con 3h56'01''.
Y todo por no atender a lo que me ha ocurrido en el pasado, a mi experiencia, y sí en cambio dejarme llevar por la euforia del corredor. Volví a confirmar que, si le pierdes el respeto a un maratón, éste te machaca.
Un último apunte en relación a la hidratación. Es fundamental hidratarse bien así como tomar complementos (geles, barritas, etc) de sales minerales, vitaminas, etc en el maratón. Yo hice la prueba el día de la carrera. Al levantarme la báscula marcó que pesaba 79,1 kgs. Hice un desayuno generoso, antes de la carrera bebí bastante agua y medio litro de bebida isotónica, y durante la carrera bebí muchísima agua y bebida isotónica que ofrecía la organización (no puedo calcular cuanto, pero al menos 3 litros ó más creo que tomé), y al acabar me bebí más de medio litro de agua y me comí una bandejita completa de fruta que daba la organización. Pues bien, cuando me pesé al llegar a casa la báscula marcaba 76,8 kgs, es decir, 2,3 kgs menos después de haber bebido y comido todo lo que os he indicado.
¡¡Vaya tela cómo desgasta un maratón!! Por eso hay que prepararlo a conciencia.