Reconozco que la película me gustó tanto por la historia en sí como por el hecho de que me atrae la Fórmula 1. Aunque a la Fórmula 1 lo que hace es hacerle alguna dura crítica negativa, mientras que la trama se centra más que otra cosa en la vida en sí, y en las puñaladas traperas del mundo empresarial.
Brad Pitt se mete en el papel de un viejo piloto que en su juventud tuvo la oportunidad de ser el mejor en la Fórmula 1, pero la desperdició. Ahora el destino le brinda una segunda oportunidad de pilotar un Fórmula 1, y decide intentarlo.
La historia principal es precisamente esa, la de una escudería que vive un mal momento, y a la que un gran Javier Bardem intenta reflotar (me parece mentira hablar yo bien de Bardem, sin embargo, de un tiempo a esta parte reconozco que me está gustando). El guión nos cuela elementos políticamente correctos que no buscan más que ganar adeptos, pero que distan mucho de la vida real. Una constante en el cine de hoy día que esperemos desaparezca más pronto que tarde.
La película es tremendamente previsible; de hecho, todo lo que crees que va a pasar, finalmente acaba pasando. Hasta el papel de Pitt nos recuerda alguna de las míticas interpretaciones del gran Clint Eastwood.
Insisto. La película me gustó tanto por esto que os he contado, pero me sorprendieron sus cuatro candidaturas a los Óscar, entre ellas la de Mejor Película. No creo que se merezca ningún premio por lo demás que os he contado, aunque saldremos de dudas esta noche.
Os dejo el trailer, con MI RECOMENDACIÓN DE NO VERLO, y acudir directamente a la película para no ser influenciados sobre lo que pasa: TRAILER.
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